La doctrina económica de Antonio Cafiero

Mariano Fontela

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Reseña del libro de Santiago Cafiero e Ignacio Lohlé: La independencia económica. El pensamiento económico de Antonio Cafiero, editado en Buenos Aires por Punto de Encuentro, 2017, 312 páginas

Según tengo entendido, todos los escritos de Antonio Cafiero hasta 1978 fueron principalmente sobre Economía, aunque nunca se privó de expresar ideas políticas o sociales. Luego, con la elaboración de un documento sobre Desarrollo Económico y Progreso Social en la América Latina –un texto de ese año que detalla los rasgos del humanismo latinoamericano– los temas de su producción escrita se diversificaron, pero siguió escribiendo sobre Economía, al menos hasta 1995, año en que publicó El peronismo que viene.

Dos nietos de Antonio Cafiero –uno de ellos actualmente es jefe de Gabinete de Ministros de la Nación, lo que habría hecho explotar de legítimo orgullo a Antonio– seleccionaron en este libro reciente algunos de sus textos sobre Economía, que van desde 1949 hasta 2011. Por ejemplo, el primero de ellos es un informe en el que desaconseja el ingreso de la Argentina al Fondo Monetario Internacional, posición que fue acompañada por el gobierno de Juan Perón.

Luego se incluye una transcripción de un fragmento del libro Cinco años después, reeditado por EUDEBA en 1974. Este libro sufrió una suerte infausta: editado por primera vez en 1961 por el propio autor, se convirtió en un auténtico clásico que sirvió para dar a conocer una defensa muy bien fundada –con datos y argumentos sólidos– de la política económica del peronismo entre 1946 y 1955. En una carta al autor, Perón afirmó que este libro “es, sin lugar a dudas, la mejor obra que se ha editado en la posrevolución; su valor es incuestionable, no solo por las verdades que contiene, sino también por el esclarecimiento a que conduce al destruir los sofismas y falsedades de un sistema y de unos hombres que han hecho de la hipocresía, la mentira y la calumnia sus armas únicas de combate. Ellos podrán decir millones de mentiras, pero no podrán hacer realidad una sola de sus patrañas”. El libro de Antonio, para Perón, es “un juicio lapidario para todos los ladrones que realizaron sus más sórdidos latrocinios en nombre de una honradez que ni siquiera conocen de lejos”. La edición posterior de EUDEBA –perfectamente justificada, porque era difícil de conseguir la primera edición– contenía 70 páginas adicionales con nuevos documentos, algunos muy valiosos, pero fue secuestrada –junto a otros libros– por el Proceso de Reorganización Nacional, con lo cual hoy es difícil encontrar una u otra ediciones. Este libro de sus nietos viene a salvar esa escasez. Destacan en él los debates en la Cárcel de Caseros que mantuvieron los funcionarios y legisladores ilegalmente detenidos luego del golpe de 1955, acusados de asociación ilícita y traición a la patria, respectivamente. Allí, a partir de mayo de 1956, armaron un foro de discusión, donde revisaron los fundamentos de muchas de las decisiones de política económica que había tomado el gobierno de Juan Perón. En ellos participaron Alfredo Gómez Morales –de quien Cafiero registró con detalle sus aportes–, Ramón Cereijo, Pablo Ramella, Alberto Rocamora, Héctor Cámpora, John William Cooke y Oscar Albrieu, entre otros.

Un texto de 1967, referido a la política económica de la dictadura de Onganía, revisa varios de los debates en los que se vería involucrado el peronismo en esa y las siguientes décadas. En ese capítulo se analizan variables tales como la inflación, la devaluación, el mercado de cambios, las exportaciones o los ingresos, entre otras. El pronóstico de Antonio sobre las posibles consecuencias de la devaluación selectiva del “Plan Krieger Vasena” podrían ser calcadas para otros tantos planes posteriores con similares objetivos: los trabajadores y las trabajadoras recuperaban con el tiempo los ingresos que perdían inicialmente a costa de mayor inflación y estancamiento económico; o bajaba la inflación, pero perdían ingresos y aumentaba la desocupación.

Sigue el libro con un fragmento de las memorias de Antonio sobre los años 70, particularmente de su paso por el Ministerio de Economía entre agosto de 1975 y febrero de 1976: menos de seis meses, pero fueron tan vertiginosos que parecen décadas. Un detalle curioso es que en distintas etapas de su vida él llevó un diario en el que anotaba sus impresiones de puño y letra. Eso permite conocer “de primera mano” la percepción de un actor importante de esos años y, por ejemplo, posibilita entender de qué manera el gobierno de Isabelita estaba entrampado entre la presión cruzada de jefes militares y líderes sindicales, aun en decisiones que poco tenían que ver con los intereses que supuestamente representaban.

Sigue el libro con una transcripción del discurso de casi dos horas de Antonio en la Cámara de Diputados en marzo de 1986, donde analiza y sintetiza la posición del peronismo renovador acerca de las alternativas de solución de la dependencia externa del gobierno de Raúl Alfonsín. Leer este discurso sirve además para recordar que, además de escribir de una manera clara, amena y sencilla, era un excelente orador.

El último capítulo del libro de sus nietos transcribe fragmentos de El peronismo que viene, donde demuele “las veinte verdades del menemismo”. Es un libro que no solamente contiene sus ideas sobre Economía, sino que también resume las reflexiones de un sector del Justicialismo que en esos años no se resignaba a arriar las banderas fundacionales de Soberanía Política, Independencia Económica y Justicia Social. Como más tarde describió Antonio, ese libro “a algunos les pareció herético, porque no acordaba con la propuesta del oficialismo gobernante del ‘pensamiento único’. A otros les pareció insuficiente, porque suponían que mi postura debía ser la de liderar la condena incondicional hacia todo lo que se hacía en esa década”. Según él, “estábamos lejos de acordar con quienes confundían las herramientas con los fines y ponían en peligro nuestra identidad histórica. Más lejos estábamos todavía de quienes pretendían fundar un futuro abrazándose, sin autocrítica alguna, a los fantasmas más sombríos de nuestro pasado”.

En El peronismo que viene, Antonio planteaba la necesidad de “renacionalizar” la economía y de corregir un modelo económico que ya comenzaba a dar síntomas de agotamiento, mientras aumentaban la pobreza y la desigualdad. A la vez, llamaba la atención acerca de la urgencia de diseñar un nuevo modelo de “nacionalismo competitivo”, reconstruyendo el poder del Estado como regulador público, compensador social y activador de un desarrollo nacional con equidad social, sustentabilidad ambiental y armonía espacial. También criticó ahí el mesianismo neoliberal, que trascendía el campo de la Economía para intentar conformar una cultura individualista, economicista y asolidaria basada en la omnipotencia y la infalibilidad del mercado. Bregaba además por la implantación de un nuevo paradigma: el desarrollo humano, mientras rechazaba el pragmatismo a ultranza, la frivolidad del estilo gobernante y la farandulización de la política, tanto como el idealismo abstracto o puramente testimonial. Finalmente, en ese libro postulaba Cafiero la necesidad de instaurar instituciones de control de la ética pública y la revalorización de la militancia política.

En un discurso pronunciado en 1954 en Río de Janeiro, ante la Reunión de Ministros de Economía de la Organización de los Estados Americanos, Antonio Cafiero afirmó que los pueblos latinoamericanos son capaces “de ocupar con dignidad su lugar en el mundo. Esa fuerza que viene desde el fondo de su historia, que acunó su nacimiento de comunidades libres, que alentó sus épicas empresas de organización social y política en el más duro conjunto de dificultades, que le permitió crecer en todos los órdenes del quehacer nacional y universal, es la base que permitió proyectar y realizar el mundo mejor, en su vida interna y en sus relaciones exteriores, a que legítimamente aspira”. Estos ideales “arraigan en su origen con las culturas milenarias que alumbraron nuestra civilización occidental”. Es con esta raíz doctrinaria que el entonces joven ministro de Juan Perón impulsaba reformas económicas en los foros americanos.

Este y otros libros demuestran que Antonio Cafiero escribió un enorme capítulo de la historia de la doctrina peronista. Sus textos nunca se guarecieron tras montañas de cifras y pendencias, ni rehuyeron al debate sobre valores y principios. Tienen además el raro privilegio de no haber perdido vigencia, más allá de los cambios en el estilo de redacción. Curiosamente, por tratarse de alguien que siempre buscó actualizar sus ideas a los signos de los tiempos, en sus últimos años podría perfectamente haber firmado debajo de todas las frases que escribió en más de 60 años. En esto se diferenció manifiestamente de quienes sólo podrían justificar sus palabras pretéritas amparándolas en el calor de disputas ya olvidadas.

Las páginas de este libro de Santiago e Ignacio resumen una producción personal que por extensión y profundidad resulta muy difícil de empardar. Por eso cuesta revisar estos textos de doctrina sin sentir orgullo por ser peronistas.

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