El futuro de Clara Beter

Mariano Fontela

A propósito de la edición del libro de poesía de Gito Minore: Mínimamente. Buenos Aires, Clara Beter, 2022.

Aguantándome el cansancio, arrastro los pies por los pasillos de la Feria del Libro. Llevo varias horas esquivando culos entre mesas repletas de libros. Pensando en cómo fue cambiando la Feria con el paso de las décadas. Aceptando que lo que no cambia es cuánto puteo cuando veo los stands inmensos de editoriales multinacionales. Haciéndole un gesto al vendedor del stand de saldos que pone música electrónica en parlantes inmensos con los que aturde a todo el mundo, y de paso perturba a un pianista y un cantante de tangos que del otro lado del pasillo están intentando en vivo hacer algo digno en un espacio tan desangelado.

Ya en un pasillito del fondo me llama la atención un stand mínimo, menos que un kiosko, que tiene libros con tapas lindas. Me pongo a charlar con el vendedor, y resulta que es Gito Minore con pelo largo y barba, compañero, filósofo, poeta y editor, que además se da el lujo de organizar la Feria del Libro Heavy desde hace nueve años.

La mirada de Gito brilla cuando habla. Me cuenta la historia del nombre de su editorial, Clara Beter: el poeta César Tiempo decidió usar ese seudónimo para simular que era una prostituta europea que escribía poemas donde relataba su vida en la Argentina. El libro se editó en 1927 y se vendieron cien mil ejemplares. Elías Castelnuovo prologó este libro, también con seudónimo. Según Castelnuovo, surgía “un elemento nuevo a nuestra literatura: la piedad”. “Ella cayó y se levantó y ahora nos muestra la historia de sus caídas”.  La parte divertida fue que el grandote Elías se había enamorado de Clara, y al enterarse de la jugada de César Tiempo no se lo tomó bien: lo llamó “prostituto”. Parece que también lo buscaba para pegarle.

El caso es que en el kiosko de Gito me hago de un libro: Mínimamente. Al leerlo, descubro la voz de un compañero, la letra de una música que conozco de toda la vida. Hay en su poesía amor, pasión, generosidad, humor, humildad, pero lo que más me hermana es que todo eso es alumbrado por una luz cenital: el futuro puede ser bueno. No es seguro que lo sea, pero al menos depende de nosotros y nosotras. Para eso tendremos que renacer, una y otra vez.

Dice Gito: “Descifrar el enigma, / encontrar el signo oculto / para entrar sin más documentos / que el silencio / al paraíso / de tu esencia única”.

Me voy feliz de la Feria. Pensando en tantas compañeras y compañeros que hacen Patria desde la poesía. O poesía desde la Patria.

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