A 50 años de la muerte de Leopoldo Marechal: «Poesía, prensa y política en la primera resistencia peronista»

Julio Melon Pirro y Darío Pulfer

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La relación entre poesía y política en el peronismo, suficientemente documentado para el primer peronismo (Monti, 1954; Soler Cañas, 1966; Chávez y Venturini, 1997), ha sido visitada recientemente en aproximaciones que se propusieron mostrar la relación viva entre política y poesía (Santiago, 2010), la recuperación de los “poetas depuestos” (Minore, 2011), la reconstrucción de espacios de referencia mítica (Pulfer y Regolo, 2019) o la trayectoria de revistas significativas (Hernaiz y Cousido, 2016).

Escaso tratamiento ha recibido el fenómeno de la producción poética en el contexto de la “primera resistencia peronista”,[1] un recurso que encontró posibilidades de expresión en una prensa generalmente rudimentaria y frecuentemente clandestina.

Estos materiales no resultan de fácil acceso. Publicados en medios semiclandestinos que no llegaron a los repositorios públicos, muchos de los textos fueron anónimos y pocos son los autores que han incluido esa producción en sus “antologías” u obras. Aunque en algunos casos puede haber pesado algún prurito relacionado a la calidad de piezas concebidas en la urgencia de la comunicación política, hay indicios de que en el silencio guardado respecto a ese período haya influido la necesidad de superar una situación traumática o de contribuir de ese modo, a la pacificación de los espíritus.

Respecto de la literatura “política” del periodo, se ha privilegiado la obra canónica, Operación Masacre, de Rodolfo H. Walsh, que denunció y reconstruyó los episodios trágicos de los fusilamientos, cuyos relatos comenzaron en hojas de periódicos disconformes con el rumbo del gobierno militar. La importancia de esa obra y lo magnífico del heroísmo civil, así como del proceso de investigación y develación progresivo fue dejando en la sombra o lateralizando acontecimientos, situaciones y personas, así como el ars poética que percibió, primero que nadie, la magnitud de la tragedia que se cernía sobre el país tras los acontecimientos de junio del año 1956. La poesía no se concentró con exclusividad en esos acontecimientos, sino que recorrió hechos (17 de octubre, 16 de junio) y personas (Evita, Perón, Passaponti) del pasado peronista trayéndolos al presente como modo de ejercicio de la memoria, como afirmación identitaria y estrategia de lucha y resistencia frente a los denodados intentos de suprimir ese fenómeno de la historia y realidad del país.

La tarea de reconstrucción de esa producción dispersa resulta compleja para el historiador, ya que la tarea de búsqueda resulta doble: encontrar el material e identificar ese tipo de producción particular.

Algunos de los poemas fueron más citados en la tradición oral del peronismo que publicados, datados y relacionados con sus autores, mientras que otros quedaron en el olvido.

Presentaremos de manera somera la información de la que contamos sobre los medios de prensa en la que esa poesía salió directamente a la luz y los casos que, publicados en formato libro, fueron referidos en periódicos. Trataremos de reconstruir información básica sobre la trayectoria de los autores, de reproducir algunas de estas piezas y de arribar a una categorización teniendo en cuenta sus contenidos.

Como sabemos, la “Revolución Libertadora” introdujo cortapisas políticas y cercenamientos de lenguaje tales que proliferaron los eufemismos. Tanto el gobierno militar como sus nutridos apoyos civiles, y, en particular la prensa de la época, se esmeraron en respetar los cánones del célebre decreto 4161[2] que indujeron a hablar de “la pasada dictadura”, “el tirano prófugo”, “el partido gobernante hasta 1955” etc., y a esquivar incluso referencias simbólicas que habían quedado inequívocamente asociadas al peronismo. Alejandro Olmos, director de Palabra Argentina, protestaba en mayo de 1956 por la prohibición del uso de palabras y conceptos: “¿qué vocablos se pueden utilizar en su reemplazo? Si ‘Justicia Social’ fue una denominación utilizada en extremo por el régimen anterior, ¿queda prohibida su utilización de acuerdo con el decreto? ‘Independencia económica y soberanía política’, ¿también están prohibidas?” (Palabra Argentina, 5, 10-5-1956: 1). La observación, interesada en garantizar un espacio de expresión para la sobrevivencia del medio, no dejaba de dar cuenta de que radicales y socialistas utilizaban profusamente aquellas ‘expresiones significativas’ del peronismo…

Haciendo uso de uno de los eufemismos en boga el escritor Leopoldo Marechal (1970: 55), por entonces sumido en un ostracismo impuesto por las circunstancias, evocó tiempo después que “desde 1955, no sólo tuvo nuestro país al Gobernante Depuesto, sino también al Médico Depuesto, al Profesor Depuesto, al Militar Depuesto, al Cura Depuesto y (tal es mi caso) el Poeta Depuesto”.

 

Las poetisas depuestas

Desde la cárcel de Santiago de Chile, John William Cooke, el duro e intransigente luchador de esa primera resistencia le escribe al líder exiliado del peronismo: “En septiembre de 1955, María Granata y Alicia Eguren escribieron un poema cada una, que yo hice imprimir y fueron más efectivos que muchos volantes como armas de lucha contra el gobierno de Lonardi. Los repartimos en las fábricas y la gente tenía desesperación por hacerse de un ejemplar de esos volantes”.[3]

No conocemos el contenido de esas hojas volanteras. Sabemos que María Granata había participado de la Peña de Eva Perón y comprometido su pluma en defensa del peronismo en un importante número de publicaciones de la Subsecretaría de Prensa y Difusión (Pulfer, 2018a) y que Alicia Eguren había publicado dos libros de poesía bajo el primer peronismo y se había desempeñado como docente de literatura en La Plata y Rosario. Una y otra habían echado versos comprometidos con el movimiento en el gobierno. Sumada llama de María Granata después de ser leído y publicado en la Peña de Eva Perón fue reproducido en Mundo Peronista y La Prensa. Poema a los cabecitas negras de Alicia Eguren fue incluido en la obra Talud descuajado, publicada por Sexto Continente (Eguren, 1951).

 

El polemista depuesto

En el tiempo rememorado por Cooke en su misiva a Perón, aparece en Buenos Aires, El 45, tras las limitaciones que sufre la publicación de notas críticas al gobierno militar y a la política económica implementada por Raúl Prebisch. Dirigido por Jauretche quien recupera su antiguo alias de Julián Barrientos, el poeta del Paso de los Libres, celebrado por Borges en los años treinta.

En esa publicación van a ser publicados por vez primera los versos de Nomeolvides, atribuida a Jauretche (Soler Cañas, 1966: 365).

 

 

En la segunda época del mismo medio, ahora publicado clandestinamente desde Montevideo, Jauretche (1974: 131) escribe en recuerdo de los detenidos en el reabierto penal de Ushuaia:

 

De cara al viento sur, frente a los hielos

la noche va cayendo larga, larga…

Es la noche polar; es la de Ushuaia

Soledades del hielo y las estrellas

Y de la negra cárcel clausurada.

¡Silencio de los largos corredores

y en el silencio diecisiete almas!

El agua que se filtra va cayendo

y en estalactitas queda helada.

Y hay un alma sola en cada celda

con la soledad del agua helada,

y está cada celda con su alma

en la noche polar amurallada.

Solas, solas, diecisiete almas,

sin siquiera un diálogo de almas,

y el frío sube, sube, sube

hasta los mismos tuétanos del alma.

 

Solo la Cruz del Sur, tiene piedad;

sólo la Cruz del Sur, allá tan alta…

 

Pero todas las noches la miramos,

en la oración por las diecisiete almas,

que están como la Cruz del Sur

sobre los cielos todos de la Patria.

 

Por los miles de presos, los hermanos

en pontones, en cárceles y campos;

por la libertad que ellos nos gritan

y que sólo nosotros practicamos;

la libertad de ser nosotros mismos,

¡Nosotros!… ¡Descamisados!

La inmensa multitud que se redime

en su propio dolor de sus pecados,

que tiene asco de vosotros: ¡Santos

con el libro y el látigo en la mano;

soberbios al pecado de los nuestros

y al pecado extranjero arrodillados!

 

¡Oremos hermanos!

por aquellos diecisiete hermanos,

diecisiete hombres con virtudes,

diecisiete hombres con pecados,

por este pueblo nuestro

bajo la Cruz del Sur crucificado;

por nuestras virtudes

y nuestros pecados,

y después sigamos

como todos los días, avanzando

paso a paso.

Inexorablemente. Paso a paso

Hasta el mar extranjero que los trajo:

¡Traidores sucios y venales Santos!

 

Una de las manifestaciones de la naciente “izquierda nacional”, el periodico Lucha Obrera, órgano del PS-RN, acompañante del peronismo en desgracia y poco afin a la publicacion de este tipo de expresiones, incluye de todos modos, al cumplirse diez años de su muerte, la recuperación de unos versos de Alberto Ghiraldo, así como los de alguien que escribe con el seudónimo de “Trigemino”:

 

¡Apretate el cinturón!

 

Cambian los tiempos pal pobre

con esta nueva junción.

Ára qie aura no le sobre

Ni siquiera un triste cobre

Vino la Regolución.

Contra la gente de “abajo”

Prebisch, el “mago” entregón,

Maneja “con gran trabajo”

cantidades a destajo

¡apretate el cinturón!

¡Otros los tiempos pasados

con un criollo en el timón!

Aura nos han “avanzado”

Los que están subvecionados

Por Chicago y Albión.[4]

 

El legislador depuesto

Un exlegislador, prófugo, el sanjuanino Miguel B. Tejada (Pulfer, 2017), que para ese tiempo usa como alias Salvador Moreno (por el lugar de residencia que debe adoptar), escribe Captura recomendada. Tejada (1973), cuyos versos suaves y edulcorados habían llevado a que una edición de Mundo Peronista lo destacara como “poeta de la Nueva Argentina”, cambia radicalmente los contenidos de su poesía.

 

No sólo yo, todos, todos

con el Estado de Sitio,

estamos bajo la orden

del Poder Ejecutivo.

 

Monstruo de acero y de espuma,

el Poder Ejecutivo:

cabeza de General,

patas de bicho marino.

 

Tiene de fuego el aliento

y afilados los colmillos;

contra el pueblo amedrentado

está lanzando gruñidos.

 

Dice que vino a salvarlo,

que a “libertarlo” ha venido;

y está levantando rejas

y construyendo presidios

 

Agua se le hace la boca

y espuma larga el colmillo;

quiere morder en la carne

del pueblo despavorido.

 

Para saciar sus enojos

y cumplir sus compromisos,

está firmando decretos

con la espada de su cinto.

 

Captura recomendada,

la tengo yo y mis amigos,

es decir, muchos millones

de argentinos…

 

Las cárceles están llenas,

ya desbordan los presidios;

poniendo esposas y grillos.

 

La “’libertad’ ha triunfado”

y tiene su nuevo estilo.

“Es pecado ser del pueblo,

delito ser argentino…”.

Dos cosas que lo enfurecen

al Poder Ejecutivo.

 

Tejada (1973) escribe otros poemas para ser leídos en el seno de las familias peronistas.

 

Uno es Coplas del tiempo de revancha.

 

Diez años juntaron bronca,

diez años juntaron rabia,

políticos en el sótano

y militares en babia.

 

Los políticos sin votos

en la puerta del cuartel

quieren ver al General

o hablar con el Coronel.

 

(No se meta, si no sabe,

no les oiga, mi sargento;

los viejos politiqueros,

me le están haciendo el cuento…).

 

Juegan con lindas palabras

y con discursos floridos,

los viejos politiqueros

que no se dan por vencidos.

 

Una Junta Consultiva

y una Junta Militar;

y todas las juntas juntas

contra el ansia popular.

 

Muchas gentes de uniforme

salieron a hacer la guerra;

y consiguieron ascensos

luchando contra su tierra.

 

Marinos y policías,

gendarmes con su fusil,

y por si esto fuera poco,

anda el “comando civil”.

 

Capitanes de navío

y armas de todo calibre

más doscientos socialistas

eso es gremialismo libre…

 

Se vinieron los gorilas,

de la selva se vinieron.

Con garrotes y pistolas

contra todo arremetieron.

 

En una casa muy linda,

llamada Casa Rosada,

ahora tienen otro nombre,

es la Casa Ensangrentada.

 

Cogorno, Valle, Ibaceta,

Cortinez, Os, Irigoyen,

más allá de los fusiles

están vivos y nos oyen

 

Los políticos aplauden,

la prensa aplaude también

y hasta el señor Arzobispo

parece que dijo, “amén”.

 

“Que les sirva de escarmiento”,

susurran al fusilar

y entonces dice De Andrea:

“es un gobierno ejemplar”.

 

Y lo mismo dice Ghioldi,

el profesor sin creencia:

“Se acabó con esa gente

la leche de la clemencia”.

 

El pueblo lucha y luchando

no da tregua ni la pide;

y sobre su pecho ha puesto

una flor de Nomeolvides.

 

Nomeolvides, nomeolvides,

que jamás te olvidaré;

en los muros y en mi pecho,

Juan Perón escribiré.

 

Métanle carbón y tiza,

métanle tiza y carbón;

La verdad está en los muros

y la fe en el corazón.

 

También este otro titulado Millones de cabecitas (Tejada, 1973):

 

Millones de “cabecitas”

van tristes por los caminos

de la patria…andan sin patria

por los campos argentinos.

 

Ayer cantaban…El cielo

y la tierra eran su herencia,

libres sus voces se alzaban

cantando la Independencia.

 

Sus trinos eran de gloria,

sus vuelos de libertad;

y desde el norte hasta el sur,

“canto de noble igualdad”.

 

La alegría de la tierra

afloraba en sus canciones:

millones de “cabecitas”

unían sus corazones…

 

Mas, llegó la extranjería

volcando sobre las playas

sus tropas de desembarco,

con bombas y con metralla.

 

Fusiles, fusilería,

muertes a diestra y siniestra…

“No ahorren sangre de gauchos

ni de ‘cabecitas negras’”.

 

 

Consigna del unitario

cada vez que hace la guerra:

“La sangre criolla sirve

sólo de abono a la tierra…”.

 

Millones de “cabecitas”

andan tristes, cabizbajos;

ya no es de ellos la alegría

ni el fruto de su trabajo.

 

Los quieren hacer colonia,

(pájaros tristes, cautivos)

y que un virrey administre

la sangre de los nativos…

 

Les quieren cortar las alas

y castrar los sentimientos;

negociarlos como esclavos

y cobrar tanto por ciento.

 

Millones de cabecitas

andan tristes, perseguidos

cazadores de cabezas

los siguen por los caminos.

 

Cazadores con las armas

y el uniforme argentino…

¡Es un viento de locura

que andan tronchando destinos!

 

El sindicalista depuesto

Nicanor García Rodríguez dejó la escuela para dedicarse al trabajo en el campo. Luego pasa a la ciudad de Mar del Plata y se desempeña como obrero de la construcción en la obra del Casino de esa ciudad. En el año 1947 es electo como Secretario General de la Unión Obreros de la Construcción. A principios de la década del cincuenta había entregado en mano a Perón un trabajo poético en la saga hernandiana, confeccionado con un amigo, Alcides Atilio Cano, que actuó como ilustrador de los versos (Garcan, 1952). En el año 1955 es destituido de su puesto en el sindicato. En ese contexto nace el poema Volvieron los caranchos

 

Salieron los caranchos de su vieja guarida

con la garra extendida sobre el patrio solar,

exóticos vestigios de cruel apatricida

que en vuelo tenebroso los vemos retornar…

Agüaitan ya la presa que devoran sus ojos,

meditan tendenciosos dispuestos a saciar

el hambre de sus vicios a costas del despojo

que al noble soberano sin duda han de cobrar…

 

Marcaron ya el retorno con su vulgar graznido

disonante y temido agorero del mal,

tan ruin como bastardo será su cometido

exento del más mínimo sentido fraternal…

Rastrean con las uñas buscando el privilegio,

son hijos del desprecio por eso nunca oirán

la voz de la conciencia, menos al soberano;

objetivos mundanos no cristalizarán.

 

Son aves de rapiña de constante acechanza,

en pos de la revancha supieron esperar

que el cóndor de los Andes, indómita esperanza,

trepara hacia la cumbre en un gesto sin par

desistiendo a la lucha sangrienta y fratricida,

sacrificando vidas no quiso ser titán,

prefirió el sacrificio a gloria sin altura;

los caranchos al cóndor jamás alcanzarán.

 

La vuelta del General

 

Lucha el noble soberano

en ardua y fiera jornada

reeditando la patriada

del Cóndor Americano.

Lucha inerme desde el llano

contra el extraño rival

con la fe de su ideal

que no muere ni es vencido,

porque el Pueblo ha decidido

la vuelta del General.

 

No canta más el arado

en la entraña de la tierra

porque el suelo es ultrajado.

Como acudiendo a un llamado

se detiene el manantial,

se hace el grito acción virtual

de los muchos que han caído,

porque el pueblo ha decidido

la vuelta del General.

 

Corre veloz el pampero,

salta montes y quebradas

arriando mil clarinadas

por el patrio derrotero.

Grita presente el guerrero

desde su bronce inmortal

en esta hora fatal

del poder embravecido,

porque el Pueblo ha decidido

la vuelta del General.

 

Dios bendiga a los caídos

en tan generoso empeño,

que tengan paz en su sueño

héroes del deber cumplido.

Luchará sin ser vencido

este Pueblo colosal,

con su Jefa Espiritual

que su acción ha presidido,

hasta que haya conseguido

la vuelta del General.

 

su sentencia despiadada

con la garra ensangrentada

que hunde en el Pueblo Argentino.

Monta el chasqui del destino

el patriótico bagual

y hace su marcha triunfal

por el deber contraído,

porque el Pueblo ha decidido

la vuelta del General.

 

Surge un poder de ultratumba

que por su gloria no teme,

es la voz de Martín Güemes

que surge desde la tumba

y en el espacio retumba

con acento de metal

con que a la patria ha servido,

porque el Pueblo ha decidido

la vuelta del General.

 

En histórico tropel

de la gaucha montonera

retumba en la cordillera

gloria del viejo laurel,

y el celo de Juan Manuel

en acción inmaterial

es temido vendaval

que hasta el Plata ha sacudido,

porque el Pueblo ha decidido

la vuelta del General.

 

Nicanor García Rodríguez

 

El poeta depuesto y los fusilamientos

Con el derrocamiento de Perón, Leopoldo Marechal, director de educación superior y artística del Ministerio de Educación de la Nación, presenta su renuncia al Dr. Atilio Dell’ Oro Maini y comienza los largos trámites para su jubilación. Cesa la publicación de sus poemas en periódicos, la edición de libros y, como otros, entra en un forzado ostrascismo. “Casi desde ‘mi caída’, empecé a sentir el gran vacío que se fabricaba en torno de mí: rostros amigos me negaron el saludo en la calle, se me cerraron todas las puertas vitales y literarias, en una especie de ‘muerte civil’ o asesinato colectivo. Entonces Elbia y yo tomamos una decisión tan heroica como alegre: encerrarnos en nuestra casa y practica un ‘robinsonismo’ amoroso, literario y metafísico” (Andres, 1990: 50).

Aunque pronto la historia llama a sus puertas, el resultado no es sino una decepción que tendrá consecuencias políticas y literarias marcadas por la tragedia nacional. Elbia, su compañera, lo ha contado: “a fines de mayo y principios de junio de 1956, se realizaron en nuestra casa las últimas reuniones de la conspiración Valle-Tanco, fracasada, en la cual muchos de aquellos queridos compañeros fueron fusilados, entre ellos nuestro inolvidable amigo Juan José Valle. Pocos días antes, el General Juan José Valle y Leopoldo habían redactado el manifiesto patriótico, magnífico, destinado al ‘Pueblo de la Patria’”. A causa del impacto emocional, la poetisa cae en cama con una parálisis de brazos y piernas que la postran por un año y medio (Rosbaco Marechal, 1973: 49-50).

Quien hasta poco antes del derrumbe del gobierno peronista brindaba charlas radiofónicas sobre El simbolismo del Martín Fierro, quien había cantado Al 17 de octubre (Monti, 1954: 107) y en 1951 había llegado con Antígona Vélez al Teatro Cervantes, quien se había enrolado en la lucha electoral del año 1946 con el carnet número 47 del Comando pro-candidatura de Juan Perón y una década después estuviera tan cercano a la insurrección, se encierra en el departamento de Rivadavia desde donde había escuchado los rumorosos llamados de la calle en 1945. Enmudece ante los fusilamientos que marcan su ánimo por mucho tiempo.[5]

Distinta es la reacción de otro exlegislador, éste encarcelado, quien escribe El presidente duerme. Se trata de la pluma de un crítico que en el diario Democracia firmaba como Belgo y que por entonces se iniciaba en los estudios del lunfardo: José Gobello.

 

La noche yace muda como un ajusticiado,

Más allá del silencio nuevos silencios crecen,

Cien pupilas recelan las sombras de la sombra,

Velan las bayonetas y el presidente duerme.

 

Muchachos ateridos desbrozan la maleza

Para que sea más duro el lecho de la muerte…

En sábanas de hilo, con piyama de seda

El presidente duerme.

 

La luna se ha escondido de frío o desvergüenza,

Ya sobre los gatillos los dedos se estremecen,

Una esperanza absurda se aferra a los teléfonos,

Y el presidente duerme.

 

El llanto se desata frente a las altas botas.

–Calle mujer, no sea que el llanto lo despierte.

–Sólo vengo a pedirle la vida de mi esposo.

–El presidente duerme

 

Reflectores desgarran el seno de la noche,

El terraplén se apresta a sostener la muerte,

El pueblo se desvela de angustia y de impotencia.

 

Y el presidente duerme.

De cara hacia la noche sin límites del campo,

Las manos a la espalda, se yerguen los valientes,

 

Los laureles se asombran en las selvas lejanas

Y el presidente duerme.

 

Tras de las bocas mudas laten hondos clamores…

 

–¡Cumplan con su deber y que ninguno tiemble

de frío ni de miedo!

En una alcoba tibia

El presidente duerme.

 

–¡Viva la patria! Y luego los dedos temblorosos,

Un sargento que llora, soldados que obedecen,

Veinticuatro balazos horadando el silencio…

Y el presidente duerme.

 

Acres rosas de sangre florecen en los pechos,

el rocío mitigó las heridas aleves,

Seis hombres caen de bruces sobre la tierra helada

Y el presidente duerme.

 

¡Silencio! ¡Que ninguno levante una protesta!

¡Que cese todo llanto! ¡Que nadie se lamente!

Un silencio compacto se adueñó de la noche.

Y el presidente duerme.

¡Oh, callan, callan todos! Callan los camaradas…

Callan los estadistas, los prelados, los jueces…

El Pueblo ensangrentado se tragó las palabras

Y el presidente duerme.

 

El Pueblo yace mudo como un ajusticiado,

Pero, bajo el silencio, nuevos rencores crecen.

Hay ojos desvelados que acechan en la sombra

Y el presidente duerme.

 

El exfuncionario del área cultural y poeta Castiñeira de Dios (1982) escribe, entre los días 11 y 12 de junio, las letras del poema Al fusilador del General Valle, después de haber acercado elementos para la proclama del levantamiento junto a Enrique Olmedo y haber participado de la intentona revolucionaria:

 

Funesto urutaú, viciosa hiena,

insaciable chacal, serpiente oscura,

por ti mi Patria es toda sepultura,

cárcel, lágrimas, llanto, furia y pena.

 

¿Cómo parió mi pueblo esta condena

esta bestia de oscura encarnadura?

¿Cómo nació del pueblo y su hermosura

este aborto del asco y la gangrena?

 

Cruel asesino de mi pueblo, frío

asesino de todo el pueblo mío,

tarde o temprano llegara tu hora.

 

Sabrás entonces, lobizón oscuro,

que el pueblo nunca olvida, te lo juro

sobre estos muertos que mi pueblo llora.

 

Fermín Chávez, poeta participante de la Peña de Eva Perón, autor de Como una antigua queja, antólogo y hasta ese momento animador de empresas editoriales como Las Estaciones y la oficial Poesía Argentina, se vuelca al periodismo y al ensayo histórico sin dejar de escribir poemas con “intención”. De los versos lugareños transita hacia la denuncia:

 

Primera dedicatoria

 

A Juan Carlos Livraga, a Miguel Ángel Giunta,

A Norberto Gavino dedico estas canciones.

A Diaz, Benavídez, Dichiano y Juan C. Torres

Dedico estas palabras de pálida hermosura.

A los sobrevivientes cuya faz no conozco

Les mando, conmovido, estos cantos amargos,

Renacidos del fondo de la ternura humana,

Del dolor, del orgullo de sentirme su hermano.

A ti, sereno Julio Troxler, a tu milagro

De Lázaro devuelto al gozo de la vida,

Le dedico el murmullo creciente de estos versos

Que remedas a veces a Robert Brasilach.

Cuando en José León Suárez una sombra agachada

Pisó las latas viejas del campito oxidado,

El aire levemente murmuró a ras de tierra;

“La sangre que ha corrido es siempre sangre pura”.

Detrás del mundo el tiempo movía sus estrellas,

Repartiendo la magia de las tardes felices,

Los nuevos resplandores del corazón, la dicha,

El sabor de los días, su belleza carnal.

A los sobrevivientes, rostros desconocidos,

Les dedico estos versos duros y solidarios,

Como de alguien que aprieta sus dientes, y el aullido,

Viendo crecer las aguas negras de la ignominia.

 

Segunda dedicatoria

 

Ya no está el tobogán de la falda nevada,

No puedes resbalar. Ni en la nieva ni en nada.

No puedes respirar. Nada quedó como antes.

El aire andino es sólo para almirantes.

Un lucero crinudo me dice que no es eso.

Que toda está. La nieva. Y el pueblo y la victoria.

Que aguaitemos –proscriptos– la alborada del hueso

El primer diente, el gato, la alameda ilusoria.

Sé que un día podremos de nuevo “hacer chorizo”

Sobre el césped de un parque, y subir a babuchas,

Y leer unos versos –Abelardo los hizo–

Que digan “y hay gualichos muy buenos por si puchas”.

En Orán resplandece la noche. No es el fuego.

–Usted se ha equivocado, coronel relamido.

Es el alba redonda de algún muerto querido.

Carlos Alberto Burgos, te despido hasta luego.

 

Las sombras

 

Los muertos que uno llora ascienden de la tumba

(Robert Brasillach)

 

Está llegando junio con sus frías pezuñas,

Con el duro cumpleaños y el luto en la solapa.

Están llegando al muro las sombras de los nuestros

Congregados al grito de grises pelotones.

Están saliendo sombras del gran presidio triste,

De mi tierra más triste, del silencio argentino.

El sol ciega sus ojos extraños a la vida

Y los lleva hasta el sitio donde estuvo la muerte.

Están saliendo al patio los queridos espectros

Traídos por un gesto de la patria ultrajada.

–Coronel Irigoyen, tres pasos adelante.

–Albedro, Dante Lugo, otro paso hasta el plomo.

Oscar L. Cogorno, madura flor en llamas.

Jorge Miguel Costales, capitán indomado,

Eloy Caro, Noriega, Dardo Cano, Cortínez,

colmados por el agua nocturna de su estrella.

Gareca, Mario Brion, Ibazeta, Quiroga,

Abadie, Luis Pugnetti, Rojas, Miguel Rodríguez,

Son fantasmas plateados que el oprobio desata.

Lentamente las sombras buscan la arena negra,

La arena coagulada, su corazón caído.

La vida que tuvieron cuando el alba se enfriaba,

El agrio plomo, ardido, sin una abolladura.

Murallones rojizos en la calle Las Heras

Aún guardan el latido del Jefe fusilado.

Los espectros se acercan a la pared llagada

Y desnudas las bocas de sus pechos vacíos.

 

Otro poema es el titulado A vosotros, extranjeros:

 

Aquí en el Sur, cerrando el continente,

Hay un país llamado la Argentina,

Una región de nombre transparente,

Una llanura con vellón de harina.

Aquí en el Sur, ministros extranjeros,

La noche verde la pampa calla,

Mirando está el nacer de la canalla.

Los cien por ciento demoliberales,

Los pálidos corderos jacobinos,

Están aquí sangrando a sus iguales,

Violando el cuerpo de los argentinos.

Los santos laicos, los depuradores,

Paladar de verdugo pervertido,

Andan aquí curando sus rencores

Sobar la piel del pueblo desvalido.

Aquí sobre baldíos sin prontuario.

Don Nicolás Carranza el ferroviario

Cayó como un palito entre la arena.

Allá en un patio gris de Avellaneda

Pepe Irigoyen yace acribillado.

Un gorilita ruin movió la rueda

En nombre del derecho restaurado.

Aquí en el Sur, mojada por luceros,

La noche verde de la pampa calla,

Y el corazón de nuestros compañeros

Mirando está el crecer de la canalla.

 

Chávez escribe, además, Desiderium dedicado a Fernández Suárez[6].

 

Coronel Desiderio, ¿qué otra cosa desea?

¿Quiere acallar el viento, nocturno y fiel testigo?

Sígalo que anda prófugo. Préndale que no cante.

Mi coronel deseo, silencie a ese enemigo.

Coronel Desiderio, la noche estaba helada.

Para dejar durmiendo tantos hombres al raso.

¡Pobrecito Rodríguez, la nuca destapada,

habrá allí tiritado con un grillo en el brazo!

Mi coronel deseo, ¿no ve las sombras quietas,

esos diez eucaliptos que no dobla la brisa?

Mi pueblo anda callado bajo este junio triste

Enterrando sus huesos como un perro sin prisa (Chávez, 1964).

 

No son los únicos que dedican versos a los caídos. El citado Tejada escribe los versos de Romance de un coronel en homenaje a Luis Cogorno, otro de los militares fusilados.

 

Desde el Comando Naval

pedían a un Coronel,

Oscar Lorenzo Cogorno

y daban las señas de él:

“Mide un metro ochenticinco

y tiene blanca la tez;

nariz mediana, ojos pardos,

con acento cordobés.

“se ordena su captura,

muerto o vino, donde esté;

policías y gendarmes

y militares también

deben salir a la caza,

la caza del Coronel”.

 

Por radio daban los datos

su imagen por la T.V.

 

Y empezó la cacería,

la caza del Coronel:

policías y gendarmes

y militares también.

 

Por caminos y senderos

van patrullas en tropel.

Mide un metro ochenticinco

y tiene blanca la tez,

nariz mediana, ojos pardos,

con acento cordobés…

 

Oscar Lorenzo Cogorno

¿Adónde irás Coronel?

¡Las rutas abren pupilar

desmesuradas por ver!…

 

Un Kaiser nuevo, celeste

disparaba a más de cien

por la ruta de Belgrano

conduciendo al Coronel,

En los ranchos se detiene

pero nunca falta un buey

trompeta que su corneta

haga sonar en su ley…

 

Ya estuvo cazado y listo,

cazado ese Coronel,

Oscar Lorenzo Cogorno

y Abadie su amigo fiel.

 

Tribunal, juicio, condena

y unos segundos después,

juvenil, alto, bizarro,

puesto contra la pared…

 

Y en el instante que media

entre ser y entre el no ser

dicen que dijo una arenga

con acento cordobés:

“¡Camaradas: el destino

se nos muestra un tanto cruel,

nos premia con un fracaso

y debió ser al revés.

Más no importa, camaradas,

la ley marcial no es la Ley;

 

A la Ley que está sin trono

queríamos imponer

para que todos se sientan

iguales ante la Ley.

¡Todos somos argentinos

y hermanos debemos ser!

Camaradas: ¡basta, basta!

más sangre no hagan correr.

 

Guarden las armas, hermanos,

se los pide un Coronel…

Y ahora tiren… ¡A Dios

por mi Patria rogaré!

No sabían los soldados

si “cumplir con su deber”

o dejar las armas quietas

y volverse a su cuartel.

 

Más, tiraron…Y la sangre

de ese joven Coronel

cuatro rosas dibujaba

como un ramo en la pared.

 

Mientras tanto, en la distancia

retumbaba el tiro aquel,

era un muro desolado

y enlutado su mujer

y cuatro hijos lo lloran

para siempre al Coronel (Chávez, 1964).

 

Antes de partir al exilio al Uruguay, protegido por Scalabrini Ortiz, Vicente Trípoli,[7] el autor de Los Litorales, Espacio Bello y labrado, Los inmortales, logra publicar la obra La tierra y el vagabundo (Trípoli, 1956). Hasta ahora el autor se había dedicado a paisajes y tipos humanos asociados. En estos versos la tonalidad gira hacia el recuerdo de “junio”. El recorte de sus obras, de las que han sido eliminadas las producciones más vinculadas a su identidad política como la biografía de Raúl Scalabrini Ortiz o Los inmortales, son muestra de la situación por la que vivía. Interlunio en la casa dice así:

 

No tuvo por qué ser la muerte en junio

y vino a dar puntual siembra este año.

Cosecha más lograda en modo extraño

nunca ofreció la casa en infortunio.

 

Decir desventuranza en plenilunio

y caerse la sal fue grave daño.

Previsto su venir crujió el peldaño

y en cada puerta se anunció interludio.

 

Pues quien cosecha muerte está de guerra.

Al frente un ser intacto pero en frío

y arriba una misión que nos aterra.

 

Nunca fue más puntual este vacío.

Exactamente otoño de la tierra

para un dolor, lo digo, el dolor mío.

 

De manera inmediata a los fusilamientos aparecen los siguientes versos anónimos que circularon en volante impreso:

 

Junio de los mártires

Sobre las tumbas de los muertos

Va cayendo la tarde la Patria

Desde el Sur, desde el norte, desde el este,

Desde el oeste, la penumbra baja.

Desde todos los rumbos

Enrojecida…

Y húmeda…

Y sombría…

Lo mismo que pupila ensangrentada.

Sobre las tumbas de los muertos

Va cayendo la tarde de la Patria…

 

¡Caín!… ¡Caín!… ¡Cómo pudiste hacerlo!…

¡Sangre como la tuya!… ¡sangre hermana!

Sangre que por los siglos de los siglos

Llevarás como estiércol en el alma

Y llorarán los hijos de tus hijos

Hundidos en la noche de la infamia…

Como en un pozo negro sin salida…

Como en un cielo gris sin esperanza…

¡Caín!… ¡Caín!… ¡Cómo pudiste hacerlo!…

¡Sangre como la tuya!… ¡sangre hermana!

 

Desde las tumbas de los muertos

Brota como una fuente la esperanza

Porque la sangre es fértil en la tierra

Sobre las tumbas de los muertos

Florecerá algún día el mañana.[8]

 

Cuarenta mil ejemplares de la Oración por los fusilados de junio, el polichenela y las llagas de Cristo son repartidos por el país. Su autor es Helvio “Poroto” Botana. Por su relación con Carlos Mori Koenig y los servicios de información del Estado busca frenar la acción al saber que la intención es proveer un escarmiento ejemplificador de los revolucionarios. Tras los sucesos, dice “sufrí la congoja de la represión, como todo el país, agravada por saber de su alevosía…ese mismo día, ambulando por las calles, escribí para desahogarme un poema, fue el 12 de junio”. Lo pasan en limpio en la escribanía de Gaucherón y Norberto Caffiero se ocupa de la impresión.

 

Te molesto, Señor, porque no tengo a nadie con quien hablar en serio.

La culpa es mía, los acostumbré a verme siempre como portador de bonanzas y ninguno quiere aceptar otra cosa de mí.

Mis ojos están rojos y no creen que son ásperas lágrimas las que los lijaron, sino, que los imaginan rescoldos de una ardiente borrachera aún no pasada.

Te molesto, porque eres el único Ser que no cree en la predestinación.

Aceptas como natural la pobreza de los ricos, la cobardía de los valientes y no te parecerá un imposible la terrible tristeza que abruma a tu pequeño Polichinela.

Me han dado mil razones para justificas mis risas y te traigo una razón para aspirar a compartir tu llanto.

Me han hecho trampa en el juego y quiero consultarte, no para lograr hacerme tan astuto que jamás pueda volver a ser burlado, sino para que me ayudes a seguir creyendo que el mal es sólo un accidente, y pueda, sin rencores, seguir viviendo, aunque sea defraudado todos los días.

¡Aconséjame, ayúdame!

No dejes que la soberbia de conocer a la humanidad me impida ver lo bueno que el hombre oculta todavía.

A Ti, que dos mil años de torturas no te han enseñado a ser desconfiado, te pido que me repitas Tu milagrosa fórmula, no se te vaya a haber olvidado.

Ya sé cuál es Tu permanente contestación, pero quiero oírtela repetir, no vaya a haber cambiado.

 

Pues en beatos y beatas que se proclaman tus seguidores, oigo palabras de odio y venganza.

En los atrios de las iglesias donde está Tu imagen lacerada, se aplaude a los derramadores de sangre.

 

¿No estaré equivocado?

¿No habrás cambiado?

¿No te habrá cansado de ser Cristo crucificado y quieras, como tantos, ser Cristo Crucificador?

¡Todo es posible, me he vuelto desconfiado!

Me he vuelto desconfiado y temo que las bocas de los que creo mansos de corazón se abran vomitando ira y revanchas.

Repite y déjame repetir contigo tu mágica fórmula: “Amor al prójimo y amor a Dios”.

Déjame seguirte en tu contumaz locura que dos mil años de expolio no te quitaron.

Déjame contigo despreciar la cordura de los que a un ojo pagan con un ojo, a un diente con un diente, al odio con el odio, ignorando la absurda moneda que inventaste: la moneda de la caridad.

 

***

 

Me han hecho trampa; sin avisar cambiaron las normas de nuestro juego.

Aquí en la Argentina, peleábamos de frente, baleándonos si fuere necesario y luego pagábamos una pequeña multa.

Nuestro juego era de hombres, con piadosas leyes no escritas dignas de piadosos caballeros medievales.

Se reían de nuestras revueltas llamándolas “Desfiles del amor”.

Y la verdad, hasta hoy, eran desfiles del amor.

Han hecho trampa. En la manga escondida traían la muerte.

No puedo decir los nombres, pero son docenas y docenas.

No conozco sus caras, pero son iguales a quienes viajan junto a nosotros en el tranvía.

Son seres simples como los que los domingos de sol sacan a pasear a sus hijitos.

Hubo un músico y un carpintero.

Uno de manos pulcras, otro callosas.

 

***

 

Como a las reses en los mataderos, los despenaron sin defensa alguna.

Los destrozaron contra una pared.

Cayeron sin vida en grotescas posiciones.

Los envolvieron en arpilleras.

La muerte entre latinos es solemne, seria, hermosa; se llega a ella luchando o rodeado de familiar respeto.

Han roto el juego de morir bellamente.

 

***

No te pido, Señor, piedad por los muertos. Todos ya están contigo, los que perdieron la vida con razón y sin ella, los que defendieron y los que atacaron.

A igual que los inermes fueron sacrificados por irresponsables pelotones de ajusticiamiento.

Todos están contigo, como chicos perdidos que reencuentran al padre, se han abrazado a Ti.

Los recogiste dentro de tus llagas y tu sangre lava la de ellos.

Hasta el más descreído ha comprendido porqué, antes de matar, preferiste morir.

No te ruego por los que murieron que están en Tu seno, sino por los que mataron.

Como a Caín, consérvales la vida, para darles el tiempo del arrepentimiento.

Señor, Dios mío, oye mi ruego.

Perdona al que mató, perdona al que injurió.

Ayuda a quien el odio ofuscó su razón.

Ayúdame a mí, que llegué a odiar a quienes convirtieron mi canto en llanto.

Quítame el asco a la sangre que los mancha.

Ayúdame a poder darles mis manos a los que trajeron la muerte fría.

¡Ayúdame, Señor! (Botana, 1985: 396-399)

 

Antonio Nella Castro “Juan Quebracho” escribe ¡Tantas cosas!:

 

Hace años, compañeros, yo decía:

“Mi tierra es ancha y honda;

al Norte, los arados, las guitarras;

al Sur, el mar sonoro, nuestras costas.

Un hombre con olor a palo santo

siembra los surcos, canta y se enamora.”

Hace años, compañeros, yo decía…

Pero han pasado tantas, ¡tantas cosas!

 

Llegaron entre balas. Fusilando.

Llenos de hiel. De maldición. De costras.

Venían con el alma emponzoñada

espumosas las ingles y las bocas.

Eran los niños bien. Los estudiantes.

Las damas copetudas. Y “católicas”.

Las que creen que la Iglesia y los altares

son un cómodo y chic salón de modas.

 

Y ofrendaron un ramo de cadáveres.

¡Pobre Córdoba!

Mancharon las campanas. Los misales.

¡Pobre Córdoba!

Y en nombre de Jesús todas las calles

se llenaron de sangre. ¡Pobre Córdoba!

¡Se poblaron de muertos populares!

¡Pobre! ¡Pobre Córdoba!

 

El tiempo los siguió como una víbora.

Y la víbora fue a morder la historia.

Sus nombres quedarán junto al de Judas

y sus hijos tendrán las manos rojas.

Videla Balaguer. Náusea del mundo.

Hiena podrida. Santulón hipócrita.

¡El cielo de la patria estará limpio

cuando cuelgues hediondo de una horca!

 

Vinieron después otro. ¡Fue lo mismo!

¡Qué enferma mancería les dio formas!

Capitanes gorilas. Asesinos.

Deshonra de las Armas. ¡Pies y botas!

¡La tierra está afilando los puñales!

¡El viento está buscando las carótidas!

Capitanes gorilas. ¡Asesinos!

¡Mirad, mirad la patria, cómo llora!

 

Lotearon la Nación. Rompieron todo.

Blanquearon con estiércol sus palomas.

Y el pueblo, nuestro pueblo, el pueblo entero,

Quedó a disposición de la “Corona”.

Los hombres de la Armada. Los marinos,

miserables sirvientes de la Logia

Lucieron su uniforme de etiqueta,

su sucia aristocracia cipayona.

 

–Ya no nos queda nada –me decía

una humilde muchacha de la Boca.

–Ya no nos queda nada, compañero,

como no sea llorar vuestra deshonra–.

¡Mujeres del país! ¡Varones criollos!

Sabemos quiénes son. Cómo maniobran.

Conocemos sus nombres. Sus patrones.

Y entendemos también por qué nos odian.

 

Pero de pronto el tiempo se detuvo.

Y desde entonces fue la misma hora.

Una hora larga, interminable, seca.

Hora medida con reloj de sombras.

Y allí quedaron Valle e Ibazeta

con la sangre colgada de la gloria.

Y allí quedó Cortines. Y Cogorno.

Fundidos con la patria y con la historia.

 

Y allí quedamos todos, fusilados,

sin corazón, sin alma, sin memoria.

Pero hay un hombre nuestro en el destierro.

Un hombre con sabor a cosa propia

que les marca los días, los minutos,

que tomas las medidas de sus fosas

y un alba volverá para que el viento

pueda cantar de nuevo entre las rosas (Chávez, 1964: 173).

 

El director de variados emprendimientos literarios y poeta de la Peña de Eva Perón, integrante del colectivo de Buenos Aires literaria, Gregorio Santos Hernando vuelve a la carga con su hoja Ángel para que “la letra, esa sangre de los poetas que cada uno de ellos vierte sobre el papel y los identifica igual que su nombre, su rostro, su poesía” tenga un cauce. En junio de 1956 escribe No nace el sentimiento, poesía íntima que expresa un desgarro que es el del país (Ángel, 1, Segunda época, Presentación: 1-3):

 

No nace el sentimiento

ni la palabra; nada

asciende para darnos

su plenitud de amor.

 

Quedamos en los días

con desvaídos rostros,

con perdidas memorias, tan sombríos,

que lo amado, lo bello,

lo que tanto se ansía no resurge

con el antiguo signo del consuelo.

 

¿Qué resta del ayer, qué de los sueños?

Sólo, una carne lacerada, abierta,

cayéndose en girones

como banderas derrotadas;

sólo un cuerpo vacío,

sin pasiones

perdido en sus recuerdos,

que más lo olvidan,

más lo desvirtúan

de su esencia terrena.

 

¡Sólo un cuerpo, que a veces

deseoso de amor se ofrece al mundo!

 

En el primer aniversario de los fusilamientos Bernardo Iturraspe escribe su Arenga del héroe fusilado (Ferla, 1964: 191):

 

Aquí está el pecho frente a la metralla

No haya un cobarde que al valor traiciones

Debía obedecer a la canalla

que os manda asesinar… ¡Dios os perdone!

 

No lagriméis. Tened los ojos fijos

Bravos muchachos de ignorados nombres

¡Ya no saben qué hacer con nuestros hijos

y los hacen verdugos de los hombres!

 

Mi causa fue la causa de vosotros

El ser vencido es mi único pecado.

Luché y perdí. ¡El crimen es de otros!

 

Por eso no temáis… ¡Tirad, os ruego!

Romped mi corazón que tanto ha amado…

Soldados atención: ¡apunten!… ¡fuego!

 

Eva Perón, depuesta y repuesta en el recuerdo

Fermín Chávez, utilizando el seudónimo Cruz Jiménez, escribe 26-VII-1956, que integra junto a otros poemas un Cancionero de la patria ocupada, dactilografiado, que circula clandestinamente (Soler Cañas, 1966: 339). En sus versos enlaza los motivos de “junio” y la inspiración del recuerdo de Eva Perón:

 

Indestructible aroma te sustenta

corona de dolor, oro deshecho.

En urna no visible, con su helecho

y su ciprés, nos duele como afrenta.

 

Una Mujer transita por el pecho

de su pueblo ultrajado y lo alimenta.

Pueblo ofendido en junio: experimenta

de nuevo la amargura y el acecho.

 

De nuevo la amargura, la amarilla

Amargura de fuegos penuriosos

Que ornan la paz los bellos fusilados.

 

Corona de dolor, ramo de arcilla.

Los perros de la noche están gozosos

por estos cruentos días no vengados.

 

Carlos Jovellanos y Paseyro, periodista poeta oriental radicado en Buenos Aires, redactor del Estatuto de la Asociación de Escritores Argentinos la contra-SADE peronista, escribe en el año 1956 los versos de Dónde estás, preguntándose por el cadáver de Eva Perón:

 

…y la tiraron al río…

¿Dónde estás, dónde estás, carne dolida,

frustrada muerte en la tenaz memoria?

¿Dónde estás, dónde estás, propiciatoria

de la esperanza y de la lucha ardida?

 

¿Por qué abismo fluvial vas abolida

De toda vana pompa, promisoria

en la severa imagen de la historia

y en la amarga enseñanza de la vida?

 

¿Puede herirte aún, después de muerta,

profanar tus despojos y en la incierta

cerrazón del olvido sepultarte?

 

En la vigilia del dolor palpitas

y en la sangre del pueblo resucitas

porque el amor no puede condenarte.

 

Esos versos quedan en un cajón. Más tarde serán conocidos y difundidos por otro poeta militante…

 

Otros poetas depuestos en acción

Castiñeira de Dios, que había involucrado en la acción de Valle al “Poeta Depuesto”, lo visita asiduamente en su departamento de Rivadavia (Andres, 1990; Castiñeira de Dios, 2013). Juan Guerrillero es el seudónimo que asume en ese contexto. Desarrolla así poesía combativa. Fruto de ese trabajo y circulando en hoja suelta circula, hacia el año 1957, El poema de Juan Guerrillero, que circuló y que aquí reproducimos:

 

Canto I

Yo era en un tiempo Juan Pueblo…

Ahora soy Juan Guerrillero

 

1

Mírenme de arriba abajo,

desde los pies al chambergo;

mírenme hasta las entrañas

del alma que tengo adentro,

porque soy aquel que fui,

pero ya con escarmiento.

 

Como en el cielo está el rayo,

como en el aire está el viento,

traigo mi escudo de octubre,

tatuado en medio del pecho,

tengo mi patria en la sangre,

como quien trae un incendio.

 

Los que no me reconocen

es porque nunca me vieron;

los que me ven y se asustan

es que andan duro de cuello,

o han perdido las posturas

en medio del entrevero.

 

Cuando viene la tormenta

no es bueno hacerse el rumbero,

quien no esté bien afirmado

puede enredarse los huesos,

y habrán de faltarle piezas

en las listas del recuento.

 

2

Yo era en un tiempo Juan Pueblo…

ahora soy Juan Guerrillero.

Tengo dos años de vida

y ciento y pico de viejo;

un 16 de setiembre

nací del dolor del pueblo:

mi sueño se llama “Juan”

mi vigilia “Guerrillero”.

 

Entre aviones y cañones

vi cómo se alzaba un muerto

que velamos en octubre

y enterramos en febrero,

y resucitó el mandinga

para mal de nuestro suelo!

 

(Dios castiga a los traidores;

Dios castiga a su cortejo:

sables, ateos, sotanas

que a San Martín ofendieron

y a Dios y a la Santa Iglesia

por falta de amor al Pueblo).

 

3

Yo era en un tiempo Juan Pueblo…

ahora soy Juan Guerrillero.

Yo era manso como oveja,

más alegre que un cencerro;

por mi bandera luchaba,

lidiaba por mis derechos,

crecía en mi corazón

la palabra “compañeros”

 

Nos apuraron de afuera,

nos madrugaron de adentro;

ellos tenían municiones,

nosotros el sentimiento;

¡pobre del pobre que crea

tener razón sin el fierro!

 

Después pusieron la Patria

en venta a libra por metro;

la desollaron en vivo

y al inglés la repartieron…

¡Las horcas que se merecen

las va levantando el tiempo!

 

4

Yo era en un tiempo Juan Pueblo…

ahora soy Juan Guerrillero.

Como bárbaros avanzan

tocando a muerte y degüello;

querrían cortar de cuajo

la fidelidad del pueblo,

pero no hay arma capaz

de segar un sentimiento.

 

Torturaron, fusilaron,

pusieron a miles presos;

tiraron sin compasión

contra mujeres y obreros,

pero no pueden matar

la lealtad de mi Pueblo.

 

Hoy mi Patria es un frontón

de muerte y fusilamientos;

los chacales se alimentan

con sangre de nuestros muertos,

pero mi pueblo está firme

y ellos temblando de miedo.

 

Yo era en un tiempo Juan Pueblo…

Ahora soy Juan Guerrillero (Chávez, 1964: 161-164).

 

Mientras componía, junto a su amigo Fermín Chávez buscan salir a la calle con sueltos e incidir en las publicaciones existentes. En su casa funciona el Centro de Intelectuales, Periodistas y Artistas del Pueblo, por ellos mismos concebido como usina para alimentar los medios de prensa de la “resistencia”. Tiene estrecha comunicación con John W. Cooke quien los alienta en la tarea e incluye el organismo clandestino en el Plan de Acción de agosto del año 1957.[9]

Así, en el año 1957, Fermín Chávez, activo en todos los medios de prensa de la época, da a conocer los versos de ¿Dónde estás? de Jovellanos y Paseyro. Lo hace en una reedición de De Frente (2, junio-julio 1957) que celebra la huida del Penal de Río Gallegos de su antiguo director. Junto con la poesía sientan posición con respecto a la convocatoria eleccionaria: “Forma de votar en blanco. Ningún peronista, por ninguna causa, puede servir a los intereses políticos de ningún caudillo. En el caso de elecciones, si el Partido Peronista es declarado fuera de ley, la orden para todos los peronistas es: Votar en una boleta que diga: asesinos” (Chávez, 2001: 5).

Al mismo tiempo con el seudónimo Juan Montiel el mismo Chávez, publica en Resistencia Popular el poema Romance por la muerte del General Valle:

 

Atención pido, señores,

para este simple compuesto:

quiero contarles la muerte

de un general verdadero.

 

El mes de junio corría

y era duro aquel invierno,

–una fría bayoneta

bajo un aluna de hueso–

 

El mes de junio empezaba

y el corazón de mi pueblo

andaba por estallar

empujado desde adentro.

 

Fusiles madrugadores

como unos pájaros negros

llegaban a los hogares

inviolados de mi pueblo.

 

Estaba el padre dormido

y por eso lo prendieron.

Andaba por reventar

el carozo del silencio.

 

Allá va el general Valle

sin coraza y sin recelo,

llena de fe la cintura,

de gaucho coraje lleno.

 

Allá va el general Valle

cual un jefe montonero;

allá va como una luz

en la madera del pueblo.

 

Los obuses reventaban

en esquinas y paseos

chamuscando la hoja gris

reseca de aquel invierno.

 

Allá está el general Valle

ocultándose en San Telmo.

Allá va el general Valle

entre el humo de su cielo,

 

prendidito a su destino

que es un bagual traicionero,

bagual de trágica estirpe,

duros tobillos de acero.

 

General Juan José Valle,

de cogollo tan sereno,

el diente de la traición

te debe doler adentro.

 

A Las Heras te llevaron

en el auto de los reos.

Los ojos te relumbraron

igual que un Cristo sereno.

 

Sabemos que te entregaste

sólo por llegar al cielo.

Sabemos que fue tu historia

la de un argentino entero.

 

A Las Heras los llevaron

con la venda del silencio,

amarrándole la fe junto

al muro amarillento.

 

Aquella tarde de junio,

12 de junio en el tiempo,

12 de junio en el odio,

12 de junio en el rezo,

aquella tarde de junio

el general verdadero

tanteó su pecho y halló

una magnolia de fuego.

El pelotón conmovido

oyó su voz como un trueno.

Balines de hierro cruel

lo bandearon como un cuero.

¡Viva la Patria!, se oyó.

¡Viva Valle!, compañeros.

Ya está la carne dormida,

Ya está el odio satisfecho.

Se marchó como una luz

De blancos huesos saliendo.

 

¿Qué doctorcito del mal

les dictó la voz de Fuego?

¿A qué boca te entregaste?

¿Quién estuvo en el teléfono?

¿Qué chaquetilla ordenó

inmolar tus compañeros?

¿Qué fuerzas de la impiedad

tan enorme te volvieron

colocado junto al diente

pequeñito del lucero?

 

¡Malhaya la tarde oscura

del 12 de junio espeso!

¡Malhaya la piel tan fina,

malhaya los perros negros!

¡Malhaya aquella promesa

que te sacó de San Telmo!

¡Malhaya el buen tirador

del pelotón fusilero!

¡Ay malhaya la amistad

y malhaya los teléfonos! (Montiel, 1957: 4)

 

Jurista depuesto celebra triunfo votoblanquista

El mismo día de esas elecciones y con el sabor del triunfo en la boca, Julio César Ranea, abogado salteño que desempeñó funciones como ministro de la Corte de Justicia de Salta hasta el golpe militar, se aloja en Mar del Plata. Allí escribe Voto de lealtad popular con la intención, frustrada, de que sea publicado en una revista porteña.

 

1

Para qué he de llamarte por tu nombre,

si tú nombre es campana dominguera

que se dice con música de alba.

 

Es luz de amanecer y Trino. Puerta

de Día y de Esperanza. Duraznero,

que al sol está vistiéndose de fiesta;

o es, acaso, perfume de manzana

que, por el aire sin palabras, llega.

 

¡Para qué he de llamarte por tu nombre,

si eres Huerta!

 

Para que he de llamarte por tu nombre,

si eres Llama: tu nombre a fuego suena.

es Lámpara encendida en los hogares

humildes de la Patria y es Luciérnaga

que alumbra los senderos de las Hadas

¡oh, Lumbre Espiritual de Cenicientas!

 

Si tu nombre es Sonrisa en la alegría

de la niña que peina una muñeca,

para qué he de llamarte por tu nombre

de tres letras…

 

Para que he de llamarte por tu nombre,

si tu nombre podría ser Estrella.

O Angel Tutelar… Fervor… Silencio…

O Pétalo de Rosa o… sólo Tierra.

 

¡Para qué he de llamarte por tu nombre,

si estás muerta!

 

2

Un viento azul y blanco de bandera

Voló desde los mástiles sagrados:

Heraldo que proclama postulados

De la Nueva Argentina Justiciera.

 

Y su voz fue paloma mensajera

de inviolables derechos olvidados.

Y fue chispa de los descamisados

sobre el místico yunque de la espera.

 

Timón y timonel. Y derrotero.

Profeta: luz de instante venidero

y a la vez, realizada profecía.

 

Y, si soldado sirve de bandera,

de la gloria traspone la frontera

quien de su Pueblo es asta, enseña, guía.

 

Legislador depuesto escribe a “un fusilado que vive”

Cuando se conoce, a través de las investigaciones de Rodolfo Walsh la existencia de un “fusilado que vive”, Tejada le dedica una poesía.

 

Para Juan C. Livraga

 

La historia dará este fallo

sobre Juan Carlos Livraga;

“fue muerto por asesinos

pero el derrotó a las balas”.

 

Era un muchacho argentino

ese Juan Carlos Livraga;

De su casa iba al trabajo

y del trabajo a su casa.

 

Tenía novia y amigos

y limpia tenía el alma.

el azul de la bandera

en sus sueños tremolaba.

 

Muchacho como hay millones

en las sierras y en las pampas

era un muchacho argentino

este Juan Carlos Livraga.

 

Aquella noche de Junio

con sus amigos estaba

escuchando una pelea

que en el Luna se peleaba.

 

Las noches de San Martín

son como en toda la patria:

los amigos se reúnen,

discuten, conversan, charlan.

 

¿Qué puede tener de malo,

Señor, esta vida clara?…

¿En qué se puede ofender

de esta manera al que manda?

 

Pero allí la policía

llegó sin ser invitada

y arrió con todo y a todos

encañonó con sus armas.

 

“–Están conspirando–”, dice

y ustedes saben la trama,

van a pagar la aventura

y van a pagarla cara”.

 

Ya están en la Regional,

ya cayeron en las garras

de aquel coronel Fernández

que ha venido de La Plata.

 

Los meten en el calabozo,

los sacan de madrugada;

los bajan en el camino

y apuntan por las espaldas.

 

Los faros de la rural

proyectan las sombras largas.

las estrellas en el cielo

se ocultan avergonzadas.

 

Ordena una voz: “¡Disparen!

y se sienten las descargas.

aquel manojo de amigos

cae muerto por la espalda.

 

“Rematen la obra, rematen,

y peguen tiros de gracia”.

Un tiro por cada muerto

y uno a Juan Carlos Livraga.

 

En la mejilla le pegan

y lo atraviesa la bala.

Muerto no está, pero muerto

en la noche se desangra.

 

¿Quién restaña las heridas,

y quién los dolores calma?,

Se dice que aquella noche

es enfermera la Patria.

 

Que anduvo por los caminos

besando heridas de balas

y envolviendo en la bandera

el sueño de muchas almas.

 

Estuvo muerto, bien muerto

ese Juan Carlos Livraga;

pero la Patria esa noche

quiso que…resucitara.

 

Lo quiso para que vieran

los que asesinan y matan

que el pueblo no muere nunca,

y aún muerto se levanta.

 

“Que fue muerto y sepultado

y resucitó en la alborada”…

Así se podrá decir

de nuestro pueblo, mañana.

 

Mientras tanto por las calles

anda Juan Carlos Livraga

con una herida asesina

que le ha cerrado la Patria.

 

Funcionario depuesto

No faltan los escritores volcados decididamente a la crítica literaria que, tras perder sus posiciones burocráticas en el ámbito educativo, dan difusión a estas producciones realizadas en condiciones de clandestinidad o encierro.

Por ese tiempo José Gobello (1957), aún preso, logra publicar Historias con ladrones, serie de cuentos imaginados en tiempos de su encierro. Luis M. Soler Cañas, recién casado cuando pierde su trabajo en el Ministerio de Educación en el año 1955 y ahora ocupado en su tarea de crítico desde Mayoría, señala: “víctima de un proceso que la historia juzgará Gobello purga hoy en la cárcel el delito de la fidelidad al pueblo”. El timbre de honor de Belgo es haber superado al “poeta atildado y un tanto frío de los Ángeles Afeitados. Es (ahora) el poeta profundamente humano de El presidente duerme.[10]

 

Osvaldo Guglielmino, poeta de Pehuajó, profesor de la Universidad de La Plata, autor de Ida y vuelta de Juan sin Ropa,[11] convocado en las postrimerías del peronismo por el Ministro de Educación Anglada a integrarse al gobierno nacional, da a luz, en junio de 1957, su Juan Sin Ropa.[12] El libro lleva una faja con la leyenda: “La lucha del Pueblo por la Causa Nacional”. Está escrito en metro y lenguaje populares, en la sextina hernandiana. El autor quiere ubicarse en el sentido estético, político y social del autor del Martín Fierro. El sujeto de la narración es un gringo acriollado que sufre el mismo destino del gaucho.

 

El relato finaliza en un desalojo y la dispersión familiar:

Empieza aquí de mis penas

el remate despiadado.

Con el derecho ganado

–soy parte de su destino–

le pido al pueblo argentino

que lo apunte con cuidado.

Yo no quise saber más

Y con otros igualmente

A la mañana siguiente

Empezamos a marchar

En busca de otro lugar

Donde hubiera mejor gente.

Después de nuevo en el carro

hacia el Oeste seguí

y cuando me despedí

con la última mirada,

vi que no llevaba nada,

que el alma quedaba allí…

 

Un tumbo aquí y otro allá

fue nuestra vida rodando;

el hambre vino apurando

y, en medio de tanto mal,

a mis hijos al final

tuve que ir desparramando.

 

Uno entró en un almacén

por la cama y por el pan;

a otros a veces les dan

ropa en unos menesteres

y a una ciudad las mujeres

para colocarse van.

A mí… perdón los cantores

de mis penas la reseña;

por más que sea pequeña

la voz que del alma sale

sí no es por lo que vale,

vale, sí, por lo que enseña (Guglielmino, 1957: 81).

 

Soler Cañas lo elogia desde Mayoría (24, 16-9-1957: 14). No termina allí su tarea: “retiré una cantidad de ejemplares de la imprenta para el servicio bibliográfico a diarios y revistas; que procedía su inscripción y que finalmente le retiré los ejemplares invendidos a la editorial de efímera actividad, que se había encargado de su distribución y que poco o nada hizo para promoverlo publicitariamente. También escribí varios comentarios para los periódicos del movimiento nacional, no menos efímeros muchos de ellos, que estaban a mi alcance. Le llevé un ejemplar a Bernardo Ezequiel Koremblit, quien, justo es decirlo, le dedicó un comentario bibliográfico en la revista Atlántida –¡nada menos!– y una nota mía a ‘Pajarito’ García Lupo, quien ‘funcionaba’ en la revista Qué y la publicó prácticamente toda” (Soler Cañas, 1981: 13).

Jauretche desde su exilio montevideano envía estos versos gauchipolíticos a Guglielmino, acusando recibo del libro:

 

Rumbeando por las estrellas

me ha llegado “Juan Sin Ropa”,

y pingo que así galopa

no ha de ser ningún sotreta…

¡entre tanto buey corneta

llegó uno entero en la tropa!

 

Yo “Los profetas del odio”

le mando para que hagan yunta

Al pago de los Hernández.

Confiando en la buena junta

lo espero desde esta punta

donde estoy pa lo que mande.

 

Así como Fierro y Cruz

lucharon por lo argentino,

está clarito el destino

que Hernández amojonó,

mesmo aquí que en Pehuajó,

amigo don Guglielmino.[13]

 

Profesor depuesto poeta

Manuel Alcobre (1957) había quedado con sus cátedras en la Escuela Técnica en la que tiene innumerables problemas por su adscripción política. En ese tiempo publica Estación terminal. En la obra aparece la nostalgia y el recuerdo del “paraíso perdido” de los primeros años de vida en su San Nicolás natal o el recuerdo del período en el que se desempeñó como activo secretario de la Asociación de Escritores Argentinos:

 

Pero ahora que el bosque es nuestro y nos espera,

preferimos mirarlo como un bien inseguro

lo pasado fue sueño;

lo actual no lo es siquiera.

sólo nos queda el bosque, pero ha de ser futuro.

 

Quien no cree en sueños pero no quiere dejar de soñar:

Bien sé que estoy llegando

Camino hacia la ausencia.

Los árboles me ofrecen sus

Brazos y percibo su voz:

No cree en sueños, pero sigue soñando.

 

Alcobre avizora la esperanza de un cambio, superando lo actual:

 

Los árboles asisten a tu viaje

Como se ve pasar un sentenciado

Y se sienten más fieles al paisaje

Donde su término no está contado.

Pues mientras tu inquietud fluvial avanza

Hacia la sed del mar en que se pierde

Ellos siguen cantando la esperanza

De que siempre en su gris habrá otro verde

Así yo, sin pensar en cómo y cuándo

Querría para mí la arbórea espera,

Con el alma de un pájaro cantando

Y el sueño de una nueva primavera.

 

Estos versos son publicados al mismo tiempo que escribe el libro Epístola al cielo, una obra sobre su maestro Horacio Rega Molina, injustamente tratado por el gobierno militar y sus extensiones civiles en los medios de prensa.

 

Militar depuesto poeta

Federico Gentiluomo, coronel destituido por acciones conspirativas a principios del año 1956, antiguo redactor de reglamentos y responsable de publicaciones militares, pasa 18 meses detenido en Magdalena desde donde impulsa la salida de Pero… qué dice el pueblo. Antes de salir escribe este poema:                                                 

 

No es la prisión la que mis nervios quiebra

en el paso infinito de las horas;

ni es la soledad la que me aterra

con su perenne martillar de ola.

 

No me espanta el idioma de las rejas

en su rudo monólogo de espectro;

ni me apena la luz de alguna estrella

que en la noche se filtra hasta mi lecho.

 

Tampoco me conmueve en mi firmeza

la amarga desazón de esperar siempre;

es otra causa lo que mi pecho estalla

en angustioso pregonar de muerte.

 

Lo que rompe mi tensión a golpes,

lo que crispa mi sangre y mis entrañas,

es la impotencia de llevar mi aporte

a la lucha por ellos empeñada.

 

Por ellos, por mis hermanos de la plebe,

de la chusma bendita de Almafuerte,

que, oprimida en mil garras, se estremece

ansiosa de cambiar su aciaga suerte.

 

Lo que tiembla en mi celda, acorralado,

es el coraje que reclama a gritos

la justicia que todo ser humano

debe poder hallar en su destino.

 

Lo que me ciega de furor y llanto

es tener que silenciar el trueno

que en un grito de pasión brotado

atomice a los tiranos en su sueño.

 

La cárcel no acobarda al hombre puro;

es la energía la que mata a ratos,

como limita la expansión del pulso

el torniquete que presiona el brazo.

 

La soledad no amilana al hombre fuerte,

sino por la ausencia de enemigos,

ni puebla de ansiedad la mente

como no sea por falta de objetivos.

 

No es la cárcel lo que mis nervios quiebra

en el paso infinito de las horas.

Lo que mata sin piedad mi vida

es esta estéril fuerza arrolladora.

 

Anónimo depuesto

En el semanario Soberanía (33, 19-10-1957) publican Cielito del evocar, de autor anónimo:

 

Cielito, cielo que sí;

Cielito para el recuerdo…

¡Con la cruz se levantaron,

y el país se fue al infierno!

 

Cielito, cielo que sí;

Cielito de los gorilas.

¡En fervor del patriotismo

lo repatriaron a Atila!…

 

Cielito, cielo que sí.

Cielito, cielo que no.

¡Que aquí ya no manda nadie,

si no manda…el que mandó!

 

Abogado depuesto ironista

Desde el inicio de la “primera resistencia” en las páginas de El 45 hace su aparición como poeta ironista Bernardo J. Iturraspe. Abogado santafesino, fundador del peronismo local, periodista del diario La Capital que combina la defensa de presos políticos y gremiales con las artes de Safo. Desde la autoría anónima asoma la ironía: las fábulas de Hisopo responden a su pluma.

 

 

En Federalista está a cargo de “Las fábulas zoopolíticas”[14] y en la primera entrega la emprende con “Los Zánganos”. “Cansados de la dura disciplina / implantada por rústicas abejas / decidieron los zánganos un día / tomar partido, también, en la colmena. / En propicia ocasión los holgazanes, / penetraron por fuerza en las celdillas. / Más pronto hubo problemas de los grandes / al integrar la Junta Consultiva. / ¡Hay que hacer trabajar a las abejas! / ¡No existen vencedores ni vencidos! / ¡La miel es nuestra y el trabajo de ellas! / Pero es ley natural que las obreras / gobiernen el panal desde hace siglos. / ¡Sepa el zángano hallar la moraleja!” (Federalista, 10-12-1955: 3).

En la segunda entrega presenta “El Buey y la Chicharra”: “El buey iba tirando del arado / bajo el ardiente sol del mediodía, / y en las cuartillas rústicas del prado / rurales pentagramas escribía. / La chichara cantora se burlaba / cuando el buey algún yerro cometía: / ¡Trazaste mal el surco! –le gritaba. / ¡Hiciste mal la melga! se reía. / El buey paró su marcha ante la vana / provocación del bicharraco alado. / Y dijo con desprecio a la holgazana: / ¿cómo entiendes que el surco está mal hecho? / Quizá, porque yo mismo te he enseñado / el modo de trazar uno derecho” (Federalista, 16-12-1955: 3).

En la tercera entrega se ocupa de “Los Piojos”. “Unos piojos altivos que habitaban / en bosque de tupida cabellera / decidieron salir de su morada / para correr el mundo por su cuenta. / Mas no era la aventura cosa simple / pues, odiando el trabajo, al verse solos, / acosoles el hambre más terrible / y se fueron chupando unos a otros. / Pasó un rey que sin súbditos andaba / y al ver a la piojera medio muerta / pensó que a la ocasión la pintan calva. / Y los hizo marqueses, dignatarios… / Con ellos el país puede que muera, / más los piojos… ¡Están resucitando!” (Federalista, 23-12-1955: 3).

En la cuarta entrega de la sección “Zoopolítica” aparece una poesía bajo la firma del doctor Vargas Relmu.[15] Se anuncia “Especial para Federalista”: “La Vaca, la Cabra, La Oveja y el León”. “La vaca, la cabra y la oveja / –nos cuenta en sus fábulas Fedro– / formaron alianzas estrechas / juntándose al león en secreto. / Habiendo cazado un buen ciervo, / el león a partirlo se apresta / y en cuatro porciones el cuerpo / divide tanteando la presa. / ‘Será para mí la primera / –exclama frunciendo su ceño– / pues soy la mayor de las fieras / y exijo a mi nombre respeto’. ‘También la segunda me tengo / pues doblo a cualquiera en fiereza. / Por ser superior, la tercera, / ¡y guay del que toque mi resto! / En iguales condiciones / aunque en menor dignidad / sucedió en revoluciones / que buscaban libertad. / Al cazar, fueron las partes / iguales en condición. / Y en el reparto, por arte / de una vieja tradición, / los políticos se alzaron / con la parte del león”.

En el número correspondiente al 13 de enero el “doctor Vargas Relmu” realiza otra entrega “especial para Federalista”. Se trata de la pieza “El zapatero hecho médico”: “La miseria empujó a un zapatero / a ejercerla de médico sabio. / Y en un pueblo donde era extranjero/ vendía un resabio / como antídoto muy milagroso. / Enfermose un buen día el cuitado / y en probarlo su rey se dio arte. / Y fingió que un veneno mezclado / con resabio en parte, / ofrecía a beber al malvado. / Asustado y temiendo la muerte / confesó su traición con sollozos. / Y el monarca, signando su suerte, / llamó a sí a los mozos / y en el foro, habló en tono fuerte: / ‘No es locura confiar la cabeza / a quien nadie confió su calzar? / ¡Si lo habéis despreciado en su mesa / por mal trabajar, / necios sois en pagarle remesa / por un peor curar! / Saque, compadre, lecciones / de este cuento singular: / ¡nunca triunfó en elecciones… / ¿cómo le da el gobernar?” (Federalista, 13-1-1956).

En el número 7, en la misma sección, reaparece Bernardo Iturraspe, en un “especial para Federalista”. “La gallina y los perros” es el título de sus versos: “¡Co co ro có! Gritaba la gallina / en anuncio triunfal de un rico huevo. / ¡Co co ro có! Indiscreta repetía / alterando la paz del gallinero. / Una perra holgazana y criticona / se puso a protestar por tanto grito. / ¡Basta ya de informar sobre tus obras! / ¡Pon un huevo infeliz, tamaño lío! / Replicó la gallina: haz tú la hazaña / que diariamente con mi esfuerzo entrego. / Pon un huevo nomás. ¡Si no te callas! / Parece que el milagro se produjo, / pues no se escucha un solo cacareo / y los perros en cambio ¡ladran mucho!” (Federalista, 20-1-1956: 2).

En la última entrega de Federalista, Bernardo J. Iturraspe escribe “El Camaleón”: “En tiempos de antigua dictadura / solía el dictador donar medallas: / por trabajar, por holgar las unas, / por lealtad, las otras, a la causa. / Recibió un camaleón este homenaje / en uno de los múltiples repartos, / más pronto hubo barullo y el donante / se cayó del sillón rivadaviano. / ¡Muera el cruel opresor! ¡Viva la Patria! / El leal camaleón salió gritando… / pero alguien murmuró de la medalla. / Y sacando un recibo del empeño, / dijo el bicho: ¡Aquí está! ¡La he despreciado! / ¡Ahora espero otra igual de este Gobierno!” (Federalista, 27-1-1956: 2.).

Como colaborador, Iturraspe incluyó cuadros irónicos en Palabra Argentina y también lo hizo en Pero…qué dice el pueblo a través de la figura de “El Duende”. Un ejemplo es el titulado La vaca constituyente, referido a Aramburu:

 

Dijo la vaca en actitud doliente

mugiendo su venal aramburato:

yo los manejo a bien a los jovatos

que constituyen la constituyente.

 

Pero el pingüino de afilados dientes,

aquel de marineros celibatos.

le contestó: ¡no seas insentado

que ya perdistes a los intransigentes!

 

Rumió la vaca su animal respuesta

y dijo así rascándose la testa_

–aunque todo se vayan al 40,

artículo fatal, firme y despacio

lo he de borrar, aun teniendo a cuenta

¡tan solo los bigotes de Palacios!–.

 

En ese mismo medio incluyeron la Fábula de las palomitas que decían ¡pero… pero…! (Pero… qué dice el pueblo, 1, 28-6-1957)

 

Cuando el Rey de la Selva, el Rey León,

fue por el Cuervo Rojo destronado,

aprovechando la ocasión

y algunas ayuditas

fueron apareciendo Bagres y Gallinitas

que, unos por unas libras convertidas en pesos

y otras por moneditas

se tiraron al queso,

es decir, a comerse las blancas Palomitas

que muy tanquilamente

esperaban la vuelta del Ausente

con soguitas colgadas de las verdes ramitas.

 

Los Bagres, al salir de su agua oscura,

ya no pudieron respirar

y daba gracia verlos, en su última aventura,

hablar, y hablar, y hablar

con la cara más dura que se pudo soñar.

 

Pero las ambiciosas Gallinitas

siguieron trabajando

y también picoteando,

para que en su orfandad las blancas Palomitas

les dijeran que sí,

y no fue así

ya que a cada piropo lisonjero

tan sólo respondían: “Pero!… Pero!…”

 

La primera Gallina que dijo sus ronrones

con traidoras intenciones se llamaba León

y quiso, con un golpe audaz y artero

aprovechar la confusión, pero las palomitas dijeron:

“Pero!… Pero”…”

 

Detrás vino una oscura Gallinita

hija de Chascomús y amiga de León,

que quiso enamorar las blancas Palomitas

con falsía y tesón, pero las Palomitas dijeron:

“Pero!… Pero”…”

 

Más tarde el Cuervo hizo unas Gallinitas

con plumaje más falso y traicionero

que se llamaban “istas”

(comun-frodi-nacio-popul-istas)

pero las Palomitas dijeron:

“Pero!… Pero”…”

 

Y como las Palomitas eran muchas, muchas,

y no se hartaban de esperar,

todas las Gallinitas se fueron a…bañar,

bien colmadas sus huchas

con las libras que el Cuervo les hacía llegar

(ya que toda traición

exige por lo menos una retribución).

 

Moraleja

 

para las Gallinitas ambiciosas

Cuando las Palomitas dicen: “¡pero!…”

no hay que meter el dedo en el ujero.

 

 

En Compañeros, el medio que dirigió personalmente, escribe la sección de “La fábula zoopolítica”, esta vez con la temática de La libertad (Compañeros, 2, 11-4-1957: 1):

 

¿A cuánto está el pescado, don Pascual?

¿Y el ajo, y el tomate y la cebolla?

¿Y el vino, y la lenteja, y el cereal?

¡Cuánto cuesta, Dios mío, armar la olla!

 

Mi marido se fue con los pingüinos,

y mi hermano también, y mi cuñado.

Y mi padre ha quedado dolorido

por algún palo suelto que ha ligado.

 

Se lamenta de vicio usted señora,

dice Pascual cortando letanías.

¡Nunca fuimos tan felices como ahora!

 

Pues, aunque lo que expresa sea verdad,

hoy podemos gozar las alegrías

de un régimen de pura libertad.

 

Cura depuesto improvisa versos políticos

En Rebeldía, la publicación que dirige el confesor de Eva Perón y director de la Revista de la Universidad en tiempos del primer peronismo, aparecen una serie de materiales de corte poético. En el número 3 aparece los versos de Y el que vota en blanco está en la “pomada”, tango canción (Rebeldía, 3, 24-7-1957: 3):

 

Arturo Frondizi, escuchame, ñato,

teneme confianza, aceptame el dato,

ahorrate el disgusto del gran papelón,

levanta el petizo, seguí mi consejo,

que no es de un gilastro y si zorro viejo

para cabulearla en toda elección.

No arriesgués un guita a convencionales,

empácate el vento de tus industriales,

dejate de poses de gran redentor,

no chamuyes tanto de la oligarquía,

pues sos tan tarado que en la minoría,

no ligás ni un puesto de acomodador.

 

Acordate, flaco, no hace demasiado,

apenas diez años, siendo diputado,

jugaste al “sistema” de la oposición

entonces no hablabas de soberanía,

de la independencia, de la economía,

ni de la importancia de la religión.

 

Hoy, sos “flor de un día de libertadura”,

ya no embocás ni una, seco, patadura,

se viene la biaba y, encima, “cargada”;

rompé las boletas, oíme, ché hermano,

recostate al Pueblo, es el Soberano,

y él, que vota en blanco, está en la “pomada”.

 

En otra entrega escribe “Mirame, San Martín” (Rebeldía, 8, 21-8-1957: 4):

 

Mirame, San Martín, yo soy tu Pueblo,

el mismo que llevaste a la victoria:

el mismo, sí, que atesoró tu verbo

y por tu verbo penetró en la historia.

 

“Que los pueblos decidan sus destinos.

¡Jamás derramaré sangre de hermanos!”.

Oyendo estoy, oh Padre de la Patria,

Tu verbo y tus consejos tan lejanos…

 

“No concibo que existan argentinos

unidos a potencias extranjeras…”

Tu pueblo unido resistió la infamia

Y exigió desagravio a su bandera.

 

Pero llegó este día… Aquí me tienes

nuevamente bloqueado y perseguido.

Mirame San Martín, yo soy tu Pueblo

Y seré nuevamente lo que he sido…

 

Sólo que en esta lucha ardua y tremenda

no me acompaña tu fulgente espada.

Rota en pedazos anda cual machete

macheteando mi carne y mis espaldas.

 

¡Multiplicado corvo sin la lumbre

de la fe y el honor sanmartinianos

ha calado muy hondo y ha esparcido

lo que jamás debió, sangre de hermanos!

 

Esto quisiste tú: que fuera el Pueblo

el que señale rumbos a la espada.

Más otros dicen: “el machete impone

y el Pueblo no ha de ser… el Pueblo es nada”

 

Tu no fuiste un gorila… Fuiste un hombre

el más preclaro de los argentinos.

Mírame, San Martín, yo soy tu Pueblo

Ser o no ser: es este mi destino.

 

Unido a estas intervenciones de la pluma de Benítez, en cada tapa incluyen una caricatura acompañada de versos satíricos. Algunos ejemplos. En el número 5, tras las elecciones del 28 de julio, aparece un gorila con cara de Isaac Rojas diciendo (Rebeldía, 5, 31-7-1957: 1):

 

“¡Malhaya el “grasa” ave negra

Nada ciego nada manso,

Que vuelve la leche negra

¡Y al voto lo vuelva blanco!…

 

En el número 8 bajo el título “Rompehuelgas” aparecen un soldado del ejército y un marino hombreando bolsas y limpiando, y en el diálogo de Aramburu y Rojas señalan:

 

  1. Dijimos que volverían

cumplir con su misión…

  1. Pero en tan grave ocasión,

bajo esta libertadura;

hombrear y juntar basura

¡es servir a la Nación!…

 

Periodista depuesto, perseguido, preso

Otro medio de gran tirada e influencia, el ya mencionado Palabra Argentina, orientado por el periodista Alejandro Olmos que había dirigido en el pasado la Revista Juan Manuel, tenía una sección fija que llamaba Lo que canta al pueblo, que daba lugar a la expresión libre de poesía espontánea y anónima, que utilizaba subterfugios varios para escapar de la censura del Decreto-Ley 4161:

 

Somos los muchachos del blanquismo,

Todos unidos triunfaremos

Y como siempre tendremos

Un grito de corazón,

¡Viva el León! ¡Viva el León! ¡Viva el León! (Palabra Argentina, 20-8-1957)

 

Nunca te olvidaremos…Nunca…

Infinito héroe de una gran causa;

avanzaremos sin prisa pero sin pausa

para ahogar la traición, para dejarla trunca.

Nunca te olvidaremos… Nunca… (Palabra Argentina, 10-9-1957)

 

Tu güelta vivo esperando

y a pesar de la tardanza

acaricio la esperanza

de que me sigas amando. (Palabra Argentina, 17-9-1957)

 

Versos depuestos, descolocados y diferidos

Entre el fin del gobierno peronista y 1957, Leónidas Lamborghini, joven poeta que se iniciaba en el espacio y ensayaba formas nuevas de expresión, se vincula a los poetas de la generación del cuarenta, y en particular a Luis Alberto Murray. Así en el año 1955 publica el Saboteador arrepentido (Lamborghini, 1955) en unos “collages” orientados por este autor. En esa edición anuncian la salida de Al público por ese sello. Ello no sucede razones de orden político vinculadas al golpe militar del año 1955.

El título saldrá en el año 1957 por Poesía Buenos Aires e incluye los versos de El solicitante descolocado (Lamborghini, 1957: 7):

 

Cuando

Llegaron las inversiones extranjeras

Dispuestas a radicarse y preguntaron

Salario real ¿cuál?

Es tu poder adquisitivo.

 

Cambio

Cambio

Cambio

¿dónde está la moneda simple

Legal

La moneda sencilla

Del menudo candor

¿La moneda de

Cobre?

 

Y antes de sucumbir

El interés económico pensante

Alcanzó a balbucear

Petróleo, industrias, agro,

Pecuario.

 

Sin base

Cierro la última

Cotización.

 

Reproducciones y difusión social de la poesía militante

A medida que el peronismo daba indicios de ganar terreno en el escenario político social con muestras de su peso electoral, recuperando espacios en el ámbito sindical y manifestándose en el espacio público de diversas maneras, las empresas periodísticas fueron cobrando, a lo largo del segundo semestre del año 1957, mayor envergadura.

De esa manera Rebeldía o Palabra Argentina por citar las de mayor envergadura pasaron a ser plataformas de difusión de peso considerable en la disputada opinión de la masa proscripta.

La existencia de esos medios llevó a la necesidad para la conducción del peronismo de contar con medios propios y leales a sus directivas. Así nace el semanario Línea Dura que asume la voz oficial del peronismo. Será para las efemérides vinculadas al sentimiento peronista que incluyen poemas escritos al efecto o recuperan materiales previos. Junto a ello, desde el primer número, habilitan una sección denominada “Para que cante el Pueblo”.[16] Allí se hacen eco Del cancionero infantil:

 

¡Que llueva, que llueva…!

Laplacette está en la cueva.

Los obreritos cantan

El pueblo se levanta.

Ya cae el chaparrón,

¡…Ron…Ron…Ron! (Línea Dura, 1, 4-11-1957)

 

Para el aniversario de los fusilamientos de junio de 1956 Línea Dura realiza una importante convocatoria y luego cobertura en sus entregas sucesivas[17] a la vez que recuerda los bombardeos del año 1955. Como parte de esas rememoraciones incluyen los versos de Luis Grande titulado Romance del Mes de junio:

 

A nuestros muertos queridos

Te cambiaremos el nombre:

ya no serás mes de Junio…

Para esta Patria, mi Patria,

Te llamarás mes de Luto.

 

Tienes dos fechas inscriptas

con caracteres profundos:

“16” con calles y plazas;

“9”, caminos y muros…

 

“16”… Danza del crimen,

infierno de fuego y humo

que vomitó desde el cielo

un anti – Dios infecundo

 

El crimen viajó en aviones

aquel 16 de junio,

y gozaron los sicarios

con el festín de infortunios…

 

Y dijeron que en Tu Nombre,

Dios amado, Dios eterno,

cometieron la ignominia

de masacrar a mi pueblo.

 

¡Criminales!… ¡Criminales!…

Traidores del mes de Junio;

Yo les perdono mi cárcel,

pero llevo eterno luto.

 

Dos fechas tiene este mes

que no ha de olvidar ninguno;

“16” calles y plazas…

“9”, caminos y muros…

 

En la sección “Para que cante el Pueblo” incluyen los versos de Patria en llanto, zamba (Línea Dura, 25, 18-6-1957: 4):

 

Gime la Patria

lloran sus hijos

en su quietud serena

siempre están vivos (bis)

 

Taller y surcos de los confines

horas de lucha anuncian

con sus clarines (bis)

 

Rompa el sol los nubarrones

Que oscurecen mi Nación

Brilla como antes tierra querida

¡¡Oh!! Nueva Argentina de Perón (bis)

 

2

Son tres banderas

del pueblo causa

sangre dolor y gloria

nos da la pausa (bis)

 

Tristes vidalas

la tierra arranca

rumores de su llanto

en queja amarga (bis).

 

Rompa el sol los nubarrones.

 

Al acercarse la fecha del aniversario de la muerte de Eva Perón comienzan la campaña agitativa convocando a actos. Piden por el cadáver de Eva Perón. Es en ese momento que integran materiales previos y les dan una difusión superlativa. Por ejemplo, es desde sus páginas donde vuelve a reproducirse los versos de ¿Dónde Estás? de Jovellanos y Paseyro (Línea Dura, 30, 24-7-1958).

Para el 17 de octubre, además de convocar a los actos conmemorativos, incluyen poemas alusivos.

En tapa incluyen los versos de Canto a Octubre de Jorge Perrone, antiguo director de Latitud 34 y autor de Se dice hombre (Línea Dura, 43, 14-10-1958: 1):

 

Vinieron con su grito y sus banderas

en un aire de ángeles caídos,

vinieron desde el sur, desde la tierra,

llegaron por el río y el oeste.

Traían su zozobra en agrio jugo,

prendida sobre el hombro una mañana.

Buenos Aires con vírgenes de asombro

florecía de golpe en las esquinas

donde un llanto de piedras y de palomas

subía como el humo por el cielo.

 

Vinieron con su grito y sus banderas

escoltando la tarde como el agua.

Una ría de estrellas desbandadas

anduvo dando tumbos entre voces

llenando la ciudad de madreselvas

y guerreros en cobre, sin revólver.

Municiones de rabia en los cartuchos

por toda esa esperanza desangrada,

con árboles tumbados y resecos;

por el trigo en flor, por la vidala,

por el hijo nuevo y por la madre;

por el viejo llanto de los mineros;

por los hombres de tabaco, por el norte;

por la mano endurecida entre engranajes;

por la barca, por el sur, y los hacheros;

por el viento dulzón junto a la zafra;

por la parábola bendita del arado;

por el dolor bermejo del resero;

por ciudad, el río y sus banderas,

toda la fe del mundo en los correajes.

 

Alguno cayó por entre medio.

Alguno cayó despedazado y sin rodillas.

Un sudor de coraje pegado a la camisa

era tu sangre, hermano, entre la angustia.

Una oración ahíta de laureles

rogaba por el hombre sin aliento,

con su celeste corazón caído

sobre los ojos rubios, de muchacho.

 

Esquirlas de pólvora rojiza

y canciones de vides y amapolas

se treparon llorando a las gargantas

y un galope amanecido se metió

con sus potras en la Patria

para buscar arcángeles cantando.

 

En página dos con recuadro transcriben los versos de Marcha Triunfal, perteneciente al escritor entrerriano, antiguo colaborador de la Revista Tellus promovida por el gobierno de Maya en la provincia de Entre Ríos, José Arévalo (Línea Dura, 43, 14-10-1958: 2):

 

¡Perón!

Por las rutas del mundo toda América expande

el sagrado pregón: “¡Perón!”

Lo acunaron los cóndores en las cumbres del Ande,

se hizo grito en la entraña de la Nueva y Gloriosa Nación.

 

Lo soñaron un día para asombro del siglo los ojos del Gran Capitán;

fue una herida de bronce en el épico espasmo del viejo clarín;

era el viento del hambre en las trágicas marchas de un pueblo sin pan

y la mano rebelde y fatídica en la orgía inhumana del imperial festín.

 

¡Perón! Ala en el torrente, brida en la montaña, cielo en la bandera intemporal

se prendió a la angustia de la Patria como un niño al seno exhausto de la madre muerta;

golpeó con la palabra milagrosa la pira enorme y putrefacta de cadáveres en la tierra desierta

y una invasión de lázaros trajo el agua y el canto y la esperanza al páramo natal!

 

¡Perón!

En vano las arañas monstruosas del odio y la traición

acecharon su paso de gigante;

más allá de la vida y de la muerte su voz sigue adelante:

“¡Quienes quieran oír que oigan, quienes quieran seguir que sigan! Alta es mi empresa y clara mi divisa”

Y abre lento la huella en razón de su prisa

tras él una explosión de luz pone en las frentes los rayos salvadores

que transforman en metálicos himnos la maldición de los bíblicos sudores!

 

“Perón” ruge la tempestad de gargantas argentinas en el tremendo alud;

y los libres del mundo responden: “Al gran Líder, salud”.

En las manos obreras vibra el látigo del riel

los pulpos imperiales sucumbieron por él;

los surcos redimidos recogen las semillas del cántico labriego,

y alza en vilo la madre criolla la verdad del hijo en el ofertorio de su propio ruego!

 

¡Ahora el trigo y el alba, ahora el salmo y la máquina, ahora hay risa en los humildes, confianza en el que espera y amor en el que llora!

La dicha tiene un nombre: ¡Perón! Los pueblos amanecen en la lumbre bendita del nuevo sol: ¡Evita!

No más pobres, no más parias, aunque el fecundo lirio

caiga envuelto en las sombras mortales del radioso martirio!

 

De la vida inmolada surge pujante esta Argentina Nueva

que en sus pupilas de oro el alma toda fuego de la que duerme lleva…

 

¡Perón!

Músculo en los fuertes y en el niño corazón;

mástil en los barcos inmensos, vértigo en las fábricas y caricia en los linares ondulantes

donde hallan su bandera de paz y de trabajo los gringos inmigrantes…

Ni el espacio ni el tiempo; ahora el aire, el agua, el fuego conjugados en la tierra prometida, para el sueño y el gozo de la total redención,

¡Y el grito formidable replicado en la boca de la raza elegida!

“¡Perón!”.

 

El semanario Norte que reemplaza a Línea Dura en la tarea de expresar al Comando Superior del peronismo, expresa en sus columnas muchos de los elementos que habían ordenado la salida del medio anterior y tampoco descuida rememorar las fechas principales del calendario peronista.

Como Norte cuenta como columnista a Gobello tras su salida de la cárcel, en el segundo aniversario del levantamiento de Valle y los fusilamientos reproduce El presidente duerme (Norte, 728, 5-6-1958: 3).

 

Fermín Chávez escribe A Eva Perón a seis años de su fallecimiento:

 

No te lastima el río, ni el colmillo lustroso,

ni el fuego que calcina maderas memorables

ni los ruines libelos ni los perjuros sables

porque has vencido al tiempo ignominioso.

 

No te duele el silencio de tu piel en reposo,

ni el escarnio, ni el filo de sucia dentellada.

vuelve con el otoño tu nerviosa pisada

porque has vencido al tiempo ignominioso.

 

Señora, éste es el día de luto riguroso,

de la vida violada por la Muerte distante,

y del cielo dorado como aroma exultante

porque has vencido al tiempo ignominioso.

 

Mira el rostro brillante de mi pueblo en sollozo

sin túmulo ni ritos. Tu presencia argentina

se renueva en la aureola de rubia cinacina

porque has vencido al tiempo ignominioso (Chávez, 1958).

 

En ese mismo número publican versos del poeta y escritor forjista, autor de Montoneras y Caudillos en la historia argentina del año 1946 y Proceso al liberalismo argentino de 1957, Atilio García Mellid quien escribe A Eva Inmortal (Chávez, 1958):

 

Tu cabeza yacente al mundo asomas

y ángeles rubios vuelan de tu pelo.

tu nombre, sobre un lienzo de palomas,

dibuja su ternura desde el cielo.

 

Tus brazos, como un mar de terciopelo,

derraman sobre el pueblo sus aromas

y de tu frente surgen, en un vuelo

de glorias imperiales, nuevas Romas.

 

Eres el agua viva de tu muerte.

Tu perenne verdor de rama inerte

da al roble antiguo su lozana esencia

 

Y ante la multitud que te venera:

tu invierno triste se hace primavera

para que nadie llore por tu ausencia…

 

Para la fecha fundamental del 17 de octubre, el solícito Chávez escribe Cielo de Octubre:

 

En octubre sonó el primer disparo.

¿Te acuerdas camarada Passaponti

cuando el cañón de ocultos fariseos

goteó su fuego seco desde Crítica?

¿Te acuerdas, compañero Passaponti

de aquel madrugador árbol de octubre

que le ganó su sitio al canillita

y se paró temprano para verte

volcando tu fogón sobre la acera?

Apenas quince años te sobraron

para volverte misteriosa forma

o nada cosmogónica, sin tiempo

anterior a la vida o a la muerte.

 

Los pequeños y grandes fariseos,

tábanos negros de la democracia,

espiaban a tu pueblo y a tu sueño

para matar mejor desde la sombra.

De Crítica salió el primer disparo,

plomo entrañable de la oligaquía.

Allí estaban los ranas del derecho,

los jueces sucios, los instigadores,

los vítolos, zavalas, santanderes,

fittipaldis, gusanos, todos juntos.

Allí estaban en germen, confundidas,

liendres marinas y lombrices cultas,

un obispo besándose con Busso,

don Frondizi brindando por la SIP

y Bemberg “que nos dio la Libertad”

 

¿Te acuerdas camarada Passaponti?

En octubre sonó el primer disparo.

En el cielo de octubre brilló Evita

como un sol del escudo proletario.

En el agua de octubre redentora

mojó sus rudos pies, sin nazarenas,

mi pueblo fiel de cabecitas negras.

Octubre es epopeya montonera,

revolución de espaldas castigadas,

estallido varón, puerta del grito,

octubre, epifanía de Perón.

 

¿Te acuerdas compañero Passaponti?

En octubre sonó el primer disparo

y del plátano gris bajó la muerte

para dejarte a oscuras desterrado.

En junio, en junio del cincuenta y cinco

la muerte descendió de los caranchos

y en el diente traidor de los cobardes.

Pero octubre está aquí, y está mi pueblo

con Caudillo y bandera desplegada,

cargando también balines duros,

empujando la historia, vigilando

los muertos que dormitan en el alba.

Compañero de octubre, junto al plátano,

te estoy viendo nacer en la mañana,

fusilado de luz en la mañana,

mientras me estalla adentro una mañana.[18]

 

En otros medios menores, como El Soberano dan lugar también a los versos de Cailalay titulados Eva de América (El Soberano, 15, 30-6-1958):

 

¡Salve, Eva de América! Tu nombre

ató en un solo haz a los humildes

sin distinción de credos ni de razas

Eran carne de pueblo, y los quisiste.

 

Los de manos callosas, los vencidos,

los que la fe y la dignidad perdieron,

los humildes, los pobres, los de abajo

formaron a tu lado. Y te siguieron.

 

Ellos fueron razón de tu existencia.

Les entregaste tu corazón rendido.

Por ellos tu palabra se hizo acero

y por ellos tu pecho se hizo nido.

 

¡Salve, Eva de América! Tu nombre

será escudo, bandera, y clarinada,

que arrastrará legiones de oprimidos

hacia la luz de la luz de la justicia humana.

 

En otro semanario difunden Antorcha peronista de autor anónimo:

 

Soldados de la Argentina,

soldados de Juan Perón,

enarbolemos bien alto

nuestro noble pabellón.

 

Todos unidos luchemos

por la paz de la nación.

“Sólo unidos triunfaremos”

ya lo dijo Juan Perón.

 

Es una sola bandera

para una sola legión.

Una sola es la consigna:

¡Con la Patria y con Perón!

 

Evita, que por el Pueblo

su vida sacrificó,

hoy alumbra desde el cielo

el camino de Perón.

 

La batalla ganaremos

porque así lo querrá Dios.

¡Justicia es lo que queremos

con Juan Domingo Perón!

 

Consideraciones finales

Hemos mencionado las denuncias anónimas ejercidas desde el “antiperonismo intelectual” como uno de los factores que incidieron en la producción de estos autores. En el folleto Pax. Epitafios (Anónimo, 1955) fueron atacados duramente varios de los escritores que hemos mencionado, agrupados como un “rebaño de traidores”.

 

Yaces aquí María Granata,

poetisa partidaria…

en la vida literaria

le tocó ser una errata.

 

El infame Benarós,

autor de un libro de texto,

junto al nefasto y funesto

de Castiñeira de Dios.

 

De su musa aprovechada

¿qué sacó?

Nada.

Dio su alma a quien se la dio.

Descansa, Oscar Ponferrada.

 

Pax

Taormina

Y se anega.

Ya no Rega

Molina

Más.

 

El inventor de la figura del “poeta depuesto”, era aludido así:

 

¿Por qué se incorpora,

y llora,

don Leopoldo Marechal

cuando tocan a maitines?

Por succionador de calcetines.

 

Fermín Chávez, José Gobello, Soler Cañas eran incluidos en la lista de los “activos –y pasivos– comparsas del régimen”. Esos versos satíricos no quedaron allí. Hay poetas que son descartados de antologías.

Las intervenciones en los medios periodísticos de la antigua cadena ALEA, ahora comandados por representantes de los partidos tradicionales, excluyen de sus redacciones a los autores de la lista. En algunos casos llegaron incluso a los medios privados, como ocurrió en la redacción de El Mundo de la que fue echado sin causa Horacio Rega Molina (Pulfer, 2018).

Los medios tradicionales ejercen una censura tácita respecto de referencias de estos autores[19].

La situación de exclusión del partido y el movimiento social y político con el que voluntariamente se identificaban, sumado a esta situación la expulsión de la “república de las letras” constituida por las presentaciones y conferencias, la prensa y el libro condiciona, pues, la producción de estos escritores. Esa exclusión, de todos modos, no explica acabadamente el proceso por el cual la producción poética pasa a constituirse en parte del arsenal político del peronismo. Existen, obviamente, situaciones y acontecimientos concretos que los llevan a poner sus emociones y sentimientos por escrito para permitir la expresión de la indignación, la queja o la denuncia. La operación y sus motivaciones, pues, no terminan allí. Es preciso divulgar. No ya como muestra de capacidades expresivas en una comunidad intelectual, sino como modo de acción política en las duras condiciones que impone la “Revolución Libertadora”. Los versos sirven para ser volanteados en las fábricas, leídos en las casas en la intimidad familiar o el grupo conspirativo, para ser incluidos en los precarios medios de prensa o llegar a la forma libro en el circuito comercial.

Los motivos de sus versos recorren, como hemos visto, la denuncia por los atropellos detenciones, clausuras de medios, intervenciones en los sindicatos; el recuerdo de figuras Eva Perón principalmente y sucesos festivos y luctuosos 17 de octubre, 16 de junio junto al homenaje a los caídos en el levantamiento de junio del año 1956 que se incorpora al patrimonio simbólico del peronismo decididamente desde 1958, cuando el Comando Superior Cooke-Perón envía una misiva oficializando la reivindicación, no sin aires y giros poéticos en la proclama.[20] El primero de mayo, ritual obligado de aquel peronismo que había transmutado el sentido común de los trabajadores y el de buena parte de la sociedad argentina en torno al significado de ese día, pasando de un registro de sufrimiento y lucha a otro de celebración y fiesta, de privilegio de lo consensual sobre lo confrontativo, no ocupa un lugar importante en este tiempo.

Como ha ocurrido en diferentes procesos sociales, el arte se revela capaz de captar y expresar de manera inmediata fenómenos que los teóricos, cientistas sociales o analistas tardan en comprender y exponer.

Como hemos visto, aún antes que el magistral registro literario de Walsh organizara su Operación Masacre y antes, también, de la intervención de las plumas de los intelectuales luego llamados “nacional-populares”, hubo escritores que apelaron a formas poéticas para expresar de modo directo y urgente en la prensa o el suelto generalmente de carácter clandestino, sentires de una masa que se encontraba desorientada y en la intemperie.

Estas construcciones poéticas colaboraron en la configuración de un nuevo imaginario en el peronismo que incorporaba a su derrotero unas marcas de las que carecía hasta el momento y que de alguna manera resultaba antitética a la liturgia desplegada desde una posición dominante de Estado. Nos referimos a la idea del sacrificio personal, a la condición de víctimas, de perseguidos, de masacrados… ya que la noción de mártir hasta ese momento resultaba deletérea en el aislado recuerdo de Darwin Passaponti.

Ese proceso no fue lineal ni automático. Perón señaló las diferencias entre su gobierno y el de sus sucesores pero tardó en reconocer e incorporar al panteón peronista a los caídos en 1956. En contraste, los poetas “depuestos” se apresuraron en ungirlos, difundiendo sus versos a través de los precarios medios con los que contaban.

Fue esta poesía popular y política, por cierto, el primer anclaje semántico de un contraste más adelante recorrido por la literatura, abordado por las ciencias sociales, y en el que la historia, como suele ocurrir, encuentra filones inexplotados.

Junto al recuerdo de los hombres de junio la figura de Eva Perón ocuparía el lugar más significativo y de alguna manera revulsivo en la conciencia de esas manifestaciones del espíritu. También allí la transmutación de los sentidos asociados a Eva Perón iban a producir un giro condicionado por el accionar del gobierno militar: del recuerdo de su entrega se pasa a reclamar por un cuerpo, por un cadáver, el derecho más elemental esgrimido desde los tiempos de Antígona…

Alicia Eguren, mentada como una de las primeras poetisas de la “primera resistencia”, cuestionaba, en una reflexión posterior sobre aquel tiempo “a los que solo escuchan el ruido nuevo de las bombas, lo que, como mínimo significa una gran superficialidad en el análisis” (Eguren, 1971: 10). La compañera de Cooke planteaba así que no podía reducirse a ese plano una amplia manifestación de expresiones que se habían reflejado en actos relámpago, las volanteadas, la lucha por la recuperación de los sindicatos, la reivindicación de los símbolos y la movilización callejera que varios trabajos historiográficos se han ocupado de reconstruir (James, 1990; Salas, 1994; Scoufalos, 2007; Melon Pirro, 2018).

En esa lista de manifestaciones “resistentes” podemos incluir, también, una poesía que pertenece, por tema y lenguaje, al imperio de los sentimientos (Sarlo, 1985) y que es, por forma y contenido, por circulación y consumo, literatura popular.[21]

Su autoría se ubica, como hemos visto, en distintos estratos sociales y profesionales y la adhesión a un movimiento popular no le confiere esa característica por ese solo hecho. Podemos hablar, entonces, de una poesía de vocación o intención popular.

Así como ha sido señalado el vínculo entre el melodrama y la narración discursiva del peronismo gobernante (Karush, 2013), podemos conjeturar que esa estructura de sentimientos perduró en los años críticos bajo análisis, en los que la realidad superó a la ficción.

Nuestro propósito, como se ve, no ha apuntado a la caracterización o análisis literario, sino al significado y proyección social y política de estas expresiones. Aunque su circulación no haya sido masiva, los responsables de su principal vía de difusión, los periódicos y semanarios peronistas, sabían y apostaban al impacto de la prensa escrita. De esa época son aquellos cálculos de Jauretche que inducían a considerar que a diferencia de la prensa comercial, las hojas de la resistencia eran mucho más leídas, ya que solían pasar de mano en mano. La pretensión no parece exagerada habida cuenta de que la edición de revistas en la argentina, aunque no se cuenta con estadísticas oficiales,[22] experimentó, durante estos años, un crecimiento exponencial. El hecho de que las emisoras radiales estuvieran controladas por el estado y que la televisión fuera por demás incipiente hizo que la prensa escrita concentrara las expresiones políticas contemporáneas, algo que incluía a las peronistas que competían en desventaja. La poesía publicada o referida en sus páginas fue, como hemos afirmado, literatura política que, en la que probablemente haya sido una de sus últimas estaciones, remedó las formas del costumbrismo populista tan presente hasta entrado el siglo XX (Prieto, 1956) y que en remozada inercia gauchesca o popular expresó y logró comunicar por medio de formas poéticas conocidas un sentido de contrastes e identidades que perduraron en la historia del peronismo y de la Argentina contemporánea.

Las operaciones materiales de instalación de mitos, héroes y símbolos para un peronismo derrotado, excluido, expulsado de la república constituyen el soporte de una ritualización que se extendería a lo largo de la década dándole carnadura simbólica a esas resignificaciones y creaciones de los años de la “primera resistencia”.

 

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[1] Período comprendido entre el 16 de septiembre de 1955 y la toma del Frigorífico Lisandro de la Torre en enero de 1959.

[2] Desde el 5 de marzo de 1956 hasta el 18 de noviembre de 1964, con la excepción parcial de buena parte del gobierno de Frondizi estuvo vigente el decreto ley 4161, que inhibía la utilización de los nombres propios de Juan y Eva Perón y cualquier mención que pudiera asociarse al peronismo. Ver Scoufalos (2005).

[3] Carta de Cooke a Perón. 29 de abril de 1957.

[4] Trigemino: “¡Apretate el cinturón!”, en Lucha Obrera, 15-12-1955. Elías Castelnuovo, amante de la ciencia médica y dado a usar nombres técnicos de ese campo, podría ser el autor de estos versos.

[5] Esos duros años serán volcados por Marechal en la obra Megafón o la guerra (1970).

[6] El coronel Desiderio Fernández Suárez fue el jefe de la Policía de la Provincia de Buenos Aires que apresó y ordenó el fusilamiento de los militantes peronistas aun antes de que entrara en vigencia el estado de sitio decretado por el gobierno militar.

[7] Carta de Trípoli a Raúl Scalabrini Ortiz. Montevideo, Julio de 1957.

[8] Anónimo III. Junio de los mártires (Chávez, 1993: 147). El texto fue escrito en el año 1956 y permaneció inédito.

[9] Carta de Cooke a Perón. 28 de agosto de 1957.

[10] Mayoría, 22, 2-9-1957: 15. Subrayado por Hernández (1996: 75).

[11] Libro publicado en 1949 saludado efusivamente por Juana de Ibarbourou y Gabriela Mistral (Guglielmino, 2000: 13-16).

[12] Guglielmino (1957). El texto está fechado en febrero de 1956.

[13] Salutación de Arturo Jauretche. Citado en Guglielmino (2000: 41).

[14] Suponemos que es una creación suya, ya que la utiliza, más tarde, en el periódico Compañeros. Por ejemplo, en el número 2, 11-4-1957, “Escribe La libertad”.

[15]Federalista, 30-12-1955: 3. Entendemos que es un seudónimo de Bernardo J. Iturraspe.

[16] Copian en este sentido el espacio de Palabra Argentina denominado “Lo que canta el pueblo”.

[17] Línea Dura, 22, 28-5-1957 realiza la convocatoria a los actos. En la entrega del número 23 del 4 de junio aparecen votos de Perón junto a Valle y un detalle de los actos con entrevistas a familiares de las víctimas.

[18] Norte, 737, 14-10-1958. En el pasado Chávez había escrito versos en memoria de Passaponti desde Cuzco, en su condición de seminarista, al enterarse de su asesinato (Fray Benito Enrique Chávez, 1946).

[19] Carta de Antonio Requeri a Blasi Brambilla, 31 de octubre de 1960. Archivo CEDINPE: “Publicaste alguna vez en ‘La Prensa’ de EPASA o en otros diarios y revistas de decidida filiación peronista? Te hago esta odiosa pregunta porque en el diario tienen una ‘lista negra’ cuyos nombres repasan antes de dar un libro para el comentario”.

[20] Comando Superior. 9 de junio de 1958. Archivo CEDINPE.

[21] Desde diferentes perspectivas aparecen reflexiones conceptuales y perspectivas historiográficas para analizar el fenómeno: Hoggart (2013: 218); Samuel (1984); Chartier (1994).

[22] El IVC solo cuenta con estadísticas oficiales a partir de 1958.

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