La foto, el zoomperonismo feminista, la revista

Carina Vieta y Adriana Capuano

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La foto

4 de junio de 2020. Los primeros mensajes del día. Varios tweets de amigas y conocidas, todos con el mismo enojo:

@lucianapeker: ¿Es necesario que en el día de Ni Una Menos haya una reunión de 17 hombres sin ni una mujer? ¿La Argentina en serio es un país en el que se pueda pensar productivamente en una mesa sin mujeres?.

@carinavieta: ¿Y? ¿Qué opinas?

@adrianacapuano: ¡¡Igualdad de género, te la debo!!

@carinavieta: Acordate que en estos meses ya aparecieron varias fotos de Alberto en reuniones sin mujeres o con pocas mujeres en posiciones marginales.

@adrianacapuano: Sí, me acuerdo de los posteos del mes pasado cuando salió en la foto, en Olivos, con ejecutivos y gremialistas, todos hombres. Esa vez, el tirón de oreja se lo dieron desde muy cerca.

@VilmaIbarraL: Ninguna reunión de personas empresarias y sindicalistas con el gobierno está completa sin mujeres. Somos parte central del mundo empresarial, del trabajo, de la creatividad y de la búsqueda de soluciones. Somos imprescindibles para poner a la Argentina de pie #EsconTodas.

@carinavieta: Podríamos decir, a lo Macedonio Fernández: ¡eran tantas las que faltaban que, si falta una más, no cabe!

En los días sucesivos, el reclamo se hizo viral y el presidente y otros funcionarios tomaron nota del error y expresaron sus autocríticas. “Tenemos que imponernos la idea de que debemos ayudar y hacerle más fácil a la mujer que gane el espacio de igualdad. Tenemos que trabajar y pensar en eso todos los días”, señaló Alberto, comprometiéndose a aumentar la representación femenina en los próximos actos públicos de gobierno.

Esta falta de timing y de cuidado en las imágenes oficiales, incluso el mismo día de la conmemoración de los cinco años de la primera manifestación del movimiento Ni Una Menos, podría leerse como una falla de asesoramiento en el protocolo presidencial, o como un acto fallido de los funcionarios que, según el planteamiento clásico del psicoanálisis, proporciona información sobre los procesos inconscientes de las personas que los cometen, sobre todo si ese lapsus se reitera.

No podemos dudar de las intenciones explícitas del presidente, ni desconocer los avances concretos en cuanto a la incorporación de mujeres a su gabinete. Alberto lo expresó claramente en su discurso, el día de su asunción en el Congreso: “en estos próximos cuatro años haré todos los esfuerzos necesarios para que estén en un primer plano los derechos de las mujeres. Buscaremos reducir, a través de diversos instrumentos, las desigualdades de género, económicas, políticas y culturales. Pondremos especial énfasis en todas las cuestiones vinculadas al cuidado, fuente de muchas desigualdades, ya que la mayor parte del trabajo doméstico recae sobre las mujeres en Argentina, al igual que en otros países. Ni Una Menos debe ser una bandera de toda la sociedad y de todos los poderes de la república. El Estado debe reducir drásticamente la violencia contra las mujeres hasta su total erradicación. También en nuestra Argentina hay mucho sufrimiento por los estereotipos, los estigmas, por la forma de vestirse, por el color de piel, por el origen étnico, el género o la orientación sexual. Abrazaremos a todos quienes sean discriminados. Porque cualquier ser humano, cualquiera de nosotros, puede ser discriminado por lo que es, por lo que hace, por lo que piensa. Y esa discriminación debe volverse imperdonable”. Y lo dejó aún más en evidencia en su saludo en la Plaza de Mayo: “Volvimos y vamos a ser mujeres” (sic).

Un informe de la doctora Paula Canelo (2020), Género y Poder en el Gabinete de Alberto Fernández, del que recomendamos su lectura, indaga sobre la composición de las cúpulas de funcionarios y funcionarias en el actual gabinete. En la introducción abre un planteo interesante: “el problema de la desigualdad de género fue una de las preocupaciones de Alberto Fernández, actual presidente argentino, por lo menos desde la campaña electoral de 2019. Esto se concretó, puntualmente, en la creación del novedoso Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad en la estructura gubernamental. Sin embargo, ¿se comprueba esta preocupación también en el reclutamiento más general de funcionarias en las altas esferas del gabinete nacional?”. La investigación compara las últimas tres gestiones, desde 2011. Los resultados demuestran que todos los ministerios del actual gobierno están por encima del promedio en participación de mujeres en puestos de toma de decisión.

Extraemos algunas conclusiones:

  1. Récord histórico de mujeres ocupando altos cargos en el gabinete nacional inicial: 37%.
  2. Se consolida orientación general hacia la paridad de género: la mitad del gabinete alcanza la paridad, invierte la mayoría masculina o supera el 40% de mujeres.
  3. Ministerios que más mujeres designaron en altos cargos: Mujeres, Géneros y Diversidad (100%), Seguridad (62%) y Educación (53%).
  4. Ministerios que no designaron ninguna mujer en altos cargos: Trabajo, Transporte y Obras Públicas (0%).
  5. Aumento de la presencia de mujeres en segundas líneas jerárquicas: secretarías (40%) y subsecretarías (38%).
  6. Se revierte la masculinización tradicional de algunas áreas políticas: Jefatura de Gabinete, Interior, secretarías de la Presidencia y Defensa.
  7. Se mantiene la masculinización de áreas económicas, con excepción de Desarrollo Productivo (más de 40% de mujeres) y Economía (30%). Agregamos que el Ministerio de Economía inauguró la Dirección de Economía y Género.
  8. Se profundiza la masculinización en Relaciones Exteriores, Transporte, Obras Públicas y Trabajo.

Estos son algunos datos que sugieren que estamos avanzando en el camino para lograr una mayor igualdad en los espacios de toma de decisiones políticas y gubernamentales. Sería importante continuar estas líneas de investigación, profundizando los análisis en aspectos como: la situación en otros espacios de poder –empresarial, sindical–, los mecanismos de acceso y la construcción de las agendas de género y diversidades en la Argentina actual.

En el mundo prepandémico –¡hace apenas seis meses!– eran muy grandes las expectativas depositadas en el gobierno peronista de unidad que había llegado al poder estrenando la ley de paridad en el legislativo. Todas celebrábamos la incorporación de la perspectiva de género y ansiábamos ver concretadas aquellas políticas que dieran, por fin, respuesta a temas aún postergados, tales como la legalización del aborto, seguro y gratuito, y la organización de las tareas domésticas y de cuidados.

Pero entonces llegó el COVID-19. La crisis redujo los espacios de intercambio, de militancia y de expresión al mundo digital, televisivo, comunicacional. Giovanni Sartori (2012), en su libro Homo videns, afirma que en la “cultura visual” es ininteligible aquello de lo que no existe imagen alguna. Ser visualizado sería casi la condición sine qua non de la existencia. Por eso, sacar a las mujeres de las imágenes oficiales tiene una fuerza argumentativa concluyente: ¡no estamos invitadas a la mesa de decisión! Aunque las intenciones y los datos demuestren un avance, una escena del poder sin mujeres implica un retroceso.

Lo reprochable al equipo de comunicación del gobierno –al que imagino diverso y plural– es su déficit de atención a la famosa “batalla cultural” por la construcción de sentido común, que hoy pretendemos sea sentido común con perspectiva de género. Ya lo decía Álvaro García Linera: “todas las luchas políticas son luchas por el sentido común”, que es “el orden del mundo escrito en la piel de las personas, son símbolos, lógicas, ordenes morales que orientan nuestra vida cotidiana en relación con los otros sin necesidad de pensar en ellas, son disposiciones razonables sobre las que no razonamos” (Canelo, 2019).

Los dilemas provocados por el COVID-19 no se van a resolver sin tomar en cuenta las necesidades y posturas de todas las diversidades: de género, de edad, de condición social. En el tiempo que viene, a las desigualdades preexistentes habrá que sumarle las nuevas injusticias generadas por la crisis sanitaria, económica y social. A la concertación social necesaria para enfrentar la enorme tarea de activar la economía habría que empezarla haciendo el esfuerzo por ubicar a todas y todos en sus sillas, aunque estemos a dos metros de distancia.

 

El zoomperonismo y el feminismo

Quedarse en el reproche y en la indignación no es de peronista, ni de feminista. La cuarentena vació las calles de marchas y manifestaciones por las reivindicaciones feministas, pero intensificó nuevas formas de militancia que ya se venían explorando en los últimos tiempos: la militancia digital.

“Una politicidad femenina no puede ser principista, sino pragmática, capaz de improvisar”, sugiere Rita Segato (2019). A gran velocidad, las mujeres peronistas de todas las edades aprendieron las nuevas maneras de acortar distancias y de movilizarse. El “zoon politicón” aristotélico viró a un “zoom politicón” digital. El neologismo no solo alude a la participación en plataformas de videoconferencias como Zoom, sino también al sentido onomatopéyico del anglicismo: zoom, ir a gran velocidad produciendo un zumbido. El zoomperonismo feminista está haciendo ruido en streaming.

Estamos inmersas en una realidad excepcional construyendo, sobre la marcha, nuevas modalidades de militancia política. Por eso, resulta tan útil dar cuenta de las experiencias concretas.

Vuelven los mensajes:

@carinavieta: ¿Cómo te fue en la videoconferencia del Encuentro de Participación Política Federal?

@adrianacapuano: Nos fue muy bien. Muy interesante. Más de 300 mujeres, muchas de ellas ministras, legisladoras y funcionarias en general, con un marco de participación muy federal. Muchas de las mujeres ya armaron redes y grupos de WhatsApp, entre ellas concejales. Los temas fueron muy variados, pero se habló de la participación de la mujer en el ámbito de la política y de espacios de poder en general. La democracia paritaria sobrevoló toda la videoconferencia. Y también… la violencia política. ¡No siempre ejercida por los varones, claro! Una afirmación que me hizo asentir con la cabeza, mientras la escuchaba, provino de una compañera senadora de Chaco, orgullosa de su militancia y agradecida, quien, respecto a la participación del feminismo en los partidos políticos dijo: “Hace falta más feminismo en el peronismo y más peronismo en el feminismo”.

@carinavieta: ¿Cuántas de las mujeres presentes en la videoconferencia –cuadros políticos del peronismo, feministas, militantes y de un valor indiscutido– participaron de las mesas chicas donde se tomaron las decisiones en los últimos armados de lista?

@adrianacapuano: ¡Nadie! Más tarde, seguimos comentando en el grupo de compañeras y compañeros respecto a la cuestión del feminismo y su mirada intergeneracional. Me voló la cabeza la respuesta de Camila, de 15 años, quien habla con su padre, militante peronista, que la apoya en sus luchas y le dice: “Los varones que hacen política pretenden introducirse camuflados en el mundo del feminismo… Escucho que suelen hablar en nombre del feminismo selectivamente, para descalificar a otros”. Yo, que estoy en el grupo, sostengo que, más que varones que pretendan integrar el feminismo, deberían abrir los espacios de poder para darnos la participación que sin ninguna duda nos merecemos. Y Flor, de 32 años, militante feminista si las hay, me contesta: “No hay que pedirle permiso a los hombres para que abran lugares de participación, o rogarles que nos abran las puertas para participar. Hay que lograrlo por las buenas, con la coherencia en el decir y el hacer, porque a las palabras se las lleva el viento. Las fotos de actos y reuniones con mayoría absoluta de hombres es la representación del poder real, donde no hay lugar para las mujeres”.

 

La revista

Hace unos días una de nosotras encontró en su biblioteca la colección de revistas Género y Peronismo, G+P, dirigida por Ana Zeliz y publicada, en los 2000, por el Instituto de Altos Estudios Juan Perón presidido por Antonio Cafiero. Volvió a admirar su edición. Las había guardado, justamente, por su calidad. Los lectores y las lectoras agradecemos el esmero puesto por los editores en los usos del lenguaje, la composición gráfica, la selección de imágenes, el grosor del papel y, por supuesto, la calidad de los escritos. Para quienes somos migrantes golondrina entre la lectura de medios digitales y medios en papel, nos gratifica el acto de leer un buen libro. Es que el tacto importa, y tal vez más aún en épocas de distanciamiento.

Las G+P son revistas pensadas para durar, coleccionables, que transmiten el respeto con el que la directora y sus colaboradores y colaboradas encararon un tema complejo: la mirada peronista sobre la cuestión de género y la mirada de género sobre la cuestión peronista. La colección arranca con una confesión editorial: peronismo y género era, aún a principios de este siglo XXI, una asignatura pendiente en nuestro Movimiento. Es interesante ver, a lo largo de los artículos y relatos de los años 90 y principios del 2000, las tensiones, avances y retrocesos vividos dentro del partido, que no pudo negarse a representar las complejas identidades de los nuevos actores sociales.

María del Carmen Feijoó (2008) lo explica así: “El intento de combinar esas dos identidades tropezó siempre con dificultades, expresadas generalmente en el estupor que producía la hibridez de esa audacia. Sin embargo, había evidencia histórica para mostrar que no se trataba de una quimera y que, por el contrario, era un camino firme para conseguir cambios. Pero el conflicto continúa. Porque probablemente, si a lo largo de la asunción de las diversas máscaras en la historia, el peronismo pudo ‘aggiornarse’, modernizarse o, incluso, vaciarse en relación con su contenido doctrinario, en la cuestión de la mujer (o de género) fue especialmente chúcaro, resiliente y hostil en relación con el reconocimiento de la legitimidad de esas demandas, y poco flexible para aceptar la introducción del pensamiento feminista post-60. Paradójico, por decir lo menos, porque como en otros tantos aspectos de la vida nacional, fue el peronismo el que realizó innovaciones legales, institucionales y políticas que mejoraron notablemente la vida de las mujeres y su participación en la escena nacional”.

Sin duda, en la últimas dos décadas, el peronismo ganó muchas batallas políticas y culturales para el avance de los derechos de las mujeres, que no pretendemos enumerar aquí. Nuevas generaciones de mujeres peronistas y feministas “tomaron la posta de quienes las habían precedido” (Bellota, 2019), incorporando el adjetivo “feminista” al Movimiento nacional, popular y democrático, tal como lo impulsó Cristina Fernández de Kirchner en el debate por el proyecto de ley para legalizar la interrupción voluntaria del embarazo, en el Senado, en 2018.

Una buena forma de aprovechar la cuarentena es releer –entre videoconferencias– esta historia reciente en la voz de sus protagonistas, entre ellas: Cristina Álvarez Rodríguez, María Alicia Timpanaro, Magdalena Faillace, Alicia Pierini, Ani Cafiero, Juliana Marino, Virginia Franganillo, Estela Díaz, Claudia Bernazza. Mujeres que merecen un reconocimiento por su larga trayectoria en la ardua tarea de despatriarcalizar la sociedad y nuestra organización.

¡Qué interesante sería indagar sobre sus visiones y experiencias en la forma que tienen las mujeres peronistas de hacer política y ejercer el poder! Pero eso merece otros artículos para esta revista.

 

Bibliografía

Canelo P (2020): Género y Poder en el Gabinete de Alberto Fernández. Observatorio de las Elites, Centro de Innovación de los Trabajadores CITRA-UMET-CONICET. Mayo. https://citra.org.ar/wp-content/uploads/2020/06/2020-informe-9-Observatorio-de-las-Elites.pdf.

Sartori G (2012): Homo videns. La sociedad teledirigida. Madrid, Penguin Random House.

Canelo P (2019): ¿Cambiamos? La batalla cultural por el sentido común de los argentinos. Buenos Aires, Siglo XXI.

Segato R (2019): “Rita Segato inauguró la Feria del Libro”. Página 12, 25-4-2019.

Feijoó MC (2008): “Batallas políticas, batallas culturales”. Género y Peronismo, 1, Instituto de Altos Estudios Juan Perón.

Bellota A (2019): El peronismo será feminista o no será nada. Aportes para la construcción de un feminismo nacional y popular. Buenos Aires, Galerna.

 

Carina Vieta es asesora en el Ministerio de Salud de la Nación; Adriana Capuano, consejera del Partido Justicialista por la séptima sección electoral.

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