El retorno peronista

Adolfo Koutoudjian

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Ante el fracaso político-económico de la actual gestión neoconservadora del Presidente Macri, el gorilismo tardío vigente en los intersticios sociales del país señala que “el peronismo huele sangre” y se prepara para volver en 2019. Y es cierto, se huele que este período está terminando con sangre, sudor y lágrimas, a pesar del enorme apoyo geopolítico que está logrando el gobierno en especial por el préstamo del FMI (Estados Unidos), el G-7 en Canadá y la declaración de “país emergente” en estos días. Ello ocurre a pesar de que casi todos los indicadores socioeconómicos son negativos. Nuevamente la población no politizada está buscando una alternativa seria, creíble y comprometida que permita encontrar un rumbo medianamente coherente, y el único movimiento (¿espacio?) que tiene bases de un Plan Estratégico Nacional es el Peronismo en las entrañas de su concepción de la historia y su filosofía de Nación.

De ahí que conviene nuevamente prepararse para batallas ideológicas que transiten lejos del neoconservadurismo vigente o de los delirios clasistas y populistas arraigados en grupos minoritarios ruidosos e ineficaces políticamente. Por lo tanto, es menester hacer un breve resumen de las etapas atravesadas por el Peronismo contemporáneo, asumiendo errores y destacando realizaciones.

 

El Peronismo (1983-2017)

El Peronismo no ha sido siempre lo mismo. Tan solo basta analizar las etapas que componen lo que llamaré “Peronismo Contemporáneo”, que es aquel que se desarrolló en la etapa democrática, desde el año 1983 hasta nuestros días. La primera etapa estuvo marcada por una ortodoxia burocrática post-dictadura militar, en el período 1982-1987. Si bien en los años 1985 y 1986 comenzó una paulatina renovación del Peronismo encabezado por Antonio Cafiero, reafirmándose como republicano, democrático y social, la misma culminó en 1995 con la reelección de Menem. En tercer lugar, concomitante con la etapa anterior, se desarrolló el Menemismo (1989-2003). Esta etapa estuvo marcada por una “modernización discepoliana” y por una ideología propia del Conservadurismo Popular. Finalmente, podemos hablar del Kichnerismo semi-feudal (2003-2015), durante el cual se cambió el rumbo hacia un “Progresismo Voluntarista”, manteniendo políticas del Conservadurismo Popular y sin cambios en las bases de la estructura económico-social argentina.

 

¿Qué es hoy el Peronismo y en qué se distingue?

Actualmente, compone al Peronismo una vasta variedad ideológica y social. Quizá deban tomarse en cuenta ciertos aspectos, tales como que la sociedad argentina es una “sociedad líquida” (Bauman) en sus pautas y valores, donde existen pocas certezas filosóficas y políticas, y como resultado se han esfumado los partidos tradicionales.

Dado que el Justicialismo puede ser hoy definido como un partido político por demás versátil, debido justamente a que contiene un amplio espectro ideológico, se vuelve cada vez más importante debatir cuáles han de ser los límites de pertenencia al mismo.

Entiendo que un primer punto filosófico a tener en cuenta es el concepto de lucha de clases. Muchos son los que la han tomado, desde el marxismo, como bandera política. Pero si bien es cierto que Perón reivindicaba los derechos de la clase trabajadora, anhelaba, ante todo, la unidad nacional y no la lucha intrasocial. Por ello, si bien la lucha de clases hoy sigue vigente –de una manera más simbólica que real–, debe entenderse que la violencia ha de ser un límite y la Comunidad Organizada su meta política, aunque suene utópico.

El siguiente punto que quisiera abordar es el de la distribución del ingreso. Este ha de seguir siendo un pilar esencial del Peronismo, entendiendo siempre que la distribución debe ser estructural y real, proveniente de la creación de trabajo genuino y no de subsidios ocasionales o prebendas temporales. ¿Y cómo asegurarnos de evitar, por un lado, la violencia antes mencionada, y de crear, por el otro, empleo genuino y mejoras sociales? Debería hacerse mediante el establecimiento de una estructura política democrática legítima, que limite tendencias feudales. El respeto institucional, como así también la real división de poderes, son fundamentales. De igual modo, el Peronismo debe demandar la profesionalización de cuadros técnicos del Estado, pudiendo convertir así a la República Argentina en un Estado moderno con horizontes de realización en lo político y estratégico.

Finalmente, es menester tener en cuenta que los ciudadanos tenemos derechos irrevocables, pero también tenemos obligaciones que cumplir. No es posible reivindicar unos sin tener en cuenta lo esencial de los otros.

 

El mundo en el siglo XXI

Resulta también de suma importancia adaptarse a la nueva situación política mundial. El “Peronismo del ayer” posee una fuerte impronta de verticalismo neomilitar proveniente de su fundador, basado en (entonces) valores revolucionarios aún vigentes: Justicia Social, Independencia Económica y Soberanía Política. Ahora bien, ¿son aún actuales estos valores? Cabe destacar que existe una considerable raigambre en la memoria popular heredada de dichos valores, en especial del de “Justicia Social”. Hay, no obstante, otros valores de suma importancia social que, sin embargo, parecieran poseer poca relevancia en la actualidad: Unidad Nacional; Destino Común; Valor de Trabajo y el Esfuerzo; Derechos y Deberes del Ciudadano; Moral Ética y Republicana, demandada por las clases medias de manera inversamente proporcional a la prosperidad de la economía. Si bien estos valores parecieran ser hoy “banderas devaluadas”, resulta interesante observar cómo los adversarios del Peronismo buscan hacer propios esos valores y principios.

En la política actual, el éxito electoral se encuentra en la habilidad que tiene un partido para presentarse como la mejor alternativa que satisfará los deseos y las necesidades de un electorado cambiante en un determinado momento histórico. Por ello, la necesidad de actualizarse con límites y valores a las nuevas exigencias de los ciudadanos resulta hoy esencial para no caer bajo la misma ventura que la de los partidos tradicionales. Así, por ejemplo, han sido absorbidos por nuevos “espacios políticos”: a) UCR, de la cual solo restan relictos provinciales del partido centenario. ¿Se ha diluido en el PRO y en el Peronismo? ¿Continuará en el futuro? b) Derecha Conservadora: se encuentra hoy disuelta y engarzada en los partidos e instituciones nacionales y en gran parte en corporaciones económicas; c) Izquierda: virtualmente inexistente, con proyectos irreales en el actual marco nacional e internacional (con creciente injerencia de los sindicatos de base anarquista-libertaria).

 

El rol político de las corporaciones y las instituciones

Diferente suerte han tenido las corporaciones. Perón sostenía: “La economía nunca es libre, o la controla el Estado en beneficio del pueblo o queda en manos de las corporaciones”. El poder de las mismas sigue actualmente tan vigente como antaño, en especial las corporaciones económicas financieras y mediáticas.

Los medios de comunicación deberían ser verdaderos proveedores de información y formadores de opinión, apartidarios, trampolines al poder político y económico, impulsores de fenómenos políticos preexistenes a la sociedad. No obstante, pareciera ser que la Argentina se ha convertido en una verdadera “Patria Periodística”. Al no haber estamentos políticos ni escuelas políticas, las ideas son generadas por las corporaciones y el propio periodismo, quien a su vez ha pasado de informar a opinar y, en muchas ocasiones, a desinformar.

El Estado es el mecanismo de sostén de las distintas expresiones políticas y corporativas. Debería estar gestionado por cuadros profesionales idóneos. Actualmente es el sostén financiero de los partidos. Como dice Peter Mair, éstos, al depender de sus recursos, dejan de ser representantes de los ciudadanos para pasar a conformar una cara del Estado. Es importante comenzar a debatir el acceso económico al poder político. La poca o nula transparencia de la financiación política enraízan en nuestra sociedad males como el del narcotráfico o los infinitos caminos de la corrupción.

Las corporaciones económicas son virtuales cooptadores de las expresiones políticas, sociales y comunicacionales. Cada vez resulta más fácil observar cómo la política es influenciada –si no manejada– por las grandes corporaciones económicas. La política no domina las tendencias económicas, ni locales ni internacionales. Hoy, quien determina el perfil de la economía es el propio poder económico, por lo que cabe preguntarse: ¿entiende éste la estructura real de la sociedad argentina en toda su complejidad?

A ello debes sumarse el rol de la “economía negra” o “informal”, caldo de cultivo de marginalidad, manipulación política y corrupción.

Debe entonces entenderse el poder real de las corporaciones para así moldear al nuevo Peronismo, de manera tal que logre posicionarse como referente y árbitro de las mismas, procurando que sea el Estado y las organizaciones libres del pueblo debidamente acreditadas quienes controlen y dirijan aquellos procesos sociales que engrandezcan a nuestra Nación.

 

El Peronismo necesario para la Argentina moderna

Sostengo con firmeza que el objetivo del Peronismo deberá ser constituirse como un “Partido Amplio del Poder Político” (ni económico ni social) que tenga por finalidad dirigir la Nación por encima de las corporaciones de cualquier índole y con una clara perspectiva de división de los poderes institucionales, para que cada uno cumpla el rol que le corresponde. Entiendo que las bases del nuevo Peronismo deberán estar sustentadas en: a) la incorporación de valores fundantes de hoy en el Mundo, especialmente el conocimiento y una democracia moderna participativa; b) un claro sentido del espacio y el tiempo para la condición de la Nación soberana; c) estudiar los valores e intereses de las nuevas generaciones –la juventud en particular– y la mujer; d) resignificar las principales contradicciones de la Nación, la Región Iberoamericana y el Mundo, recuperando la visión latinoamericana, humanista y cristiana; e) la recuperación del sentido democrático e institucionalista de la vida moderna en Occidente; f) la búsqueda de la mejor expresión política para desatar los principales nudos que traban el desarrollo nacional; g) la productividad, clave de la economía moderna, maximizando en lo posible el empleo genuino, promoviendo nuevos ámbitos de trabajo y estudio; h) la distribución progresiva del ingreso para los asalariados y el definitivo abatimiento de la pobreza y la marginalidad, ya que se requiere decisión política para erradicar la pobreza estructural, y Argentina está en condiciones de hacerlo; i) desarrollar una reforma impositiva progresiva que esfuerce a los sectores concentrados de la economía y libere paulatinamente a la población más humilde; j) reformular un sistema educativo orientado al interés nacional y al desarrollo social y nacional inclusivo; k) recuperar las instituciones formadoras de la Nación para la nueva etapa del desarrollo argentino; l) rediscutir el marco constitucional de los períodos políticos para adecuarlos a los tiempos actuales; m) recuperar un sano federalismo que equilibre al desarrollo territorial de la Argentina, poniendo límite a la hiperconcentración urbana, especialmente en Buenos Aires.

Por supuesto, estas reflexiones son un aporte a la modernización y vigencia del Peronismo en esta primera mitad del Siglo XXI que tienen como finalidad ser un disparador de ideas para una modernización doctrinaria. Reafirmar la vigencia filosófica y política del Peronismo es recuperar sus valores más profundos, policlasistas, humanistas y nacionales. Recuperar un Peronismo creíble significa resaltar figuras con prestigio político, académico y social. Cualquier expresión con espacio-político afín al Peronismo podrá formar parte de “Frentes Políticos”, estructura que se encuadra en la tradición del Justicialismo desde 1945, pero mezclar figuras con ocasionales coincidencias políticas llevará a nuevos fracasos políticos. Se trata de recordar a Don Miguel de Unamuno con su clásica sentencia frente al franquismo en la España de 1936: “venceréis, pero no convenceréis”.

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