¡Es la política!

Damián Descalzo

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No es el marketing, es la política

Se repetía en diversos ámbitos que el gobierno nacional tenía una mejor estrategia comunicacional, más profesional y una plena utilización de las herramientas del Big Data y del marketing político. Parecía que la clave de estas elecciones iba a pasar por ahí. Pero la política terminó venciendo sobre los supuestos reyes del Big Data y del marketing electoral. La política pudo más que los algoritmos.

 

La estrategia de CFK

Es célebre la caracterización que hacía Juan Domingo Perón en Conducción Política. Aseveraba que la conducción se verificaba en el éxito: “La suprema elocuencia de la conducción está en que, si es buena, resulta, y si es mala, no resulta. Y es mala porque no resulta y es buena porque resulta. Juzgamos todo empíricamente por sus resultados… El conductor es un constructor de éxitos. La conducción es, lisa y llanamente, la construcción de éxitos, y el conductor es un constructor de ellos”. Los resultados de 2013, 2015 y 2017 evidenciaron que se cometieron muchos errores. El más grande de todos fue la división del peronismo, que empezó un grave proceso de fragmentación en el período 2012-2013 –ruptura de un sector del sindicalismo con el gobierno de CFK y aparición del Frente Renovador liderado por Sergio Massa– que se extendió por años.

El gran dato que ha dejado la reciente elección es la reconstrucción del poder electoral del peronismo, o mejor, la conformación de un frente que –con eje en el peronismo– logró aglutinar y representar a un porcentaje muy alto de la población argentina.

En las PASO del año 2015, las candidaturas presidenciales de Daniel Scioli (FpV), Sergio Massa (UNA) y José Manuel De La Sota (UNA) sumadas obtuvieron un porcentaje casi idéntico (levemente inferior al 60%) al ahora conseguido en la suma de lo conseguido por las candidaturas de Alberto Fernández (Frente de Todos) y Roberto Lavagna (Consenso Federal). Pero la distribución de los votos ha sido visiblemente diferente.

Con los resultados de las PASO del día 11 de agosto de 2019 sobre la mesa, podemos señalar que el Frente de Todos ha demostrado tener mayor representatividad política que la que tuvo el Frente Para la Victoria en 2013 y 2015, y que la que tuvo Unidad Ciudadana en 2017. En contrapartida, Consenso Federal, como expresión política peronista no sumada al frente mayoritario del peronismo, realizó una performance muy discreta en comparación con lo realizado por UNA (Unidos por una Nueva Argentina), el espacio político que conformaron en 2015 Sergio Massa y José Manuel De la Sota. Mientras que UNA en las PASO de 2015 obtuvo casi un 21% de los sufragios, el frente liderado por Roberto Lavagna y Juan Manuel Urtubey apenas superó el 8%.

De todo esto se deduce que el Frente de Todos ha logrado unificar en la representación política a una mayoría considerable del peronismo, como no sucedía desde el año 2011, cuando el FpV, llevando a CFK como candidata, obtuviera una abultada victoria en la elección presidencial. He aquí la principal explicación de su éxito. Este grado importante de unificación es la nota principal y distintiva del presente proceso electoral. Esto lo refuerza el hecho que los porcentajes obtenidos por Juntos por el Cambio en 2019 son similares a los obtenidos por Cambiemos en las PASO de 2015: incluso son superiores, ya que hace 4 años la coalición antiperonista había obtenido el 30% de los votos en la categoría presidencial y ahora cosechó el 32%. La gran diferencia, como se indicó con anterioridad, fue que ahora el peronismo logró presentar un frente más amplio y representativo.

Del mismo modo que muchos de los errores de 2013, 2015 y 2017 que llevaron al peronismo a sucesivas derrotas se le pudieron endilgar a CFK, esta decisión exitosa de designar a Alberto Fernández –candidato de nadie, hasta que fuera anunciado el 18 de mayo pasado– y promover el acuerdo con Sergio Massa, es obra de CFK. Esto y aquello exceden los gustos y las preferencias personales. Si hay algo que no se puede hacer a la hora de analizar situaciones políticas es negar la realidad. Los resultados electorales son de los datos más contundentes –claro que no los únicos– que hay en ese sentido. Entre los aciertos, además de los ya mencionados, es dable señalar la decisión de CFK de respetar los territorios de los gobernadores, unificando candidaturas y desechando apoyar a otros aspirantes.

La campaña del Frente de Todos también tuvo la virtud –luego de un comienzo que no parecía tan venturoso– de lograr instalar varios temas en la agenda política: situación económica de la población; crisis de las Pymes; la vivienda; medicamentos gratuitos para jubilados; y otros más. Asimismo, en los días finales de la campaña se apuntó a un discurso dirigido hacia las mayorías, en el que se reivindicaban las cosas “importantes” de la vida, y allí aparecían la celebración de matrimonios, los nacimientos, los encuentros familiares.

 

No es la economía, es la política

Al inicio de este breve texto hice mención a que se imaginaba unas PASO marcadas por el Big Data y el marketing electoral, y terminó triunfando un espacio que privilegia la política y la militancia. Ahora quiero escrutar otra intención de minimizar a la política que ha surgido en muchos de las evaluaciones que se han dado a posteriori de las recientes PASO: se ha puesto excesivo hincapié en los factores económicos a la hora de evaluar los motivos que ha tenido la población para emitir su voto. A principios de los años 90, en la campaña presidencial de Estados Unidos en la que Clinton triunfó sobre Bush, se hizo famosa la expresión “es la economía, estúpido”. Como un reguero de pólvora se ha extendido esta frase en las últimas décadas y viene justificando los análisis que tienden a sobreestimar la influencia de los factores económicos en el voto. Considero que en el actual proceso electoral nuevamente se está sobreestimando el componente crematístico. Por lo motivos antes expuestos, creo que la principal explicación de la victoria del Frente de Todos no está dada por la desastrosa situación económica –que ya era mala al momento de llevarse a cabo las elecciones legislativas de 2017– generada por la paupérrima gestión de Macri, sino que debemos buscarla en una acertada estrategia política: en las PASO 2019 ha triunfado la política.

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