Borlenghi y el socialismo práctico de la emancipación nacional

Emanuel Bonforti

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“Nosotros, todos los trabajadores, somos mucho más despiertos de lo que ellos creían, y nos dimos cuenta de que había que apoyar a ese hombre, Perón, que era el único que entendía nuestro problema y que tenía ideas claras respecto de la suerte de la Nación Argentina” (Ángel Borlenghi).

Es difícil identificar trabajos académicos o de divulgación vinculados a los hombres que formaron parte de los gabinetes de las primeras presidencias de Juan Domingo Perón. También se dificulta identificar textos que trabajen el tránsito de hombres y mujeres del Partido Socialista al peronismo. En ese sentido, poco se conoce por fuera de los círculos políticos del legado y la obra de Ángel Gabriel Borlenghi, más allá del trabajo de Enrique Pavón Pereyra escrito a finales de la década del 90.

El presente trabajo tiene como objetivo principal analizar de forma sintética la trayectoria de Borlenghi, su tránsito del socialismo al peronismo y la importancia en la estructura gubernamental que adquirió entre 1946 y 1955. Asimismo, el objetivo secundario es analizar brevemente la crítica que se realiza desde tradiciones vinculadas al pensamiento nacional y el revisionismo histórico al Partido Socialista Argentino.

 

El Partido Socialista y el fracaso de su estrategia popular

Ángel Borlenghi llega al peronismo previo paso por el Partido Socialista, donde forjó una actividad prolífica de militancia durante la década del 30, dando muestras de lucha y negociación ante el contubernio gobernante. En este período se desempeñó como secretario general de la Conferencia General de Empleados de Comercio hasta 1946.

Es conveniente detallar la cosmovisión del Partido Socialista desde su conformación, lo que podría otorgar pistas sobre las causas del alejamiento de Borlenghi y su paso al peronismo. Existe una serie de atributos analizados por el revisionismo histórico que detallan la conformación ideológica del Partido Socialista fundado por Juan B. Justo. En primer lugar, la adhesión a la política inmigratoria del modelo primario agroexportador. La motivación del socialismo se comprende por ponderar una base social de trayectoria europea, vinculada con una tradición de lucha forjada en el Viejo Mundo. En paralelo aparece la desconfianza hacia el proletariado de origen criollo. De esta manera se observa una concepción parcializada que confunde la parte con el todo, es decir, creer que Buenos Aires representa la totalidad del país.

Nadie podría negar que gran parte del mundo obrero de Buenos Aires se veía seducida por la propaganda socialista. El error del Partido fue haber confiado en que esta fotografía sería la composición de la lucha de clases. Con esto no contemplaron el carácter y la tradición mestiza de buena parte de la América del Sur. Así, fue creciendo en los arrabales de la ciudad a partir de la década del 30 un movimiento migratorio de gran escala que el Partido Socialista no logró interpelar. A esa frustración se le sumaban los hijos de inmigrantes, cuya cosmovisión tampoco era la misma que la de sus padres.

El otro punto formativo que denuncia el revisionismo se vincula a la defensa del libre cambio impulsada por el socialismo local. Acá se produce una nota paradójica: favorecer el librecambio implicaba fortalecer la división internacional del trabajo, pero también implicaba ahogar cualquier experiencia industrial de carácter nacional. Así se bloqueaba la expansión del movimiento obrero industrial.

Sin embargo, esta concepción porteñocéntrica y librecambista a principios de siglo XX generó tensiones al interior de las filas del socialismo argentino. Manuel Ugarte se levantó contra la cúpula del Partido, distanciándose de la mirada internacionalista anclada en la tradición de civilización y barbarie. Con un ideario latinoamericanista, recorrerá el continente con una prédica antiimperialista ajena al ideario del socialismo juanbjustista. Con el tiempo, Ugarte será otro ejemplo de transición del socialismo al peronismo, siendo funcionario durante el gobierno de Perón.

El otro tema señalado por el revisionismo tiene que ver con la comprensión del conflicto social por parte del Partido Socialista, que lo analizaba bajo categorías europeas. De esta manera, construye un relato donde identifica clases sociales inexistentes en la realidad local e inviabiliza a los sectores dominantes: la oligarquía.

 

El mundo del trabajo previo al peronismo y la influencia de Borlenghi

Al más rabioso opositor al peronismo le costará negar la ampliación derechos impulsada a partir de 1943. La llegada de Perón a la Secretaría de Trabajo y Previsión modificará la órbita del trabajo local, pero también el mundo obrero va a influenciar en la práctica política de Perón. Se retroalimentarán, se construirán uno a otro, en un proceso con cambios y negociaciones, aprendizajes y nuevas síntesis. Proceso que tiene a Ángel Borlenghi como uno de sus principales referentes.

Así, de acuerdo a la rama, algunos gremios se vincularán desde el primer momento con Perón, otros se mostrarán más duros, y otros más comenzarán repensar el vínculo a partir del 17 de octubre. Aquí aparece Ángel Borlenghi, quien hasta 1943 fuera dirigente de la CGT2. Sin embargo, fue uno de los referentes del movimiento obrero que más se “peronizó”, terminando como uno de los ministros de mayor permanencia en el cargo durante las presidencias de Perón.

Perón debió llevar adelante diferentes estrategias de acercamiento hacia el movimiento obrero. El conocimiento del territorio nacional, la comprensión de los movimientos migratorios y su componente cultural, el análisis de las necesidades del desarrollo de la industria local, el convencimiento de impulsar políticas que garanticen el pleno empleo y un mercado interno orientado al consumo, fueron elementos claves para ganarse la confianza del Movimiento Obrero. Por primera vez los dirigentes sindicales, entre ellos Ángel Borlenghi, advertían la llegada de una democracia de carácter social. En esa retroalimentación, en ese diálogo por una experiencia basada en la igualdad, se construye la conducción de Perón en relación al movimiento obrero, y la figura de Borlenghi no escapará a esa lógica. Con esto queremos decir que no existe una accionar maniqueo de Perón para el sindicalismo: parte de éste es portador de una tradición, de una experiencia de la cual Perón deberá también embeberse.

Borlenghi adhiere al peronismo a partir de octubre de 1945. Es junto a Juan Bramuglia la correa de transmisión del socialismo que nutre el joven peronismo. Son ellos –como dice Carlos Piñero Iñíguez– el legado simbólico del ideario socialista al peronismo de 1946-1955. Fruto de esta relación es la incorporación de vocabulario con connotación obrera que será utilizada por el mismo Perón: la justicia social, la independencia económica, la identificación de la oligarquía como enemiga del pueblo.

 

Borlenghi, hombre de Estado

Como homenaje a la obra de Enrique Pavón Pereyra sobre Ángel Borlenghi, cabe mencionar la batería de leyes obreras en las que participó como secretario general de Empleados de Comercio. Por ejemplo, la implementación del sábado inglés, licencias pagas por enfermedad o accidente, vacaciones pagas, protección por maternidad, prohibición de despido por matrimonios, implantación del aguinaldo, creación de la Caja de Jubilaciones para los empleados de comercio.

Como ministro del Interior tuvo una prolífica obra. Sin embargo, quisiera detenerme en la defensa que desarrolló sobre alguna de las principales iniciativas llevadas durante el proyecto de Justicia Social. En este punto, cabe mencionar la argumentación desarrollada por Borlenghi durante los debates previos a la Reforma Constitucional de 1949: consideraba que la necesidad de una modificación de la carta orgánica se vinculaba con un cambio de época, identificada con la idea de una Nueva Argentina, de un movimiento refundacional sostenido en las tres banderas del peronismo. La defensa de la Reforma también se respaldaba en una nueva filosofía que abrazaba al elenco gobernante: la fundamentación era que la antigua Constitución fue inspirada bajo la tradición del pensamiento liberal sostenida bajo una filosofía individualista. La nueva Constitución, por el contrario, en la visión de Borlenghi se sostenía desde un encuadre filosófico humanista y social, donde se buscaba la protección de las masas laboriosas sin amenazar ningún derecho individual. Por último, resulta interesante destacar que el sustento de la Reforma es el pueblo: la modificación se hizo bajo el imperio de la democracia de masas, sostiene Borlenghi, apreciación que será clave también para su actividad diaria como ministro, pero también como responsable sindical.

Así, y siguiendo la obra de Pavón Pereyra, la obra de Borlenghi debe ser vista de manera integral. Para los que lo conocieron, no existieron diferencias en su paso como dirigente gremial a funcionario de gobierno. En su derrotero público logró combinar la audacia del hombre gremial con el pragmatismo que implicaba ser ministro del Interior. Supo aplicar la acción directa en su paso por el mundo gremial, pero también debió tener el don de la persuasión como ministro. Conoció los secretos y los intersticios de la política, y hasta algunos comentan que, de haber estado Borlenghi en septiembre de 1955, se habría evitado el golpe de Estado.

Para finalizar, el apellido Borlenghi implica la llegada de nuevas personas en la política, alejadas de la casta oligárquica, hijas de inmigrantes y del país que debieron repensar la Argentina. Esos nuevos apellidos formaban parte de una nueva generación, preocupada por los avatares del contexto internacional, pero conocedora de nuestras debilidades y grandezas, y fue en este último sentido que se desarrolló el Proyecto de Justicia Social.

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