Un nuevo modelo agroalimentario

Matías Strasorier y María Rizzo

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Un planeta camino al apocalipsis

La ONU publicó un informe titulado Perspectivas del Medio Ambiente Mundial, pronosticando el agotamiento y la destrucción de nuestro planeta. Como principales causas menciona: el deshielo del Polo Norte, la contaminación del aire y la extensión del desierto en varias regiones de la Tierra. No sugiere entre los motivos de destrucción a un sistema de dominación, que en 200 años saqueó los recursos del planeta de manera voraz. Lo cual no nos sorprende, ya que la ONU es parte y cómplice de los culpables. El agotamiento de Recursos Naturales en pos de enriquecer las arcas de los ricos a nivel global es el verdadero motivo de estar a 31 años del “fin del Mundo”.

Según el informe de ONG Oxfam en el año 2018, al 82% de las riquezas socialmente producidas se la apropia el 1% de la población. Solo 43 multimillonarios poseen más riquezas que la mitad más pobre de los hombres y las mujeres del planeta. Un sistema que, en Latinoamérica, primero con Gran Bretaña, luego Estados Unidos y finalmente con el Capital Financiero Trasnacional, continuaron la tarea explotadora que los imperios Español y Portugués empezaron, generando economías productoras de materias primas y compradoras de mercancías industrializadas. Nuestros pueblos, esclavos de deudas externas tomadas por gobiernos títeres de las potencias extranjeras, no solo vieron consumir sus fuerzas de trabajo, sino también agotar los recursos naturales de la Pacha Mama. Desde las minas de Potosí a la Amazonía, desde las plataformas marítimas a la cordillera, desde las minas de Litio a las llanuras pampeanas. El conjunto de las riquezas naturales, los brazos y mentes de nuestro continente, subordinados a la esclavitud de un sistema global en beneficio de una minoría privilegiada.

Viendo la foto que la ONU pronostica en 30 años, la preocupación por la sustentabilidad medioambiental y la Seguridad Alimentaria Global empiezan a ser temas centrales para el 99% de la población, que vemos con preocupación la destrucción de la Biósfera y la Biodiversidad del planeta, mientras el 1% de la clase privilegiada global aumenta sus “cajas” robando nuestras riquezas.

 

El escenario mundial

En junio de 2019 fue electo Qu Dongyu, viceministro de Agricultura chino, como nuevo Director General de la FAO, y marcó como líneas centrales para su gestión: el cumplimiento estricto de las reglas y procedimientos; la seguridad alimentaria global; y la importancia de la asociación con el sector privado, tomando como principales exponentes a Microsoft y Alibaba. La llegada de China a la FAO es parte del plan de “El Sueño Chino”, que está disputando el control global en el campo de la Inteligencia Artificial (IA) y el 5G como la clave para conquistar la soberanía del conocimiento.

Estados Unidos y China disputan palmo a palmo –más bien, algoritmo a algoritmo, dato a dato– el control de la IA. Sin embargo, estas plataformas digitales trascienden las fronteras de los estados-nación y ponen en crisis estructural un sistema que en su obsolescencia se vuelve conservador, intentando no perder los beneficios que posee desde hace 200 años.

 

La luz en el túnel

En este escenario global de crisis sistémica, encontramos la posibilidad de atacar el núcleo de la crisis estructural argentina, abordando el problema crónico del sector externo debido a nuestra debilidad de oferta exportadora, la que depende exclusivamente del sector agroalimentario. Más del 65% del total de las exportaciones argentinas en 2018 son productos y bienes agroalimentarios.

Argentina, como país emergente, tiene la capacidad de atraer inversiones altamente competitivas, a través de tres sectores: a) el complejo agroalimentario, en el cual el ecosistema Bioceres es el principal exponente de competitividad global altamente intensiva en conocimiento; b) la industria manufacturera automotriz; c) Vaca Muerta, como un complejo de industrialización altamente intensivo, que utiliza al insumo energético como componente central del desarrollo manufacturero, donde ya ha comenzado en Bahía Blanca a desarrollar la petroquímica, los plásticos y los equipos en nuevas industrias energointensivas situadas a lo largo del eje Neuquén Bahía Blanca.

 

Nuestra tarea

El Centro de Estudios Agrarios aporta a planificar un modelo para el sector agroalimentario en un nuevo universo digital en configuración, donde las grandes empresas trasnacionales pelean por la monopolización y concentración de la IA y la Big Data, y en el que el 5G –100 veces más potente que el 4G– permite dar el salto cualitativo de tipo estructural. Hablamos de la instantaneidad que otorgará el 5G y la nube o cloud computing global (Big Data), en la que se unirá lo virtual con lo real y lo biológico. Nuestro desafío es planificar un modelo agroalimentario productivo y sustentable, bioeconómico y bioético, que: a) conserve los recursos biológicos, su uso directo y su transformación en el marco de los procesos productivos; b) utilice el conocimiento de recursos, procesos y principios biológicos en el desarrollo de productos, procesos y servicios; c) aplique las tecnologías al conocimiento, transformación y emulación de recursos, procesos y principios biológicos. De acuerdo a estos elementos, claves para la bioeconomía según el GBS (Consejo Alemán de Bioeconomía), “los recursos biológicos –como la biomasa y la biodiversidad–, el conocimiento y las tecnologías convergentes –incluyendo fundamentalmente a las biotecnologías– son los tres factores que motorizan este enfoque, y conforman un nuevo paradigma que aspira a los objetivos de la descarbonización y desarrollo sostenible” (Bases conceptuales de la bioeconomía, Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura), entendiendo conceptualmente a la Bioeconomía como “la utilización intensiva de conocimientos en recursos, procesos, tecnologías y principios biológicos para la producción sostenible de bienes y servicios en todos los sectores de la economía”.

Un modelo con industrialización-digitalización-informatización de la ruralidad, conectado mediante una Red de Innovación y Desarrollo conformada estructuralmente por cinco Polos Tecnológicos Agroalimentarios Regionales (NOA, NEA, Nuevo Cuyo, Región Centro y Patagonia); Nodos Científicos y Tecnológicos Provinciales; y Células de Innovación y Desarrollo Glocal. Esta red, unida estructuralmente por Plataformas de Inclusión y Vinculación Agroalimentaria (PIVA), en la cual los actores de cada cadena productiva en su conjunto puedan subir datos y obtener respuestas inmediatas. Una red que brinde conocimiento a las productoras y los productores, las trabajadoras y los trabajadores agrarios, las campesinas y los campesinos, las empresarias y los empresarios de PyMEs agroalimentarias, en definitiva, las trabajadoras y los trabajadores de la tierra, transformándolos en fuerza de trabajo altamente capacitada cualitativamente. Estos son los sujetos claves para desplegar todo el potencial de los sectores de mayor capacidad de crecimiento y aumento de la productividad. Para ello, el trabajo conjunto y mancomunado debe potenciarse desde la organización local y su vinculación global que, mediante el funcionamiento de “Consorcios Territoriales de Trabajadores de la Tierra” conectados al PIVA, logren el Desarrollo Glocal.

Un modelo productivo que proteja los recursos naturales y garantice la seguridad y soberanía agroalimentaria, que no solo piense en la exportación al Atlántico y al Pacifico, sino que priorice la alimentación y la nutrición de las argentinas y los argentinos, el mercado interno y el agregado de valor local, la comercialización justa y solidaria con los pueblos hermanos de Latinoamérica y el Caribe, logrando explotación plena de recursos en armonía con la Biosfera.

Un modelo que desde la inclusión y la democratización del conocimiento y la tecnología para las y los Trabajadores de la Tierra, promueva Buenas Prácticas Agropecuarias, disminuya costos productivos, controle el impacto ambiental, mejore la rentabilidad de la cadena, genere nuevos mercados, etcétera.

Un modelo que, con la asociación público-privada, invierta fuertemente en conocimiento y agricultura inteligente, conectando cada punto de la nación a través “La Red de Conectividad Rural” que, junto a drones, robótica e inteligencia satelital, producirá la “Nube Nacional de Datos Rurales”. De esta manera, el control de la información y la inclusión de cada argentino y cada argentina que produce y trabaja nuestra tierra, estará en manos de la asociación del sector privado y el Estado Nacional, como garante y protector de los Recursos Naturales y el conocimiento estratégico. Pero sobre todo como promotores del desarrollo productivo, a partir de la instantaneidad de los datos (virtualidad) y las acciones de la realidad y los procesos biológicos.

Es nuestra tarea pensar una política industrial de nuevo tipo y altamente intensiva en conocimiento que, desde la Bioeconomía y la Bioética, construyan un Nuevo Modelo Agroalimentario, donde producción y sustentabilidad no sean contradicciones, y en el que Soberanía del Conocimiento y Soberanía Agroalimentaria sean pilares de la Patria Productiva.

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