¿Y si lo miramos desde otro ángulo? Una lectura del libro de lectura “El hada buena”

Marcelo Bianchi Bustos

La perspectiva ideológica está presente en todas las creaciones del ser humano. El libro escolar, que puede ser pensado como un dispositivo de la maquinaria de educar, tampoco es ajeno a esta cuestión, como no lo son los distintos diseños curriculares que cada gobierno escribe en los que plasma qué perfil de ciudadano o ciudadana desea formar. Estas cuestiones, que son comunes a los sistemas educativos de todas las épocas, son dejadas de lado cuando quienes se dedican a estudiar la historia de la educación de la Argentina caen en la caracterización de los libros de texto que circularon durante las presidencias de Juan Perón, mencionando que estuvieron muy vinculados con lo político, pero en ninguno de los casos se detienen a mencionar qué valores literarios y culturales poseen. En este artículo se propondrá una lectura del libro El hada buena, destinado al segundo grado de la escuela primaria del año 1954. Su autora fue Clelia Gómez Reynoso, las ilustraciones son de Alicia García Rosende y el sello editorial que lo publicó fue Luis Lasserre SRL. El libro fue aprobado por el Ministerio de Educación de la Nación, expediente 69.490/1952.

Casi todas las hadas en el mundo de la Literatura Infantil son buenas. Nunca se usa el adjetivo para señalar las virtudes positivas, excepto en el caso de alguna hada que es mala, y ahí sí se hace necesaria esa palabra. En este caso, el lexema “hada buena” remite sin dudas a Eva Perón. Lo interesante es que Gómez Reynoso usa el mismo recurso que aplicará años después Rodolfo Walsh en Esa mujer, que consiste en no nombrarla. Su ausencia a nivel lingüístico está acompañada por la presencia en la ilustración, pero para cualquier lector contemporáneo al texto la referencia era indiscutible: “Llegó de lejos. Era rubia. Era linda. Era buena. Se hizo famosa. Y desde su pedestal contempló el dolor de los pobres, el de los huérfanos y ancianos desamparados. Y quiso aliviarlos en su desdicha. Ningún clamor fue desoído. Y abrió sus manos para ayudar al necesitado. Pero su vida era la de una flor delicada. Y su paso por la tierra debía ser breve. Entró en la Inmortalidad un 26 de julio, después de habernos mostrado, poco antes, su sonrisa. Desde entonces ha aparecido una estrella nueva que brilla constantemente en el cielo de la Patria”.

Como puede verse, hay una caracterización muy fuerte del personaje, de su obra y de su paso a la inmortalidad. Si bien no aparece en la lectura, las 20:25 marcaron eso en la historia de la Argentina y del peronismo: Eva dejó la vida terrenal para tener la vida de la fama y la inmortalidad. Es esa misma Eva que escribió La razón de mi vida y que, como se señala en una de las lecturas del texto, también fue lectura obligatoria para el quinto grado de la escuela primaria. En realidad, esa obra no es ni más ni menos que un gran libro de amor de una mujer por su marido y su patria, en la cara de cada uno de los descamisados.

El libro comienza con una dedicatoria que posee un fuerte anclaje en lo real: “A la memoria de la Sra. Eva Perón que, como faro de la Justicia Social, supo llevar la felicidad a los niños que no conocían juguetes y golosinas”. Luego la autora realiza una presentación de su libro a los maestros y las maestras, y explicita claramente la función que posee este libro y la labor que debe desempeñar en la escuela. Manifiesta que es necesario “poner al alcance de los niños las manifestaciones concretas de esta transformación social y económica”. Además, se hace mención al pedido de colaboración que el gobierno ha realizado a las y los docentes argentinos, a quienes les ha confiado la formación de las mentes infantiles. La escritora intenta presentar los temas de la manera más didáctica posible, escribiendo desde el oficio de docente y desde su experiencia áulica. El último párrafo de esta nota titulada “Los maestros” y firmada por la autora es sumamente interesante, porque realiza un llamamiento y destaca la labor docente: “cumplido mi propósito, espero que los maestros a quienes entrego mi obra se sirvan de ella como de una herramienta de trabajo y sepan complementarla, con la capacidad con que saben hacerlo los docentes argentinos”.

A lo largo de todo el libro aparecen referencias a la economía. Esto se puede observar en “Las compras”, donde una madre le enseña a su hija a ahorrar para que cumpla con el plan económico del gobierno. También aparece la relación entre la economía y los beneficios laborales en “Entre trabajadores”, que es un diálogo entre José y Juan centrado en las vacaciones de verano en Mar del Plata. Destacan personajes que pudieron tenerlas gracias al ahorro del aguinaldo y las vacaciones pagas. El ahorro también se hace presente en la lectura, como en la niña Estelita que va a poder comprar estampillas para ahorrar plata, pensando en su futuro. Algo parecido ocurre con otro diálogo que se titula “Entre vecinas”, en el cual María Elena dialoga con su vecina y hace referencia a la importancia de no malgastar el dinero, y le señala que es preferible tener esos pesos en la libreta de ahorro, pues de esa manera se está cumpliendo con lo que decía el general Perón: “producir y economizar”.

La mujer, que podría caracterizarse como madre-ama de casa-ecónoma-peronista, ocupa en esta obra un lugar especial, y esto se ve no sólo por el título y la gran protagonista a un nivel macrotextual, sino también por los personajes y la presencia de la maestra y de la mamá, quien “todo lo resuelve”. También destaca la labor de las enfermeras y su obra humanitaria, tanto de la Cruz Roja como las egresadas de la Fundación Eva Perón. Se destaca además la importancia del voto femenino.

Con una clara relación intertextual, aparece en la lectura “Todos pueden estudiar” un diálogo entre dos mujeres, Rosa y Manuela, quien cuenta que está esperando que su hijo vuelva de la Facultad, de estudiar. Ante la pregunta sobre la carrera que sigue, le responde medicina. De esa manera se retoma la idea de M’hijo el dotor, la obra de teatro de Florencio Sánchez.

Casi todas las lecturas pertenecen a la autora, con excepción de algunas que aparecen firmadas por Ruth África F. de Dupuy. Son algunas poesías vinculadas con el peronismo de una escritora que no fue muy prolífica, pero que dejó algunas obras –como Alma y La poesía y el niño– que hoy permanecen en el olvido. Una de estas poesías es “Nueva Argentina”, de la que se presenta un fragmento: “¡Argentina! Tú eres la primera / esperanza del mundo y su ventura; / desde el alto sitial que te erigieran / tus hijos con orgullo, te saludan. / Eres tierra sin odios ni pasiones / de puertos siempre abiertos al extraño. / Florecen en tus campos las canciones / y oro y nieve es tu trigo y tu rebaño”.

El recorrido por las distintas temáticas del libro es interesante. Se hace una clara referencia a la conquista de los derechos sociales y laborales, y sobre ese tópico hay una serie de lecturas entre las que se destaca “La compañera pobre”. Es especialmente sugestivo, pues retoma el tema clásico de los zapatos y la pobreza. Hace referencia a una niña que no iba a la escuela porque sus zapatos estaban rotos, hasta que por medio de la Fundación Eva Perón se soluciona ese y otros problemas vinculados con la niña, creando las condiciones para que pueda concurrir a la escuela.

Si bien muchos la pueden caracterizar solo de una obra partidaria, no se hace otra cosa que mostrar en un texto escrito ad hoc para niños y niñas los avances de la Argentina posterior al 17 de octubre de 1945, remarcando especialmente algunos principios del Segundo Plan Quinquenal. De esa manera, la escuela se hacía eco de lo que sucedía en el país, cosa que muchos pedagogos han pedido siempre a los sistemas educativos. Desde una mirada actual, lo que se observa en este libro de lectura es la falta de ficción, pues todos los relatos, diálogos y poesías tienen un anclaje en lo político, social y económico. Además, destaca el nivel del lenguaje utilizado: mientras que en muchos libros de la época se tiende al uso de diminutivos para hablar a niños y niñas, la autora no lo usa en su libro, sino que los trata como iguales, sin infantilizar ni didactizar el lenguaje infantil.

La obra termina con un llamado a la acción por medio de la lectura “En marcha”. En ella se recuerda a niños y niñas que son parte fundamental de la Nueva Argentina y que deben honrar con sus actos las palabras y las obras de Perón, quien había dicho que “los únicos privilegiados son los niños”. Retomando las palabras del inspector técnico general Ernesto A. Bavio en su “Fórmula de Juramento” a la Bandera de 1911, les recuerda a niños y niñas que: “La bandera argentina irá siempre al frente y recordad que vuestros actos deben continuar la tradición noble de otras generaciones, para que ‘el honor sea su aliento, la gloria su aureola, la justicia su empresa’”.

 

Marcelo Bianchi Bustos es director del Departamento de Literatura Infantil y Juvenil del ILCH, miembro de la Academia de Literatura Infantil y Juvenil de la Argentina y profesor del Instituto “Sara Eccleston”.

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