Un acercamiento al significado de la palabra “estar”

Elías Quinteros

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I

En América profunda, Rodolfo Kusch –Buenos Aires, 25 de junio de 1922-Buenos Aires, 30 de septiembre de 1979– expresa que la actitud del indio cuzqueño con relación a la naturaleza, a los fenómenos que esa naturaleza genera –como el rayo, el relámpago y el trueno–, a la ira divina que esos fenómenos traslucen y al miedo que esa ira provoca desde el inicio de los tiempos, no es de resignación, sino una disposición de aceptación y, más específicamente, de prevención. El indio cuzqueño sabe que las fuerzas de la naturaleza son tan poderosas que pueden acabar con él en el momento más inesperado. Por eso se aferra con ahínco a su parcela cultivada, a su comunidad y a su magia. Al proceder de ese modo adopta una conducta estática que apunta a “estar”, a “estar aquí”, a estar aferrado a cada una de las cosas que brindan una protección, un amparo. Su actitud es la de los exponentes de las culturas agrarias, la de los sujetos de la “gran historia” que narra desde la aparición de los primeros utensilios la sobrevivencia de una humanidad integrada por comunidades, y la de los miembros de las masas que viven en las ciudades: unas masas que detentan las particularidades que originaron, por ejemplo, el cristianismo primitivo, los ejércitos napoleónico y sanmartiniano, las montoneras federales y el peronismo.

En cambio, la actitud del europeo con relación a la naturaleza, a los fenómenos, a la ira y al miedo, es de supresión o –si se prefiere– de negación. El europeo, al igual que el indio cuzqueño, sabe que las fuerzas de la naturaleza son terribles. Pero, a diferencia de este último, suprime la realidad. Simultáneamente construye ciudades que se convierten en una imitación de la naturaleza suprimida, en una realidad artificial y en un “patio de objetos” concebido para el albergue de las cosas que crea con la ayuda de la técnica, a los efectos de estar cómodo en medio del mundo. A raíz de esto, asume una conducta dinámica que apunta a “ser”, “ser alguien”, ser una persona. Su actitud es la de los representantes de las culturas urbanas, la de los sujetos de la “pequeña historia” que relata desde el surgimiento de las ciudades griegas el acontecer de una humanidad que está formada por individuos y, en definitiva, la de los miembros de las élites.

 

II

El establecimiento de un vínculo entre el ámbito del “ser” –el mundo urbano, el individuo y la élite– y el del “estar” –el mundo agrario, la comunidad y la masa– actualiza la relación que existe entre el lugar de la falsa erudición –el letrado artificial– y el de la naturaleza –el hombre natural–, según lo afirmado por José Martí en Nuestra América. Asimismo, cuestiona el establecimiento de un nexo entre la civilización y la barbarie por parte de Domingo Faustino Sarmiento en Facundo: algo que transforma a la civilización en la representante del continente europeo y a la barbarie en la representante del continente americano, de acuerdo con lo sostenido por Arturo Jauretche en Manual de zonceras argentinas. Innegablemente, la reivindicación del ámbito del “estar” –el mundo agrario, la comunidad, la masa y, por ende, la naturaleza, el hombre natural y la supuesta barbarie– en un medio que exalta el ámbito del “ser” –el mundo urbano, el individuo, la élite y, en consecuencia, la falsa erudición, el letrado artificial y la supuesta civilización– equivale a la contemplación de la realidad desde una perspectiva diferente. Tal postura retoma desde una posición propia y original la senda sugerida por Joaquín Torres García en América invertida –un dibujo que presenta a América del Sur con el extremo meridional hacia arriba y el extremo septentrional hacia abajo. ¿Pero la modificación de la perspectiva garantiza una modificación de la realidad o, en cambio, sólo implica una modificación del punto de observación? Si la modificación de la perspectiva no es suficiente, ¿qué falta para que el cambio de la realidad pueda ser algo concreto, visible y palpable?

 

III

En Geocultura del hombre americano, Kusch presenta a la historia como uno de los elementos que explican por qué los individuos que se posicionan en el ámbito del “ser” creen firmemente en la aparente inferioridad del sudamericano: “Uno de los factores que precisamente ponen a nuestra aparente inferioridad sudamericana sobre el tapete, es la historia. La historia consiste en una especie de línea recorrida por la humanidad en la cual se da un abajo y un arriba, y ese arriba está colocado un poco más allá de donde estamos nosotros. Es lo que creemos de la historia y nadie nos va a convencer que no es así. Desde un mundo chino, del cual sabemos sin más que ha inventado el papel y la pólvora, pero que no supo utilizarlos, pasando por un nebuloso Medio Oriente, por una espléndida Grecia tan esgrimida por la Francia burguesa del siglo pasado, por una Edad Media oscura, cuya gleba, con la cual nos identificamos siempre, era vendida con tierra y todo, hasta el movimiento ocurrido en las ciudades europeas, que culmina en una Revolución Francesa, a consecuencia de la cual viene la revolución industrial, y la democracia, y la libertad de votar, todo eso es una sola línea impertérrita en la cual nos vemos obligados a insertarnos. Hoy ya no podemos decir que podemos hacer una historia al margen. Es muy difícil. La historia, así concebida y reiterada por la enseñanza, nos convence que no podemos ser ajenos a ella. Es más, estamos incluso convencidos de que nuestro sentimiento de inferioridad habrá de desaparecer recién cuando nos pongamos a la altura de esa evolución, pero una altura tal como la de ser nosotros los promotores de ese mundo y tener, por ejemplo, algún día, una gran industria que lo abastezca, en la misma medida como ahora lo hace Estados Unidos y Europa con nosotros” (Kusch, 1976: 35).

 

IV

Tal opinión transparenta de un modo inequívoco una falsificación de la historia que está a tono con la falsificación de la vida, la política, la ciencia, el arte y el pensamiento, los hábitos y las costumbres, el concepto de trabajo, la economía y el sistema institucional, sustentada por Saúl Taborda en Meditación de Barranca Yaco. Y, por lo tanto, supone la negación de la trama que liga a la cultura con el suelo –entendido como un hábitat y, en virtud de ello, como un punto de apoyo espiritual. Por el contrario, una actitud kuscheana lleva al “estar siendo”: una noción que se refiere al hecho de estar situado en un lugar, en un suelo, en un ámbito cultural y, por tal motivo, a la posibilidad de ser uno mismo, o sea, a la posibilidad de optar en cada caso entre una multiplicidad de posibilidades, de acuerdo con las pautas que distinguen a ese lugar, a ese suelo, a ese ámbito, como algo único. Aquí las dudas se amontonan. ¿Qué es lo propio de la cultura americana? ¿Y qué es lo propio de la cultura argentina? ¿Qué las distingue de las demás? ¿Qué las convierte en algo original? A la luz de este pensamiento, la respuesta a esas preguntas radica en lo popular y, en especial, en lo indígena. En otros términos, yace en lo creado por el pueblo y en lo asimilado por él, aunque provenga de “afuera”, como consecuencia de un proceso de traducción, interpretación e incorporación voluntaria. Indudablemente, no se trata de resaltar las creaciones del pueblo nada más que por la circunstancia de saber que todas tienen a este último como punto de partida. Se trata de resaltarlas porque, además de lo anterior, cada una de ellas trasluce una actitud concreta y definible: la de quienes conciben la vida, el mundo y el universo de un modo específico, porque observan y analizan dichas realidades mientras “están siendo”. Esa actitud –que distingue a los individuos que lidian con los que tratan de “ser alguien”, desde que el sujeto cartesiano arribó a las aguas caribeñas en las naves de Colón, impidiendo que éstos ejerzan un dominio absoluto y permanente sobre el continente– atraviesa la historia americana con los caracteres de una gesta que renueva de tanto en tanto las esperanzas emancipadoras.

 

V

Siguiendo el pensamiento desarrollado hasta aquí, el estado anímico que define al argentino medio en estos días reproduce en muchos de sus aspectos el estado que distingue al indio cuzqueño, cada vez que éste se encuentra ante la presencia del rayo, el relámpago y el trueno: fenómenos tan poderosos, amenazantes y angustiantes como la crisis económica y social que afecta al país, la epidemia del COVID-19 e, incluso, la cuarentena que rige obligatoriamente desde el mes de marzo. A ciencia cierta, la magnitud de ese estado –algo que no es común– pone en evidencia que las ciudades y, con más razón, las metrópolis, no brindan la protección ni la comodidad que justifican su existencia. En otras palabras, demuestra que las mismas, al no cumplir con la finalidad del ámbito del “ser”, dejan a las personas a merced de la ira divina que condiciona el ámbito del “estar”. Un escenario con estos rasgos distintivos exterioriza la producción de una ruptura más que significativa entre el individuo y el suelo que constituye su apoyatura espiritual. Esto equivale, ni más ni menos, a un divorcio con el campo de la significatividad. Por lo tanto, y como resultado de tal situación, ¿no tendríamos que –al igual que Torres García– ver la imagen real del mundo desde una perspectiva diferente? ¿No tendríamos que –al igual que Jauretche– señalar el aspecto actual de las posiciones intelectuales que estiman que la realidad consiste en la lucha de la civilización con la barbarie? ¿No tendríamos que –al igual que Taborda– denunciar la falsificación actual de la vida? ¿No tendríamos que –al igual que Martí– buscar el exponente preclaro del hombre natural entre los hombres americanos de la actualidad? ¿Y no tendríamos que –al igual que Kusch– desentrañar el sentido actual del “estar siendo”?

 

Referencias

Jauretche A (2002): Manual de zonceras argentinas. Buenos Aires, Corregidor.

Kusch R (1999): América profunda. Buenos Aires, Biblos.

Kusch R (1976): Geocultura del hombre americano. Buenos Aires, Fernando García Cambeiro.

Martí J (1980): Nuestra América. Buenos Aires, Losada.

Sarmiento DF (1989): Facundo. Buenos Aires, Losada.

Taborda S (1994): La argentinidad preexistente. Buenos Aires, Docencia.

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