Entre territorialidades virtuales y significantes vacíos: los desafíos del peronismo en el plano electoral

Rodrigo Javier Dias

La pandemia ha sabido mostrarnos cuán transformada se encuentra nuestra presunta normal actualidad. La explosión definitiva de lo virtual como medio, y la desatada verborragia que la distancia construida a fuerza de monitores ha creado, nos han situado en un contexto particular en donde la delgada red que envuelve a lo político y la política se diluye irremediablemente en una ciénaga de preverdades, fake news y posverdades,[1] decorada con toda una serie de figuras populares y candidatos y candidatas descartables que hacen de la democracia y las elecciones dos conceptos cada vez más lejanos en el repertorio del ciudadano común.

Por eso, pensar hoy en los desafíos que supone esbozar una plataforma electoral resulta una tarea compleja. Y más aún cuando la sociedad destinataria parece disgregarse tras variadas, cambiantes y contradictorias tendencias, tan volátiles como incierto resulta el futuro inmediato. En este sentido –y con las elecciones en el horizonte inmediato– resulta urgente diagnosticar las aristas de esta coyuntura para reconocer, indagar y trabajar, precisamente, sobre esos desafíos.

 

La territorialidad perdida

En el año 2005 Steven Levitsky publicó un libro titulado La transformación del Justicialismo. Del partido sindical al partido clientelista (1983-1999), en donde analizaba la evolución y las mutaciones del Partido Justicialista (PJ) como organización desde su origen. Dentro de su recorrido, el autor destaca una particular transformación que le permitió al peronismo sobrevivir a la proscripción a partir del año 1955, más allá de la burocracia partidaria y las alianzas y traiciones políticas: se volcó hacia el trabajo de base territorial.

Si bien esto supo devenir en un clientelismo forzoso y costoso durante la década de los noventa, lo cierto es que, gracias a esa habilidad para actuar como un partido sin partido, el peronismo se supo mantener en la escena política y reaparecer con la misma firmeza que en su decenio original. El reconocimiento de las necesidades de la sociedad, la lucha por los derechos sociales y, fundamentalmente, la puja por una redistribución progresiva, no dejaron nunca de ser un estandarte que el PJ supo desplegar a través de acciones colectivas de base territorial a lo largo y a lo ancho del país, aun en los mismos sótanos de los bastiones políticos opositores.

No obstante, la fluidez de nuestra contemporaneidad ha traído consigo la aparición de nuevos espacios que han operado y operan como obstáculos inesperados, presentando un desafío que necesita ser reconocido e incorporado al bagaje ontológico del movimiento: la virtualidad. El despliegue de la web en general y de las redes sociales en particular se ha convertido en poco menos de dos décadas en una dimensión distinta pero complementaria del quehacer político. No sólo el salto tecnológico ha producido nuevas formas de entender y hacer en este mundo globalizado: también se ha constituido como un espacio propiamente dicho, como territorio virtual –pero territorio al fin– en constante disputa, cuyas territorialidades de geometría variable resultan controladas por un cúmulo de organizaciones –en la concepción de Bourdieu– dominadas por los poderes dominantes que apuntan a desmantelar la materialidad política de la acción colectiva mediante la apropiación de la territorialidad virtual, apelando a un creciente porcentaje de la población que actúa como un colectivo diverso de sujetos espectadores que absorben acríticamente todo lo que se haga circular a través de estos espacios.

Las fake news, preverdades, posverdades, personajes efímeros de uso político y todo tipo de brutalidades dispersas en ese gran cúmulo que resulta el territorio virtual son solo ejemplos que lo representan y que a la vez constituyen el primer desafío que debe asumir el PJ: disputar de forma activa y efectiva –tal como lo hizo durante su proscripción– esta nueva dimensión territorial.

 

El peronismo como significante vacío 

Este particular entramado que el despliegue de la virtualidad ha generado permitió que la frágil linealidad de algunos procesos y conceptos desarrollados en el campo político, social y económico fuera paulatinamente desmantelada. En este sentido, la construcción resultante de la subjetividad neoliberal, el individualismo negativo, ha venido a complementarse de forma perfecta con el devenir de otro tipo de sujeto, regido por los estímulos audiovisuales que le diagraman –en la expresión más triunfante del conductismo– y delimitan mucho más que su pensamiento, algo hábilmente reflejado por Giovanni Sartori y su Homo Videns (1997) o Psicopolítica (2000) de Byung-Chul Han.

Partiendo de esa base, es necesario analizar al peronismo desde la noción del significante vacío de Ernesto Laclau. Para comprender esta idea, debemos contemplar cómo hoy, en este contexto dominado por la irracionalidad como lógica política, al movimiento peronista le han sido impuestos un sinfín de representaciones e imaginarios que poco a poco han ido deteriorando su esencia. Desde la más reciente y actual resignificación política de “la polenta y el asado”, el repertorio del peronismo está hoy compuesto por toda una serie de cuestiones similares: peronismo es el parquet quemado, las patas en la fuente, el zurdaje y el derechaje, el choripán, el plan social, el vago, el cabecita negra, Perón, Evita, Néstor y Cristina, pero también es Menem y Barrionuevo, Bárbaro y Pichetto… aunque paradójica y esencialmente es a su vez nada de ello.

En nuestra contemporaneidad, y con mayor profundidad a partir del despliegue de la maquinaria política de la virtualidad, el peronismo se ha transformado paulatina e imperceptiblemente en un significante vacío. He aquí el segundo desafío que –complementándose con el anterior– debe asumir el movimiento: reconocer como urgente una disputa necesaria de las territorialidades virtuales y, en segunda instancia, resignificar y divulgar in itinere lo que el peronismo realmente representa en su materialidad.

 

La reconstrucción como desafío

El panorama actual, en esta continuidad pandémica, resulta cuanto menos complejo. Sin embargo, es necesario continuar pensando cuáles son las posibles estrategias que deben emplearse para integrar dentro del programa electoral –y de las habilidades políticas de candidatos, candidatas y militantes– las nuevas demandas y experiencias de un electorado cada vez mayor y más diverso.

Los horizontes post-pandémicos apuntan, más allá de toda acción que pueda efectuarse en su transcurrir, a escenarios socioeconómicos inéditos cuya resolución requiera un mayor compromiso y una mayor integración de las partes componentes de la sociedad, paradójicamente en un contexto en el cual el solapamiento de los puntos antes mencionados ha sabido construir archipiélagos identitarios de difícil vinculación, caracterizados por una pujante y bienvenida diversidad que sin embargo resulta estratégica para la reproducción subliminal de hegemonía.

Es entonces en estos tiempos de terraplanismo político que deben volver a levantarse las banderas que supieron reorientar a un país sumido en el desconcierto tras los golpes de las guerras mundiales y la crisis capitalista de 1929. Esta vez, y quizás frente a un panorama electoral abrumado por la frustración, el inconformismo y la contradicción –río revuelto, le dicen– de una coyuntura inédita para todas las generaciones que hoy habitan nuestro suelo, el desafío es complejo, porque la misión requiere navegar en esas aguas revueltas con decisiones firmes y acertadas que permitan tomar nuevamente el timón. Entre virtualidades y significantes vacíos, el desafío es reconstituir la esencia de la justicia social, la democracia y la representatividad para los y las que componemos esta República Argentina.

 

Rodrigo Javier Dias es docente, escritor e investigador, licenciado en Enseñanza de las Ciencias Sociales (UNSAM), Profesor de Geografía (ISP “Dr. Joaquín V. González”) y maestrando en Sociología Política Internacional (UNTREF). Creador y director de www.unespaciogeografico.com.

[1] Puede ampliarse el análisis sobre esos conceptos en https://www.revistamovimiento.com/opinion/imaginarios-colectivos-algoritmos-y-formadores-de-opinion-la-irracionalidad-como-herramienta-politica.

También podría gustarte Más sobre el autor