El sujeto histórico del peronismo

José María Fumagalli

Donde hay una necesidad nace un derecho (Eva Perón).

Ladran, Sancho… señal que cabalgamos (frase adjudicada a Don Quijote de La Mancha).

 

El sujeto histórico del peronismo, en tanto sector de la sociedad que tiene la enorme capacidad de transformar su propia realidad y la del conjunto de nuestro país sobre la base del objetivo común de construir una Patria justa, libre y soberana, con memoria, verdad y justicia, ha cumplido ya 75 años de existencia. En ese tiempo, tanto la capacidad transformadora del peronismo como la composición social de su sujeto histórico han sufrido cambios notorios.

Resultan evidentes estos cambios de nuestra capacidad transformadora a lo largo del tiempo. Conviene recordar brevemente algunas etapas: potente y generadora de cambios sustantivos en el conjunto de nuestra sociedad, durante los dos primeros gobiernos de Perón (1946 a 1955); perdió esa potencia, pero no pudo ser avasallado y superó con éxito el período de la Resistencia Peronista (1955 a 1973); revivió brevemente con el regreso de Perón (1973 a 1976); con el enorme costo de 30.000 desaparecidos y desaparecidas, retrocedió hasta el límite de su supervivencia con la dictadura cívico militar (1976 a 1983); recuperó presencia política con el regreso de la democracia (1983 a 1989); sufrió el embate del neoliberalismo, enquistado primero en su propio seno, y luego con el fracasado ensayo de De la Rúa (1989 a 2001); fue recuperando su potencia transformadora con el gobierno de transición de Duhalde, que se desplegó en toda su magnitud con los tres gobiernos sucesivos de Néstor y de Cristina (2001 a 2015); sufrió el impacto del nuevo intento neoliberal de Macri (2016 a 2019); y nos encuentra hoy, de la mano de Alberto Fernández y de Cristina Fernández de Kirchner, en un nuevo intento de avanzar y consolidar nuestros objetivos.

A la vista de las próximas elecciones legislativas, y teniendo en cuenta que necesitamos un triunfo que permita lograr la mayoría en ambas cámaras del Congreso y que nos fueron esquivas en los últimos 16 años, se hace necesario repasar los cambios en la composición del sujeto histórico cuyos intereses representamos y que constituye la base de nuestra capacidad transformadora.

 

Nuestro sujeto histórico

El trabajador y la trabajadora, columna vertebral de nuestro movimiento –que también integran las ramas política, de la juventud y la femenina–, ha sido considerado como el sujeto histórico del peronismo y ha venido experimentando importantes transformaciones en las últimas siete décadas. Las más evidentes quedan expuestas al considerar la evolución relativa de la composición del empleo en nuestro país entre 1951 y la actualidad. El cambio más significativo se produce en el empleo en la actividad manufacturera, que descendió desde el 35,1% del total de las y los trabajadores en 1951, hasta el mínimo histórico del 11,1% en el último trimestre de 2019, con una leve recuperación hasta el 12,4% en el segundo trimestre de 2020. Esos porcentajes indican que en los últimos 70 años la cantidad de trabajadores en la actividad industrial se derrumbó en más de dos terceras partes.

Otras actividades mostraron cambios de menor magnitud, como transporte, almacenaje y comunicaciones, con una caída entre 1951 y 2019 de 1,9 puntos porcentuales, o la construcción, con un incremento en igual período de 1,2 puntos porcentuales. Las actividades de servicios financieros y empresariales y de alquileres, y la actividad inmobiliaria, mostraron un aumento relativo del empleo de 8,9 puntos porcentuales entre 1951 y 2019, mientras que el comercio, la hotelería y los restaurantes mostraron incrementos de 9,1 puntos porcentuales en el mismo período. A su vez, los demás servicios, incluyendo los de enseñanza, sociales y de salud, trabajo doméstico y demás servicios comunitarios, sociales y personales, incrementaron su participación en la composición del empleo en 6,5 puntos porcentuales en los últimos 70 años. Los cambios se pueden apreciar en el siguiente gráfico.

A partir del tercer trimestre del 2003, la Encuesta Permanente de Hogares recopiló datos sobre sexo, edad, formación y tamaño de las empresas en que se desempeñan las trabajadoras y los trabajadores. Las variaciones de las participaciones en el empleo según el sexo y el tamaño de empresa no resultan significativas. Los parámetros que muestran cambios importantes son los correspondientes a las participaciones en el empleo según la franja etaria y el nivel de formación. Esos cambios se sintetizan en el siguiente gráfico.

 

En relación con la edad, se puede apreciar un relativo envejecimiento de las y los trabajadores, con caídas importantes de los más jóvenes y aumentos en la participación en el empleo de los de mayor edad, especialmente en la franja de 35 a 49 años. También se registran cambios de importancia en los niveles de formación de las trabajadoras y los trabajadores, destacándose importantes caídas en las formaciones de hasta primario incompleto, las que se van morigerando para las sucesivas formaciones de primario completo y de secundario incompleto. En contrapartida, las formaciones de secundario completo, terciarios o universitarios incompletos y completos demuestran importantes incrementos.

Por último, el otro dato registrado que es imprescindible tomar en consideración para la caracterización de nuestro sujeto histórico es el que corresponde a los niveles de empleo y desempleo que pude obtener para el año 1980, 1991 y para el inicio de cada ciclo presidencial a partir de 2001, tal como se muestra en el gráfico siguiente.

El gráfico permite visualizar lo difícil y lo prolongado que demanda reducir el desempleo y el subempleo y, en contraposición, lo fácil y rápido que es aumentar esos valores.[1] Los niveles del desempleo y del subempleo que se verificaron desde inicios del milenio son los que explicarían la aparición y la creciente importancia de las organizaciones sociales, cuyos integrantes, en tanto expulsados del mundo del trabajo, también son parte de nuestro sujeto histórico.

Hasta aquí los datos duros que pude registrar sobre el trabajo. Creo necesarios esos datos, para que sean complementados por otros de índole cualitativa de especial significación, los cuales deberían ser analizados con mayor conocimiento del que poseo, pero que me atrevo a enumerar:

  • cambios en el perfil del sindicalismo y la pérdida de su unidad, que ocasionan una pérdida de poder relativo, tanto ante los empleadores, como en su peso político en el movimiento peronista y sus frentes electorales;
  • cambio en el perfil de la propiedad de las empresas, con su creciente extranjerización, que además establecen condiciones de trabajo, beneficios extra convencionales y los valores y la cultura del trabajo específicas de cada empresa;
  • creciente desactualización del concepto de clase trabajadora, que por una parte incluye la negación de pertenencia de una parte de las y los trabajadores que ahora se consideran parte de los sectores medios, en especial los dedicados a servicios de mayor valor agregado; y, por la otra parte, ese concepto sufre el desgranamiento del cuentapropismo.

En simultáneo, con la pérdida del peso relativo de las trabajadoras y los trabajadores como sujeto histórico del peronismo, otros colectivos han venido ganando mayor relevancia: las y los jóvenes, las organizaciones sociales y las mujeres y diversidades de género.

La juventud inició su ascenso desde fines de la década de los 60, e impulsada por el idealismo se fue incorporando al peronismo desde los sectores progresistas de la Iglesia y de la izquierda revolucionaria. Una época tremenda que, a pesar del costo de las vidas perdidas y los fracasos sufridos, dio al peronismo un nuevo perfil que subsiste hasta nuestros días. Es posible que la represión indiscriminada de la dictadura hacia todo lo popular haya contribuido posteriormente al acercamiento de sectores de la izquierda con el peronismo más progresista. De la mano de Néstor y de Cristina, con su reconocimiento a las Madres de Plaza de Mayo, la prioridad absoluta otorgada a los juicios de lesa humanidad a los represores y el agregado de la cuarta bandera al peronismo de memoria, verdad y justicia, el kirchnerismo regeneró el entusiasmo juvenil en la participación política.

Los movimientos sociales muestran múltiples orígenes, como redes territoriales y vecinales que comparten problemáticas comunes; la desocupación, como elemento aglutinante entre las y los excluidos del sistema; el cierre de empresas que, ante la falta de alternativas de trabajo, hicieron la necesidad de dar continuidad a la empresa mediante cooperativas de trabajo; entre otras. Sobre esa base y de modo provisorio[2] se puede agrupar a los principales movimientos sociales de la siguiente manera:

  • asambleas barriales y movimientos zonales, conformados por sectores medios con objetivos comunes, tales como el ejercicio de la democracia directa y la exigencia del “que se vayan todos”; sus acciones están orientadas al ejercicio del diálogo en las calles, la creación de comedores, bolsas de trabajo, etcétera;
  • piqueteros y movimientos de desocupados, originados en 1997 en Cutral-Co por docentes, desocupadas y desocupados en reclamo al reingreso al mercado de trabajo, mediante cortes de avenidas y rutas; ante la falta de soluciones para tener un nuevo trabajo, comenzaron a reclamar al Estado prestaciones de asistencia en alimentos e ingresos; estos movimientos se convirtieron en espacios de contención y resistencia para los más pobres y desamparados, aunque la naturaleza de sus reclamos y la necesidad de negociar concesiones en modo permanente terminó por restarles potencialidad de cambio;
  • movimiento de fábricas recuperadas, iniciado en 1995 en busca de continuidad laboral mediante mecanismos de autogestión ante el cierre de empresas; las empresas recuperadas comenzaron a extenderse y adquirieron distintas formas jurídicas, desde las sociedades anónimas hasta las cooperativas que se convirtieron en la modalidad más conveniente; con ésta las y los trabajadores se convirtieron en socios de las cooperativas; el movimiento contó con el respaldo de Néstor Kirchner, quien les otorgó la necesaria estabilidad jurídica;
  • movimientos ambientalistas: tomaron mayor notoriedad a partir de 2003 en oposición al desarrollo de la megaminería en Esquel y la instalación de papeleras en Fray Bentos, Uruguay, y actualmente son potenciados por los temas de cambio climático y de los costos ambientales ocultos del desarrollo económico.

Estos movimientos sociales significaron el surgimiento de nuevas identidades opositoras a los avances del neoliberalismo. Por tal motivo, muchos se identificaron políticamente con el peronismo y otros con partidos de la izquierda anticapitalista.

El movimiento feminista viene desarrollando su lucha desde los inicios del siglo 20 y más recientemente se agregaron las reivindicaciones de las diversidades de género. Como bien muestra Mara Brawer,[3] el peronismo se constituyó en el partido político que realizó mayor cantidad de aportes fundamentales a ese movimiento, que paso a sintetizar:

  • en 1947, por iniciativa de Evita, se promulga la Ley de Derechos Políticos de la Mujer; cuatro años después, en 1952, accedieron al Congreso las primeras legisladoras: se consagró el derecho a elegir y ser elegidas;
  • con la Constitución de 1949 se legalizó la patria potestad compartida, igualando a ambos progenitores en la toma de decisiones sobre el cuidado de hijos e hijas y se incorporó la noción de la propiedad como bien de familia; la patria potestad compartida fue abolida en 1956 y reestablecida en 1985 mediante la Ley 23.264;
  • en 1954 se legalizó el divorcio vincular; la dictadura militar de 1955 suspendió las modificaciones y el divorcio recién se transformaría en ley a fines de la década del 80, durante el gobierno de Raúl Alfonsín;
  • también en 1954 la Ley 14.367 de Filiación Extramatrimonial suprimió las discriminaciones entre las y los hijos nacidos dentro y fuera del matrimonio que despojaba de cualquier derecho a los anteriormente considerados “hijos ilegítimos”;
  • a partir de 2003 los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner establecieron la mayor cantidad de nuevos derechos para las mujeres y las diversidades de género que se recuerde en la historia de nuestro país: se reglamentó la Ley 25.673 que creó el Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable, que garantiza el acceso a la salud sexual y reproductiva; se sancionaron la Ley de Educación Sexual Integral (26.150), la Ley de Protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres (26.485), la Ley de Prevención y sanción de la trata de personas y asistencia a sus víctimas (26.364), la Ley de Reproducción médicamente asistida (26.862), la Ley de Matrimonio igualitario (26.618) y la Ley de Identidad de género (26.743); también se votó la Ley 26.844 que reconoció el trabajo de las empleadas domésticas, dotándolas de derechos al salario mínimo, obra social, aguinaldo y vacaciones; en el año 2012 se sancionó la figura de femicidio que modificó el Código Penal, definiéndolo como homicidio agravado con pena de prisión perpetua; en 2014, con la modificación del Código Civil, se regularon los vínculos sociales de los argentinos y las argentinas, se estableció la compensación económica a la persona que se dedica a la crianza de hijos e hijas y posponer su desarrollo profesional, considera a las tareas de cuidado de hijos e hijas como tareas de ambos progenitores y abandona el concepto de “tenencia” para asumir el de “cuidados compartidos e indistintos”;
  • el actual gobierno de Alberto Fernández creó el Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad, y dotó de fuerza ministerial al trabajo por los derechos de mujeres y diversidades, frente a toda forma de desigualdad y violencia; cumpliendo su promesa de campaña, sancionó las leyes 27.610 de acceso a la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) y la Ley 27.611 de atención y cuidado integral de la salud durante el embarazo y la primera infancia.

Esta síntesis deja en claro que las leyes y los programas de ampliación de derechos no sólo cumplen el objetivo de dar respuestas a demandas específicas, sino que se basan en cambios sociales y culturales que fueron un permanente objeto de la lucha de las mujeres y las diversidades de género, colectivo que a todas luces se ha transformado en un sujeto fundamental de la Argentina reciente, y también explica que, pese a la horizontalidad de ese movimiento, su gran mayoría adhiere al peronismo.

Antes de concluir estas líneas, creo necesario analizar algunos fenómenos que restan potencia al sujeto histórico del peronismo. Al antiperonismo puro y duro[4] y al medio pelo al que Jauretche dedicó su obra se agregaron más recientemente algunos sectores sociales de cierta relevancia cuantitativa, que algunos denominan como “aspiracionales”, que reniegan de su origen y de su situación económica y social objetiva, para adherir a los dictados del neoliberalismo y de los sectores económicos dominantes y los medios de comunicación concentrados. Tal es el caso de quienes dicen “todos somos el campo” cuando no tienen más tierra que la de una maceta, o de quienes se movilizan en favor de una concentración agraria que los perjudica, bajo el lema “todos somos Vicentin”. También es el caso de las y los dominados por el relato neoliberal individualista y meritocrático, según el cual el progreso o el fracaso depende exclusivamente de cada uno, sin tomar en consideración el impacto de políticas públicas que facilitan o dificultan el desarrollo individual y de los sectores en que cada persona y el conjunto de la sociedad se desenvuelve: conductas que en definitiva tienden a eliminar la consideración del bien común como un valor a defender. Estos sectores aspiracionales y meritocráticos constituyen un desafío que tenemos pendiente resolver, en especial en vistas de las próximas elecciones de medio término.

Siguen tres breves reflexiones con las que deseo incentivar un debate más profundo sobre el sujeto histórico del peronismo. La primera es que lo que parece haber cambiado no es el “sujeto del peronismo”, sino que simplemente en los últimos 75 años cambió la sociedad y, pese a ello, fuimos capaces recuperar y actualizar los valores del peronismo, acompañando esos cambios para poder representar al pueblo y en especial a las y los más necesitados, manteniendo con ello la vigencia del peronismo.

La segunda reflexión es que todo parece indicar que hemos tomado conciencia de que no solo representamos a “los únicos hombres” –“los que trabajan”–, sino que desde siempre hemos representado a un conjunto de actores sociales mucho más complejo, heterogéneo y amplio que, además de las trabajadoras y los trabajadores, también incluye a las y los jóvenes, las mujeres y las diversidades de género y los movimientos sociales que congregan a las y los más desprotegidos de la sociedad.

La tercera reflexión es que poder dilucidar toda la complejidad que encierran estas cuestiones y cuáles son las necesidades más objetivas de nuestro pueblo será de fundamental importancia para mantener vigente a nuestro sujeto histórico y poder conducirlo, potenciando su capacidad de transformar la realidad de nuestra Argentina.

Quiero agradecer a Diana Guillén por señalar la necesidad de revisar la problemática del sujeto histórico del peronismo, como así también las lecturas y los aportes recibidos de Juan Luis Vendrell Alda, Mónica Hobert, Rubén Lamas, Juan Manuel Peluffo, Sylvia Schulein y Manuel Pedreira. Como siempre, también agradeceré a quienes hagan llegar a mi correo josemafumagalli@gmail.com sus comentarios y aportes sobre el tema que nos ocupa.

Post Scriptum

El texto de este trabajo, junto a otros,[5] fue circulado como material de lectura previo a un encuentro de la UB virtual Redes y Paredes de la Comisión de Desarrollo Productivo del Instituto Patria, destinado a debatir sobre el sujeto histórico del peronismo. La síntesis que sigue resume las opiniones vertidas durante el encuentro[6] que durante dos horas reunió por videoconferencia a 32 integrantes de la Comisión. Esta síntesis está ordenada en dos partes: la primera referida al tema específico del encuentro: la definición del sujeto histórico del peronismo; la segunda, a las dificultades y los desafíos que nos plantea nuestro sujeto histórico a la luz de las próximas elecciones. Entiendo que, por su riqueza conceptual, los resultados de estos debates pueden constituirse en las conclusiones y las recomendaciones que no incluí originalmente en el texto.

 

El sujeto histórico del peronismo

Reconocemos al pueblo como sujeto histórico del peronismo. Las trabajadoras y los trabajadores formales e informales siguen siendo su columna vertebral, pero no sus únicos integrantes. La evolución del concepto de trabajador o trabajadora reconoce en la actualidad las diferencias entre empleo y trabajo, incorporando en este último concepto al trabajo no remunerado, a las tareas de cuidado personal, al cuentapropismo y a las trabajadoras y los trabajadores de la economía popular. También integran nuestro sujeto histórico las y los desocupados, los diferentes movimientos sociales, las diversidades de género, los pueblos originarios y los movimientos ambientalistas, entre otros.

Esta multiplicidad exige mantener y fortalecer la unidad de todas esas diversidades, dando prioridad a las y los excluidos y a las y los más golpeados por el régimen neoliberal. Se plantea entonces cómo entrelazar los intereses de cada diversidad con los intereses de las demás: en definitiva, cómo luchar por la construcción del sentido común entre el individualismo meritocrático y la salvación colectiva. Las respuestas a estos planteos pasan por la recuperación de dos valores que el neoliberalismo pretende destruir: la solidaridad como elemento de unión de las diversidades y el concepto de supremacía del bien común, ambos valores sintetizados en nuestra consigna la patria es el otro.

El marxismo pontifica sobre el qué hacer; el peronismo escucha qué hace falta y lo convierte en realidad. Pese a ello, consideramos que el materialismo histórico conserva validez como herramienta de análisis.

 

Dificultades y desafíos que nos plantea nuestro sujeto histórico ante las elecciones

Como dificultades, se plantearon las siguientes:

  • superar la mayor facilidad que tiene el odio de penetrar en las mentes que las que tenemos para hacerlo por empatía o por amor;
  • recuperar en todos los niveles de la militancia la capacidad de escuchar y de convencer;
  • superar las diferencias entre las urgencias de la militancia y los tiempos de la administración;
  • aumentar la capacidad de nuestro movimiento de reconocer y aceptar las diversidades;
  • recuperar las utopías, cuya pérdida facilitó el avance neoliberal;
  • detectar si estamos llegando a quienes demandan soluciones; si nuestras agendas y nuestras acciones de gobierno responden a esas necesidades;
  • llegar con nuestras convicciones y propuestas a quienes sólo se informan por los medios concentrados.

El punteo de los desafíos a resolver fue el que sigue:

  • hacer irreversibles los derechos conquistados por las reivindicaciones populares que no pudieron ser arrebatados por el macrismo, politizando esas luchas;
  • recuperar los derechos que, al ser otorgados por nuestros gobiernos sin estar respaldados por luchas populares, se perdieron con facilidad durante el macrismo;
  • transformar a las y los indignados en luchadores y luchadoras;
  • establecer y poner en práctica políticas públicas y herramientas gubernamentales que sean efectivamente apropiadas en los territorios por las compañeras y los compañeros de la economía popular y de las economías regionales;
  • mejorar la comunicación de nuestras agendas y de nuestras acciones en función de las demandas populares.

 

[1] Cabe resaltar que los valores del segundo trimestre de 2020 muestran el tremendo impacto de la pandemia, el que habría sido mucho mayor de no haberse implementado prontamente medidas para morigerarlo: ATP, IFE, créditos blandos, etcétera.

[2] En los últimos años han ganado visibilidad las reivindicaciones y las luchas de distintas organizaciones de los pueblos originarios. Lo mismo ocurre con las reivindicaciones de organizaciones relacionadas con la agricultura familiar y la “vuelta al campo”.

[3] Peronismo y feminismo: https://www.revistamovimiento.com/genero/peronismo-y-feminismo.

[4] Me refiero a quienes apoyaron los bombardeos a la Plaza de Mayo, los fusilamientos de la Libertadura y las muertes y las desapariciones de la dictadura cívico militar, y no se privaron de ningún método legal o ilegal para perseguir al peronismo, como movimiento que expresa mayoritariamente la voluntad del pueblo argentino.

[5] https://www.revistamovimiento.com/opinion/el-trabajador-como-sujeto-politico-del-peronismo-actualidad-o-anacronismo/; www.arquitecturadelastransferencias.net/images/bibliografia/fanon-piel-negra-mascaras-blancas.pdf; CLACSO: Los movimientos sociales y la construcción de un nuevo sujeto histórico.

[6] A partir de los aportes realizados sobre el tema por Myriam Lorenzón, Pepe Lojo, Jorge Barbeito, Gabriela Dufour, Diana Guillén, Roberto Cittadini, Sandra Carlino, Gaucho Yaquet, Fabiana Martínez, Alejandra Moreyra, Germán Suárez y José María Fumagalli.

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