De la ausencia de la logística en el ámbito público

Facundo Javier Frattini

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En los primeros seis meses de gestión del actual gobierno hubo algunas noticias que debieron llamar nuestra atención respecto de la temática que abordaremos en el presente artículo, pero que simplemente quedaron enmarcadas en una mera cuestión anecdótica. Una compra de fideos y otros alimentos por parte del Ministerio de Desarrollo Social por encima de los precios de mercado rápidamente fue corregida y se tomaron las medidas pertinentes para que no ocurra de nuevo; el hallazgo de netbooks, servidores e insumos para el discontinuado programa Conectar Igualdad, arrumbados en un depósito del Correo Argentino desde inicios de 2016; la denuncia del actual ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires en una entrevista televisiva por la existencia de depósitos llenos de patrulleros, también arrumbados, desguazados o inutilizables; también se hallaron decenas de miles de vacunas vencidas en otro depósito de la provincia de Buenos Aires; la compra de patrulleros oceánicos a una empresa francesa de capital mayoritario estatal y de lanchas de guerra sobradamente artilladas para patrullaje de ríos interiores a Israel, que podrían haber sido fabricados en los astilleros públicos y privados del país.

¿Qué tienen en común este conjunto de noticias y qué las hace importantes? En principio, nos interesa destacar tres cuestiones. Todas tienen que ver con gestión de recursos, principalmente bienes de diversos tipos que son propiedad del Estado Argentino. En todas se puede intuir la inexistencia de una estructura logística formada por personal idóneo de planta permanente que pudiera responder por la existencia y el estado de estos bienes en los cambios de gobierno. Todas se corresponden con diferentes grupos de los siete conjuntos de actividades de logística genética y de sostenimiento: adquisición; investigación y desarrollo; producción industrial para logística genética; almacenamiento; transporte; aprovisionamiento; y mantenimiento para logística de sostenimiento.

Al pensar en estas actividades bajo este enfoque, podemos entender que la logística permite comprender el conjunto de las cadenas de valor que componen nuestra matriz productiva, pero también facilita abordar el conjunto de cadenas de suministros que son parte del quehacer diario de todos los estamentos del Estado en cualquiera de sus niveles.

Desde la post segunda guerra mundial, en las potencias beligerantes la logística se volvió cuanto menos una disciplina de creciente aplicabilidad en el ámbito civil. En nuestro país, ya entrada la segunda mitad de la década del noventa del siglo pasado, las grandes empresas locales y multinacionales comenzaron a crear sus propias gerencias de logística, entendiendo que es un factor fundamental de competitividad y reducción de costos. No obstante, hoy la logística en el ámbito público está relegada a ser el complemento marquetinístico del nombre de un ramal ferroviario recuperado para su gestión por parte del Estado nacional: Belgrano Cargas y Logística SA; o bien, el término que permite una disputa intergremial por el encuadramiento de la afiliación sindical de trabajadores y trabajadoras del transporte automotor de cargas y toda posible actividad complementaria.

Si entendemos que hacer logística es dar o suministrar todo aquello que es requerido para garantizar la realización de toda acción o tarea que entraña dificultad y demanda decisión y esfuerzo,[1] aceptaremos que el gran talón de Aquiles de toda política pública será, aunque el azar no lo determine de esa manera en muchos casos, la cuestión logística.

Como el imaginario colectivo lo determina, todo lo que es transporte de cargas en general es logística. Pero también lo es coordinar todas las actividades necesarias para el traslado de un órgano para un transplante, asistir a poblaciones en una catástrofe natural, llevar residuos a un relleno sanitario, garantizar la provisión de vacunas contra el sarampión, sea con producción local o importación, o garantizar el abastecimiento de insumos básicos a nuestras bases antárticas, así como sentar las bases para el poblamiento de cualquier otro territorio interior deshabitado que por una cuestión geoestratégica decidamos que debemos ocupar.

En el estudio de la composición de nuestra matriz productiva y sus múltiples líneas de dependencia de insumos, partes o directamente sistemas complejos y completos importados, está la comprensión profunda de esas cadenas de suministros en términos de logística genética.

En el estudio de las diferentes problemáticas que hacen a la satisfacción de las necesidades de nuestra población en general y de los más postergados en particular, se encuentra la comprensión de las dificultades para el abastecimiento de estas necesidades en términos de logística de sostenimiento.

En la ignorancia o el desconocimiento de nuestra capacidad instalada real y el factor de ocupación de nuestros recursos –instalaciones productivas, infraestructura, equipos, mano de obra calificada o no calificada– están las principales limitantes para alcanzar grados crecientes de desarrollo.

Esto no resulta casual: a quienes hemos desarrollado una carrera profesional en el ámbito logístico o la hemos estudiado en el ámbito académico nos cuesta explicar de qué se trata esta ciencia. Es razonable entonces que les cueste comprender de qué se trata a quienes resultan legos en la cuestión.

Lo cierto es que resulta imperioso que la logística comience a cobrar importancia en el ámbito público. Existen ministerios y diferentes organismos con autarquía total o parcial que deberían contar con áreas de logística y una estructura acorde que les permita gestionar recursos de diverso tipo y de la forma más eficiente posible. Pensemos, por ejemplo, en un organismo estatal como el PAMI, cuya gestión de recursos es compleja y tiene presencia en todo el territorio nacional. Podría pensarse de igual forma en ANSES, IOMA, el Ministerio de Desarrollo Social nacional o sus equivalentes provinciales, o cualquier otro ministerio o secretaría de cualquier nivel de gobierno, así como la AABE (Agencia de Administración de Bienes del Estado).

Si un profesional logístico debiera hacerse cargo de la logística de la institución, comenzaría haciéndose preguntas: ¿en qué lugar del organigrama se encuentra el área de logística y qué dependencia funcional tiene en la institución? Se sorprendería al ver que no existe un área de logística centralizada que pueda gestionar o cuanto menos prestar colaboración a la gestión general de recursos en pos de garantizar las múltiples operaciones que se desarrollan en la institución.

¿Con qué recursos propios y de terceros se cuenta para brindar las prestaciones y servicios a afiliados y afiliadas? Observar el organigrama disponible permite percatarse de una intrincada estructura de funcionamiento con dos características fundamentales: una compleja estructura descentralizada desperdigada por todo el país, cuya finalidad es brindar las prestaciones y los servicios a afiliadas y afiliados en cualquier lugar del territorio; un sistema de control cruzado evidente en el organigrama, cuya finalidad pareciera ser el control de gestión de un organismo, cuyo desarrollo histórico es probable que sea fiel reflejo de la evolución histórica de nuestra sociedad. Lo cierto es que un abordaje desde la concepción de logística genética[2] –en tanto abordaje que permite pensar en la generación de recursos que las múltiples operaciones que realiza el PAMI demandan– se encontraría con un conjunto considerable de incertezas.

Siguen las preguntas, por ejemplo: ¿cuántas ambulancias tiene la institución? ¿Cuántas son operativas? ¿Cuántas están inoperativas? De las inoperativas, ¿cuántas son irrecuperables? ¿Cuántas no? ¿Cuántas se están reparando? ¿Cuántas unidades está proyectado comprar en el futuro y en qué plazo, a qué proveedores, a qué precios? ¿Quién realiza el mantenimiento? ¿Se realiza mantenimiento preventivo o solo correctivo? ¿Qué costo de mantenimiento preventivo tenemos en promedio para cada unidad? ¿Cómo gestionamos la compra de repuestos? ¿Tenemos almacenes de repuestos? ¿Dónde están radicados? ¿Cuál es la valorización del stock? ¿Qué índices de rotación tienen los repuestos? ¿Qué tasa de uso tienen las unidades operativas? Con tasa de uso nos referimos a cuánto tiempo están trasladando pacientes o en viajes en vacío relacionados. ¿La tasa de uso es igual en todos los distritos? ¿Qué tasa de falla tienen las unidades en la prestación de servicios? ¿Cuáles son los procedimientos para ordenar el tráfico? ¿Quién y cómo decide qué porcentaje de la flota entra a mantenimiento preventivo? ¿Qué vida útil contable y real le queda a cada unidad? ¿Qué destino se da a las unidades ya amortizadas?

Podríamos seguir realizando preguntas que la o el responsable del subárea de tráfico en un área de logística debería poder responder fácilmente, y a su vez, es quien debería conocer sobradamente los principales problemas que se enfrentan a diario en su sector. Pero este conjunto de preguntas que parece simplemente circunscripto a todo lo relacionado con las ambulancias de PAMI, podría aplicarse en tanto metodología de control de gestión en términos logísticos a otras áreas, como el manejo de otros bienes de uso: camillas, sillas de rueda, u otros, como mobiliario o insumos de oficina, compra y almacenamiento de medicamentos, etcétera.

Pero la logística, en tanto filosofía de abordaje y gestión de recurso para poder llevar adelante una empresa,[3] podría aplicarse a todas las áreas del Estado que gestionen recursos y cuya gestión podría tender a ser centralizada y gestionada con mayores niveles de pericia logística.

La logística bien entendida es la planificación y la coordinación de todas esas actividades y es, en grados crecientes, una necesidad de todos los estamentos del Estado, si queremos decir orgullosos que damos el mejor destino posible a los recursos que son de todas y todos.

 

Facundo Javier Frattini es técnico electromecánico, profesional en Logística y docente técnico en la ETP.

[1] Ver Frattini F (2019): De la logística. Tres de Febrero: Imaginante, 2019.

[2] Entendemos por Logística Genética al conjunto de actividades logísticas que tienen que ver con la génesis de los recursos necesarios para sostener una operación logística.

[3] Entendemos al término empresa en su acepción más amplia, como toda acción o tarea que entraña dificultad y demanda decisión y esfuerzo.

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