Los derechos políticos de las mujeres y la feminización del poder

Josefina Vaca

No alcanza con la feminización de la política, debemos lograr la feminización del poder.

Durante mucho tiempo, la política en nuestro país fue considerada una cuestión de hombres. La Ley 13.030 sancionada en el año 1947 fue la primera norma que consagró los derechos políticos de las mujeres en la Argentina. Esta conquista fue el resultado de una extensa lucha de mujeres militantes y de mujeres feministas, desde socialistas hasta conservadoras –Julieta Lanteri, Alicia Moreau de Justo, Elvira Rawson, Emar Acosta–, cuyo corolario encuentra a Eva Perón como líder de la sanción de una ley que reconocía y garantizaba los derechos políticos de las mujeres en “todo el territorio de la nación”.

Evita encabezó un movimiento de mujeres que lograron organizarse, empoderarse, disputar y acumular el poder suficiente para alcanzar los derechos que reclamaban. Fue una campaña titánica, con escenarios tan diversos como las unidades básicas, las fábricas, los medios de comunicación de la época,[1] las calles y los hogares. Sí, hasta los hogares llegó el movimiento a buscarlas, las militantes recorrieron las provincias y los –en ese entonces– territorios nacionales para hablarles de sus derechos, censarlas, enrolarlas y que pudieran votar, ayudándolas a perder el miedo a lo desconocido de la política, esquivando a los esposos, que en muchos casos se oponían férreamente a que las esclavas se convirtieran en ciudadanas.

En la Capital, las paredes empapeladas bajo el lema “La mujer puede y debe votar”; la presencia de Eva en el recinto, mientras una masiva movilización de mujeres reclamaba la aprobación de la ley en las afueras del Congreso; y las miles de mujeres que colmaron la Plaza de Mayo para escuchar su discurso el día en que la ley fue promulgada, también dan cuenta de su liderazgo. “El voto que hemos conquistado es una herramienta nueva en nuestras manos. Pero nuestras manos no son nuevas en las luchas” (Eva Perón, 23 de septiembre de 1947).[2] Además, es muy importante destacar que la Ley contemplaba otro derecho esencial: la posibilidad de que las mujeres fueran candidatas a cargos electivos.

En 1951 se celebraron los primeros comicios con la ley en vigencia, y en 1952 ingresaron al Congreso de la Nación 23 diputadas, tres delegadas por los territorios nacionales y seis senadoras, todas por el peronismo, único partido que incluyó mujeres en sus listas en puestos espectables.[3] Sin duda, su incorporación a la política profundizó la práctica democrática al ampliar la base de representación. Hasta la inclusión de la mujer en el Congreso de la Nación, los legisladores hombres decidían sobre temas que afectaban directamente a las mujeres, sin su participación. Sin embargo, más allá de estos avances, Dora Barrancos señala: “Hubo una suerte de feminización de la política como nunca había ocurrido antes, aunque no significó, en absoluto, la feminización del poder” (Barrancos, 2013: 25).

Luego de este salto cuantitativo y cualitativo en la vida política de las mujeres, la interrupción forzosa de la vida democrática de nuestro país en manos de las dictaduras militares impidió que este proceso de transformación política se afianzara. En 1955, la llamada Revolución Libertadora derrocó al presidente Juan Domingo Perón; el golpe militar de 1962 hizo lo propio con el presidente Frondizi; en 1966 el levantamiento liderado por Onganía derrocó al presidente Arturo Illia; y, años más tarde, la dictadura cívico-militar más sanguinaria de la historia de la Argentina derrocó a Isabel Perón y gobernó de facto el país entre 1976 y 1983.

Tras la vuelta de la democracia, la participación de las mujeres en el Congreso Nacional no llegaba al 10% de las bancas. En 1991, con la ley 24.012, conocida como Ley de Cupo Femenino o Ley de Cuotas, se volvió a garantizar espacios para la participación femenina en la política. La norma, primera en su tipo en América Latina, establecía que el 30% de las listas para cargos electivos debían estar ocupadas por mujeres.

Ya en el siglo XXI, en noviembre de 2017 se sancionó la Ley de Paridad de Género en Ámbitos de Representación Política. La nueva normativa que obliga a todos los partidos a nivel nacional a constituir las listas con un 50% de varones y 50% de mujeres fue promulgada y publicada en el Boletín Oficial en diciembre de 2017 bajo el número 27.412. La reglamentación de la ley llegó recién en marzo de 2019, marcando su estreno en las elecciones para cargos legislativos nacionales de ese año.

Si bien las mujeres han avanzado en sus niveles de participación, la mayoría de las listas de candidaturas nacionales están encabezadas por hombres, y aún no se alcanzó la paridad de géneros en la representación legislativa. Aunque, a decir verdad, el legislativo parece ser el único ámbito donde se reflejan progresos, pues nunca existió paridad en el ejercicio de cargos ejecutivos y, aun hoy, el acceso continúa restringido.

Repasemos: a nivel presidencial, Isabel Perón –primera presidenta mujer del país– y Cristina Fernández de Kirchner, sin lugar a dudas, una de las mejores políticas de nuestra historia que ejerció la presidencia durante dos mandatos y es la actual vicepresidenta de la Nación. Sólo once mujeres han ocupado el Poder Ejecutivo de las provincias, considerando cargos en forma interina, intervenciones federales, etcétera. En la actualidad, entre los 24 distritos se cuentan sólo dos gobernadoras: Alicia Kirchner (Santa Cruz) y Arabela Carreras (Río Negro), y seis vicegobernadoras: Analía Rach Quiroga (Chaco), Laura Stratta (Entre Ríos), Alejandra Rodenas (Santa Fe), Verónica Magario (Buenos Aires), Florencia López (La Rioja) y Mónica Urquiza (Tierra del Fuego). Urquiza pertenece al Movimiento Popular Fueguino, mientras que las otras cinco vicegobernadoras son peronistas. En el nivel municipal, los ejecutivos de más del 80% de los gobiernos locales del país están ocupados por varones. En los cargos ministeriales, las mujeres también han estado y –lamentablemente– siguen estando subrepresentadas, tanto en la Nación como en las provincias. Lo mismo ocurre en la conducción sindical y en el ámbito de la Justicia. La representación femenina en el Gabinete Ejecutivo Nacional más alta en la historia se alcanzó durante la segunda presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, que finalizó con 25% de ministras.

Además, el movimiento de mujeres deja cada vez más en claro que es imprescindible sumar también a otras identidades a los espacios de representación política.

Lo cierto es que hoy por hoy, sin temor a equivocarnos, podemos parafrasear a Dora Barrancos y decir que, como a mediados del siglo pasado, aunque hay una suerte de “feminización de la política” y contamos con algunas leyes que promueven y sostienen nuestros derechos, no significa en absoluto la “feminización del poder”.

 

Bibliografía

Barrancos D (2013): Participación política y luchas por el sufragio femenino en Argentina (1900-1947). www.academia.edu/11383242/Participaci%C3%B3n_pol%C3%ADtica_y_luchas_por_el_sufragio_femenino_en_Argentina_1900-1947.

Biblioteca del Congreso de la Nación (2012): Eva Perón, Discursos (Selección). Buenos Aires, BCN.

Catela S (2018): “Primeras diputadas”. Rosario 12, 9-3-2018.

D’Alessandro M, M Brosio, V Guitart y S Rodríguez Rey (2016): “Mujeres, participación política y poder: desafíos hacia una nueva forma de construcción política”. Economía Femini(s)ta, 4-1-2016.

[1] https://www.youtube.com/watch?v=UfvPGiyHmvI&t=106s.

[2] https://bcn.gob.ar/uploads/Obra-completaEva-Peron.pdf.

[3] https://www.youtube.com/watch?v=umbOH3H9UHc.

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