Notas sobre la prensa de la(s) resistencia(s): peronistas y peronismo hacen Mayoría (III)

Darío Pulfer y Julio Melon Pirro

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Hemos realizado dos entregas sobre Mayoría. En la primera nos detuvimos en los promotores y en la presentación del semanario. El segundo trabajo se concentró en la reconstrucción de los rasgos de la publicación, considerando los riesgos que corrió y su particular derrotero. Allí esbozamos una periodización atenta a sus líneas editoriales en el período que se abrió con las elecciones a convencionales constituyentes de julio del año 1957 hasta su clausura en tiempos de Frondizi a inicios del año 1960.

Se trata, pues, de una etapa compleja y conflictiva de la historia argentina, condicionada por la existencia, sin representación, de un actor político multitudinario. Más allá de los intentos iniciales de dejarlo de lado, los datos de la realidad, la interacción con otros actores y las necesidades comerciales llevaron a una consideración creciente de los procesos por los que pasaba el peronismo.

En esta perspectiva, este texto está orientado a analizar tres cuestiones asociadas. En primer término, apuntaremos, en general, a la atención creciente que Mayoría fue tejiendo sobre ese movimiento.

En segundo lugar, nos detendremos en el tratamiento que otorga a cuestiones que atraviesan de manera crucial al movimiento proscripto, contribuyendo a su instalación en el imaginario y discurso peronista. En este campo tenemos que mencionar el reclamo por los presos políticos y sindicales, las denuncias y pedidos de derogación del Decreto-Ley 4161, la recuperación del 9 de junio y sus mártires o la reivindicación de acontecimientos y programas desarrollados en las luchas sindicales.

En tercer término, focalizaremos en la presencia de colaboradores de la publicación que a partir de sus intervenciones adquieren una estatura casi mítica en este nuevo tramo de la historia nacional y que se identifican con el peronismo. Aparece así lo que podemos reconocer como la figura de los escritores “nacional-populares” con autores tales como José María Rosa, Fermín Chávez, Atilio García Mellid, Luis M. Soler Cañas, José Gobello o el más notorio y consagrado con sus libros polémicos y salidas de prensa, Arturo Jauretche.

 

El peronismo a través de la mirada de Mayoría

En las páginas del semanario Mayoría tiene un tratamiento preferencial lo que sucede en el ámbito peronista. Sea por su persistencia en el ámbito gremial, la relevancia en el escenario político o las contribuciones de escritores de ese signo, muchos de ellos originados en el campo nacionalista que corresponde con los orientadores del medio, el peronismo se hace presente en la publicación.

 

La cuestión gremial en una sección específica

Aunque Mayoría no comienza con una sección específica dedicada a la cobertura de noticias gremiales (Mayoría, 1, 8-4-1957) el tema no tarda en aparecer. La línea editorial del segundo número, en el que el director considera a la reforma constitucional como “una manera poco feliz de perder el tiempo” hace lugar a un anuncio, en tapa, sobre el “saqueo de los sindicatos”. Por otra parte, en la sección gremial estampa su firma Roberto Juárez, quien será en lo sucesivo el encargado de dar cuenta del devenir sindical. La nota que desarrolla el anuncio de tapa se titula: “Antes, defraudados –hoy, saqueados”. Anota el autor: “Cuando el gobierno provisional dispuso la intervención a la Confederación General del Trabajo y a todos los sindicatos adheridos a esa central obrera, basó la medida en la necesidad de reintegrar las organizaciones sindicales a sus funciones específicas, castigar a los dirigentes que hubieran delinquido y sanear las finanzas de las entidades gremiales, presuntamente, y a veces realmente desquiciadas por la acción de quienes tenían a su cargo la conducción de los distintos gremios del país. Han pasado 17 meses desde que los interventores militares y civiles se hicieron cargo de los organismos sindicales y el panorama de la ‘normalización’ está bastante lejos de ser promisorio. Mientras algunas organizaciones han recobrado su normalidad institucional (muy pocas, como lo reconoce la intervención de la CGT), otras se hallan todavía preparando los padrones, varias han sido convocadas y algunas ni siquiera tienen el anuncio de las elecciones. Pero en todas (o casi todas) existe un problema cuya solución será muy difícil para los trabajadores: la esfumación de los fondos sindicales”. Luego detalla las situaciones del sindicato de artistas de variedades, vendedores de diarios, construcción, unión ferroviarios y carne y afines, prensa, textiles, aceiteros. La constatación en cada caso de defraudaciones a los fondos sindicales lo lleva a plantear la necesidad de “acelerar la entrega de los organismos gremiales a sus afiliados” (Mayoría, 1, 8-4-1957: 10-11). La nota incluye fotos de la sede de la UOCRA en Rawson “el más esquilmado por los interventores” adjuntando exorbitados comprobantes de gastos de nafta y la fachada de la Unión Ferroviaria en el que se “esfumaron 32.000.000 m/n”.

En otra nota describe las penurias de “380 hogares” de “los cesantes del frigorífico municipal” que “esperan”. El cronista describe el barrio que “se solidariza con ellos”, a los trabajadores cuya “opinión no cuenta mucho ahora” e incluye una foto de la familia Borro con la leyenda: “en el grupo falta alguien: el padre de familia Sebastián Borro, Secretario Adjunto del sindicato, purga en el Sud su lealtad al gremio” (Mayoría, 3, 22-4-1957: 12-13).

Para fin de abril aborda la problemática de los frigoríficos Swift y Wilson y se hace eco de las propuestas de sus entrevistados en el sindicato: “Las cooperativas, principio de solución para el embrollado problema de la carne”. Unido al tema específico de la industria interroga sobre los dirigentes detenidos. En el desarrollo de las entrevistas que realiza a dirigentes del sindicato intervenido (Fiasco, Gulden, Bazet) resalta algunas de sus características: “hombres de recia presencia física, que traslucen voluntad, decisión y serenidad. Se adivina en ellos a los dirigentes sindicales natos. Su dominio de las cuestiones gremiales es realmente notable y el conocimiento de la estructura legal del trabajo, completo”. Incluye fotos de los entrevistados y un plano de una reunión de trabajadores en la que, para el cronista, “nos parece estar en el ágora ateniense” (Mayoría, 4, 29-4-1957: 20-21).

Estas aproximaciones no pueden dejar de vincularse a lo que el semanario ve con simpatía: la convocatoria a un “reencuentro nacionalista popular” devenido de los movimientos encabezados por Azul y Blanco y los dirigentes que la animan: Sánchez Sorondo, Amadeo, Goyeneche (Mayoría, 5, 6-5-1957: 4-5). En esa estela se ocupan de dar espacio a una extensa entrevista a Cerrutti Costa para que pueda denunciar que: “Haciendo fraude en 6 o 7 de los sindicatos mayores, fácil es copar la CGT” (Mayoría, 6, 13-5-1957: 8-9) y de reafirmar que “la fuerte fibra nacional del sindicalismo argentino rechaza la injerencia marxista”.[1] El responsable de la sección gremial se ocupa de detallar el desarrollo del acto así como de subrayar que al mostrarse la orientación de los oradores los asistentes fueron dejándolo vacío. Retoma a continuación las deliberaciones del plenario de la intersindical del día 4 de mayo de 1957 donde se puso sobre la superficie el carácter “político-ideológico” que había asumido el acto del día de los trabajadores. En esa ocasión Juan José Taccone de Luz y Fuerza marcó divergencias con los oradores, señaló que hay que acordar los contenidos de los discursos, que los temas ideológicos hay que debatirlos en el seno de la comisión intersindical, que habían superado las intimidaciones de los “comandos civiles” para asistir al acto y criticó que en las intervenciones se haya reclamado por algunos dirigentes presos (Rubens Iscaro) y no por la totalidad. Esa intervención fue apoyada por los delegados de los trabajadores del neumático, del calzado, mecánico automotor, perfumistas, jaboneros, químicos, madera, pasteleros, aceiteros, constructores navales, prensa, construcción (Avellaneda). La crítica se centró en la “tergiversación” implícita en las consideraciones político-ideológico (de orientación comunista) en lugar de privilegiar la unidad de los reclamos de los trabajadores organizados en sindicatos.[2] En esa misma entrega se ocupa de la “odisea de 33 cesantes” y entrevista a despedidos de la industria automotor incluyendo fotos de los mismos conversando con el cronista de Mayoría. A la situación de despido suman la denuncia de detenciones por parte de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, allanamientos y amenazas sufridos en esos días (Mayoría, 8, 27-5-1957: 14-15).

En la línea de criticar y desacreditar las organizaciones de carácter internacionalista se pregunta “¿A qué vino Luis Alberto Monge a la Argentina?”, mostrando la trayectoria del dirigente centroamericano hasta llegar a su vínculo con Serafino Romualdi, describiendo la instalación de la ORIT en México como parte del giro de las organizaciones pro-capitalistas en el mundo de posguerra y señalando el vínculo efectivo con el dirigente socialista Pérez Leirós en el país. Esa red es denominada crítica y genéricamente como “sindicalismo libre” (Mayoría, 7, 20-5-1957: 13).

Vemos, pues, que a poco de salir a la calle el semanario Mayoría, como casi todos los medios de oposición a la revolución libertadora, contó con una sección dedicada con exclusividad a la cobertura de la cuestión gremial que a medida que avanza en sus denuncias y posicionamiento cobra mayor relevancia. Eso hace que, en la entrega número 8, ocupada de denunciar “la prolongada huelga de los obreros navales”, los editores de la revista introduzcan una foto del columnista en visita a un sindicato agregando el siguiente texto: “El cronista toma nota. Todas las semanas llena carillas y carillas exponiendo los diversos problemas de sus compatriotas obreros. Una pregunta se formula: ¿cuándo podrá escribir sobre sus alegrías?” (Mayoría, 8, 27-5-1957: 21).

En la entrega del día 3 de junio denuncia que “la restitución de La Prensa a sus antiguos dueños dejó a más de 1000 personas sin trabajo” (Mayoría, 9, 3-6-1957: 20-21). En los siguientes números debe agregar a sus denuncias la crisis de la industria del azúcar que “está al borde del cierre con 60.000 desocupados” (Mayoría, 10, 10-6-1957: 22-23) y la situación generada a raíz de la intervención en el gremio de la construcción (Mayoría, 11, 17-6-1957: 22-23).

Dado que el semanario cubre los acontecimientos relacionados con la reorganización del movimiento sindical de signo peronista sus páginas han preservado los movimientos de los distintos agrupamientos sindicales en esos tiempos en los que la CGT estaba intervenida, los líderes gremiales inhabilitados, las huelgas prohibidas y la manifestación de la fuerza mayoritaria, penalizada a través de un Decreto-Ley.

Mayoría constituye, pues, una fuente inapreciable para la reconstrucción de la vida sindical en esa época. No solo por la información, la cobertura de los encuentros y las interpretaciones que brinda sino también por la gráfica de las manifestaciones que incluyen fotografías de los dirigentes, frecuentemente adjuntas a reportajes, que permiten conocer de primera mano las posiciones de figuras que se asomaban al firmamento gremial.

En ese marco, la edición de junio de 1957 privilegia un título “la intersindical en una etapa” (Mayoría, 12, 24-6-1957: 12-14). En nota interior señalan que “Los dirigentes sindicales de posición nacional toman decididamente la dirección intersindical”, manera legal de referir a una creciente influencia del gremialismo peronista. Incluyen fotos del plenario y de la mesa directiva del mismo. A partir de allí no deja de mostrar el reclamo activo de los dirigentes “nacionales”, los conflictos que protagonizan y la lucha por la reorganización. “Exigimos la entrega de la delegación regional de la CGT”, dice el delegado santiagueño Hugo Espeche, mientras jaboneros, perfumistas y gráficos van al paro y los trabajadores de Luz y Fuerza preparan su congreso (Mayoría, 13, 1-7-1957: 10-11). Detalla aprestos organizativos y denuncias de la Comisión Intersindical y continúa con la cobertura de situaciones diversas, como las denuncias de Madereros y de Sanidad por la continuidad de las detenciones y el triunfo en las elecciones de la UOM (Mayoría, 14, 8-7-1957: 16).

En muy poco tiempo, pues, los problemas y la organización de los trabajadores consolidan un lugar permanente en la información, y en la interpelación de sentido, que formula el semanario para con su público.

En nota sin firma a página completa consignan “Solo la unidad podrá salvarnos”, refiriéndose a esa necesidad en el ámbito obrero y estimulando los próximos pasos del movimiento sindical. En recuadro denuncian la situación vivida por la señora de José Alonso ante la visita intimidatoria de “comandos civiles” a su domicilio y da cuenta de la situación de clandestinidad de su esposo (Mayoría, 15, 15-7-1957: 23).

El día 12 de julio se desarrolla el paro convocado por la Intersindical. En la entrega siguiente señalan el éxito del mismo, subrayando los altos porcentajes de acatamiento a pesar de las intimidaciones. A la luz de ese movimiento huelguístico y para dar cuenta del clima de hostilidad del gobierno reproduce las declaraciones de un dirigente: “Ya no podemos confiar más en el Ministerio de Trabajo”, involucrado en lo que el semanario denomina “ofensiva antisindical” (Mayoría, 16, 22-7-1957: 14-15). En la entrega siguiente detalla el desarrollo del plenario nacional de la intersindical (Mayoría, 17, 29-5-1957: 15). Al reanudar la salida de Mayoría el cronista da cuenta de conflictos localizados en algunos gremios, como los portuarios (Mayoría, 19, 14-8-1957: 7).

 

El Congreso Normalizador y el surgimiento de las “62 organizaciones”

A Mayoría debemos una impecable crónica del proceso previo al importante, y en varios sentidos fundacional, congreso normalizador de la CGT, en el que se advierte sobre la intención de las autoridades designadas por el gobierno militar y del “gorilismo al asalto de la CGT”. A través del responsable de la sección gremiales, los lectores podían conocer que la clave del congreso radicaba en la actitud de 60 delegados “cuya ubicación, por diversos factores, no se conoce a ciencia cierta, además de que hay representantes de algunas organizaciones nombrados casi al voleo, en varias entidades copadas por las ametralladoras, cuya reacción frente a la realidad descarnada, al levantarse el telón de la farsa, es una incógnita”. En ello residía la posibilidad de quebrar la “formidable estructura burocrático-militar” de la intervención y sus aliados “amarillos” (Mayoría, 21, 26-8-1957: 15). En la entrega siguiente colocan en tapa que “los representantes auténticos del sindicalismo nacional denuncian el fraude en la CGT” y detallan los cuestionamientos al “gobierno y sus personeros” (Mayoría, 22, 2-9-1957: 13).

Del mismo modo, contamos con la crónica de lo acontecido en el propio congreso normalizador que, convocado por el interventor militar de la “Revolución Libertadora”, el capitán de navío Patrón Laplacette[3], apostó a forzar la formación de una mayoría de delegados antiperonistas y terminó siendo copada por gremios opositores, una situación que, como sabemos, redundó luego en la emergencia de las “62 Organizaciones peronistas”.

Al periodista de Mayoría Roberto Juárez, debemos buena parte de esa producción, como así también, la publicidad de la denominación de los bloques en pugna: “los libres”, “gorilas”, o “gubernistas”, esto es, quienes asocian su estrategia al gobierno militar y los de “tendencia nacional”, vinculados con el peronismo. En sus notas aparecen denuncias acerca de la presencia de figuras ajenas al mundo sindical: “Contrapesando la ausencia de la barra, tumultuosa y ocurrente, los denominados ‘comandos civiles’ se abstuvieron de entrar al recinto, permaneciendo en ambas entradas (la exterior y la del salón) con aire de perdonavidas, recostados en la pared y sosteniendo, semiocultas en las ropas, las ya sempiternas metralletas portátiles”. Detalla las estrategias de los sindicalistas opositores para acallar a los “libres” cuando hacían referencias críticas hacia el gobierno de Perón: “Los delegados nacionales se desquitaron humorísticamente por la ausencia de la barra, poderoso factor de aliento, levantándose de sus bancas cada vez que alguno de los oradores ‘gorilas’ dejaba el tema en debate para dedicarse a criticar a la CGT anterior al 16 de septiembre de 1955, y ubicándose en el espacio libre entre las bancas y el lugar de la barra prorrumpían en estruendosas ovaciones a cada palabra del orador ‘libre’. Así consiguieron que los congresales gubernistas se ciñeran al asunto en discusión”. En sus notas aparecen las denuncias acerca de la presencia de figuras ajenas al mundo sindical: “Contrapesando la ausencia de la barra, tumultuosa y ocurrente, los denominados ‘comandos civiles’ se abstuvieron de entrar al recinto, permaneciendo en ambas entradas (la exterior y la del salón) con aire de perdonavidas, recostados en la pared y sosteniendo, semiocultas en las ropas, las ya sempiternas metralletas portátiles” (Mayoría, 24, 16-9-1957: 12).

La tapa de Mayoría celebra el “gran triunfo” de las “fuerzas nacionales” en el “Congreso obrero” y en nota interior denuncian “violencia y arbitrariedad” en el desarrollo del cónclave. La impronta del relato enfatiza la lucha que en desventaja asumen “los dirigentes nacionales” cuyo protagonismo subraya en la secuencia de fotos de las figuras centrales de la jornada. Denuncia, a su vez, que el responsable de prensa de la central intervenida, capitán Alemán investiga y pide la cesantía de periodistas entre los cuales se encuentra “el autor de estas notas” (Mayoría, 23, 9-9-1957: 13).

 

En la crónica detalla las estrategias de los sindicalistas opositores para acallar a los “libres” cuando hacían referencias críticas hacia el gobierno de Perón: “Los delegados nacionales se desquitaron humorísticamente por la ausencia de la barra, poderoso factor de aliento, levantándose de sus bancas cada vez que alguno de los oradores ‘gorilas’ dejaba el tema en debate para dedicarse a criticar a la CGT anterior al 16 de septiembre de 1955, y ubicándose en el espacio libre entre las bancas y el lugar de la barra prorrumpían en estruendosas ovaciones a cada palabra del orador ‘libre’. Así consiguieron que los congresales gubernistas se ciñeran al asunto en discusión” (Mayoría, 24, 16-9-1957: 12).

Amén de los detalles de color y de la información sustantiva sobre lo acontecido, el plus del semanario en el análisis de esos procesos no radicaba en su capacidad para percibir las consecuencias, sino, por el contrario, en haber presentado desde el comienzo un análisis realista de la disputa en ciernes. Con gran parte de las organizaciones sindicales intervenidas y considerando la legislación que aun inhibía la participación de muchos peronistas, Mayoría había informado previamente que tal Congreso Extraordinario de la CGT para normalizar el organismo era una apuesta del gobierno que partía de dos condiciones. El principal activo oficialista radicaba en la posición dominante que los socialistas y otros sindicalistas antiperonistas tenían en empleados de comercio, trabajadores bancarios y empleados públicos, además de los obreros gráficos, donde habían ganado elecciones en 1956, y en varias seccionales de la Unión Ferroviaria, uno de los gremios del transporte más numerosos.

Existía también, precisaba el medio, la voluntad de la intervención de sobrerrepresentarlos. Se asignaron entonces 358 delegados a 10 organizaciones y 311, a 87. De los primeros 10 sindicatos, 6 eran antiperonistas (Mayoría, 12, 24-6-1957: 10). Como es sabido, el procedimiento fracasó, los antiperonistas se encontraron en minoría en la comisión de poderes encargada de verificar las credenciales de los delegados, y ante el abandono de éstos del congreso, los sindicatos peronistas más algunos comunistas que permanecieron en el mismo, en total sesenta y dos organizaciones gremiales, comenzaron a actuar por separado y bajo tal denominación[4].

Ante el impasse que sufre ese Congreso por encontrarse en minoría los “oficialistas”, el responsable de la sección gremial aprovecha para realizar una nota incluyendo 7 reportajes a referentes gremiales de la “tendencia nacional”: Adolfo Quesada (Industria del cuero y afines), Jorge Granel (Sec. Gremial de la Universidad Nacional de Tucumán), Daniel Alvarez (UTA-Rosario), Héctor Gurisatti (alimentación), Alfredo Meza (petroleros), Ives Orellano (Unión Obreros Molinera Argentina) y Raúl Orequi (Sanidad-Rosario). En la oportunidad consulta sobre el riesgo de unidad del movimiento obrero con la interrupción del desarrollo del Congreso, el mejor método para superar la situación de suspensión del Congreso, la idea de constituir autoridades provisorias de la CGT y la normativa dictada por la “Revolución Libertadora” acerca de las huelgas (Mayoría, 25, 23-9-1957: 11-12).

Consolidada la división entre las “62 organizaciones” y los “32 gremios democráticos”, el acontecimiento implicó un punto de inflexión en la política del gobierno militar para con el movimiento obrero y un verdadero mojón en la historia del sindicalismo peronista.

El gremialismo peronista lanzó una huelga con alto acatamiento el día 27 de septiembre. En octubre, tras entrevistarse con el General Aramburu, el medio incluye fotos de Carullas de Unión Tranviarios, Conde Magdaleno y Alberto Lema de Luz y Fuerza y titula: “Los gremios demostraron que sin gobierno popular no hay solución económica” (Mayoría, 29, 21-10-1957: 7). Más tarde se produce otro movimiento huelguístico que condiciona el accionar del gobierno y va alineando a los sindicatos con el peronismo.

Aún en esas condiciones, el gobierno militar continúa con la imposición de sus concepciones económicas a través de decretos que implementan “el trabajo incentivado” en el sector marítimo y portuario, además de cambiar la jurisdicción del ámbito civil y sindical al ámbito de la Prefectura nacional marítima y otros organismos dependientes de esta repartición o del ministerio de Marina (Mayoría, 32, 11-11-1957: 11).

A finales de octubre se realiza un Plenario Nacional con la participación de 30 Delegaciones Regionales de la CGT. De ese cónclave sale constituida una Comisión Coordinadora compuesta de 5 miembros (uno por cada zona del país). Mayoría entrevista y coloca las fotos de los cinco dirigentes: Miguel Azpitía (secretario adjunto de la Delegación Regional Córdoba), Antonio Milewski (secretario general de la Delegación La Plata), Cayetano De Paolo (secretario general de la Regional Mar del Plata), Tomás Rubén Ovelar (delegado de la Regional de Formosa) y Agustín Cuevaz (Delegación Regional Mendoza) (Mayoría, 31, 4-11-1957: 8-9).

Juárez da cuenta de los movimientos que buscan la unidad de los sectores de las “62” y las “32” a partir del desarrollo de reuniones. En una de ellas, desarrollada el 12 de noviembre, a instancias de la comisión mediadora regional surgido del Plenario de Córdoba de fines de octubre, describe con minuciosidad su desarrollo. Detalla las concepciones y la realidad en puja. Señala como eje de la unificación la existencia de la comisión surgido del Plenario de Delegaciones Regionales. Marca las mutuas concesiones y muestra los acuerdos para llegar a la recuperación por parte de los trabajadores con la convocatoria a un Congreso en el lapso de los 90 a 120 días. El título: “El principio de acuerdo entre los dos sectores sindicales es la derrota gorila” (Mayoría, 33, 18-11-1957, Contratapa). En la siguiente entrega debe titular “Los amarillos son fieles a su origen: cualquier cosa antes que los obreros”, mostrando la resistencia de algunos referentes de los “32” a la unificación a pesar de las gestiones “prudentes” de la comisión mediadora regional (Mayoría, 34, 25-11-1957: 12-13). La crítica del responsable de los “gremiales” aumenta y en un recuadro titula “Ni mayoritarios ni democráticos”, discutiendo la representatividad del sector. Presenta un cuadro totalizando una cifra de 1.043.076 trabajadores contra el 1.600.000 que dicen representar. En esa reconstrucción da cuenta detallada de los gremios que adhieren a esa postura: ferroviarios, empleados de comercio, gráficos, municipales, gastronómicos, La Fraternidad, Turf, papeleros, textiles y forestales. Cierra la nota augurando que de la próxima reunión en Córdoba salga una representación orgánica de la Central Obrera: “allí estará Mayoría para recoger los anhelos de los trabajadores nacionales y las inquietudes de sus auténticos representantes”.

En ese marco Juárez señala una paradoja: “la presión de las fuerzas oligárquicas ha cedido un tanto en otros aspectos de la vida nacional, aflojando circunstancialmente, para ajustar la ‘máquina’ con la que piensa someter al pueblo argentino; pero en el ámbito sindical, única posibilidad concreta que el país posee de oponerse y derrotar al colonialismo y al privilegio, aumentan en intensidad, número y complejidad las medidas destructoras e intimidatorias”. Va sobre las causas: “No es, desde luego, una casualidad ni obedece únicamente al ‘revanchismo’ la política de persecución sindical, desmontaje de la legislación social y establecimiento de un sistema económico donde los trabajadores sean nada más que los brazos productores, sin ninguna clase de derechos, salvo los que, como concesión graciosa, quiera otorgarles el sector económicamente poderoso, que no alcanza al 1% de la población del país” (Mayoría, 35, 2-12-1957: 14).

En todo momento la sección “Gremiales” de Mayoría refleja las posiciones de la “tendencia nacional” en la confrontación con los “32”. Así reproduce la carta que Azpitía, delegado de la regional Córdoba de la CGT e integrante de la Comisión Mediadora, envía a la Comisión Directiva del otro sector desmintiendo afirmaciones y llamándolos a la prudencia en favor de la unidad del movimiento obrero (Mayoría, 35, 2-12-1957: 15). En otra entrega coloca en tapa: “El corrompido ‘sindicalismo libre’ que el gobierno quiere importar por la vía de la Casa del Pueblo” (Mayoría, 39, 30-12-1957). En la nota interior dan cuenta de una misión sindical del sector de los “32” a Estados Unidos a instancias de la AFL-Ciosl.

 

La Falda

En ese marco, de resistencia obrera y lucha política del peronismo contra las proscripciones, se producen movimientos tendientes a la búsqueda de la unidad del movimiento sindical. A finales de octubre se realiza un Plenario Nacional con la participación de 30 Delegaciones Regionales de la CGT. De ese cónclave sale constituida una Comisión Coordinadora compuesta de 5 miembros (uno por cada zona del país). Mayoría entrevista y coloca las fotos de los cinco dirigentes: Miguel Azpitía (secretario adjunto de la Delegación Regional Córdoba), Antonio Milewski (secretario general de la Delegación La Plata), Cayetano De Paolo (secretario general de la Regional Mar del Plata), Tomás Rubén Ovelar (delegado de la Regional de Formosa) y Agustín Cuevaz (Delegación Regional Mendoza) (Mayoría, 31, 4-11-1957: 8-9).

La CGT de Córdoba convoca a un Plenario Nacional de Delegaciones Regionales de la CGT y de las 62 Organizaciones en esa provincia. El encuentro se realiza en la Colonia de Vacaciones del Sindicato de Trabajadores de la Alimentación en la localidad de La Falda, provincia de Córdoba, en el mes de diciembre. Es convocado bajo el nombre de Segundo Plenario Nacional de Delegaciones Regionales Normalizadas de la Confederación General del Trabajo.

Mayoría titula en tapa: “Los trabajadores argentinos se unen en Córdoba y proclaman su decisión de luchar por la causa nacional contra la oligarquía colonialista”. Al interior el periodista Roberto Juárez ofrece un detallado informe de la reunión no sin antes remarcar la campaña previa de los “amarillos” en su contra[5]. Con respecto al desarrollo del encuentro, resume las posiciones de los diferentes congresales y señala que “Casi sin debate, salvo las cuestiones de procedimiento, se aprobaron las resoluciones apoyando a las 62 organizaciones y constituyendo con 5 representantes de las Delegaciones Regionales la Comisión Coordinadora Nacional, conjuntamente con las 62. Asimismo, las ponencias aprobadas –declaración de apoyo al petróleo nacional, programa de lucha de los trabajadores y proyecto de organización– fueron aprobadas y giradas para su ulterior consideración por el cuerpo creado. La ponencia de Córdoba, ‘programa nacional de lucha’, expresa los anhelos del proletariado nacional y comprende:

Aspecto Económico. Control estatal del comercio exterior; liquidación de los monopolios de importación y exportación; planificación del proceso económico en base a las necesidades del país y control de los productores del proceso comercial, defendiendo la renta nacional; ampliación y diversificación de los mercados extranjeros; denuncia de todos los pactos lesivos de nuestra independencia económica concluidos por el gobierno provisional; integración económica con los pueblos de Latinoamérica; política de alto consumo interno, incremento de la industria pesada y desarrollo de la liviana; nacionalización de las fuentes naturales de energía y su explotación racional en beneficio del país; nacionalización de los servicios públicos; control centralizado del crédito; programa agrario, con mecanización nacional, expropiación del latifundio y extensión del cooperativismo agrario.

En lo social. Control obrero de la producción, mediante la participación efectiva de los trabajadores en el proceso económico, a través de las organizaciones sindicales; salario mínimo vital mínimo y móvil; previsión social integral; agilización de trámites y eliminación de los organismos burocráticos; reformas de la legislación laboral; estabilidad absoluta de los trabajos y fuero sindical.

En lo político. Reconocimiento del movimiento sindical como fuerza fundamental, a través de su participación hegemónica en la confección y dirección del plan político nacional; destrucción de los sectores oligárquicos y fortalecimiento del Estado Nacional Popular; entendimiento integral y con las naciones hermanas de Latino-América; libertad de elegir y ser elegido, sin inhabilitaciones; solidaridad con las luchas de liberación nacional de los pueblos oprimidos y política internacional independiente” (Mayoría, 36, 9-12-1957: 12-13).

Con el tiempo, estos lineamientos constituirían el llamado Programa de La Falda (Baschetti, 1988: 66-69). Las fotos incluidas muestran a la “mesa provisional” y el momento en que se guarda un minuto de silencio “por los caídos en la lucha”.

Manifestaciones

En este ámbito también anuncian o dan cuenta de diversas manifestaciones. Una importante es la que corresponde al 10 de diciembre con un acto central en el Luna Park y réplicas en todas las provincias. El objetivo: dar a conocer las razones de los planes de lucha y la situación por la que atraviesan los trabajadores (Mayoría, 36, 9-12-1957: 13). Ante la organización del acto del Luna Park el Ministerio de Trabajo, a instancias de los “32” no deja de señalar el cronista Juárez, “interviene” de manera directa o con veedores a los más movedizos sindicatos de la carne, UOM, AOT y Sanidad (Mayoría, 38, 23-12-1957: 11). Luego señala que “las intervenciones sindicales tienen concretas finalidades antinacionales” y denuncia que se “fueron los capitanes y llegaron los delincuentes” refiriéndose a los representantes civiles en los sindicatos (Mayoría, 42, 20-1-1958: 10-11).

 

Huelgas

Juárez solía ironizar sobre temáticas sensibles al sindicalismo como la huelga y las reglamentaciones dictadas por el gobierno militar. En una nota titulada “Huelgas de buena conducta” escribía: “El decreto ley sobre las huelgas, su trámite y obligación que deben cumplir las partes (léase obreros), es un modelo jugoso del criterio gubernamental del pueblo y sus derechos. Este decreto, uno de los más curiosos y arbitrarios en la ya larga serie que ha producido el ‘provisoriato’, hace imposible, desde el punto de vista legal, la realización de movimientos de fuerza por parte de los trabajadores. Estos venían reclamando, desde hace unos años, la anulación de la famosa resolución 16/1945, que instituyó la legalidad o ilegalidad de las huelgas, pero la promulgación de este nuevo decreto hará que los obreros añoren esa resolución ‘derogada’. Para empezar, no se podrán hacer huelgas ‘que afecten los servicios públicos’ (ferroviarios, transporte en general, energía, gas, comunicaciones, etc.) disposición que cubre, aproximadamente al 35% de los trabajadores. Tampoco se permiten huelgas que ‘atenten contra la seguridad o la salud de la población’ (alimentación en general, servicios sanitarios, etcétera) o que ‘tengan por objeto la privación de un artículo de primera necesidad’, además de ‘desconocer un laudo arbitral’. En esta última clasificación están incursos todos los trabajadores del país, ya que los convenios han sido reemplazados por laudo arbitral. Anotemos que la expresión ‘atenten contra la seguridad de la población’ es de una nebulosidad estudiada, pues ¿quién dictamina sobre tan difícil calificación? La misma autoridad que declara la ‘legalidad’ de una huelga. Lo mismo ocurre con la prescripción de que las huelgas ‘deben perseguir objetivos gremiales’. Basta con que la autoridad resuelva que no son objetivos gremiales para que la huelga sea ilegal. Y en cuanto a la obligación de que las huelgas deben ser declaradas por ’la mayoría y en votación secreta’, anunciando con 3 días de anticipación a la parte patronal que se va a efectuar la misma, es sencillamente ridículo. Una huelga no es un sarao, ni una reunión del ‘Kennel Club’, ni un intercambio de saludos protocolares en una reunión internacional; es el supremo recurso de los trabajadores cuando ya no tienen otra solución, circunstancia en que los coloca, siempre, la intransigencia empresaria. ¿Van a llamar a sus compañeros a votación cuando la patronal despide a sus dirigentes? ¿O cuando alguno de estos es detenido arbitrariamente? ¿O cuando los sorprende una decisión, harto frecuente, de los empleadores en los sistemas de trabajo, condiciones de pago, horarios, etc. donde no pueden aceptar ni un minuto de dilación para no crear precedentes? En síntesis: este decreto pretende instituir las ‘huelgas de buena conducta’, cosa absurda y antinatural, y que, por serlo, no podrá resistir el empuje de los derechos sindicales” (Mayoría, 24, 16-9-1957: 10-12).

Ante la huelga de los telefónicos y telegrafistas el gobierno militar aplica esa normativa. El cronista anota: “el gobierno echó mano de los conocidos expedientes que le han granjeado tanta popularidad entre los trabajadores y los puso en práctica fulminantemente” (Mayoría, 25, 23-9-1957: 12).

El 27 de setiembre de 1957 cuarenta gremios recuperados convocan a un paro nacional que goza de un importante apoyo. Mayoría titula en la sección gremial: “Quebrando la propaganda oficial, pararon 5 millones de obreros” (Mayoría, 27, 7-10-1957: 12-13). “Ni cine ni diarios hubo tampoco el 27. Menos mentiras para el pobre público”. Incluye fotos diversas y contrastantes: por un lado, los delegados que votaron el paro y la barra entusiasta que apoya la medida y por otro lado imágenes de la militarización del transporte, el control de las entradas de subte. En los “ecos del paro” señalan que fue más importante en el interior que en el área metropolitana y que existieron bases que desobedecieron a las dirigencias: papel, ferroviarios, gráficos, vestido, tabaco y otros.

Luego de la huelga de los días 22 y 23 de octubre el tema sube a la editorial: “Un gobierno que no entiende al país ni a los obreros” escribe el director, quien sufre la persecución de la dictadura militar, “desde un lugar de la República”. En la sección gremial se da importante cobertura al paro: “La fuerza militar contra los obreros. Intervenciones, movilizaciones, ocupaciones de sindicatos y allanamientos”. Detalla la secuencia con la declaración del paro, las adhesiones, las detenciones en el gremio de Sanidad de 37 dirigentes. Señala que en la Provincia de Buenos Aires las fuerzas policiales tiran a matar. Las fotos muestran al “secretariado virtual de la CGT” que decretó el paro el día 14 de octubre, la militarización del transporte, los dirigentes gremiales presos (Gaetani, de aceiteros, Vitale, de ATE, Airala, de ACA, Spinelli, de SUPE, García del Caucho, Pezzimenti y Carulias, de UTA, escenas de vacío de los grandes comercios contrastando con foto de March decretando el paro contra las previsiones gubernamentales. En un recuadro titulado “síntesis del paro” dan las cifras elocuentes del interior (Tucumán 80%, Rosario 95%) señalan que Clarín afirma el “fracaso” del paro, pero que costó al país mil cien millones y lo concluye irónicamente: “¡Lo que hubiera sido de no haber ‘fracasado’ el paro!” (Mayoría, 30, 28-10-1957: 3).

 

Detenciones

Juárez da cuenta de los procedimientos frecuentes de detención de dirigentes: “en la madrugada del viernes 4, las patrullas mixtas, policía-infantería de marina, se desparrama por el cinturón del Gran Buenos Aires y varios barrios de la Capital Federal, en una operación más de las tantas realizadas en estos dos años angustiosos para los trabajadores argentinos. Su misión era la tristemente conocida de encarcelar nuevamente a los dirigentes sindicales, cuya periódica entrada en las cárceles del país es ya una norma para las autoridades provisionales” (Mayoría, 28, 14-10-1957: 12). Los lugares de detención son denominados simplemente como “Las Heras”, “Olmos” y “Caseros” dando por sentado un conocimiento público acerca de la localización de las cárceles.

Detalla conflictos internos en diferentes gremios. Por ejemplo, en el ámbito del sindicato del vestido en el que se constituye un “comité de huelga”. En otros casos trata la lucha contra las intervenciones que se despliegan en los sindicatos de tranviarios y aceiteros (Mayoría, 32, 11-11-1957: 10). Incluye reclamos de la “comisión de cesantes de La Prensa” (Mayoría, 39, 30-12-1957, Contratapa) y denuncias de torturas en la provincia de Buenos Aires, integrando fotos en el relato (Mayoría, 32, 27-1-1958: 8).

Juárez otorga espacios a la voz de los protagonistas. Realiza entrevistas con dirigentes del interior: Atilio López de Córdoba, Damián Martínez de Rosario, Manuel Isauro Molina de Tucumán son entrevistados para conocer la realidad de esas provincias (Mayoría, 38, 23-12-1957: 10).

 

Balance del año 1957

Tiempo después, al realizar un balance de la actividad gremial de 1957, el semanario evocó el reciente, pero ya histórico acontecimiento del Congreso Normalizador con un realismo no exento de sesgos. Ratifica, por una parte, con rigor, como “pese a la ‘mayoría’ fraudulenta, los dirigentes nacionales, batallando con tesón, inteligencia y acción coordinada, desbarataron la ‘máquina’ una vez más, derrotando en una histórica votación a los amarillos (298 contra 291 votos), lo que determinó que los amarillos, en complicidad con Patrón Laplacette… se retiraran del Congreso” (Mayoría, 40, 6-1-1958: 11).

El análisis resulta sesgado, ya que soslaya, por otra parte, que la clave de la “acción coordinada” incluyó la colaboración de los dirigentes comunistas, merced a una negociación que, como sabemos, involucró a los delegados gremiales, pero también a las máximas jerarquías partidarias[6].

El punto de observación ponderado, no obstante toda la atención que se le confiriera, no era el del movimiento obrero, sino el de la política, ya que en la coyuntura que se abría Mayoría estaba dispuesta a jugar políticamente en un nivel aún más alto. Había sufrido restricciones y había atacado fuertemente a Aramburu y Rojas. Había denunciado la responsabilidad gubernamental en los fusilamientos y rendido homenaje a sus “héroes”. Había desarrollado, pues, acciones públicas para reunir a los medios limitados por el gobierno militar y en consecuencia se veía habilitado para intervenir, en adelante, nada menos que en los comicios presidenciales.

 

 

Mayoría en el proceso político

A fines de 1957 y comienzos de 1958 la prensa política intervenía, informando, presuponiendo o postulando, en la vida interna de un movimiento aun proscripto, pero centro de la atención de todos. Mayoría, ya para entonces crecientemente leído como un medio no antiperonista, entendía que la escisión que atravesaba el peronismo era la que dividía a “concurrentes” y “abstencionistas”, aunque esperaba que la balanza comenzara a inclinarse evidentemente a favor de los primeros.

El medio permanecía atento, pues, a todo lo que ocurriera en el peronismo, tanto fuera como dentro del país. Aun cuando ya había versiones de que se realizaría un “plenario” en el exilio, para evitar la concurrencia electoral e inclinar la balanza a favor del voto en blanco, la opción prohijada por la publicación consistía en que a las diversas agrupaciones neoperonistas ya conocidas –Unión Popular, Partido Populista, Partido de los Trabajadores, Partido del Pueblo, Partido Laborista y sus desprendimientos– se sumase el Partido Blanco, ya popularizado por Alejandro Olmos y sostenido, ahora también, por el doctor San Millán, uno de los segundos de Leloir, que todos fueran capaces de confeccionar una lista común de candidatos con vistas a los comicios de febrero.

El título de la nota publicada el 16 de diciembre de 1957 anunciaba “Gérmenes de descomposición dentro de la Intransigencia oficialista” (refiriéndose, claro está, al peronismo). Aunque se declaraba consciente de los trascendidos sobre la inminente realización del plenario peronista “en algún lugar de América”, el cual reuniría al expresidente con dirigentes y enviados especiales, el autor de la nota consideraba que la directiva que de dicha reunión surgiese podría “determinar el volumen o la importancia de la concurrencia, pero no podrá evitarla”[7].

En todo este proceso, Mayoría será, pues, un informante interesado y, cuando la realidad desmienta sus previsiones, un contendor discursivo de la misma. Poco después, en la inminencia de las definiciones respecto de las elecciones de febrero de 1958, Mayoría insistió en que la balanza del movimiento había comenzado a inclinarse a favor de los concurrencistas. Para el medio, dado que el último presidente del Partido, Alejandro Leloir, decidió girar a “todos los partidos que integran la actual estructura del movimiento proscripto” sus propias directivas de “unidad y concurrencia” esto comenzaba a tentar a los “abstencionistas más recalcitrantes” (Mayoría, 40, 6-1-1958: 4).

Cabe precisar que no se trataba solo de la dirección de la información, sino también de su calidad. Ningún medio era ajeno, por supuesto, a la dimensión performativa que lo que publicaban podía tener sobre la política, pero no es menos cierto que las mismas bases de la información solían ser, no solo interesadas, sino decididamente endebles o confusas.

Para la misma época, el antiperonista La Nación citaba “una fuente allegada al núcleo de exiliados”, según la cual partidarios del expresidente se aprestaban a apoyar “una coalición de la Unión Popular con los partidos Populista y Blanco”. Por lo demás informaba que un grupo que se había reunido con Perón en Caracas –Cooke, Kelly, Borlenghi, Méndez San Martín y Antonio– había sido testigo y protagonista de “una marcada escisión en el alto mando peronista, ya que mientras unos están a favor de que continúe el sabotaje, otros se oponen a ello”[8].

En lo que ambos medios coincidían era en el crecimiento de las posibilidades de que los peronistas intransigentes –saboteadores o abstencionistas, según la fuente– debieran plegarse, aunque desganadamente, a la tendencia participacionista. Estas informaciones, los muchos trascendidos y la reaparición de los nombres de Bramuglia, Albrieu y Leloir, en las páginas de la prensa parece contradecir la observación de aquel que –sabedor de la importancia de los vetos que desde fuera y desde dentro terminaron imponiéndose entonces y con posterioridad, entiende que dicha alternativa difícilmente hubiera podido materializarse. La oposición de los “duros” de las fuerzas armadas jugó, como sabemos, un papel determinante al oscurecer los contornos del premio esperado, esto es, la posibilidad concreta de que en el caso de que la justicia lo permitiese, los árbitros del incipiente juego político tolerasen, sino una victoria presidencial, la participación peronista en el gobierno de la nación o de las provincias más importantes.

Mayoría, todavía vocero del “participacionismo”, se hizo eco tanto del memorándum que el almirante Rojas presentó en nombre de la marina ante el gobierno provisional oponiéndose a la presentación de neoperonistas como de la sorprendente defección de Leloir –hasta el momento presentado como el factor aglutinante– que dos semanas después pasó a sostener la abstención electoral como la mejor opción para el peronismo (Mayoría, 42, 20-1-1958).

Evidentemente, el veto de Perón, aún no público, en una coyuntura que pronto derivaría en el conocimiento del “pacto”, resultó nuevamente decisivo. Antes había jugado sus esperanzas y programa con una claridad poco frecuente: “el concurrencismo ha adquirido en los últimos días la característica de una gran movilización de masas seguras de su fuerza numérica y del valor de sus banderas inútilmente denigradas por la propaganda oficial. Caracas, cuya decisión final todavía aguardan algunos, se encontrará en el momento de dar su opinión ante un hecho consumado e irreversible” (Mayoría, 40, 6-1-1958: 5).

El gobierno y “Caracas” habían sido, en la búsqueda de un camino, objetos de sus contenciosos, pero pronto serían poco más que pretextos para protestar un fracaso. Antes de mudar, como hicieron coyunturalmente los proscriptos, hacia las tiendas del frondicismo donde permanecieron bastante tiempo, Mayoría procedió a una explicación del aborto de su propio proyecto a la vez que otorgó una última voz a sus adalides. Ahora entendía –y así titulaba en tapa– que “sobre la hora del comicio factores de confusión de adentro y de afuera empujan al caos a la fuerza proscripta” (Mayoría, 42, 20-1-1958). Respecto de los primeros, y luego de descartar como determinantes a los múltiples sectores que presionaban sobre Leloir, mucho se especuló en la época con una suerte de “cansancio moral” a la que el recientemente liberado prisionero habría estado sujeto desde el momento de su encarcelamiento, lo que habría potenciado –argumentaban– su carácter “vacilante”[9]. La figura de Leloir fue, desde la caída del peronismo, una de las más vapuleadas respecto de las decisiones que “debía” tomar o que de él se esperaban y Mayoría parecía cobrar la desazón que le había producido el cambio de actitud de último momento del que fuera el último presidente en ejercicio del Partido Peronista. En este contexto en el que los círculos dirigentes de la Unión Popular y de los partidos Populista, Blanco y de los Trabajadores tampoco disimularon el impacto, a la semana siguiente volvieron a rescatar a la figura de Bramuglia, presidente de la Unión Popular.

En el réquiem de ese intento que lo había asociado a la perspectiva que abonaba Jacovella, quien en su momento había celebrado aquello de que “la abstención” era “para los cómodos… acaso para los cobardes y a veces también para los traidores”, y justificado su fallida salida a la calle para defender el concurrencismo “con conocimiento especial y particular del que era presidente del partido depuesto”, Bramuglia afirmaba que “no hemos traicionado a nadie” y que “ hemos seguido las ideas de nuestro movimiento” a la vez que profetizaba, casi en ceremonia de resignada asunción que, además, “los movimientos siguen a pesar de los hombres” (Mayoría, 43, 27-1-1958: 5).

El rotundo éxito electoral de 1958 y la constatación de que las tratativas para lograr el apoyo de Perón a la UCRI habían comenzado mucho antes, han oscurecido el hecho de que la posibilidad de participar con listas propias a través de alguna de las expresiones neoperonistas que habían logrado o estaban en trance de obtener la personería jurídica se manejara hasta muy tarde. El “proyecto” de Mayoría en la coyuntura, pues, se había basado en la presunción del alejamiento definitivo de Perón y de que las antiguas autoridades partidarias, cuya liberación fuera celebrada por el espectro opositor a la “Revolución Libertadora”, vendrían a ocupar el lugar de pivotes de una coordinación de las fuerzas peronistas capaz de apoyar a una fuerza extrapartidaria o, como entonces se comenzó a especular, “concurrir con listas propias”.

Contaban con el prestigio redimido que derivaba de haber pasado un tiempo prolongado en prisión, con un probable ascendiente que la animadversión de Cooke o la desconfianza de Perón hacia ellos en última instancia reconocía y, sobre todo, con el favor de una prensa que, como Mayoría, había reclamado la libertad de los presos políticos y que ahora los presentaba a la opinión pública como la expresión más genuina del peronismo proscripto[10].

En dicho escenario, había una oportunidad para el nacionalismo de Mayoría y aun, como hemos señalado en la primera entrega (Pulfer y Melon Pirro, 2019b), para recuperar el filo de un casi olvidado “lonardismo” de la primera hora libertadora. No es exagerado presentar al semanario de los Jacovella, entonces, como el principal vocero del participacionismo.

Aquí se observa con claridad el contraste entre la prensa nacionalista, oscilante entre promover candidatos propios aunque sin dejar de mirar al peronismo, como es el caso de Azul y Blanco, con Mario Amadeo –ex canciller de Lonardi y quien, como recordara un célebre afiche, quien “dio la mano” de Perón cuando este paso a la cañonera paraguaya–, Mayoría, que protagoniza el deseo y la frustración de la participación “neoperonista” –la promoción de Bramuglia y en la última hora, de Leloir fue muy significativa en sus páginas–, y las de la prensa peronista “ortodoxa”, compuesta esencialmente por Línea Dura, que se inclinaría por “el pacto” luego de sostener la intransigencia, y Norte, explícito negador de las expectativas participacionistas y denunciador de la prédica de Mayoría[11].

Como hemos ya hemos visto, la opción y el triunfo de la fórmula apoyada por el peronismo que había permitido al presidente derrocado revalidar sus títulos contra toda alternativa al interior del movimiento peronista fue un hecho que Mayoría había comenzado a abonar en el mes previo a la elección presidencial. Coincidentes en la coyuntura con Perón al punto de editar un numero de emergencia cuando se conoció la “orden” de votar por Frondizi, preservaron distancia durante la época en que se evidenciaban participes de la “integración” frigerista pero no dejaron de estar atentos, nunca, a todo lo que acontecía en un peronismo al que a su manera habían intentado participar y al que, en la estela nacionalista soñaban secretamente con conquistar.

Perón, en la prolongación de una situación que, sabemos, duraría aun muchos años, jugaba sus cartas aceptando que las “viejas jerarquías” debían ocupar un lugar significativo en la conducción de un movimiento que no podía renegar de su liderazgo pero que, tanto en lo que se refería al sector sindical, como a la rama política, no era insensible a la negociación con el estado y a las posibilidades de lograr cierto grado de participación electoral, una dinámica, por cierto, compleja (Melon Pirro, 2017).

Mayoría, impotente quizá ante el “caos” que imperaba en un movimiento proscripto, pero expectante de legalización publicó en noviembre de 1958 un significativo comentario. El Consejo Coordinador acababa de limitar el poder de Cooke y, de paso, de cercenar el ingreso de los dirigentes de las “62”, considerados demasiado “blandos” con el gobierno frondicista. Para entonces, a diferencia de lo que ocurriera con la cobertura del Congreso Normalizador de la CGT, el tenor informativo cedía de entrada a la edición de una noticia en la que se traducía una frustración. La nota se refería a las “actitudes de los peronistas” vinculadas a los continuos cambios de mando. Según ella, “cuando se encuentran cuatro o más peronistas, la lealtad al líder se traduce en un unánime ¡La vida por Perón!, expresado con fiera determinación; cuando los peronistas reunidos llegan sólo a tres, se pondera con cierto entusiasmo ‘la genialidad’ de Perón; cuando hablan dos peronistas, sin testigos, el tema apasionante es la crítica a la conducción de Perón”. La revista considera que el cuento, que presenta como “recogido en el riñón mismo de la ortodoxia peronista”, vale por todo un tratado sobre la evolución y estado actual del peronismo y viene a ratificar el acierto de una definición que del expresidente habría hecho, tiempo atrás, una de las más altas jerarquías partidarias: ‘Perón es el hombre más impopular entre los dirigentes peronistas” (Mayoría, 82, 6-11-1958: 20). Que no existiera dicho espacio de maniobra o, mejor dicho, que la historia haya negado tal posibilidad, no quiere decir que los actores en liza no hayan creído en la chance de que el espacio de la legalidad se ampliara. Con el oído puesto en el peronismo, pero por un buen tiempo apostando a su moderación y, de hecho, acompañando al gobierno de Frondizi en iniciativas sustantivas como la batalla que prometía lograr, merced a la inversión extranjera, el autoabastecimiento de petróleo o la enseñanza libre, más afín por cierto a la tradición nacionalista, Mayoría siguió siendo un actor y un punto de observación de primer orden.

El “oído” del que hablamos procuraba afinarse respecto de las jerarquías del peronismo. Es así que Mayoría devino, para los contemporáneos, en un canal de información privilegiado que, además, gozaba de mejor circulación que la prensa peronista propiamente dicha, del mismo modo que significa, para el historiador, una reserva de importante información. El oído, o el ojo, del medio se detuvo en la posición de John William Cooke con posterioridad a la asunción de Frondizi.

Sabemos que para junio de 1958, Cooke estaba siendo mellado, al menos, por dos hechos, entre los muchos que cruzaban su figura de único representante de Perón, desde diciembre de 1957 acompañada por un Comando Táctico representativo de las ramas y sectores del peronismo territorial y que pronto vería licuado su poder en el peronismo y frente a Perón. Habiendo sido artífice principal y constructor del Pacto, comenzó a ser visualizado como un político que ponía más paciencia que presión a la hora de controlar su cumplimiento por parte del gobierno, un argumento por cierto muy antipático a su jefe. Además, estaba el problema de las inquietudes que generaba la organización de un partido, algo que, en la perspectiva de una legalización, incrementaba las aprensiones y celos internos y que había eclosionado en una fuerte protesta de las mujeres del movimiento, susceptibles ante el rol protagónico que estaba ejerciendo Alicia Eguren, la compañera de Cooke, en la reorganización del partido femenino (Melon Pirro y Pulfer, 2019a).

Entre muchos otros intercambios (algunos de antología sobre cómo lidiar con ese maremágnum de expectativas), Perón le recomendó medirse respecto de los tiempos y las formas de tal reorganización partidaria y circunscribirse en su lugar a una “dirección estratégica” que sólo el mismo –y por cierto que en limitada y delicada medida– estaba en condición de ejercer[12]. Para la misma fecha, Cooke todavía era públicamente considerado por Mayoría como “el lugarteniente del general Perón” y el único además de este último en condiciones de hablar oficialmente por el movimiento proscripto (Mayoría, 63, 23-6-1958: 18-24).

En su respuesta, Cooke hacía referencia al surgimiento de un grupo integrado por “los mejores dirigentes, los más revolucionarios, capacitados y ágiles”. No de otro modo, decía a Perón, podrían cumplirse sus planteos estratégicos, y no vacilaba en rematar que, de esa manera, “cuando Ud. haya muerto, su supervivencia no será puramente emocional” (Cooke a Perón, 25-6-1958, en Perón y Cooke, 2008:  74-81).

En los días en que Jefe y representante intercambiaban estos conceptos y en el que Perón arremetía contra su delegado por lo que consideraba incumplimientos de parte de Cooke –no haber reclamado por su situación, por el cadáver de Eva Perón y por la carestía de la vida– el 23 de junio de 1958 el periodista Osiris Troiani publicó en las páginas de Mayoría, ya encaminado a apoyar al gobierno de Frondizi, el que probablemente sea el reportaje más extenso que se le hiciera a Cooke. La nota tenía un atractivo título: “Cuerpo a cuerpo con John William Cooke” y era promocionada en tapa con una foto del entrevistado sentado junto al general Perón, y en páginas interiores, con imágenes tomadas en el lugar de la entrevista, la costa uruguaya a la altura de Montevideo. Acompañado de Alicia Eguren y de su secretario Santiago Sarrabayrouse, Cooke respondió al enviado de Mayoría –un prestigioso periodista que se había destacado en Qué– en tres series de preguntas. La primera se titulaba “reportaje para los ‘gorilas’”; la segunda, “reportaje para los peronistas”, y la tercera, significativamente, “el retorno a la línea nacional”. Allí manifestó su renuencia a aceptar un estatuto de los Partidos Políticos que inhibiera a aquellos que tienen nombres personales, declaró que era el Comando Superior (Perón) quien decidiría la concurrencia a elecciones y que el Comando Táctico dirigiría la reorganización partidaria “de acuerdo con las directivas que emita el Comando Superior”. Cooke afirmó que debía asegurarse que la masa se exprese libre y democráticamente, de modo que los cuadros que surjan sean la cabal expresión del movimiento”, pero preguntado al respecto no admitió la posibilidad de reconocer a sectores internos “que siempre se transforman… en conglomerados de intereses aparceros”. Si la idea que tenía Cooke del futuro partido era la de una organización centralista, respondió durante la segunda parte de la entrevista a las críticas formuladas por quienes lo acusaban de estar digitando autoridades: “Ahora no existía otro sistema posible que la designación de un Comando Táctico nacional y de los comandos provinciales, que están en formación. Son organismos que representan al Comando Superior, presidido por el General Perón y cuya autoridad nadie discute…”. Eludió pronunciarse sobre una eventual amnistía para Leloir o Saadi, y sobre la posibilidad de que se inscribieran en el nuevo partido el coronel Mercante o el padre Benítez. Negó conocer una demanda de parte de las organizaciones obreras en el sentido de ocupar el 70 % de las representaciones partidarias, pero aseguró que “los obreros tendrán un papel fundamental en la dirección del peronismo”. En la última parte fue preguntado desde un lugar que expresa la posición del periodista: “¿Aceptaría el peronismo un proceso de integración nacional que no signifique su absorción por el frondicismo?”, algo que fue respondido desde el punto de vista de que “el movimiento peronista es, de por sí, un frente nacional y popular”. La entrevista realizada en la playa de Pocitos fue ilustrada con una serie de fotos en las que invariablemente aparece Alicia Eguren, a quien el periodista encontró “todavía algo sectaria”. Que Cooke consideraba a la entrevista como un verdadero documento político lo expresa el hecho de que se hayan rubricado dos copias de su trascripción, previa a su publicación, y que Mayoría haya tenido la nota habla, sobre todo, del lugar reconocido y de la circulación de este semanario (Mayoría, 63, 23-6-1958).

A todo esto, la nota es, más que por su contenido por donde se publica y por quien lo entrevista, un documento de la difícil posición de Cooke, que en ese momento comenzaba a experimentar su desplazamiento de la centralidad de las decisiones del movimiento peronista (Melon Pirro y Pulfer, 2018).

En el correr del año 1958, si uno de los principales puntos de observación de Mayoría era el peronismo y su forma de intervenir en la realidad nacional, específicamente estaba volcada en la confianza en lo que se imprimía y publicaba, no dejaba de estar atenta a los medios que expresaban más genuina, aunque también más efímeramente –por obra de la censura, pero también de los cambios en las direcciones– al movimiento proscripto.

En la lectura de Mayoría, “el ala derecha del peronismo” contaba con dos semanarios, Norte y Voz Peronista, “que serían los primeros de una cadena de publicaciones todas ellas ordenadas en apoyo de los hombres que integran el Consejo Coordinador, en cuya constitución se afirma que Alberto Campos, director de Norte, influyó decisivamente”[13]. En cuanto a Voz peronista, destaca el medio, “ha sido colocado bajo la dirección del campeón de natación Antonio Abertondo” pero se estima que como en Norte es figura principal el conocido periodista José Gobello”[14].

En la misma lectura, la pérdida de influencia de lo que denominaba el “ala centrista” del peronismo, que había sido interpretada o representada por la Delegación Nacional y expresado por Línea Dura, dirigido por María Granata, algo que se manifestaba en la renuncia a la condición de “órgano oficial del movimiento”, decisión tomada “en virtud de dicho cambio en los comandos partidarios” (Mayoría, 80, 23-10-1958).

Las ediciones que siguen a la citada van mostrando de qué manera el peronismo enfila a la oposición a Frondizi, tras una tregua prolongada de seis meses. En el número 81 comienza con una serie de notas: Cambio de mandos y de actitudes en el peronismo.

Como hemos dicho, ya para este momento, la orientación de Mayoría era la de creciente simpatía con el gobierno de Frondizi. De este modo, el enfrentamiento por el “no cumplimiento” del pacto, y temas delicados como la cuestión de la política favorable a la explotación del petróleo mediante inversiones extranjeras –estos últimos, habituales revulsivos para la prensa nacionalista– los contaron del lado de quienes “racionalmente” esperaron moderación y paciencia de parte del peronismo y de quienes entendían las ventajas del autoabastecimiento de hidrocarburos. Esto los sigue alejando de la “intransigencia” peronista y, particularmente, de los nuevos delegados y organismos designados por Perón para actuar en el país.

La actitud de las autoridades del Consejo Coordinador y Supervisor –el organismo colegiado cuya función, recordemos, reemplazo el rol de Cooke– había sido desde el comienzo la de repudiar los convenios, una forma más de diferenciarse de la anterior Delegación a la que se le endilgaba ineficiencia en relación al cumplimiento de algunos de los términos de lo acordado, tales como la no devolución de la personería al partido peronista y lo que se consideraban dilaciones en el proceso de reestructuración gremial.

Sin embargo, desencadenada la huelga en Mendoza y, luego de que se conociera la renuencia de los sindicalistas a extender el conflicto, el organismo vaciló en manifestar su apoyo a la medida de fuerza, lo que motivó la iniciativa de Perón tendiente a influir, a la vez, sobre el Consejo y sobre los representantes sindicales peronistas. Al semanario no se le escapó dicha circunstancia y la consignó bajo la forma de especie no confirmada: según se afirmó, “se hizo correr entre los delegados peronistas del gremio petrolero la versión de un supuesto telegrama del expresidente ordenando plegarse a la huelga” (Mayoría, 83, 13-11-1958: 5). La implantación del estado de sitio por parte del gobierno fue, entonces, tanto una respuesta dirigida a controlar la extensión del conflicto gremial, como una operación sobre el peronismo en su conjunto.

De momento la cabeza visible del Consejo Coordinador y Supervisor del peronismo, Albrieu eludió un viaje de Manuel Campos, director de Norte devenido a su vez en interlocutor de Perón y remitió por correo a Ciudad Trujillo una carta en la que, a juzgar por la respuesta que se conoce, manifestaba su desconfianza y renuencia a trabajar con los sindicalistas peronistas, así como las dificultades para intervenir en la compleja situación que atravesaba el peronismo en la capital, tras la disolución del Comando Táctico en favor del Consejo Coordinador.

El expresidente, autor del movimiento que mediante la creación de dicho Consejo había desplazado a Cooke y advertido a los sindicalistas al punto de no concederles representación en el nuevo organismo, le contestó en un tono menos paternal del que utilizara en su extensa correspondencia con el más joven y efusivo delegado, pero proponiendo, en definitiva, una nueva corrección al rumbo que Albrieu, valga la falsa redundancia, había venido a rectificar. Aceptando el argumento de que “la preponderancia sindical nos llevaría a un partido clasista, evidentemente inadecuado en las actuales circunstancias” prevenía asimismo en el sentido de que “la intolerancia de la dirección política podría ocasionarnos el alejamiento de los dirigentes gremiales”, sobre todo en un momento en que el movimiento obrero parecía estar en trance de capitalizar un poder de negociación autónomo frente a un gobierno que cortejaba a la misma dirigencia (Melon Pirro, 2017).

Tiempo después, se habían registrado numerosas detenciones de dirigentes políticos en ocasión de la celebración del 17 de octubre y posteriormente a la instauración del estado de sitio, circunstancia que contrastaba con la tranquilidad relativa de que habían gozado los dirigentes gremiales, lo que no había pasado inadvertido para un semanario que por entonces operaba a favor del gobierno. El 13 de noviembre Mayoría había titulado “Frondizi acepta el desafío de Perón”, interrogándose sobre “el volumen aproximado del total peronista que estará dispuesto a seguir tras las consignas opositoras de Perón, con todos los riesgos y sinsabores que ello presupone y qué parte preferirá ganar su lugar bajo el sol del nuevo régimen, que con seguridad tratará a su vez de ofrecer las mejores condiciones posibles a los peronistas que estén dispuestos a optar por la legalidad” (Mayoría, 83, 13-11-1958: 5).

Podemos observar que si la ambigüedad y la contradicción, incluso coyunturalmente la moderación, eran la actitud del CCyS y del mismo expresidente, la actitud de Mayoría era en términos políticos parecida a la que había tenido en 1957-1958 cuando había alentado un peronismo sin Perón, y ahora, colocado en una situación de simpatía para con el gobierno, la de empujar a la separación del sindicalismo peronista con la conducción desde el exilio.

Que la actitud del medio era considerada por éste, basta citar los consejos que poco después enuncia Perón, quien lejos de plantear y obligar a un conflicto riesgoso al sindicalismo –como había difundido el semanario de Jacovella–, respondía condicionado y en los términos más pragmáticos: “Para que los comentarios de Mayoría dejen de tener realidad, debemos actuar en estrecha unión con los dirigentes sindicales de ‘las 62’ y la ‘CGT Auténtica’, evitando por todos los medios la posibilidad de una separación… No se preocupe Usted porque le pidan a Frondizi una u otra cosa. En cambio, preocúpese que antes de hacerlo hayan acordado con ustedes en el Consejo la conducta a seguir”. A efectos de responder a la ecuación de fuerzas el exiliado modificó incluso la táctica inicial, consistente en excluir del organismo a la representación gremial con el argumento de que el sindicalismo tenía las propias. Llamó pues a “absorber a la representación gremial dentro del Consejo con la presencia de algunos de sus delegados” y advirtió: “No se equivoquen, su representación ha de ser la indicada por las organizaciones (‘62’ y ‘CGT Auténtica’) y no las que el Consejo desee”. En un estilo parecido al que más de una vez utilizara con Cooke, aconsejó: “El que manda no debe jamás pretender hacer todo lo que quiere, sino conformarse con hacer la mitad de su voluntad, para que los demás hagan la mitad de la suya, siempre que se tenga la habilidad de elegir, en el cincuenta por ciento que le corresponde, las cosas fundamentales” (Perón a Albrieu, 10-12-1958).

Perón jugaba sus cartas aceptando que las “viejas jerarquías” debían ocupar un lugar significativo en la conducción de un movimiento que no podía renegar de su liderazgo pero que, tanto en lo que se refería al sector sindical, como a la rama política, no era insensible a la negociación con el estado y a las posibilidades de lograr cierto grado de participación electoral.

Ante la toma del frigorífico “Lisandro de la Torre” Mayoría afirma que “su ocupación por los obreros sirvió de pretexto para atacar a la vez al gobierno y a la línea sindicalista nacional” (Mayoría, 93, 29-1-1959).

Mayoría, una fuente de primer orden para reconstruir todo lo que ocurría en el peronismo y en el mundo sindical, no lograba ocultar, no ya su desiderátum con respecto al “deber ser” político, sino sus convicciones ideológicas respecto del “deber ser” del movimiento obrero, refiriéndose a la dimensión política y al Congreso de la CGT, por ejemplo.

Esta especie de –salvadas las distancias– “juramento del juego de pelota”, que para el sindicalismo significó el Congreso Normalizador de la CGT y que para el peronismo derivó en la constitución de una organización, “Las 62”, que terminó resolviéndose luego en una forma de presentación pública del sindicalismo peronista, fue celebrado y acompañado en lo que de meritorio tenía el triunfo de los dirigentes “nacionales” frente a los “amarillos”, pero obviaba a los “rojos”, término que encomillamos nosotros pero que no aparece en la revista.

En lo político, y en particular, en lo que se refiere a la primera salida electoral de la “Revolución Libertadora”, la cobertura era amplia, o al menos, abundante, y en lo que hacía al peronismo estuvo decididamente encaminada a reconocer o promover la participación de quienes enfrentaban la voluntad de los “saboteadores” o “abstencionistas” y su capacidad de imponerles la necesidad de plegarse, aunque con desgano, a la tendencia participacionista.

Aquí hemos enfatizado la participación, y por lo tanto el punto de observación, de la revista, pero sí de historia se trata resulta mucho más pertinente contextualizar, en ocasión de la disputa entre “concurrencia” o “abstención” la ausencia de verdaderos incentivos para la participación de los peronistas, toda vez que estos seguían ocupando una posición marginal e ilegal, –y pocos podrían confiar en una buena performance electoral como la clave de salida de dicha situación cuando desconfiaban de que alguien estuviese realmente dispuesto a respetar los resultados de los comicios.

Hay que tener en cuenta que, pese a la amnistía que había redundado en la liberación de muchos de los detenidos políticos de origen peronista, como era el caso de Alejandro Leloir, quedaba en pie el problema de las inhabilitaciones dispuestas en 1956, que prohibían postularse para acceder a candidaturas públicas o partidarias a las personas que se hubieran desempeñado en cargos políticos de cualquier tipo y nivel y partidarios “hasta la jerarquía de Secretario General de Unidad Básica” (Decreto-Ley 4258/56). Aunque el Decreto-ley 4258, vigente desde 1956, prohibía no sólo desempeñarse como dirigentes a quienes de hecho lo habían sido de partidos formalmente disueltos, hubo quienes se preocuparon en superar el cedazo, pero también quienes, no menos atentos, lo ponían en práctica más allá de la letra de la legislación emanada del gobierno de facto.

No se trataba por lo demás desde Mayoría, como hemos visto, de mera “manipulación” informativa sino de una apuesta que, como otras de la época, se hacía en un escenario indeterminado y sobre la base de información muchas veces endeble.

El anuncio que hizo, avanzado diciembre de 1957, en el sentido de casi asegurar la concurrencia a elecciones de “la fuerza mayoritaria”, la reaparición de figuras de renombre en el semanario y hasta la relativa confianza en que dicha instancia podría convencer aun a los remisos y hasta doblegar al mismo Perón contradice menos a aquel presente que a la historia.

Queremos decir, podía circular como buena moneda entre los contemporáneos, aunque nosotros sepamos, hoy, que la oposición de los “duros” de las fuerzas armadas escamoteó la posibilidad del premio esperado, esto es, la posibilidad concreta de que en el caso de que la justicia lo permitiese, los árbitros del incipiente juego político tolerasen, sino una victoria presidencial, la participación peronista en el gobierno de la nación o de las provincias más importantes.

La frustración del desiderátum de los participacionistas y de la línea editorial de Mayoría. Réquiem mediante, dio paso a una actitud de apoyo al gobierno elegido en febrero y aquí, nuevamente, los caminos del medio y del peronismo volvieron a tocarse.

Las decisiones de Perón resultaron, a contrapelo de lo que presuponía Mayoría, como sabemos determinantes, y tomadas –hablamos de “El Pacto”– contrariando el sentimiento de buena parte de sus bases. En lo que se refería a su vocación de lanzar al sindicalismo a la confrontación con Frondizi, como hemos visto, también independientemente de su voluntad y en nuevo contraste con el guante que se apresuraba a recoger el semanario, prevalecía el pragmatismo y el reconocimiento de la complejidad de la situación del que era entonces, y por muchos años sería, el sector más organizado del peronismo proscripto.

Todavía habría tiempo para un nuevo alejamiento del gobierno, y aun de un nuevo acercamiento al peronismo. Fue allí cuando, en el momento postrero de la publicación, dieron prensa y hasta tácita propaganda al movimiento “uturunco”, algo que aparentaba ser una guerrilla rural peronista, en la argentina postperonista.

 

Motivos peronistas en Mayoría

Múltiples son los motivos que se originan en el despliegue de la vida del peronismo de esa época que serán apropiados y resignificados por la prensa nacionalista. No hablamos aquí sólo de Mayoría, sino que incluimos a Azul y Blanco, Palabra Argentina y Revolución Nacional. Por su presencia en el mercado, Mayoría es una de las que actúa como mecanismo de amplificación y difusión de esos motivos llegando a una significativa repercusión.

El efecto de construcción de identidad o alimentación de la “estructura de sentimientos” del peronismo es una tarea pendiente para los historiadores. Lo cierto es que la instalación de estas temáticas en el discurso y la práctica de diversos actores, así como el uso de imágenes y textos que por primera vez se utilizan en este medio le dan una ubicación privilegiada en el dispositivo de difusión de estas cuestiones en el imaginario político peronista en particular y en el argentino en general.

En lo que sigue intentaremos dar cuenta de esos movimientos y, aunque sea de manera somera, nos referiremos al tratamiento de los fusilamientos de junio de 1956, la reivindicación de la libertad de los presos políticos y gremiales y los reclamos por la libertad de prensa que incluye la impugnación del decreto 4161.

 

Los fusilamientos

La reivindicación de la causa de junio de 1956 en cuanto a los contenidos de la proclama que se empeñan en vincular a la herencia lonardista, por una parte, y por otra la recuperación como héroes de los fusilados serán prédica constante de Mayoría al acercarse las fechas de recordación.

Esa línea de apropiación se verá reforzada por el conjunto de artículos que despliega el escritor de origen nacionalista Rodolfo H. Walsh. En el número 8 del 27 de mayo de 1957 comienza la serie de notas de la “operación masacre” escritas por Walsh y publicitadas con el mayor relieve por Mayoría. En tapa colocan: “Empieza en esta edición la operación masacre. Historia vívida y completa de las víctimas inocentes de la matanza de José León Suárez y de los que salvaron milagrosamente su vida” (Mayoría, 8, 27-5-1957: 8-11). Dicha serie continúa hasta el número 15 del 15 de julio del mismo año y tendrá dos apéndices en los números 17 del 31 de julio y 39 del 30 de diciembre de 1957.

 

 

Junto a ello, en el número 9 del 3 de junio, en la proximidad del primer aniversario de su fusilamiento aparece en tapa Juan José Valle y al interior una nota con fotos de las víctimas y de sus familias, reproduciéndose incluso la proclama completa del levantamiento de junio de 1956 (Mayoría, 9, 3-6-1957).

El destaque en tapa es también en esta oportunidad, contundente e inequívoco: “Se abre ante la historia el proceso por la cruel y ciega represión de junio de 1956”. Quizá se trate, además, de la primera reproducción en la prensa masiva del texto de la proclama cuya autoría, por razones obvias eligen no develar[15]. En consonancia con esto, el editorial del director se titula, sin ambages, “Homenaje a los caídos en junio” y expresa en contornos nítidos la cesura más reciente y dramática de la historia nacional. “Los asesinatos de junio dejaron al país en suspenso, helado de terror, casi insensibilizado. Ahora logra el pueblo salir de su estupor y de su enajenamiento. Ahora se recupera y vuelve en sí. Al reencontrarse consigo mismo y con la trágica realidad, lo incitamos, no a estériles venganzas, no a miserables desquites, ni siquiera a odiar a los asesinos, sino a contemplar con grandeza de alma el insigne ejemplo de renunciamientos de sus paladines sacrificados. Mire el pueblo al futuro, no al pasado. Sólo así el gran dolor de la Argentina en estos dos últimos años ensangrentados podrá convertirse en el alumbramiento de una nueva era de paz, en que todos podamos gozar de una patria justa, libre y soberana” (Mayoría, 9, 3-6-1957: 3). En nota interior incluyen fotos de las víctimas y de sus familiares –esposa e hijos pequeños– otorgando mayor dramaticidad a la narración. La reproducción de fotos del líder del levantamiento, Juan J. Valle, a través de este medio contribuyen a instalarlo en el imaginario político local y serán las que se utilizarán en lo sucesivo para dar cuenta de los luctuosos hechos.

En la entrega siguiente, junto con las notas de Walsh, agregan un detalle sobre la trayectoria de Oscar Cogorno. Una vez más aparecen imágenes de familiares y las del militar en vida destacando el trato caballeresco dado a los prisioneros después de la toma del Siete de Infantería en La Plata y contrastándolo con su trágico fusilamiento. En recuadro detallan que su casa fue allanada después del fusilamiento sin encontrar a la familia que, puesta en aviso, huyó de la vivienda (Mayoría, 10, 10-6-1957: 14-15). Completan esta saga con la inclusión en contratapa de los versos de Gobello llamados “El Presidente duerme” en esa misma entrega y los de Helvio “Poroto” Botana titulados “Oración por los fusilados de junio. El polichinela y las llagas de Cristo”.

Además de estas notas dan cuenta de la “marcha del silencio” organizada por el semanario Palabra Argentina, de Alejandro Olmos: “Gases, cargas de caballería y civiles armados fue la respuesta policial al homenaje. El veto oficial tornó ruidosa ‘la marcha del silencio’” (Mayoría, 11, 17-6-1957: 15).

Recordemos que el primer semanario que publicó información sobre la indagación efectuada por Walsh fue el órgano para-comunista Propósitos, dirigido por Leónidas Barletta. Luego comenzó a publicar una serie de entregas el semanario orientado por Cerrutti Costa llamado Revolución Nacional, en una campaña de prensa que comenzó el 23 de diciembre de 1956 y que culminó a fines de marzo de 1957 (Pulfer y Melon Pirro, 2019a).

Walsh, se veía limitado por la publicación y no estaba conforme con las salidas. Por esa razón se acercó, a principios de mayo, a Bruno Jacovella, el subdirector del semanario Mayoría, a quien conocía desde hacía tiempo: había sido jurado del Premio otorgado a Walsh en el año 1953 y realizado alguna colaboración menor para la Revista Esto Es.

Mayoría publicaría un reportaje a Walsh tiempo después. La presentación, realizada por Juan Bautista Brun, buscaba darle un aire azaroso al relato de los acontecimientos que habían llevado a la colaboración que ahora tomaba estado público: “A mediados de 1957, una persona [Bruno Jacovella] recibió un llamado telefónico de un colega de letras: ‘Rodolfo quiere hablarlo por algo muy importante’. Este Rodolfo había publicado unos cuatro o cinco años antes un libro de cuentos policiales, Variaciones en rojo, y esa persona, no obstante, el poco crédito que asignaba al género policial, no tuvo más remedio que rendirse a la singular calidad literaria del libro y votar en favor de él para uno de los premios de literatura de la Municipalidad de Buenos Aires. Al día siguiente apareció Rodolfo. De estatura más bien baja, delgado, pálido, huidizo, Walsh habla en voz baja y ríe con risa breve. Bajo el brazo trae un grueso paquete. ‘Traigo algo que puede ser interesante. Sé que usted tiene vinculaciones estrechas con el director de Mayoría y quiero ofrecerle esto’. ‘Esto’ era una serie de artículos, con algunas fotografías, bajo el rótulo común de Operación Masacre. El ex jurado se quedó absorto. ‘Dígale al director –prosiguió Walsh– que ésta es la verdadera historia del caso Livraga’. Algo había leído el ex jurado acerca de un hombre joven de ese apellido que se presentó a un juez en La Plata diciendo que había escapado a un fusilamiento en la noche del 9 al 10 de junio. Pero ignoraba los detalles. Naturalmente, todo el mundo los ignoraba, excepto Livraga, algunas otras pocas personas –unas diez o doce, todas mudas como las piedras– y Walsh. La gran prensa informativa no creyó oportuno informar sobre el hecho” (Mayoría, 8, 27-5-1957: 8).

En ese momento es difícil creer que Tulio Jacovella, el director de la revista, pudiera dimensionar lo que estaba creando Walsh con sus escritos en el ámbito de la literatura. Lo que le interesaba era la denuncia al gobierno militar con el que estaba litigando en varios planos. También debía saber, por conocimiento directo de Cerrutti Costa, de la audacia de Walsh y de los riesgos que debía asumir al publicar materiales que lo exponían a la persecución oficial a través de la aplicación del Decreto ley 4.161.

Al momento de anunciar la serie de colaboraciones la revista lo haría lo hiciera con gran expectativa periodística: “El autor del largo relato que empezamos a publicar en este número, y que se prolongará durante varios más, explica en la introducción cómo concibió la idea, mejor dicho, cómo sintió la necesidad de investigar, primero, los hechos considerados por el caso Livraga, y de publicar, después, el resultado de sus investigaciones. Lo primero pudo hacerlo; a pesar de todo, la policía no logró impedirlo. Lo segundo no. El libro, producto de sus investigaciones, no encontró quién lo editara. Y así lo subtituló Un libro que no encuentra editor. El lector se preguntará: ¿es serio lo que aquí se dice? Eso equivale a preguntar: ¿es serio el autor? Y, ¿son ciertos los hechos que se narran? En cuanto al autor, Rodolfo J. Walsh está considerado unánimemente uno de los mejores escritores de relatos policiales en nuestra lengua. Su libro Variaciones en rojo, editado en Buenos Aires por Hachette, obtuvo el Premio de Literatura de la Municipalidad de Buenos Aires en 1953. […] ¿Son ciertos los hechos que se narran?, juzgue el lector mismo a través de la irrebatible prueba anexa al relato. Por nuestra parte, tan pocas dudas nos caben, que nos aventuramos a consignar un formal vaticinio: al término de esta publicación, si antes no ocurren hechos muy graves, más de un alto personaje del actual elenco gubernativo tendrá que rendir cuentas de sus actos en la noche del 9 al 10 de junio de 1956 tras las rejas de la cárcel. Lo decimos pesando muy bien nuestra responsabilidad de periodistas libres” (Mayoría, 8, 27-5-1957: 8).

Mayoría le iba dando creciente importancia al tema, lo que se refleja en las tapas. Instaba a sus lectores a insertarse en “la magia irresistible de la pluma que, en cinematográfico ritmo, va presentando unos y otras” (Mayoría, 9, 3-6-1957: 9). De esa manera las denuncias de Walsh aparecieron por entregas en la revista Mayoría, desde el 27 de mayo17 hasta el 15 de julio, y luego se publicaría un obligado apéndice el 31 del mismo mes, como respuesta a declaraciones del jefe de policía Fernández Suárez.

Con respecto a los efectos de la denuncia, aparecen diferentes registros. Según Díaz (2017: 25), los lectores habituales de Mayoría no parecen haberse conmovido demasiado con los relatos, aun cuando se trataba de una revista que apuntaba a un público cercano al peronismo. Lo atribuye al hecho de que por esos días la sociedad estaba concentrada en la elección de Constituyentes, a realizarse el 28 de julio. Distinto era lo que pasaba con las autoridades y las familias e involucrados en los hechos. El gobierno dictatorial arbitraría todo género de políticas comunicacionales negativas para contrarrestar semejante denuncia, entre las cuales sobresalió el aumento desmedido del precio del papel prensa, que obligó al medio a comprarlo en el “mercado negro” a mayor precio, y una de cuyas consecuencias directas fue la disminución del número de páginas que, no por casualidad, ocurrió en ocasión de iniciarse la publicación de “Operación Masacre. Un libro que no encuentra editor”.

En la segunda entrega el semanario deberá insertar un recuadro a pedido de Walsh para efectuar rectificaciones: “El autor de Operación Masacre aclara que en la nota publicada del 27 de mayo se ha introducido un agregado al texto original. Dicho agregado –fruto probable de una “corrección de estilo”– hace aparecer a los “directores” de semanarios políticos como rechazando la crónica del caso Livraga. Salvo en una oportunidad, el autor no se comunicó con los directores de periódicos, sino con personas allegadas a los mismos. Ante una consulta concreta, se complace en destacar que no aludió a Azul y Blanco, que por lo menos en dos oportunidades se ocupó del caso, ni tampoco a Resistencia Popular, que lo trató con informaciones propias. Además, donde decía “tampoco soy un partidario de la Revolución Libertadora”, debe leerse “Tampoco soy ya partidario”, etcétera. Por último, se omitió la siguiente línea: “Y entre tanto, el responsable de esta masacre sigue en su puesto” (Mayoría, 9, 3-6-1957: 15).

Se aprecia con total claridad cómo el autor seguía con sumo interés la publicación de su investigación y como sostiene su doble condición: periodista y antiperonista, que por otra parte había quedado muy bien explicitado en la introducción del 27 de mayo. Allí decía en un largo párrafo: “La mayoría de los periodistas y escritores llegamos, en la última década, a considerar al peronismo como un enemigo personal. Y con sobrada razón. Pero algo tendríamos que haber advertido: no se puede vencer a un enemigo sin antes comprenderlo. Más que nada temo el momento en que humillados y ofendidos empiecen a tener razón. Razón doctrinaria, amén de la razón sentimental o humana que ya les asiste, y que en último término es la base de aquélla. Y ese momento está próximo y llegará fatalmente, si se insiste en la desatinada política de revancha que se ha dirigido sobre todo contra los sectores obreros. La represión del peronismo, tal como ha sido encarada, no hace más que justificarlo a posteriori. Y esto no solo es lamentable: es idiota” (Mayoría, 8, 27-5-1957: 8).

En ese marco aparece un comunicado que el sindicato de periodistas hace llegar al semanario, dejando de lado el antiperonismo inicial de Walsh y rescatando su indispensable labor profesional. En un recuadro titulado “Felicitaciones del gremio periodístico” se lee “La asamblea general extraordinaria del sindicato argentino de prensa, realizada el viernes 7 de junio, resolvió a propuesta de uno de los afiliados, apoyar inmediatamente por varios asambleístas lo siguiente: 1- Condenar el alevoso asesinato perpetrado en las sombras y por la espalda, de trabajadores argentinos, crimen cometido por la oligarquía contra el pueblo los días 9 y 10 de junio de 1956. 2- Enviar un mensaje de felicitación al escritor y periodista Rodolfo J. Walsh por haber salvado la integridad y ética del gremio, arriesgando su vida, para denunciar esos repudiables crímenes. Esta resolución fue tomada por aclamación y unanimidad por todos los asambleístas” (Mayoría, 12, 24-6-1957: 17).

En la séptima entrega, Walsh denuncia: “Retomando el hilo de la narración, en el número anterior enumeramos las probanzas que al 20 de enero de 1957 tenía ante sí el juez Dr. Belisario Hueyo y en virtud de las cuales estaba a punto de decretar el procesamiento del jefe de policía de la provincia de Buenos Aires, cuando el expediente, en forma sorpresiva, fue solicitado con la máxima urgencia por un tribunal militar” (Mayoría, 14, 8-7-1957: 17).

En la última entrega, Walsh analiza las discusiones que se desarrollan en la Junta consultiva de la provincia y demuestra, una vez más, que no se quiere encarcelar a Fernández Suárez, aunque sobren las evidencias. Asimismo, ofrece una lapidaria observación: “A esta altura de la historia argentina, solamente los ciegos, los hipócritas o los que tienen intereses políticos inmediatos pretenden ignorar que cada una de las tres fuerzas armadas del país es un Estado dentro del Estado”, acusando sin cortapisas que los fusilamientos fueron ni más ni menos que la aplicación de la violencia de arriba, en otros términos: terrorismo de Estado; para culminar manifestando en el “Epílogo Provisional” que “siempre habrá en germen nuevos levantamientos, y nuevas olas de insensata revancha –aunque luego tengan sentido contrario–, mientras se mantengan al frente de los organismos represivos del Estado hombres como el actual jefe de Policía de la provincia de Buenos Aires, teniente coronel Desiderio Fernández Suárez” (Mayoría, 15, 15-7-1957: 17-18).

 

 

Más tarde deberá agregar dos “obligados apéndices”. El primero sale publicado el 31 de julio (Mayoría, 17, 31-7-1957). El segundo se anexa a la entrega correspondiente al 30 de diciembre de 1957 (Mayoría, 39, 30-12-1957: 8-9). La recuperación de la temática continúa aun cuando las notas de Walsh sobre este tema habían concluido. Así en el segundo aniversario del levantamiento de Valle publican esta tapa (Mayoría, 61, 9-6-1958):

 

 

En la entrega siguiente mantienen el tema en la tapa y lo refieren al “homenaje popular a los fusilados” y en nota extensa interior titulan “se recordó a las víctimas de la Libertadura” (Mayoría, 62, 16-6-1958: 16-18). Poco después realizan la cobertura del homenaje realizado en Mendoza a los fusilados (Mayoría, 63, 23-6-1958: 25).

Al asumir Frondizi difunden las denuncias del teniente general Ángel Solari ante el Congreso por los fusilamientos de junio de 1956 anunciándolas en tapa (Mayoría, 56, 5-5-1958) y presentan síntesis de actuación del novel Instituto Histórico General Juan José Valle (Mayoría, 59, 26-5-1958: 14). Para el aniversario del año 1959 continúan convocando a actos y ceremonias recordatorias (Mayoría, 111, 4-6-1958: Contratapa).

 

La reforma constitucional y el artículo 40

En el marco de la convocatoria a elecciones de convencionales constituyentes Mayoría se va a alinear con los reclamos de la forma política que asume el nacionalismo elitista en ese momento. Desde la Unión Federal reclaman por “el imperio del derecho, Constitución de 1949” que el semanario hace suyo en tapa (Mayoría, 7, 20-5-1957).

Como otros medios de la época Mayoría criticó la convocatoria a la Convención Constituyente e hizo suyo por un lado el argumento de las corrientes nacionalistas que el auténtico objetivo de esa iniciativa era terminar con el artículo 40 de la Constitución de 1949. Ello dio lugar al reclamo constante para evitar su derogación, anunciado en varias oportunidades en tapa del semanario (Mayoría, 28, 14-8-1957).

Mientras se desarrolla la convención dan cuenta que la UCR-P sostendrá el artículo 40 y que es probable que amplíe aún más su alcance (Mayoría, 29, 21-10-1957: 10). En el número siguiente anuncian que el gobierno suspende la convención para evitar la “reedición del artículo 40” (Mayoría, 30, 28-10-1957: 4). En una entrega del mes de julio publican una defensa de la reforma constitucional ensayada por el peronismo en una nota bajo el título “La Constitución de 1949 fue bien sancionada y carece en absoluto de cláusulas totalitarias” (Mayoría, 15, 15-7-1957: 14).

 

Detenidos, torturados, interdictos, inhabilitados, desterrados

El reclamo por la libertad de los presos políticos y sindicales constituye otro de los ejes que vinculan de algún modo a Mayoría con el peronismo en derrota. Esa prédica se va a centrar en dos líneas: por un lado, en la de los legisladores-escritores –como Gobello y Ramella– y en otro en aquellas figuras que representan la línea política con la que temporariamente se identifica el medio: el neoperonismo representado por Leloir. En esa dirección reproducen en tapa texto manuscrito de Leloir “último presidente del partido proscripto, enviado desde la cárcel, donde cumple con altivez y dignidad una injusta prisión” (Mayoría, 16, 22-7-1957).

La tapa de la entrega número 10 tiene la imagen de la cárcel de Caseros “Bastilla de la patria”. Allí insertan un recuadro con el siguiente texto: “A medida que pasan los días sin que la dictadura escuche el clamor del país oprimido, las cárceles argentinas van convirtiéndose en símbolos ardientes de una rebeldía y un anhelo de justicia avasalladores, que golpean en vano contra las rejas levantadas por el odio de los ‘vencedores’ que traicionaron su palabra de honor. La cárcel de Caseros, por ser la que mayor número de argentinos presos por causas políticas alberga en el país, es conocida ya como la Bastilla de la Patria. Quiera el pueblo algún día liberar a sus hermanos y redimir a la República de sus opresores” (Mayoría, 10, 10-6-1957).

Además de la denuncia de la tortura a los dirigentes sindicales que aparece en la correspondiente sección, una entrega el semanario incluye una columna en la que no sin ironía pide “un descanso para los torturadores”, con foto de las personas que sufrieron tormentos: Ana María S. de Viggiani, Domingo V. Viggiani, Julio Troxler (Mayoría, 43, 27-1-1958: 9).

El Semanario se pregunta “¿Hasta cuándo las interdicciones y las inhabilitaciones?”, y junto a un texto inquisidor incluyen la foto de José Ber Gelbard, extitular de la intervenida Confederación General Económica. En esa entrega se hacen eco de una declaración de la Unión Popular en página completa de contratapa, titulando: “Las inhabilitaciones políticas constituyen una monstruosidad jurídica” (Mayoría, 11, 17-6-1957). En la siguiente incluyen un recuadro en el que afirman que “Deben levantarse sin más trámites las absurdas interdicciones económicas” y subtitulan “Lo exigen la economía nacional, el prestigio internacional del país y la anhelada reconciliación nacional” (Mayoría, 12, 24-6-1957: 7). Al salir de la cárcel, Alicia Eguren toma el camino del exilio a Uruguay. Mayoría incluye nota con el título “El destierro de Alicia Eguren” con fotos de la exdetenida y declaraciones tales como “La verdad es que mi prisión sólo se debió a mi profesión de fe en el pueblo argentino” o “Sólo pensaré en el regreso”. En el artículo no mencionan el vínculo sentimental y político con el delegado de Perón, John William Cooke (Mayoría, 12, 24-6-1957: 14-15). El reclamo sobre la arbitrariedad de las detenciones de figuras del mundo político o sindical hace que la tapa del número 35 lleve como título: “Ex legisladores recobran la libertad”. En la nota interior se reproducen fotos de la salida de los presos. Entre ellos destacan la de “nuestro colega José Gobello” que “recibe jubiloso el saludo de chicos y grandes” (Mayoría, 35, 2-12-1957: 8-9).

 

Existen otros registros menores pero significativos de la atención dada por Mayoría a la existencia del sentimiento peronista entre su público lector. Para el aniversario del nacimiento de Eva Perón, al haber asumido Frondizi, sectores del peronismo buscan realizar un acto conmemorativo. Ello genera la represión policial. Mayoría lo incluye en tapa y desarrolla una amplia “nota gráfica sobre las manifestaciones en las calles de Buenos Aires a raíz del aniversario del natalicio de Eva Perón” (Mayoría, 57, 12-5-1958: 15). Desde la asunción de Frondizi, en un nuevo entorno de libertades, comienzan a publicitar la venta de retratos al óleo de Perón y Evita (Mayoría, 58, 19-5-1958: 11). Reivindican con un reportaje la conducta de Franklin Lucero (Mayoría, 59, 26-5-1958: tapa y 8-9) y recuerdan la muerte de Nicolini “otro baldón más del revanchismo”, producida según Mayoría por su encarcelamiento y “la persecución política llevada a lo increíble” (Mayoría, 63, 23-6-1958: 9). Mención singular merece la nota que lleva por título La esquina de la resistencia. Cuando la calle se convirtió en el parlamento del pueblo, para referir al “centro de discusiones y de actos relámpago, que se singularizó por su tono abiertamente antigubernista” en el cruce de Corrientes y Esmeralda (Mayoría, 63, 23-6-1958: 29). En una entregan organizan la “línea nacional – popular” incluyendo fotos en tapas de Rosas-Yrigoyen y Perón (Mayoría, 64, 30-6-1958), señalando que “acaudillaron al Pueblo contra la Oligarquía Colonialista”. En otra entrega, en nota de cinco páginas firmada por Raúl Jassen y con profusas imágenes denuncian que “los restos profanados de Eva Perón claman por una cristiana sepultura” y afirman que “la oligarquía no le perdonara jamás su amor a la patria y al pueblo” (Mayoría, 67, 21-7-1958: 15-19). En la misma dirección protestan ante la prohibición de las autoridades para realizar un acto en conmemoración del sexto aniversario de la muerte de Eva Perón: “carecían de efectivos para preservar el orden durante el acto pero hubo de sobra para atacar a periodistas y manifestantes” (Mayoría, 69, 4-8-1958: 9). Un año después colocan una vez más la imagen en tapa con estas palabras “a siete años de la muerte de Eva Perón, su figura aureolada por la leyenda sigue siendo enigma y bandera”.[16] Dan noticias judiciales favorables a figuras del peronismo: “Ha sido sobreseído definitivamente el ex diputado Eduardo Colom”.

 

Colaboradores peronistas

Cómo hemos subrayado en otro lugar la prensa de la “resistencia(s)” van a actuar como plataforma para la emergencia de nuevas figuras intelectuales: “nacionalistas”, “nacional-populares” y de “izquierda nacional” (Melon Pirro y Pulfer, 2019b). En lo que aquí interesa nos detendremos en los “nacional-populares” vinculados al semanario que estamos analizando.

Al comenzar sus entregas Mayoría cuenta con la pluma de Fermín Chávez (Manson, 2011). En la parte final del semanario incluyen notas críticas sobre publicaciones del momento. El autor, en razón de su condición de peronista y por momentos militante clandestino, escribe bajo el alias de Juan Cruz Romero. Se encarga de realizar comentarios de los libros históricos que proliferan en ese momento político. Así comenta la Historia crítica de los partidos políticos, de Rodolfo Puiggrós (Mayoría, 1, 8-4-1957: 29), marcando el énfasis del autor en la “causa interna” como crítica a los enfoques previos que enfatizaban casi con exclusividad la “causa externa”, el giro en la comprensión de Rosas por parte del autor y le objeta que por su “formación intelectual materialista” se desliza a una “desvalorización radical del fenómeno religioso”. A pesar de “ese prejuicio que lo expone a falsear toda la perspectiva, es ante todo una filosa arma política, como que contribuye a clarificar el pensamiento sobre nuestra historia político social e institucional, encastillada aún, a pesar de las demoledoras ofensivas revisionistas, en los esquemas del liberalismo fin de siglo, superados ya intelectual y políticamente en todo el mundo, pero aún vigentes aquí como canon oficial, en la educación pública y la prensa diaria”. El comentario va acompañado de foto de Puiggrós e imagen del libro. En la segunda entrega comenta la reedición de El difícil tiempo nuevo de Deodoro Roca (Mayoría, 2, 15-4-1957: 29), señalando la inactualidad de los escritos reunidos –“nos suenan a lejanas victrolas provincianas”–, la paradoja de la cristiana muerte del líder reformista y enlazando pasado-presente, o sea la “década infame” con la “libertadora”, plantea que si viviera en el año 1957 se encontraría en condiciones similares en las que produjo la mayor parte de los textos incluidos en el volumen por la editorial Lautaro. En otra entrega (Mayoría, 5, 6-5-1957: 29) se ocupa del escritor radical Arturo Capdevila subrayando el “disparate” de comparar a Rosas con Fernando VII. Otro de los materiales analizadas es el de Los profetas del odio, de Jauretche señalando el método utilizado por el autor –selección de figuras representativas de la intelligentzia–, las críticas realizadas a Martínez Estrada, Borges e Irazusta y la contribución que significa para las nuevas generaciones resaltando que en un “lenguaje muy suyo, lenguaje del pueblo” transmite “verdades de ley” (Mayoría, 10, 10-6-1957: 29). Otro abordaje recibe, Revolución y contrarrevolución en la Argentina de Jorge A. Ramos, no sin señalamientos críticos –laicismo, posiciones en relación al peronismo– o Libre empresa o nacionalización de la industria de la carne de Puiggrós (Mayoría, 19, 14-8-1957: 13) que es elogiado enteramente. El libro Proceso al liberalismo argentino de Atilio García Mellid es considerado como uno “de los más ricos y fecundos aportes de estos últimos años a la historia de nuestro pueblo, como así también, la señal indicadora de la verdadera senda a seguir por los estudiosos jóvenes de nuestra historia” (Mayoría, 22, 2-9-1957: 15). Cae bajo su análisis el libro Imperialismo y cultura de Juan José Hernández Arregui (Mayoría, 41, 13-1-1958: 14) que es elogiado, consignando: “cuando se haga el recuento de los mejores libros aparecidos en el curso del presente año, Imperialismo y cultura deberá figurar en primera fila junto a otros valiosísimos ensayos que nos están dando la exacta dimensión de esta patria elemental que va siendo vivida por el hombre de pueblo y también por los intelectuales”. Fiel a sus ideas y lealtades presenta a Perón como escritor, reseñando La Fuerza es el derecho de las bestias y Los vendepatria, dando cuenta con imágenes de tapa de las ediciones clandestinas y legales de esos materiales (Mayoría, 69, 4-8-1958: 27). Chávez se ocupa de entrevistas a figuras afines: “Media hora con Leonardo Castellani” lleva por título un extenso reportaje al exjesuita (Mayoría, 15, 15-7-1957: 15). Con su habitual seudónimo Chávez publica una serie de notas que llevan el título de Pueblo y oligarquía en la política rioplatense[17] y más tarde, otras sobre pedagogía destacando la figura del reformista Saúl Taborda (Mayoría, 77, 9-10-1958: 26; 78, 16-10-1958: 26; 82, 6-11-1958: 24). En el mismo medio se desempeña como periodista-cronista del Paraguay de Stroessner[18] y a la muerte de Scalabrini Ortiz le dedica la nota titulada “Un trabajador solitario y obstinado” (Mayoría, 113, 18-6-1959: 13). También escribe y publica sobre La revolución entrerriana del 98 (Mayoría, 120, 13-8-1959: 19).

Luis M. Soler Cañas, otro de los escritores que había adherido al peronismo, está a cargo de la sección de “Libros” que comienza a publicarse desde el tercer número (Mayoría, 3, 22-4-1957: 28-29). El columnista se había desempeñado en el ámbito del Ministerio de Educación donde llevaba un fichero exhaustivo sobre escritores argentinos que fue mudado a un sótano y desapareció luego, durante la gestión de Julio Caillet Bois (Mayoría, 107, 7-5-1959: 20-21). En la creada sección “libros” se desarrolla una recuperación de materiales del momento. Una nota común de ese trabajo de subrayado para los lectores es la inclinación hacia autores de corte “nacional-popular”. De manera lateral ingresan libros cercanos a ese registro como son los de la serie del Pasado Argentino que publica Hachette a instancias de Gregorio Weinberg –Vicente Rossi (Mayoría, 103, 9-4-1959: 27), Antonio Zinny, la Correspondencia de Rosas, Quiroga y López recopilada y comentada por Enrique Barba (Mayoría, 120, 13-8-1959: 25), etcétera– y que reciben variados juicios. El autor utiliza varios seudónimos, entre ellos los de Daniel Estrella o Patricio Finnegan. Bajo el primero reseña el libro Argentina y los Estados Unidos de Arthur Whitaker (Mayoría, 3, 22-4-1957: 28), comenta favorablemente la “literatura militante y social” de La mestiza, de Antonio Nella Castro y en otra entrega considera “Una refutación de la fórmula sarmientina y un examen del liberalismo argentino” al libro de Fermín Chávez titulado Civilización y barbarie en la historia de la cultura argentina. [19] Bajo el mismo seudónimo analiza La opción del 28 de julio, del dirigente nacionalista elitista Mario Amadeo (Mayoría, 13, 1-7-1957: 20), Cuentos con ladrones, de José Gobello (Mayoría, 22, 2-9-1957: 15), la reedición de El hombre de la vaca, de Omar Viñole (Mayoría, 23, 9-9-1957: 15), Juan sin ropa, de Osvaldo Guglielmino (Mayoría, 24, 16-9-1957: 14), La tradición religiosa de la escuela argentina, del P. Furlong (Mayoría, 32, 11-11-1957: 12), Lugones. El escritor y su lenguaje, de Arturo Cambours Ocampo (Mayoría, 34, 25-11-1957: 14), Vida de López Jordán, de F. Chávez (Mayoría, 44, 3-2-1958: 14), Teoría de la Araña, del poeta Héctor Villanueva (Mayoría, 47, 27-2-1958: 14), El país, el dinero, los hombres, de Mario Martínez Casas (Mayoría, 50, 24-3-1958: 14-15), Yrigoyen, Aspectos ignorados de una personalidad, de Ricardo Caballero (Mayoría, 54, 21-4-1958: 14), Poemas con suburbio, de Jorge Melazza Muttoni (Mayoría, 58, 19-5-1958: 14). Elogia la reedición del Carnaval del diablo, de Juan O. Ponferrada (Mayoría, 69, 4-8-1958: 29) e ironiza sobre Luis Franco: “enjuicia a la ‘gendarmería de pluma’, pero sigue colaborando en La Prensa” (Mayoría, 45, 10-2-1958: 15). Firma con la sigla “SC” el comentario a la edición completa de la Historia de los ferrocarriles argentinos, de Raúl Scalabrini Ortiz (Mayoría, 27, 7-10-1957: 15) y con el menos descifrable “SMP” el comentario de El Evangelio de Jesucristo, de P. Castellani (Mayoría, 33, 18-11-1957: 14), la recensión de Operación Masacre (Mayoría, 43, 27-1-1958: 14) o el comentario crítico a La política como conciencia, de Carlos Cossio (Mayoría, 45, 10-2-1958: 14). Al producirse la normalización de la situación institucional con la asunción de Frondizi, el responsable de la sección firma con su nombre y apellido. Así realiza la cobertura de libros varios: Leopoldo Lugones, de Guillermo Ara y Fichero salteado, de Eduardo Suárez Danero (Mayoría, 74, 8-9-1958: 20); Breviario de la literatura argentina contemporánea, de Juan Pinto (Mayoría, 80, 23-10-1958: 30), El pronunciamiento de Mayo, de Roberto Marfany (Mayoría, 88, 18-12-1958: 30); Perdido en su noche, de Manuel Gálvez (Mayoría, 90, 1-1-1959: 22); Nicolás Olivari, poeta unicaule, de Bernardo E. Koremblit (Mayoría, 120, 29-1-1959: 29). De autores que están en su “línea” exhuma El Paso de los libres, de Jauretche, con una extensa nota que incluye foto y elogio del autor (Mayoría, 104, 16-4-1959: 24-25), celebra Tres poemas, de Alfonso Sola González (Mayoría, 108, 14-5-1959: 25), reseña Teoría del argentino, de Arturo López Peña (Mayoría, 114, 25-6-1959: 19), comenta favorablemente dos libros del poeta Francisco Dibella (Mayoría, 117, 23-7-1959: 25), destaca a Leonardo Castellani con “una literatura policial argentina” por la salida de El enigma del fantasma en coche (Mayoría, 118, 30-7-1959: 25), y elogia la obra poética Orbe, de Pablo Ramella (Mayoría, 119, 6-8-1959: 22).

Sin firma aparecen algunas notas críticas sobre materiales del momento, como sucede con el comentario realizado por el diario El Día, de La Plata, bajo la intervención de Antonio Zamora, sobre el libro de Santander titulado Yo acusé a la dictadura (Mayoría, 7, 20-5-1957: 29) o el “desenmascaramiento” de Daniel Faleroni exhibiendo su pasado peronista (Mayoría, 14, 8-7-1957: 22). Con su firma realiza entrevistas a autores. Una que se destaca es la que le hace a Horacio Velázquez con motivo de la salida de su libro sobre el General Pedernera[20] y brinda a éste la posibilidad de replicar a las críticas que le realizan desde el diario La Nación: “He sido muchos años engañado por una historia artificiosa y mistificada y no me voy a prestar a engañar a otros”. Amén de consignar estas declaraciones del autor, más tarde subraya el valor de este “nutrido aporte a nuestra bibliografía histórica” (Mayoría, 122, 27-8-1959: 24-28). Asimismo, da lugar a escritores de otras tendencias, como cuando saluda A la sombra de los barrios amados, el libro de Raúl González Tuñón (Mayoría, 123, 3-9-1959: 30).

Desde el primer número aparece una columna asociada al sector de crítica literaria, titulada “Crónica semanal”. Tiene distintos usos. Por un lado, en la misma se realizan breves e irónicos comentarios sobre figuras del campo intelectual de corte “liberal”. Siguiendo los derroteros de la producción –se ocupan de Martínez Estrada (Mayoría, 7, 20-5-1957: 29), César Rosales (Mayoría, 12, 24-6-1957: 19), etcétera– o situaciones producidas en el ámbito de la SADE: denuncian que no hacen nada ante la detención de Leónidas Barletta, Raúl Larra y Gudiño Kramer, ridiculizan intervenciones del presidente interino de la asociación Horacio Esteban Ratti (Mayoría, 12, 24-6-1957: 19), del crítico literario Juan Carlos Ghiano o del escritor Manuel Mújica Láinez. Distinto tratamiento reciben escritores de raigambre nacionalista –Manuel Gálvez (Mayoría, 3, 23-4-1957: 28), Federico Ibarguren (Mayoría, 8, 27-5-1957: 29), Máximo Etchecopar (Mayoría, 10, 10-6-1957: 29), Julio Meinvielle (Mayoría, 24, 16-9-1957: 14) por ejemplo– o de adscripción peronista –Osvaldo Guglielmino con Juan sin ropa (Mayoría, 24, 16-9-1957: 14); los libros Civilización y barbarie… y Vida de López Jordán, de Fermín Chávez (Mayoría, 24, 16-9-1957: 14); Proceso al liberalismo argentino, de Atilio García Mellid y La tierra y el vagabundo de Vicente Trípoli (Mayoría, 7, 20-5-1957: 29). Desde allí anuncian la salida próxima de publicaciones periódicas o libros: Ramos está por sacar, dicen, un semanario que tendrá el nombre de Batalla y un libro que levantará “roncha” (Mayoría, 10, 10-6-1957: 29). También anuncian la aparición de una publicación “nacionalista” con el título de Revista del País que, por lo que sabemos, nunca saldrá a la luz. Otro de los usos es el que corresponde a las necrológicas de las figuras del campo “nacional-popular” en las que les rinde tributo y se subraya su obra y las omisiones en los diarios principales de la Capital. De esa manera desfilan: Arturo Cancela (Mayoría, 5, 6-5-1957: 29), José Gabriel (Mayoría, 12, 24-6-1957: 19), Horacio Rega Molina, Juan Alfonso Carrizo (Mayoría, 39, 30-12-1957: 12), Arturo Vázquez Rey, Ernesto Mario Barreda, González Carbalho, Joaquín Linares (Mayoría, 63, 23-6-1958: 28), Enrique Stieben (Mayoría, 86, 4-12-1958: 30). En ese rubro despide a Corvalán Mendilaharsu, “revisionistas antes que la palabra revisionismo se populariza” y al historiador José Luis Busaniche (Mayoría, 110, 28-5-1959: 27).

Desde estas páginas homenajea a “Scalabrini Ortiz: maestro y guía”[21] a quien Mayoría había saludado al asumir la dirección de Qué (Mayoría, 114, 25-6-1959: 31) aunque no realizaba colaboraciones directas con el medio. En esa dirección, al salir el volumen de homenaje organizado por la Fundación Raúl Scalabrini Ortiz con el nombre Ser Nacional, Soler Cañas le brinda cobertura (Edición de emergencia, 3, 15-11-1959: 29). Auténtica conmoción provoca la injusta e incomprensible muerte de Miguel Ángel Gómez, uno de los fundadores de Canto, “pérdida irreparable para nuestras letras” (Pulfer, 2019a).

En tiempos del gobierno militar la sección no deja de reclamar por escritores-periodistas presos, como hace con Ramón Prieto (Mayoría, 15, 15-7-1957: 21).

En la sección “Letras” inician una serie de “polémicas”: “¿Era ‘necesaria la obsecuencia como principal y único mérito’ para ser premiado antes de 1955?”, pregunta retórica ya que agregan las fotos de Petit de Murat, Estrella Gutiérrez, Pedro M. Obligado, Ferreyra Basso y Mallea, merecedores de premios durante el “régimen depuesto”. Agregan la foto de Jorge L. Borges “aunque no lo premiaron también se presentó”. La discusión se organiza en espejo a la “censura” en los premios municipales a Castellani, Tiempo y José L. Muñoz Azpiri, denunciada en la misma entrega (Mayoría, 38, 23-12-1957: 14-15). Reproducen una nota de protesta de Edelmiro Lofeu por una referencia realizada por el columnista Osiris Troiani a los “1500 plumíferos” de la Subsecretaría de Prensa en tiempos de Perón (Mayoría, 63, 23-6-1958: 29). Producto de una intervención casual (Edición de emergencia, 82, 6-11-1958: 38) sobre la polémica en torno a la censura de Lolita de Nabokov en Rusia se desata un debate en el medio (Pulfer, 2019b). “Llamar cochino a un colega de las letras es un insulto barato… en Rusia. En la Argentina, no” y Finnegan (alias de Soler Cañas) blande el anónimo Pax con sus versos descalificadores de escritores afines al peronismo depuesto. Desde allí comienza una larga polémica sobre “Artes y Letras en tiempos de Perón” (Mayoría, 8, 20-11-1957: 21), alimentada por cartas de escritores “antiperonistas” como Fernández Latour (Mayoría, 88, 18-12-1958: 19; 91, 8-1-1959: 18; 93, 29-1-1959: 11) y Enrique de Gandía (Mayoría, 105, 23-4-1959: 24-25) o “pro-peronistas” como Gobello (Mayoría, 89, 25-12-1958: 24) o Norberto Folino (Mayoría, 93, 29-1-1959: 21).

Otro colaborador es Atilio García Mellid (Pulfer, 2019c), exforjista y funcionario diplomático del peronismo, volcado al estudio de la historia, que se inscribirá en el revisionismo y colaborará en múltiples medios como Mayoría además de NORTE. Su reaparición en la prensa escrita le permite concentrarse en la escritura y publicar uno de los libros más solicitados del año 1957: Proceso al liberalismo argentino. Sale por la editorial Theoria de Jorge Orus, naciente emprendimiento que recorrerá con éxito la franja del nacionalismo restaurador. En la entrega número 15 escribe “Doctores y los caudillos en nuestra historia constitucional”. El libro citado goza del apoyo de la crítica[22] y de la publicidad en varios medios.[23]

En otra entrega, como parte del repudio a la convención constituyente, afirma que “La oligarquía portuaria siempre despreció la Constitución” (Mayoría, 16, 22-7-1957: 7). Asociado al recuerdo del 17 de octubre de 1945 escribe “Octubre y la revolución restauradora” incluyendo un perfil de Doña Encarnación Ezcurra” (Mayoría, 29, 21-10-1957: 10). Ante una omisión de párrafos del artículo de marras lo agregan en la contratapa de la siguiente edición bajo el título “Octubre y la Revolución Libertadora”. La nota concluye: “Octubre ha sido siempre propicio a los pueblos que luchan por restablecer las verdades primarias de su existencia y la fidelidad debida a sus amores entrañables: ¿por qué, entonces, no se lo declara mes del pueblo y de la lealtad?” (Mayoría, 30, 28-10-1957: contratapa). El Semanario destaca la presencia de García Mellid en la Facultad de Derecho: “Rosas, el restaurador de las leyes, en la universidad recuperada por la oligarquía” (Mayoría, 34, 25-11-1957: 10).

En la entrega número 69 publica la nota titulada La calle de Mitre se va angostando (Mayoría, 69, 4-8-1958: 29). Acoplándose a las notas de carácter histórico de Garcia Mellid y Chávez, andando el tiempo aparece la pluma de José María Rosa (Manson, 2012; Hernández, 1978), con series temáticas hilvanadas en varias entregas. Los comienzos son indirectos, ya que estando en el exilio Rosa escribe Nos los representantes del pueblo, socarrona parodia de las peripecias de la constituyente del año 1853 que se pone en diálogo con la “farsa constituyente” del año 1957 que Mayoría publicita, en recuadro pago por la editorial Theoria, con el siguiente anuncio “¡De palpitante actualidad!” (Mayoría, 15, 15-7-1957: 17). En su exilio madrileño recibe a “Carlos Falces Aguinaga” para un reportaje de página entera en la que cuenta su trayectoria académica y política (“no actué en el gobierno peronista”), las razones de su detención y posterior exilio y el anuncio de un nuevo libro al que titula Caseros.[24]

Es desde Madrid que Rosa envía notas a Mayoría y NORTE. En el semanario que nos ocupa comienza con una nota referida a Caseros, en un nuevo aniversario de la batalla. La nota se titula “El fin de la aventura” (Mayoría, 44, 3-2-1958: 15). Desde allí realiza pedidos de difusión de su libro Caída de Rosas,[25] al cual se brindará una amplia cobertura desde el medio.[26] En una ocasión Rosa hace las veces de corresponsal en España con una nota sobre “la prensa española y las elecciones argentinas” (Mayoría, 49, 17-3-1958: 14-15). Más adelante Mayoría coloca en tapa el aviso de un artículo titulado José Mármol estaba pagado por el imperio brasileño (Mayoría, 58, 19-5-1958: 12). A partir del número 59 se inicia la serie titulada “La caída de Rosas y los documentos reservados de Itamaraty”, que se prolonga hasta el 74, de septiembre de 1958 (Mayoría, 74, 8-9-1958: 30-31). La figura del columnista es asociada a la reapertura del Instituto Juan Manuel de Rosas, colocando foto de Rosa brindando una conferencia en el salón de actos (Mayoría, 75, 15-9-1958: 27) y destacando la presencia de Soler Cañas, García Mellid, Contreras, Mondragón, Vignale, F. Ibarguren, etcétera. El ilustrador Alfredo Bettanin le realiza un extenso reportaje que incluye un perfil de Rosa y en la misma entrega incluyen noticia con foto de la presencia del historiador en Paraná donde fue agasajado por los organizadores locales con la presencia de los escritores Fermín Chávez, Carlos Abregú Virreira y otros (Mayoría, 78, 6-10-1958: 26-27 y 30). Al finalizar con la serie sobre la caída de Rosas el autor comienza la entrega de un nuevo conjunto de artículos referidos ahora a la Guerra del Paraguay.[27] Intercalada con las notas históricas Rosa se convierte en cronista de Luis Alberto Herrera en su hora triunfal, tras el triunfo electoral de los blancos (Mayoría, 88, 18-12-1958: 8-9) y en la entrega siguiente retoma el seudónimo Martín Pincen para escribir Con los blancos en la hora de su triunfo (Mayoría, 90, 1-1-1959: 23). A la muerte de Herrera será el mismo autor con su firma quien lo despida en el semanario (Mayoría, 104, 16-4-1959: 16-17).

Mientras se despliegan las notas sobre la Guerra del Paraguay y entrega ocasionales notas del presente político uruguayo los editores disponen la creación de una nueva sección que denota el creciente volumen de la temática en la publicación y cierta notoriedad del autor: Correo histórico, a cargo de José María Rosa (Mayoría, 92, 15-1-1959: 31), comprometiéndose a contestar semanalmente “las preguntas formuladas a esta revista”. La sección se interrumpe en la entrega número 115 (9-7-1959) y los editores se ven en la necesidad de introducir un recuadro para aclarar que la misma “volverá a aparecer de manera permanente una vez que finalice la serie de notas que actualmente publica Mayoría sobre la guerra del Paraguay” y señalan que de ese modo “satisfacemos así la curiosidad de una apreciable cantidad de lectores que han enviado sus consultas a dicha sección, las cuales serán oportunamente evacuadas por el doctor Rosa (h)” (Mayoría, 121, 20-8-1959: 29). Por ese tiempo se celebra el vigésimo primer aniversario de la fundación del Instituto Juan M. de Rosas y se organiza un homenaje a la figura de su presidente José M. Rosa que Mayoría cubre con solicitud: “Destacadas proporciones alcanzó el banquete de homenaje al doctor Rosa (h)”, agrega fotos y señala que hubo más de mil comensales (Mayoría, 126, 24-9-1959: 20). El correo histórico retorna con la Edición de emergencia del 19 de octubre de 1959.

En el semanario intervienen otros historiadores de corte revisionista como Marcos Rivas[28], Pedro de Paoli (Mayoría, 58, 19-5-1958: 14), Osvaldo Guglielmino,[29] Elías Giménez Vega (Mayoría, 69, 4-8-1958: 28) y Roberto Tamagno.[30]

Resulta común visualizar en las páginas del semanario la publicidad de las conferencias en el Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas dadas muchas veces por estos mismos columnistas, así como recuadros con recomendaciones de libros por las editoriales próximas al revisionismo histórico de la época como Theoria y Huemul en un primer momento y la colección de La Siringa, animada por Peña Lillo más tarde (Edición de emergencia, 6, 7-12-1959: 12).

Jauretche (Galasso, 1997) comienza sus colaboraciones en el semanario en el número 11 (17-6-1957: 8-9) con la entrega del artículo titulado “Partidos nacionales y de los otros”, incursionando en las diferencias entre las realidades de Brasil y la Argentina. La nota está destacada en tapa con la leyenda: “Escribe Arturo Jauretche” y en el interior incluyen foto del autor señalando que “Desde el destierro, Jauretche dilucida graves problemas de nuestra América”.

En el número 14 (8-7-1957: 12), nuevo artículo de Jauretche: “Por desacreditar al régimen anterior, la representación argentina sólo siembra desprestigio sobre nuestro país”. Un editorial se hace eco de otra nota del mismo autor, que lleva por título: “Nuestro servicio diplomático en América está subordinado a una política de facción” (Mayoría, 15, 15-7-1957: 10). En vísperas de las elecciones a convencionales constituyentes, titula una nota: “Todas las clases nacionales deben dar aquí soldados para luchar contra la oligarquía” (Mayoría, 16, 22-7-1957: 9). Al visitar Uruguay el semanario realiza una nota que incluye fotos con Herrera y Haedo titulando que “el acto de confraternidad rioplatense fue la demostración de los orientales a Jauretche” (Mayoría, 63, 23-6-1958: 27). Al viajar Jauretche a Europa, motivado por sus disidencias con el rumbo que toma el gobierno de Frondizi, recibe una despedida de Mayoría que incluye foto.[31] Mayoría reproduce una carta que “manos amigas nos han hecho llegar”, dirigida por Jauretche a un “compatriota funcionario de la UNESCO”, en la que, desde Bilbao, despliega argumentos sobre el revisionismo histórico (Mayoría, 101, 26-3-1959: 13-14). Poco después Mayoría se hace eco de una reacción suscitada en el periodismo brasileño a raíz de “un trabajo geopolítico de Arturo Jauretche” (Mayoría, 114, 2-7-1959: 11), quizá una manera de preanunciar un retorno a sus páginas. Así resulta que en la entrega siguiente Jauretche escribe sobre Lo que hace un ejército y no una gendarmería es el concepto de su función nacional, que supone una política y una estrategia hacia afuera y hacia adelante (Mayoría, 115, 9-7-1959: 14-15). En la entrega 123 (3-9-1959: 17) introducen un nuevo artículo del autor titulado “La productividad de los trabajadores y la de los otros”. Distinto color toman sus intervenciones cuando en tapa del número 126 (24-9-1959) es anunciado con sección propia titulada “Esta página es mía” y en el interior despliega una nota sobre Los dos aluviones y el teatro de Vacarezza.[32] En la entrega siguiente la nota es El aluvión zoológico y la nariz de Reinaldo Pastor (Mayoría, 127, 1-10-1959: 10-12). Es en ese momento que comienzan a reproducir los llamados “Cuentos del cuarenta y cinco”, haciendo referencia a las narraciones insertas en el clausurado periódico 45, dirigido por Jauretche. En la ocasión incluyen “La elección de Frondizi y los justicialistas. Cuento judío”. En la edición de emergencia del 19 de octubre el autor despliega el artículo “La técnica del avestruz y los avestruces de la técnica” (Edición de emergencia, 1, 19-10-1959: 8-9). En la segunda edición de emergencia (26-10-1959: 16-17) incluye “Las ‘señoras gordas’, las señoras y el Monseñor”. En contratapa agregan otro Cuento del cuarenta y cinco, titulado “El dirigente y el bicho”. Anunciada en tapa aparece la nota “Klapenbach vs Orgaz: El juez y la Corte en el mismo pozo”. El cuento se titula “El pescado que se ahogó en el agua” y corresponde a la serie de El 45 publicada clandestinamente desde Montevideo (Edición de emergencia, 3, 15-11-1959). “Los tilingos en la economía”, es el título de otro envío. Esta vez el Cuento del cuarenta y cinco es “Derroche y austeridad” (Edición de emergencia, 4, 23-11-1959: 12-13). Los editores se ven en la necesidad de aclarar, en un recuadro titulado “El artículo de Jauretche”, que “Por razones técnicas no aparece esta semana el acostumbrado artículo de nuestro colaborador don Arturo Jauretche, con cuya pluma incisiva volverán a reencontrarse los lectores en el próximo número de Edición de Emergencia” (5, 30-11-1959: 13), lo que daría cuenta del lugar creciente que ocupa en el dispositivo comunicacional del semanario. En el número siguiente, como habían prometido, regresa con “Esta página es mía” y el título “Los novios asépticos de la revolución” (Edición de emergencia, 6, 7-12-1959: 12-13). Esta vez el cuento se titula “Los elefantes y los caballos”. En la edición de emergencia número 7 (14-12-1959: 12-13) sale “¿Las izquierdas en lo Nacional?, un síntoma auspicioso”. En el marco de la difusión de los propios columnistas le realizan una entrevista con motivo de la publicación de un nuevo libro: Política nacional y revisionismo histórico (Mayoría, 136, 28-12-1959: 7). “La Argentina, otra vez sin política nacional y condenada a una áurea mediocridad histórica”, es el título del número 137 (4-1-1960: 11).

La intervención de Jauretche en este medio hace que Soler Cañas recupere elogiosamente el poema Paso de los libres (Mayoría, 104, 16-4-1959: 24-25). También que Rodolfo Puiggrós envíe en forma de solicitada un duro ataque al autor de Los profetas del odio (Mayoría, 20, 20-8-1957: 7) protestando por una nota publicada por Armando Crigna en la Revista Qué sobre el proceso para la elección de convencionales constituyentes. Los editores anotan, como presentación, lo siguiente, que permite dar una idea de las tendencias y corrientes internas en la oposición al gobierno militar: “hemos recibido, con pedido de publicación, del doctor Rodolfo Puiggrós una carta, cuyos párrafos salientes reproducimos, suprimiendo otros en homenaje a la armonía y solidaridad que queremos ver reinar entre amigos empeñados en una dura lucha contra el fariseísmo liberal y la oligarquía. La trascendencia de las declaraciones de Puiggrós y la hondura de su pensamiento nos parecen de suma importancia y no merecen confundirse con materias de corte personal, que no debieran ser promovidas más en las filas del Frente Nacional. Invitamos así a todos los amigos a deponer pasiones intestinas en el juego legítimo de los patrióticos ideales comunes, reservando toda iracundia para el enemigo del país, crecido otra vez mediante el fraude y la violencia armada”. Por su parte Puiggrós achaca a Jauretche su apoyo a Frondizi y su posición política de frente nacional y alianza vertical de las clases con finalidades de liberación nacional.

Otro escritor de este corte es Omar Viñole, “el hombre de la vaca”, de quien comentan sus intervenciones recientes y a quien le ofrecen una columna para desarrollar la nota sobre “Escritores argentinos desterrados del corazón del pueblo” (Mayoría, 69, 4-8-1958: 26).

 

Consideraciones finales

Lo reseñado hasta aquí corresponde a la lectura que desde la publicación de orientación nacionalista se realiza sobre ese actor multiforme y polifacético que es el peronismo para la época de la pérdida de la posición estatal, la dispersión y la lucha por recuperar posiciones en diferentes campos.

La vocación periodística y política de Mayoría se materializaron nítidamente, en dos vertientes informativas y analíticas que llenaron sus páginas. En primer término, las noticias sobre el movimiento obrero acompañaron y celebraron la afirmación de la dirigencia “nacional” dentro de ese espacio y en el curso de estos años el peronismo recupera un insoslayable protagonismo en el ámbito sindical. Entusiasta en la recuperación de una CGT que debía permanecer tan lejos de los ataques “libertadores” como de los peligros de la actividad comunista y “amarilla”.

El segundo campo refiere al seguimiento de la evolución política. En ello no fue menos atento y, a la vez, su vocación de influir, mayor, aunque las posibilidades en este rubro estuvieron, a la luz de los resultados, mucho más acotadas. Así alentaron la concurrencia política peronista, aunque tardaron en reconocer lo insoslayable del liderazgo de Perón. Puestos a elegir se inclinaron en su momento por versiones “moderadas” del peronismo – de preferencia por aquellos dirigentes que, como Bramuglia, podían sostener a la vez que aires cristianos, distancia con el gran ausente, antes de pasar a un “realismo” bastante duradero respecto de la gestión del presidente Frondizi. Fuera de época respecto de un “lonardismo” que había cultivado su antecedente, Esto Es, tampoco dejaron de aceptar hacia fines de 1958, menos por vocación que por necesidad, el carácter insoslayable de la figura de Perón.

¿Había en Mayoría o al menos en sus directores y equipo un “ser” o una “naturaleza” susceptible de ser definida en los sentidos a los que estamos apuntando? Si existiera tal cosa y, sobre todo, si fuera pertinente enunciarlo de tal manera en nuestra disciplina, la historia, buscaríamos en el baúl del nacionalismo, un nacionalismo, eso sí, atravesado por la experiencia de las masas peronistas y por las sorpresas del posperonismo.

Pero si la familia del nacionalismo es sin duda el punto de partida, o quizá, mejor dicho, el punto de observación del medio, el devenir en el que participa condiciona y explica, mucho más que sus “preferencias”, sus oscilaciones políticas.

Más perseverantes, y sobre todo más entusiastas que los propios peronistas fueron en sostener el gobierno surgido del pacto. Esto constituyó casi una novedad en la tradición nacionalista y por algún tiempo Mayoría, que en el camino no dejó de distanciarse del espíritu “gorila” ni de prevenir respecto del “comunismo”, comulgó con la ambiciosa perspectiva económica de lo que llegaría a conocerse como la gestión “desarrollista”. No eran los únicos nacionalistas en simpatizar con los rumbos de la empresa de Frondizi y Frigerio, ya que Amadeo y sus seguidores se habían integrado al gobierno de la UCRI haciéndose acreedores por ello de cargos y representaciones.

Al tiempo de ser denunciado unilateralmente el pacto por parte de un peronismo que políticamente siguió proscripto y de la reorientación de Frondizi hacia una política económica ortodoxa asociada a un plan de estabilización monitoreado por el FMI y conducido por Álvaro Alsogaray, rompieron lanzas contra el gobierno.

Volvieron así a jugar la baza opositora, una tradición en la prensa nacionalista, aunque transitando un camino en el que el apoyo a los sectores obreros y la impugnación a la dirección de la administración nacional terminó en la carta, por cierto, radical, de empatizar con la actividad y demandas de los “Uturuncos”, la primera guerrilla peronista, cuya voz hicieron llegar por vez primera en esa escala.

Antes, como hemos visto, las páginas de Mayoría fueron expresión de la investigación de la Operación Masacre y se constituyeron en reivindicadores natos de una historia que, desde junio de 1956, había sumado mártires a la causa del amplio campo nacionalista, sea en su vertiente de elite o popular.

En este último punto como en el de la redefinición del sujeto obrero, más aún que en el comportamiento oscilante de sus posicionamientos políticos, Mayoría dejó una huella indeleble en la prensa política.

De manera involuntaria incorporó también otro elemento al campo de la política y la opinión pública. A partir de la expansión de su tirada y su peso creciente en la sociedad política, acrecentada en base a sus denuncias o encuestas polémicas, sus ediciones fueron la plataforma para el posicionamiento, reconocimiento y promoción de la figura del intelectual “nacional-popular”. A las columnas estables, se agrega el anuncio en tapa, las entrevistas, la difusión de conferencias, la publicidad de los libros, el comentario elogioso en la sección de crítica literaria. Es real y cierto que no fue el único medio que actúa en ese sentido, pero posiblemente haya sido el más poderoso en el despliegue de este fenómeno. Quizá sea este uno de los principales y más perdurables puntos de originalidad y legado de la historia de las ideas y del lenguaje político contemporáneo de uno de los periodos más complejos, agitados y creativos del devenir argentino.

 

Bibliografía

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[1] Lecciones del 1 de mayo. La fuerte fibra nacional del sindicalismo argentino rechaza la injerencia marxista (Mayoría, 6, 13-5-1957: 10-11). La nota está orientada a mostrar la baja concurrencia y a criticar el contenido de las alocuciones de los oradores del acto de Plaza Miserere (aclaran que no se le ha cambiado oficialmente el nombre a esa plaza por lo que no debe ser llamada 11 de septiembre).

[2] El “copamiento” por los comunistas de la Comisión Intersindical parece preocupar a los editores de Mayoría, ya que en la sección Revista de la Prensa Política se hacen eco de la misma preocupación manifestada por Azul y Blanco (Mayoría, 8, 27-5-1957: 13).

[3] El columnista de Mayoría, Roberto Juárez, insiste en referir a él como “capitán Patrón” (Mayoría, 24, 16-9-1957: 12-13).

[4] Los sindicatos antiperonistas que se retiraron del congreso y comenzaron a actuar, a su vez, como las “32 Organizaciones Democráticas”.

[5] Mayoría, 36, 9-12-1957: 10-13. Se trata de la nota más extensa de la sección, ocupando tres carillas completas.

[6] En realidad, la primera Comisión de Poderes había sido ganada por los no peronistas, pero la moción exitosa para conformar una Comisión Verificadora del mandato de las delegaciones cambió la relación de votos luego de que peronistas y comunistas negociaran en un cuarto intermedio y se produjeran contactos entre Manuel Carulias y John William Cooke, aun internado en Chile pero representado por su hermano, Jorge, en el sentido de habilitar una negociación con Victorio Codovilla, del Partido Comunista (Panella y Gasparri, 2007).

[7] Mayoría, 37, 16-12-1957: 5. Nota firmada por Víctor Santos.

[8] La Nación, 5-1-1958, tapa. Según la fuente, el último de los nombrados se oponía terminantemente a continuar con las acciones violentas. Cooke acababa de lograr salir de Chile, ya que la justicia de ese país finalmente no hizo lugar a la extradición solicitada por el gobierno argentino.

[9] Así llega a sostenerlo, precisamente, Mayoría, 42, 20-1-1958: 4 y ss.

[10] En esta tarea se destacaron, fundamentalmente Mayoría, parcialmente Azul y Blanco y, desde otro punto de vista, Qué sucedió en Siete Días.

[11] “Atraídos por esa patriótica determinación han vuelto por aquellos pagos a renacer las gestiones pro-formación de Partidos llamados ‘neoperonistas’ cuyos promotores tratan de confundir a la masa adjudicándose una herencia que no les pertenece. Hasta llegan a la temeridad de invocar adhesiones de dirigentes encarcelados que por supuesto no les han sido otorgadas” (Norte, 692, 21-11-1957: 3).

[12] Perón recomendaba en concreto dejar de recibir gente en Montevideo y evitar a “algunos vivos (que) están recorriendo invocando sus nombres” (Perón a Cooke, 18-6-1958, en Perón y Cooke, 2008: 69).

[13] Recorte de Mayoría, sin fecha (Mayoría, 80, 23-10-1958).

[14] Debemos aclarar que se trataba, en el caso de Voz peronista, de un sustituto que aparecía cuando Norte era clausurado o enfrentaba otros problemas para su circulación. Conversación con Carlos Campos, 3 de agosto de 2019.

[15] José María Castiñeira de Dios fue el redactor, sufriendo leves retoques de mano de Enrique P. Olmedo.

[16] Mayoría, 117, 23-7-1959, Tapa. Para contextualizar las acciones relativas a este tipo de homenaje puede verse Ehrlich (2019: 313-328).

[17] Mayoría, 18, 7-8-1957, y se continúan hasta el 42 de enero de 1958, en 25 entregas.

[18] Mayoría, 103, 9-4-1959 y las ocho entregas sucesivas.

[19] Mayoría, 8, 27-5-1957: 29. En la conclusión señala: “El libro de Fermín Chávez, escrito con empuje y con estricto sabor –hay en él innumerables horas de archivo, de búsqueda, de afán investigador–, es un aporte notable a esa tarea de esclarecimiento en que están empeñados hoy no pocos argentinos”.

[20] Mayoría, 98, 5-3-1959: 27-28. Velázquez es un escritor de origen obrero que había escrito Carne de fábrica en los años treinta, Pobres habrá siempre en la década del cuarenta y se había desempeñado como director de la Comisión de Bibliotecas Populares de la República Argentina bajo el peronismo (Korn, 2016).

[21] Mayoría, 111, 4-6-1959: colocan en tapa la foto de Scalabrini e incluye nota con la ceremonia del entierro y da cuenta de los oradores. En la entrega siguiente Soler Cañas escribe un extenso artículo (Mayoría, 112, 11-6-1959: 28-30). El semanario convoca y cubre los actos de recuerdo de RSO (Mayoría, 114, 25-6-1959: 15) con fotos de Rosa, Eguren, Chávez, Trípoli, etcétera.

[22] Mayoría, 22, 2-9-1957: 15. Comentario de Juan Cruz Romero (Fermín Chávez) sobre el libro, incluyendo foto del autor.

[23] Mayoría, 33, 18-11-1957: 15. El anuncio de la editorial lo señala como “¡El éxito del año!” y en el texto anotan: “Una dramática requisitoria contra el liberalismo. Versión del pasado que enaltece al pueblo, vindica a sus caudillos y restablece las auténticas bases de la nacionalidad”.

[24] Podemos inferir que se trata de un auto-reportaje.

[25] Carta de Eloy Arniches (José María Rosa) a Fermín Chávez (Mi querido Chávez). 18 de enero de 1958.

[26] Mayoría, 46, 17-2-1958. En publicidad de Theoria se lo anuncia como “¡El libro del año!”. En el número 48 (7-3-1958) figura un recuadro realizado por los editores del semanario en el que se lo refiere con familiaridad como “El libro de Pepe Rosa”. En el número 48 destacan la salida del libro en la Crónica Semanal. En el número 52 le realizan un reportaje. En el número 61 anuncian su regreso al país. En el 63 realizan una nota con fotos titulada “regresó el doctor Rosa (h)” señalando que su exilio duró justo dos años. En el numero 98 realizan un comentario del libro con foto del autor e imagen de la tapa del libro.

[27] Desde el número 79 (16-10-1958: 30-31) hasta el 127 (1-10-1959: 28-29). Este material será la base del libro La guerra del Paraguay y las montoneras argentinas que saldrá años más tarde.

[28] Escribe sobre “Sarmiento y la educación” (Mayoría, 89, 25-12-1958: 28-29; 93, 29-1-1959: 27-28; 96, 19-2-1959: 28-29). El mismo autor desarrolla una entrevista a Ricardo Caballero en entregas de Mayoría que se inician en el número 97 (26-2-1958: 8-9) y se prolongan hasta el 108 (14-5-1959) a lo largo de doce entregas. Luego escribe una serie sobre Los olvidados de nuestra historia, dedicados al coronel Prudencio Arnold comenzando las entregas en el número 114 (25-6-1959: 28). Tiempo más tarde retoma la historia desde la otra cara: “Manuel Baigorria, cacique y coronel” (Mayoría, 124, 10-9-1959: 18-19).

[29] Mayoría, 65, 7-7-1958: 31. En Mayoría, 76 (22-9-1958: 35) escribe sobre José Hernández. En ese mismo número difunden “un libro revelador”: Rafael Hernández (el hermano de Martín Fierro), disponible para la compra en la Librería del Instituto JM de Rosas.

[30] Escribe una nota titulada “Como se fundó La Nación. ¿La proveeduría del ejército fue, a partir de Caseros, un bien de familia?” (Mayoría, 123, 3-9-1959: 21).

[31] Mayoría, 63, 23-6-1958. Anuncian que aprovechará el viaje para reunir antecedentes para su próximo libro La Patria Grande y la patria chica y para tomar contacto con representantes en Europa de países afro-asiáticos.

[32] Vacarezza había fallecido hacía poco y en el número 124 (10-9-1959: 24-25) Juan Oscar Ponferrada le había dedicado una extensa nota.

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