Neoliberalismo y poder en tiempos de las tecnologías de la comunicación y la información

Verónica Sforzin

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Las transnacionales financieras especulativas y la construcción político-ideológica

La crisis civilizatoria, así como pone en jaque el destino de la humanidad, también abre las posibilidades de construcción de un reequilibrio mundial a partir de la propuesta geopolítica de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Se encuentra en juego cómo vamos transitando esta transnacionalización de las fuerzas productivas. Los conceptos como globalismo financiero o mundo multipolar o pluriversal explicitan los posibles caminos, no lineales, que puede transitar la humanidad. Las transnacionales basadas principalmente en la especulación financiera plantean un mundo hiperconcentrado en la planificación y en la capacidad de apropiación –no solo propiedad– del capital y la riqueza, con fuerzas y formatos del hacer política con miradas globalizantes, en donde se rompen las mediaciones intermedias. “Lo global en conexión con lo local”, es su lema.

Por la gran exclusión y la marginalidad de sectores del trabajo y la desaparición de fracciones de capital que plantea, este modelo necesita –para avanzar en su consolidación– la monopolización y el desarrollo de un fuerte aparato ideológico que le permita reproducirse en el tiempo.

La vieja estructura del capitalismo productivo –basado en la propiedad privada y de manera estructural en reducir todo lo que está bajo esta lógica a ser meramente un objeto de intercambio, una mercancía hiper reducida a su valor de cambio– muta de carácter desde los excesos planteados por el capital financiero especulativo.[1] Para esta fracción de capital no hay pasaje por la producción, por lo tanto no hay pasaje por el “otro”, no hay otro a quien explotar. Es en este sentido que podemos entender el planteo de Jorge Alemán acerca de que es la primera vez que el capitalismo, en su forma neoliberal, no construye hegemónicamente, sino que construye totalitariamente: intenta construir a la humanidad toda a su imagen y semejanza, en donde no hay lugar para la heterogeneidad, ni siquiera para la más mínima planteada desde la diversidad de fuerzas de trabajo. A diferencia de las viejas aristocracias financieras, estas estructuras con escala global tienen mucha más capacidad de apropiación y monopolización del conocimiento. Por un lado, financiando a las Ciencias Sociales, a las cuales, en un proceso dialéctico, impregnan de su lógica. No es casual el resurgimiento de las tendencias cuantitativas, el desarrollo de las neurociencias, del dato como un fin en sí mismo, etcétera. El objeto y objetivo de estudio es puesto por fundaciones y ONG que responden a estas estructuras a partir de financiar programas, congresos, foros académicos y a la educación misma. Y por otro lado, apropiándose monopólicamente de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), lo que permite la concentración de datos y metadatos para el desarrollo de la Inteligencia artificial.[2]

Mientras que en América Latina y el Caribe la concentración mediática se realizó con la presencia de grandes grupos económicos mediáticos (como O’Globo en Brasil o Clarín en Argentina), la penetración de las TIC se realiza sin mediaciones territoriales: es la propuesta de las grandes empresas de la comunicación hacia todo el territorio mundial. Podemos decir que hay una nueva estructura que impulsa un nuevo colonialismo cultural mucho más concentrado que el anterior. En el esquema anterior implicaba la posibilidad de que los estados nacionales avanzaran en presiones, negociaciones y acuerdos con los grupos económicos locales, en donde –si bien existía una agenda planteada desde los grandes núcleos de poder y estos conglomerados funcionaban principalmente de base de maniobras de intereses extranjeros– existía una mediación asentada en el territorio nacional. Este nuevo esquema implica otro desafío para los proyectos nacionales. ¿Cómo regular, cómo negociar, cómo avanzar en soberanía comunicacional con estas estructuras no asentadas en los territorios?

Los grandes avances tecnológicos de la información y la comunicación se produjeron casi en su totalidad en Estados Unidos, en un “ambiente” de estabilidad económica post segunda guerra mundial, en el cual se consolida el avance de Investigación y Desarrollo en las TIC en el trabajo conjunto entre las universidades, la industria privada y los desarrollos militares. Según Fernández-Carrión (2005), “durante la dominación norteamericana sobre el mundo capitalista en su conjunto, la sociedad industrializada, y la mayor parte de países en vía de desarrollado en particular, con una desigual guerra fría contra la Unión Soviética y los llamados países satélites, se desarrolla una revolución tecnológica sobre un nuevo medio de comunicación de aplicación mundial, y desconocido hasta el momento: Internet”. Proceso que parece revertirse en esta primera década del siglo XXI a partir del avance tecnológico de China. Como desarrolla Manuel Castells (1997): “Así, cuando en la década de 1970 se constituyó un nuevo paradigma tecnológico organizado en torno a la tecnología de la información, sobre todo en los Estados Unidos, fue un segmento específico de su sociedad, en interacción con la economía global y la geopolítica mundial, el que materializó un modo nuevo de producir, comunicar, gestionar y vivir. Es probable que el hecho de que este paradigma naciera en los Estados Unidos, y en buena medida en California y en la década de los setenta, tuviera consecuencias considerables en cuanto a las formas y evolución de las nuevas tecnologías de la información”. La tecnología es hija del momento histórico e incide en él de manera específica. Existe una relación compleja entre las TIC, las relaciones de poder actuales, los inventos personales y las apropiaciones e incidencias de la tecnología por parte de la población. “Por supuesto, la tecnología no determina la sociedad. Tampoco la sociedad dicta el curso del cambio tecnológico, ya que muchos factores, incluidos la invención e iniciativas personales, intervienen en el proceso del descubrimiento científico, la innovación tecnológica y las aplicaciones sociales, de modo que el resultado final depende de un complejo modelo de interacción. En efecto, el dilema del determinismo tecnológico probablemente es un falso problema, puesto que tecnología es sociedad y ésta no puede ser comprendida o representada sin sus herramientas técnicas” [nota al pie: “La tecnología no determina la sociedad: la plasma. Pero tampoco la sociedad determina la innovación tecnológica: la utiliza”] (Castells, 1997).

En el plano político, estas nuevas mediaciones ocupan un lugar central en las “democracias” actuales, ya que median, organizan y conducen la relación entre las estructuras políticas y las mayorías, el pueblo (Chomsky), poniendo en crisis el Estado Nación como proyecto, pero también las estructuras político partidarias y los cuadros políticos de organización.

En el plano ideológico cultural, en el intento por su consolidación y reproducción, el proyecto globalista neoliberal financiero especulativo desarrolla una nueva epistemología y una nueva matriz ideológica. A, su vez, por primera vez en la historia, con los dispositivos actuales no solo se desarrolla una matriz de pensamiento, sino que se avanza en el desarrollo de una epistemología (Foucault), es decir de construcción de los marcos de posibilidad del pensamiento y la acción, así como el avance en el intento de constitución de subjetividades funcionales.

 

Episteme, matrices y subjetividad en juego

La Episteme (Foucault, 1986) aparece como el marco de saber acorde a determinada “verdad” impuesta desde el poder​ en cada época –de este modo se sugiere que es muy difícil que las personas puedan entender o concebir las cosas y las palabras fuera del marco de la episteme epocal en que ellas existen. Es decir, cuáles a priori históricos se han desarrollado en una cierta cultura y cuáles conjuntos de relaciones se encuentran en la base de una época dada. “Fenómeno subterráneo, inconsciente, que establece el ‘lugar’ donde los hombres están instalados y desde el cual se conoce y actúa. Una disposición general que carece de reglas estructurales, que se diferencia de una concepción del mundo y a la cual solo puede accederse por la arqueología para detectar claves, pasadizos, dispersiones, incógnitas de difícil resolución” (Argumedo, 2004).

Este marco de verdad, estas posibilidades, no están anclados solamente a un actor de poder determinado, sino a las disputas que posibilitan marcos de pensamiento y acción. No se puede terminar de comprender la “episteme moderna” sin analizar a la burguesía europea en su desarrollo histórico, pero no termina en la caracterización de este actor. Quizás nos acercamos más si miramos las luchas y los caminos posibles que se habilitan en ese momento histórico. El neoliberalismo, como modelo económico y proyecto social, intenta monopolizar las posibilidades del pensamiento y de la acción. Quizás el primer momento más crudo lo vivimos en los 90 con el “fin de la historia”, donde se afirmaba que no había alternativas más que la repetición al infinito de la realidad neoliberal. En la actualidad esta mirada totalizante se encuentra resquebrajada. Hoy la situación de jaque por la crisis estructural sistémica del capitalismo abre la construcción de marcos de posibilidad a partir del ascenso de los BRICS como opción de poder mundial, con China como actor clave, con un proyecto de Estado planificador y el regreso a la economía real, a lo productivo, impulsado desde la constitución de la Ruta de la Seda, etcétera. En esta crisis adquieren vigor y sostienen su vigencia –a pesar de haber perdido gobiernos– las propuestas latinoamericanas de desarrollo desde prácticas, luchas y cosmovisiones propias que se integran al multipolarismo productivo.

Resquebrajado y todo, el neoliberalismo intenta monopolizar las cosmovisiones respecto de las salidas posibles a la crisis, desde una mirada binaria (“dos salidas posibles”) que llevan al mismo lugar. Como plantea Nancy Fraser (2017), se establece la salida por izquierda desde un “neoliberalismo progresista” en donde se imponen como principales las reivindicaciones de las minorías (negros, migrantes, LGTB, el género desde la perspectiva de minoría política, etcétera), desconociendo los problemas estructurales de las clases explotadas y marginadas por estas mismas estructuras económicas transnacionales-globales y se plantea –se financia e incentiva– la “salida por derecha” desde concepciones fascistas o populistas reaccionarias, las cuales reivindican ideológicamente viejas concepciones nacionalistas oligárquicas de metrópolis o países centrales sin asidero en realidades materiales.

Matriz neoliberal

Cuando hablamos de matriz de pensamiento neoliberal, hablamos de cuáles son las ideas-fuerza con las cuales este proyecto intenta legitimarse y construir miradas (Argumedo, 2004). El desarrollo de esta matriz se encuentra enraizada en la concepción dualista de la modernidad europea (Platón-Descartes-Kant) que es estructurante al desarrollo del capitalismo: la división entre alma y cuerpo, mente y cuerpo, e individuo y sociedad, propia de la desaparición de la “comunidad” como el eje organizador de lo social, con el desarrollo del capitalismo como modelo de producción y la separación del productor directo de los medios de producción. Esta matriz choca con las matrices construidas desde el proyecto de poder de la Iglesia Católica (humanista, comunitaria, caritativa, patriarcal); desde el proyecto de las burguesías nacionales de países centrales europeos (liberal, racional, individualista, patriarcal) consolidado luego de la revolución francesa; y desde los sectores del trabajo europeos del materialismo histórico (racional, dialéctica). Así como en Latinoamérica choca con las matrices de los pueblos originarios, sus miradas holísticas y del Buen Vivir. Pone en crisis las anteriores matrices porque representa un nuevo momento dentro del sistema de producción capitalista, de una nueva escala ahora global. Con la incorporación y el desarrollo de la psicología, la sociología y las ciencias en general y las nuevas tecnologías, esta matriz adquiere la especificidad de este momento histórico.

Basada en una mirada racional y dual-binómica, exacerba al individuo por sobre lo social, deviniendo en el híperindividualismo basado en las libertades individuales y dividiendo las esferas de la economía y la política. La economía aparece como no estructural en la sociedad, como no determinante para la organización social. Aparece de forma meritocrática: el que llegó a ser rico es porque se dedicó, porque tuvo una idea y capacidades como Mark Zuckerberg. La economía está ligada al potencial individual. Hay una sobreestimación de los datos y de lo cuantificable como determinante del devenir económico.

En la política se potencia el descreimiento de lo colectivo, de la polis, de lo público, en tanto aparecen como estructuras corrompidas que buscan solo el poder por el poder mismo. Las mediaciones gremiales y políticas incomodan. La matriz neoliberal intenta generar la incapacidad de emancipación del ser humano, manteniéndolo en un estadio condicionado por las emociones, no soportando ni pudiendo sostener el conflicto. Los nuevos dispositivos de las TIC y de los medios conectivos (redes sociales) generan trabas psicológicas –que se basan en la situación estructural del fetichismo del sistema capitalista– que relatan la realidad de tal manera que le es muy difícil al individuo asumir la posición de organizador de lo social y de su vida.

Las estructuras económicas no se ven, están invisibilizadas, y las políticas aparecen como ataduras del ser humano que le impiden desarrollarse libremente. La cultura del trabajo, del esfuerzo y de la producción, propia de la modernidad europea, es reemplazada por la cultura de la apariencia estética, de la especulación y del engaño. Del fondo que era parte y constituía la forma, a la forma vaciada de contenido. De la producción a la especulación financiera.

El consumo se instala como fin en sí mismo, dador de status. Los bienes no son para ser usados, sino para saciar la compulsión que genera la alienación y el extrañamiento con los otros pares. El consumismo enfermizo se consolida como mecanismo psicológico de respuesta a la situación de producir para otro un producto que es apropiado por otro y en una relación de producción que lo enfrenta y hace competir con sus compañeros y cooperar con quien lo niega.

 

Subjetividades

Esta matriz se complementa con la necesidad y el intento de construcción de subjetividades. Las TIC y el desarrollo y la apropiación de las nuevas ciencias avanzan en el intento del control de los bordes, de los marcos de posibilidad en los cuales se construye el sujeto. Se intenta manipular el posicionamiento del sujeto, permitiendo así el control de su comportamiento. “En otras palabras, el botín de guerra del Capitalismo actual es la subjetividad. El neoliberalismo es la primera formación histórica que trata de tocar la propia constitución del sujeto y que ha colonizado ese territorio del sujeto” (Alemán, 2016). “Las fuerzas sociales que administran el capitalismo han entendido que producir subjetividad tal vez sea más importante que cualquier otro tipo de producción” (Guattari, 1992).

Las estructuras trasnacionalizadas construyen mercados financieros de capital ficticio y especulativo –burbujas financieras de emisiones de bonos sin respaldo en la economía real que han pasado de una relación real-ficticio de 1 a 1 hasta 1973 a una de 1 a 2,7 cuando estalló la burbuja especulativa en septiembre de 2008, y de 1 a 17 veces en 2017– que son escenarios de lucha creados y recreados por las propias fracciones de capital. Aparecen como caóticos y en permanente crisis, pero la lógica de acumulación por especulación y centralización de capitales se sostiene incluyendo como instrumento a la crisis por golpes de mercado económico-financiero. De la misma manera, las TIC permiten crear territorios sociales en un nuevo terreno, el de la realidad virtual, distinto al de la realidad física, donde por su propia monopolización –u oligopolización tendencial por el despliegue de China-multipolar– la lógica dominante es la del mercado financiero –que en caso de un desarrollo de las TIC multipolares podrá incorporarse una lógica desde el Estado– que se impone tanto a los gobiernos como a los individuos aislados.

La monopolización de la realidad virtual se hace posible a partir del control capitalista, privado y militar de los grandes medios de comunicación,[3] de la industria del entretenimiento y de Internet –tanto en el software como en el soporte. La posibilidad de construir el marco identificatorio del sujeto implica y conlleva la posibilidad de construcción de lo que el sujeto quiere ser, desea ser, por eso hablamos del control de los marcos de posibilidad. Esto no descarta el uso en la guerra psicológica de “lo pre-simbólico” como forma de manipulación psíquica.

Construir el marco, la matriz, para poder construir el sujeto, construir subjetividad para construir sujetos –comunidad de individualidades. Es el desarrollo, bajo la lógica del capital financiero global, del sujeto como mercancía-dinero sin respaldo real (oro-organización), en tanto objeto de dominación.

Esta nueva forma y modo de relacionarse a través de las TIC pone en crisis la idea de “praxis”, al intervenir en varios niveles: a) en el nivel pre-simbólico: intenta bloquear el desarrollo de la reflexión e intenta retrotraer al sujeto a la etapa pre-simbólica, en donde no nos constituimos como individualidad independiente del otro, sino manteniéndonos en la reacción y la emoción permanente; b) en la lectura de la realidad: la saturación de datos, el ocultamiento de información y su desorden generan interpretaciones neoliberales, individualistas, mágicas, neo-progresistas, formalistas, etcétera; c) en la interpretación de nuestras prácticas sociales: intenta impedir que los sujetos que inician la construcción de organización socio-política puedan desarrollar también una lectura y un diagnóstico que les permitan avanzar en la elaboración de un plan de acción práctico sobre los problemas de la realidad; d) en la generación de comportamientos compulsivos.

El concepto de “praxis” hace a un núcleo de procesamiento y de movimiento a partir de la teoría-práctica-teoría. Estos nuevos dispositivos neoliberales, con sus características específicas descriptas, actúan desarticulando e interrumpiendo este núcleo de procesamiento y producción, reemplazando la práctica colectiva y heterogénea de “la calle” –sea en los sindicatos, organizaciones sociales, partidos políticos, clubes de barrio, etcétera– por el terreno de la realidad virtual. Este desplazamiento, mediado por la comunidad virtual de Facebook-Instagram-WhatsApp, construye un “como si” fuese el único terreno de la realidad. Ambos son reales, en tanto existen como terrenos de comportamiento sociales, ¿pero cuál es el terreno que permite que la organización de las prácticas que constituyen sujetos políticos y sociales se despliegue y desarrolle hacia un proyecto social inclusivo, solidario, democrático, etcétera? El terreno de la realidad virtual que camina por el soporte de Internet, fuertemente monopolizado por empresas, no permite –obstruye– que la práctica política social se despliegue desarrollando relaciones interpersonales, liderazgos y debates que consolidan acuerdos y lecturas en común y un plan de acción solidariamente compartido de poder, de valor y de Estado.

El desarrollo de la hegemonía político cultural es la disputa histórica por el sentido, por instalar los valores dominantes, pero el desarrollo de la ciencia y de la tecnología pone este problema en otro nivel. Las Redes Sociales, como parte de la realidad virtual, intervienen creando lazos sociales-virtuales, fragmentando y subordinando a la población a lo global-transnacional-financiero, dependiente de la red, en donde la monopolización de la tecnología es extrema. Según Ana María Fernández (2012), podemos decir que hay una política de subjetivación de los sujetos de parte de los núcleos de poder neoliberales, hay una intención de desmantelamiento psíquico, de destitución subjetiva.

Como parte de las estructuras de poder trasnacionales financieras podemos ver cómo las redes sociales son el principal dispositivo dentro de las plataformas virtuales en la actualidad, ya que median, organizan y conducen la comunicación entre las personas y desarrollan, como dice Van Dijck (2016), “la era de la conectividad”. Las mismas aportan y avanzan en el intento de construcción de un tipo de subjetividad:

a) Dicotómica y antinómica, no dialéctica, creando la incapacidad de asumir y transitar el conflicto, de producir una síntesis que pueda incluir en otro orden, como una instancia necesaria para la transformación y para mejorar la vida en colectivo. La virtualidad, el terreno de la realidad virtual, es el lugar donde los conflictos se tapan, no se resuelven porque no se enfrentan. Un amigo que no nos gusta en Facebook se “elimina”, una conversación que no nos gusta se oculta, el conflicto-enfrentamiento se pospone indefinidamente y se redirige hacia otro objeto porque se impone-supone que el objeto-valor-poder es antinómico y subjetivo, y nunca contradictorio ni objetivo.

b) Sin orden, ni prioridad. Las redes trastocan el orden de lo que es prioritario y lo que es accesorio sistemáticamente, por eso todo aparece como en un nivel de importancia puesto por la red, que para el consumidor aparece como un bombardeo de información y datos sin orden lógico. Esto incapacita al usuario para poder establecer prioridades. La información aparece y desaparece sin lógica aparente. Esto disminuye la capacidad de diagnosticar, concebir y planificar en función de los propios intereses colectivos.

c) Una subjetividad consumista compulsiva. La desproporción entre el volumen creciente de la producción capitalista global y la reducción del consumo de las masas de trabajadores y los productores locales, que aparece como sobreproducción frente unos y subconsumo frente a otros, requiere que el consumo compulsivo se eleve a una escala irracional, planificada y ficticia. Para lo cual requiere de la construcción de la “necesidad ficticia” a partir de un deseo subjetivamente creado. De una necesidad por el producto socialmente creada se pasó a la instancia en donde el objeto de deseo del consumo se construye por instrumentos ficticios –principalmente a partir de la extracción de datos y meta-datos que construyen los perfiles psicosociales de los consumidores. A partir del procesamiento de grandes masas de datos personales, gracias a redes como Facebook o Google, se trabaja en función de la matriz de consumo, induciendo consumos específicos y en mayor cantidad –o incluso construyendo que la realización subjetiva del consumo no se encuentra centrado en el objeto consumido, sino en la acción subjetiva de consumar el acto de compra del objeto.

d) Una subjetividad desvinculada del otro: el concepto de sujeto implica estar atravesado por el deseo del otro, a través de un vínculo. Cuando la relación pasa a ser con los dispositivos de la red financiera, el otro es la red, la plataforma-nodo que articula-coordina-ensambla la red de proveedores híperespecializados y dispersos. Se produce un paso más en la deshumanización y cosificación del sujeto.

e) Una subjetividad dependiente de lo instrumental y tecnológico, separada del otro en tanto compañero o compañera de necesidades, de intereses y dependiente de las TIC.

f) Una subjetividad cada vez más limitada en la capacidad de simbolizar: la sobresaturación de datos, la fragmentación de la información, la subordinación-negación del texto por la imagen, la instrumentalización de las emociones induciendo la permanente reacción a los estímulos, lleva a limitar la capacidad de procesar información y en las nuevas generaciones limita la capacidad de simbolizar. Una subjetividad que vive permanentemente conectada, en shock y aturdimiento.

g) Una subjetividad fragmentada: con el fetichismo como estructura central de conducción, las redes sociales cooperan a obturar la posibilidad y ayudan a no poder entender la totalidad sistémica del modo de producción social. La red financiera global tiene en su estructura a la híperespecialización como necesidad histórica para producir en red, una red que externaliza-deslocaliza-hiperespecializa-fragmenta el 90% del proceso de producción y solo un 10% permanece como nodo formal-real de ensamble de los bienes y servicios hiperespecializados. Es decir, necesita de una subjetividad fragmentada entre lo global y lo local.

h) Una subjetividad anclada en la imagen. Esta herramienta dentro del dispositivo de redes sociales es muy fuerte, ya que la utilización de la imagen –negando la palabra y el texto– es doble: tanto de sí mismo, como de los estímulos permanentes. La imagen de sí es construida bajo parámetros y estándares prestablecidos. Esto es la propia aceptación de las condiciones bajo las cuales me tengo que construir para ser parte –“el empresario de sí” de Han. Y por otro lado recibo imágenes permanentemente que me hacen “reaccionar”. Esto permite la manipulación desde lo pre-simbólico –cuando no hay una reflexión ni análisis de la imagen–, por eso no es la imagen y el texto, sino que es la imagen negando y ocultando al texto.

i) Una subjetividad del “aquí y ahora”: la aceleración de los tiempos provocados por lo digital, en donde el centro ya hace rato que dejó de ser humano, permite creer que los cambios pueden ser inmediatos, bloqueando e impidiendo transitar los procesos y los tiempos que necesita la construcción colectiva. El tiempo deja de ser el “tiempo de producción” de los duelos, de los consumos individuales y productivos de las mercancías, y pasa a ser el “tiempo de lo virtual”, el consumo virtual casi ilimitado, como la bicicleta financiera especulativa: acumulación ilimitada.

j) Una subjetividad desacoplada entre lo racional (analítico reflexivo) y lo corporal. Internet y las redes sociales profundizan el desacople entre lo corporal y lo racional propio de las antinomias de la modernidad europea. Permite que creamos que podemos adoptar nuevos comportamientos rápidamente, sin consecuencias para nuestra cultura y nuestros cuerpos. Se instalan rápidamente parámetros de culturas y visiones dominantes.

 

Conclusiones posibles

Comprender el desarrollo de estas nuevas formas de producción de lo social y del poder es una necesidad imperiosa para pensar y sostener las condiciones de desarrollo de un proyecto nacional-regional y multipolar-pluriversal. La consolidación del proyecto de estas estructuras hiper-concentradas se sostiene y avanza a partir de la construcción de ideas fuerza, de matrices, y en el intento de apropiación de la subjetividad principalmente con la monopolización de las TIC y sus nuevos dispositivos tecnológicos.

La guerra psicología actual se ejerce principalmente desde la plataforma virtual y desde estos nuevos dispositivos, desde un poder que no aparece como externo, sino interiorizado en el sujeto a través de la monopolización de los marcos de posibilidad en los cuales se construye. Reflexionar acerca de estas nuevas formas de ejercicio del poder, que atraviesan y fluyen por toda la sociedad, es una tarea central.

Estas nuevas subjetividades, que ya son una realidad, interpelan a los proyectos nacionales y populares y a las organizaciones políticas. Se vuelve necesario, imperioso, develar estas estructuras y su funcionamiento. En Argentina, con el proceso de debate y organización popular realizado para construir los puntos centrales de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, se logró develar a los medios masivos de comunicación como portadores de intereses, no neutros. Se generó conciencia social. Muy lejos estamos de develar socialmente a Internet como un espacio en donde se juegan las relaciones de poder, en donde la percepción de libertad ilimitada es solo eso, una percepción construida artificialmente a partir de la relación directa entre los monopolios trasnacionales y los usuarios consumidores. Una interpelación social al respecto es imprescindible para la apropiación y la democratización de estos espacios, incluso para sostener y lograr las construcciones de las mediaciones políticas nacionales y regionales que regulen este poder transnacional en las TIC.

América Latina y el Caribe se deben una profundización del debate respecto de las TIC, que es el debate por la soberanía. Tenemos que avanzar en la construcción de espacios que expliciten las relaciones de poder en estas nuevas tecnologías para no caer en las redes neoliberales. En los organismos regionales que supimos construir, como la CELAC, se realizó un abordaje político de las TIC, principalmente en lo que hace a la necesidad del achicamiento de la brecha digital y a consignas que hacían a la necesidad de usarlas bajo los valores regionales, pero no hubo una promoción concreta que permita generar un freno a esta pérdida de soberanía comunicacional que no cesa desde hace décadas.

 

Bibliografía

Alemán J (2016). Horizontes neoliberales en la subjetividad. Buenos Aires, Grama.

Argumedo A (2004): Los silencios y las voces en América Latina. Buenos Aires, Ediciones del Pensamiento Nacional.

Castells M (1997): La era de la información, economía, sociedad y cultura. Buenos Aires, Siglo XXI.

Fernández AM (2012): Subjetividad y Neoliberalismo. En https://www.youtube.com/watch?v=uTS9NMb1PRM.

Fernández Carrión MH (2005): “Aproximación a las relaciones de poder en la red”. Historia Actual, 6.

Foucault M (1986): Las palabras y las cosas. México, Siglo XXI.

Fraser N (2017): “El final del neoliberalismo ‘progresista’”. En Sin Permiso, http://www.sinpermiso.info/textos/el-final-del-neoliberalismo-progresista.

Guattari F (1992): Chaosmose. París, Galilée.

Merlin N (2016): “Los medios masivos de colonización”. Página 12, 23 de junio.

Van Dijck J (2016): La cultura de la conectividad: una historia critica de las redes sociales. Buenos Aires, Siglo Veintiuno.

[1] Como ejemplo podemos ver la reunión realizada por Soros entre algunos amigos, unos días después de la caída del Lehman Brothers y de la crisis del 2008. Soros “afirmó que el mundo tenía que darse nuevas reglas financieras para blindarse contra el daño que adictos a la especulación como él podían causarle”, culpó al “fundamentalismo de mercado” (sic), que “no es otra cosa que el laissez faire del siglo XXI”, y afirmó que había que poner “nuevamente bajo control” a “las finanzas que se han vuelto tan irracionales”. Según Soros, el sistema financiero se había puesto en peligro “por una causa que el mismo sistema había generado”. https://www.infobae.com/america/opinion/2018/09/15/un-desayuno-con-soros-en-paris-en-pleno-estallido-de-la-crisis-de-2008.

[2] La característica central de Internet es el monopolio: un 72 por ciento de los tendidos de fibra óptica existentes en el mundo pertenecen a la corporación Century Link, que cuenta con ingresos de 24 mil millones de dólares anuales. Dos terceras partes de los 3.500 satélites que giran alrededor del planeta pertenecen a Estados Unidos, Rusia y China, y el 95 por ciento de la comunicación de América Latina circula por fuera de su geografía. https://www.nodal.am/2017/12/geopolitica-digital-latinoamericana-jorge-elbaum-especial-nodal.

[3] “Los medios de comunicación corporativos asumen un rol crucial: configuran la realidad, operan sobre las subjetividades, manipulan significaciones; en definitiva, colonizan la opinión pública. En América Latina, los medios concentrados generan un orden homogéneo opuesto a lo que se entiende como una política democrática, que debe implicar disenso y pluralidad” (Merlin, 2016).

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