Los Médicos del Trabajo: un recurso humano invisibilizado en tiempos de pandemia

Samanta Kameniecki

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“Para construir el espejo debemos mirarnos y así constituirnos en unidad, hay que aceptar las mil vertientes, los millones de aspectos de la perspectiva especular” (José E. Kameniecki, La construcción del espejo)

Resulta frecuente que las crisis brinden un abanico de oportunidades. Pero no es lo que ocurre siempre. En algunas ocasiones, sólo se generan las condiciones necesarias para volver a mirar y, recién ahí, poder ver.

En tiempos de reflexión, es oportuno cuestionar lo transitado y barajar las veces que resulten necesarias.

La intención de presentar este escrito es revelar un recurso disponible que no ha sido suficientemente explorado y, mucho menos, explotado desde el paradigma de la Salud. Me referiré a un conjunto de profesionales disgregados en nuestro extenso territorio, cuya tarea suele ser artesanal y solitaria: los Médicos del Trabajo. Su población objetivo es el colectivo de trabajadoras y trabajadores registrados, sobre quienes deben llevar a cabo acciones tendientes a la promoción y la protección de su salud como principal premisa.

Según datos recogidos del INDEC, la tasa de empleo del primer trimestre de 2020 fue de 42,2%. Asimismo, la información suministrada por el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social consigna que en nuestro país existen alrededor de 12 millones de trabajadores registrados. Si tenemos en cuenta que, en consonancia con las leyes vigentes, la salud de las trabajadoras y los trabajadores registrados se encuentra bajo la órbita del Médico o Médica del Trabajo, se evidencia que estos profesionales tienen a su cargo una inmensa población de influencia, nominalizada y geolocalizada frente a la cual ejercen su función.

En medio de la emergencia originada por una noxa desconocida que compromete gravemente a la salud, muchos decisores y decisoras han ocupado a este recurso humano en continuar batallando contra fantasmas anclados a paradigmas obsoletos, en lugar de poner su expertise a disposición para velar por la preservación y el cuidado de la salud de una nueva categoría de sujetos: las trabajadoras y los trabajadores “esenciales”. El arraigado modelo basado en el control administrativo y plasmado en el llamado “ausentismo laboral” debería ser patrimonio de las direcciones de Recursos Humanos, mientras las Médicas y los Médicos del Trabajo podrían abocarse al estudio y la prevención de las causas que generan que las trabajadoras y los trabajadores se enfermen.

Esta propuesta se orienta a permitirnos cuestionar una visión sesgada, para volver a mirar y redescubrir un recurso profesional que existe desde tiempos remotos y requiere ser empoderado desde la perspectiva que le es propia: la salud de hombres y mujeres en contexto de trabajo. Es decir, redimensionar las mil vertientes para converger en la unidad “sujeto-trabajador”.

 

Un poco de historia

El estudio de los padecimientos de los trabajadores y las trabajadoras se remonta a los tiempos en que Hipócrates propuso tratamientos para enfermedades y accidentes relacionados a la minería y a la metalurgia en el siglo V aC. Grandes aportes realizaron Galeno y Plinio el Viejo, al describir patologías acaecidas en trabajadores de la curtiembre o tras la exposición a químicos. A pesar de los antecedentes citados, el surgimiento de la Medicina del Trabajo se inscribe con la publicación de la primera edición del Tratado de las enfermedades de los artesanos (De morbis artificum diatriba) en 1700, obra del italiano Bernardino Ramazzini (1633-1714). Además de revisar casi 100 oficios distintos, analizó los riesgos derivados de su práctica y determinó medidas para prevenirlos. A las preguntas recomendadas por Hipócrates para el interrogatorio de los enfermos y las enfermas, añadió la conocida: “¿Cuál es su ocupación?”, interpelación que fue incorporada a la práctica médica hasta la actualidad. Ramazzini concibió la salud de los trabajadores y las trabajadoras como eje fundamental para el desarrollo económico y el progreso de la civilización. Por su legado es considerado el padre de la Medicina del Trabajo.

La mejora en las condiciones y la organización del trabajo fueron destacadas en el Tratado de Versalles firmado en 1919, sentando las bases de la Declaración que adoptaría en el año 1998 la Organización Internacional del Trabajo (OIT) con relación a los principios y derechos laborales.

En nuestro país, el doctor Bialet Massé (1876-1907) –médico, abogado, constructor y agrónomo– fue designado en el año 1904 para relevar a la población trabajadora y sus condiciones laborales. Redactó el informe El Estado de las Clases Obreras en el interior de la República, una de las obras nacionales más destacadas en la materia. En el año 1947, la Declaración de los Derechos del Trabajador proclamada por el general Juan Perón fue incorporada al artículo 37 de la Constitución Nacional. La misma sintetiza los diez derechos básicos del colectivo, entre los que se encuentran el derecho a la salud y a condiciones dignas de trabajo. La Ley de Higiene y Seguridad en el Trabajo 19.587, sancionada en 1972, crea los Servicios de Medicina del Trabajo y les otorga carácter esencialmente preventivo y asistencial. Su reglamentación, mediante el Decreto 351/79, resalta su misión: “promover y mantener el más alto nivel de salud de los trabajadores, ubicándolos en tareas de acuerdo a sus aptitudes psicofísicas, adaptando el trabajo al hombre y éste a su trabajo”.

Es en este marco donde la Medicina del Trabajo, definida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como aquella “especialidad médica que, actuando aislada o comunitariamente, estudia los medios preventivos para conseguir el más alto grado de bienestar físico, psíquico y social de los trabajadores”, se despliega y desarrolla formando parte de la estructura de las organizaciones.

Debido a los cambios coyunturales que ha atravesado nuestro país, los Médicos y las Médicas del Trabajo se han insertado en forma heterogénea en organismos públicos y privados, en instituciones y empresas, formando parte de su estructura interna, proveyendo apoyo externo mediante la tercerización de sus servicios, actuando como independientes que visitan periódicamente un organismo a fin de realizar sus intervenciones, trabajando para las Aseguradoras de Riesgos de Trabajo o en la Superintendencia de Riesgos del Trabajo.

 

Relación con la Atención Primaria de la Salud

El modelo bajo el cual se establece la Medicina del Trabajo encuentra su correspondencia con la Medicina Familiar. Debido a que las personas asisten a su lugar de trabajo un promedio de ocho horas diarias durante al menos cinco días a la semana, en muchas ocasiones es el Médico o Médica del Trabajo el único contacto que poseen las empleadas y los empleados con el Sistema de Salud.

Esta figura se constituye como referente, a veces inclusive confidente; ocupa un lugar de respeto y confianza, debido a que ha acompañado el tránsito por la historia personal y familiar del trabajador o la trabajadora; los ha orientado en situaciones de enfermedad; los ha asistido en sus crisis vitales; ha vivenciado el nacimiento de sus hijos o hijas; y los ha escoltado en su proceso jubilatorio. De lo actuado llevan el registro ante cada consulta.

Por la contribución a la mejora en la salud y calidad de vida de las trabajadoras y los trabajadores, a sus familias y al entorno en donde habitan, podría considerarse como una intervención costo-efectiva el hecho de incentivar a las organizaciones a establecer Servicios de Salud Ocupacional internos que cuenten con un equipo de especialistas, cuyas acciones se proyecten a poblaciones relativamente estables, planificando intervenciones adaptadas a sus necesidades y su seguimiento a lo largo de un periodo de tiempo representativo.

La implementación de sistemas de información en salud entre estos servicios y su incorporación a estructuras más complejas permitirá elaborar mapas de riesgo laborales; conocer las enfermedades crónicas que afectan a las trabajadoras y los trabajadores y a su medioambiente; y realizar estudios epidemiológicos y programas acordes, facilitando la toma de decisiones y la articulación entre los distintos sistemas.

 

¿Cuáles son los objetivos que persigue la especialidad?

Para avanzar en la generación de propuestas es indispensable el conocimiento de los objetivos de la Medicina del Trabajo, hoy renombrada como Salud Ocupacional, por ser una definición de mayor alcance. Los mismos son:

  1. La prevención de los riesgos que pueden afectar a la salud como consecuencia de las condiciones y el medioambiente de trabajo.
  2. El estudio de las patologías derivadas del trabajo y las medidas que, con fines preventivos, diagnósticos, terapéuticos, de rehabilitación o de recalificación, deben tomarse para prevenirlas, evitarlas o minimizarlas.
  3. La investigación de los agentes de riesgo a los cuales podrá verse expuesto el trabajador o la trabajadora; la cultura organizacional en la cual se encuentran insertos; los procesos y características de los puestos de trabajo; la distribución de turnos y la carga de la tarea; entre otros factores que incidirán como determinantes en su salud.
  4. El conocimiento del estado de salud de la población objetivo y la puesta en marcha de acciones tendientes a su prevención y promoción.
  5. La evaluación de la patología prevalente, tanto la producida como consecuencia de las características de la labor, así como la preexistente, a fin de diseñar programas concretos para la prevención de las consecuencias derivadas de la exposición a ciertos riesgos del trabajo.
  6. La valoración de las consecuencias, secuelas o incapacidades derivadas de la tarea.
  7. La capacitación a trabajadores, trabajadoras, empleadores y empleadoras con relación a la salud y la seguridad personal y colectiva.
  8. El estudio, la investigación y la documentación de nuevos factores de riesgo con relación a cambios en los procesos de trabajo –maquinaria, sustancias–, avances tecnológicos –nanotecnología, robótica–, exposición a nuevos productos –cancerígenos–, riesgos psicosociales, patologías emergentes o novedosas Tuberculosis, COVID-19–, entre otras.

Se trata entonces de una especialidad médica con fuerte orientación psicosocial, en la cual convergen las áreas preventiva, asistencial, pericial, económica, de gestión, socioambiental, de docencia e investigación.

 

¿Por qué no se le ha asignado un rol protagónico en la gestión de la salud durante esta pandemia?

La obligada pregunta que surge entonces es la siguiente: ¿por qué no se han incorporado a estos y estas profesionales en la planificación estratégica referida a los trabajadores y las trabajadoras durante la pandemia? No existe una única respuesta, por lo cual resulta necesario plantear hipótesis que inviten al pensamiento crítico.

  1. A pesar de tratarse de una especialidad médica que requiere una formación postbásica de dos años de estudios teórico-prácticos, las y los profesionales de la Medicina del Trabajo rigen su accionar en consonancia con la normativa emanada por el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación a través de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT). Desde esta cartera se encuentra el marco legal para el ejercicio de una especialización médica.
  2. Si bien existe vasta normativa en cuanto al desempeño de los actores en relación a las contingencias cubiertas por la Ley 24.557 de Riesgos de Trabajo, los aspectos inherentes a la práctica médica en sí misma, tanto desde el punto de vista asistencial como en los programas preventivos en lo que respecta a las patologías llamadas inculpables –que no son causadas por factores relacionados a la tarea– no hallan su correlato rector, quedando así la toma de decisiones y su manejo desprovisto de una sistemática universal, normatizada y estandarizada bajo la rectoría del Ministerio de Salud de la Nación.
  3. Las enormes distancias físicas, sociales, culturales y tecnológicas que coexisten en nuestro territorio, el contexto federal y descentralizado de la salud, así como los intereses contrapuestos de cada uno de los actores implicados en el sistema, favorecen prácticas disímiles sobre las poblaciones a cargo que amplían las inequidades existentes y se manifiestan en ocasiones en una empobrecida calidad del producto, tendiendo a la reparación de las contingencias, en lugar de prevenirlas.
  4. Debido a lo complejo de sus intervenciones, el Médico o la Médica del Trabajo deben lidiar entre intereses contrapuestos y presiones provenientes de diversos sectores –financiadores, trabajadores y trabajadoras, asociaciones sindicales, intereses políticos o económicos propios de la institución, cultura organizacional, entre otros. Eso puede generar que, en contextos diferentes, los objetivos de trabajo sean distintos, con relación al grupo de poder predominante o según quien sea el empleador o la empleadora.
  5. A su vez, la Médica o el Médico Laboral son asignados a cumplir una función dual: por un lado, se trata de un trabajador o trabajadora más que tienen los derechos y las obligaciones que son comunes a sus pares y, por otro –y simultáneamente– representan a su empleador o empleadora, razón por la cual podría existir un conflicto de intereses.
  6. La dependencia estructural del Médico o la Médica del Trabajo dentro del organigrama, reportando a áreas no médicas en temas relacionados a la salud de los trabajadores y las trabajadoras.
  7. El carácter generalmente no vinculante de sus intervenciones con relación a la política de salud que debería adoptar la institución en la cual se desempeña.

Los factores citados, en forma individual o en su conjunto, probablemente hayan contribuido a la desfuncionalización de la especialidad, confinando su campo de acción a oficinas administrativas de recepción de certificados médicos y reparación de daños.

 

¿Qué hacemos los Médicos y las Médicas del Trabajo para reposicionar nuestra labor?

Las y los profesionales de la Salud Ocupacional nos nucleamos en sociedades científicas donde compartimos experiencias y debatimos con pares, a fin de trabajar con coherencia. Estimulamos poderosamente la interdisciplina. Nos actualizamos en forma permanente mediante la participación en jornadas, congresos, cursos, talleres, postgrados y subespecializaciones. Estimulamos el prestigio y difundimos la especialidad. Con frecuencia nos matriculamos en la Dirección de Salud Ocupacional, aunque este requisito ha dejado de ser una práctica obligatoria, lo cual contribuye a que no sepamos fehacientemente cuántas y cuántos somos. Intentamos mantener el equilibrio entre los actores del sistema, sus intereses y las obligaciones éticas y profesionales que tenemos con nuestras y nuestros pacientes. Nos insertamos en el delicado engranaje institucional, defendiendo nuestras intervenciones y convicciones, valiéndonos en ocasiones de estudios de costo efectividad para persuadir al financiador de que es más económico prevenir que curar.

La ausencia de una línea de conducción oficial ha contribuido a la puesta en marcha de redes informales, con el objetivo de acercar respuestas adaptadas a las necesidades existentes. Las preguntas se han multiplicado en el contexto actual de pandemia y nuevos cuestionamientos surgen a media que se modifica la curva de contagios, se redefinen los criterios para nombrar a un caso como sospechoso o confirmado, se indica la apertura o cierre de actividades, o cuando el alta de un o una paciente otorgada por la Aseguradora no es coincidente con el criterio de alta laboral.

Lo expuesto manifiesta la importancia de generar políticas públicas compartidas y consensuadas mediante la articulación de los distintos subsistemas que coexisten en lo concerniente a la salud de las trabajadoras y los trabajadores, y el medioambiente laboral.

 

Propuestas

El rol privilegiado que poseen el Médico o la Médica del Trabajo debe ser capitalizado en pos de generar respuestas a las necesidades de la población a cargo y velar por el ejercicio pleno del derecho a su salud. Se propone propiciar un marco formal y de carácter federal que, a través de la incorporación de las nuevas tecnologías de la información y comunicación (TIC), legitime las redes existentes de apoyo, consulta y acompañamiento que utilizan los Médicos y las Médicas del Trabajo de nuestro país, favoreciendo la producción de datos e información para comprender las necesidades de salud de su población a cargo, y proporcionar la toma de decisiones equitativas y universales, garantizando prácticas profesionales estandarizadas y con calidad técnica certificada. Así, la creación de una Red Federal de Salud Ocupacional bajo la rectoría del Ministerio de Salud de la Nación proporcionaría una herramienta de enorme valor, al legitimar el marco de acción de los Médicos y las Médicas del Trabajo desde una perspectiva de Salud.

Este programa podría ser incorporado a las redes de Telesalud, en el marco de la Estrategia Nacional de Salud Digital como garantía de accesibilidad. Mediante el conocimiento, la apropiación y la posterior explotación de las múltiples vertientes de la Telesalud, los Médicos y las Médicas del Trabajo de la Red encontrarían distintos ámbitos de participación, tales como la Teleasistencia sincrónica o asincrónica, la Teleeducación, la Telegestión y la Teleinvestigación.

En referencia a los doce millones de trabajadores registrados del país, nominalizados, geolocalizados y bajo el seguimiento de Médicos y Médicas del Trabajo, se propone la integración de esta red de profesionales a la Estrategia de Salud Comunitaria. El trabajo conjunto sería complementario y sinérgico, a fin de optimizar la eficacia y la eficiencia de las múltiples intervenciones sobre la población a cargo.

La implementación de una Historia Clínica Ocupacional digital unificada para uso universal sería, asimismo, un recurso de enorme valor, y más aún al articularse con la Historia Clínica Asistencial.

Con relación a la Ley de Teletrabajo, y previo a su reglamentación, la participación del colectivo de Médicos y Médicas laborales resultaría indispensable por su aporte en la formulación de protocolos estandarizados para la evaluación preocupacional de las y los teletrabajadores, valiéndose de un enfoque biopsicosocial de las y los postulantes, y dimensionando los determinantes sociales de la salud. Es decir, el estudio de condiciones propias del sujeto o de su entorno que podrían exacerbarse si se modificaran su entorno laboral, sus rutinas o su interacción con un otro. ¿Cuál sería el impacto del teletrabajo en una persona que padece anorexia? ¿O de un trabajador con obesidad mórbida? La lista de situaciones es extensa, por lo cual quedará a la espera de un nuevo debate.

El trabajo conjunto de las Médicas y los Médicos del Trabajo con la Agencia Nacional de Discapacidad y con el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social podría retroalimentar el fomentar programas que garanticen la equidad en el acceso laboral para trabajadores y trabajadoras con Certificado Único de Discapacidad.

Por último, la articulación del colectivo de Médicas y Médicos del Trabajo con los subsistemas que, desde su ámbito de aplicación, poseen injerencia en la Salud Ocupacional, redundaría en la reconstrucción de la figura del “sujeto trabajador”, favoreciendo una mirada que integre las distintas dimensiones que lo atraviesan.

 

Conclusiones

En nuestro país, las Médicas y los Médicos del Trabajo han sido históricamente confinados a tareas administrativas, con el fin de evaluar licencias médico-laborales a favor de ejercer el control sobre el ausentismo del personal, lo que ha desfuncionalizado su esencia. Es importante resaltar la influencia que ejerce –o podría ejercer– este colectivo sobre 12 millones de personas trabajadoras, las cuales se encuentran registradas, nominalizadas y geolocalizadas. En tiempos de pandemia, cuando el recurso humano capacitado es escaso y una nueva categoría de trabajadores y trabajadoras “esenciales” amerita su resguardo, surge el cuestionamiento del por qué no se ha incorporado a los Médicos y las Médicas del Trabajo como consultoras y consultores en la planificación estratégica durante la pandemia. A lo largo de este trabajo se han presentado diversas hipótesis que invitan al debate.

El extenso presente de esta pandemia es una oportunidad única para repensar cómo quisiéramos gestionar la salud de los trabajadores y las trabajadoras cuando todo pase. En este trabajo se han delineado propuestas que ameritan ser discutidas en conjunto para planificar un horizonte más equitativo. Para alcanzarlo se requiere del empoderamiento de los Médicos y las Médicas del Trabajo desde un paradigma de Salud, la generación de un marco formal para su accionar profesional bajo la rectoría del Ministerio de Salud de la Nación, y la articulación de los distintos sistemas que coexisten con relación a la salud de los trabajadores y las trabajadoras.

Termino por el comienzo: “Resulta frecuente que las crisis brinden un abanico de oportunidades. Pero no es lo que ocurre siempre. En algunas ocasiones, sólo se generan las condiciones necesarias para volver a mirar y recién ahí, poder ver”. Ojalá este texto propicie ese inicio.

 

Bibliografía

Bialet Massé J (1904): Informe sobre el estado de las clases obreras en el interior de la República. Buenos Aires.

Del Campo M (2016): “Competencias de Medicina del Trabajo”. Revista Asociación Española de Especialistas en Medicina del Trabajo, 25-4. Madrid.

Gomero Cuadra R y otros (2006): “Medicina del Trabajo, Medicina Ocupacional y del Medio Ambiente y Salud Ocupacional”. Rev Med Hered, 17.

Kameniecki J (1996): La construcción del espejo. Buenos Aires, JVE Narrativa.

Losardo R, O Binvignat Gutiérrez y colaboradores (2019): “Historia de la Medicina del Trabajo. Bernardino Ramazzini: un pionero de la medicina del trabajo”. Revista de la Asociación Médica Argentina, 132-4.

Organización Internacional del Trabajo (2010): Declaración de la OIT relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo y su seguimiento. Ginebra, 18 de junio de 1998.

Ramazzini B (2004): Disertación acerca de las enfermedades de los trabajadores. Texto original con prólogo especial de Antonio F. Werner. La Plata, Sociedad de Medicina del Trabajo de la Provincia de Buenos Aires.

 

Samanta Kameniecki es jefa del Servicio de Salud Laboral, Prevención y Medicina del Trabajo del Hospital Garrahan.

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