Eduardo Peñafort: resonancia de los congresos de filosofía

Alberto Roig

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El Instituto de Formación y Actualización Política (IFAP) organiza conferencias y exposiciones en su sede de la Ciudad de Buenos Aires. Esas reuniones son filmadas y luego subidas a la página del Instituto. Aquí reseñamos brevemente la exposición realizada el pasado 8 de octubre por el licenciado en Filosofía Eduardo Peñafort, profesor “jubilado” y director del Instituto de Filosofía de la Universidad Nacional de San Juan, quien organizó el Congreso de Filosofía de San Juan de 2007.

Peñafort menciona cuatro congresos fundamentales en la Argentina que son modelos a tener en cuenta para organizar un encuentro conmemorativo: el primero fue el congreso internacional de filosofía de 1949; el segundo fue el de Alta Gracia de 1971; luego hubo un “primer congreso extraordinario” en Córdoba en 1987; y finalmente el de San Juan, de 2007, complementado por el de Ciencia Política de 2010, también en San Juan.

Con frecuencia se los analiza dividiendo el resultado académico del político. Según Peñafort, eso provoca distorsiones que pueden llevar a malograr los esfuerzos que implica organizarlos. Por ejemplo, el congreso de 1949 se organizó en indiscernible unión con la Constitución Nacional de ese mismo año: en ellos se adhirió a un proyecto político que ya era exitoso. La discusión principal no fue ideológica (por ejemplo, Astrada era ateo y Benítez era cura), sino que la cuestión central fue la reflexión sobre un proceso político que estaba ocurriendo y obligaba a escuchar hacia dónde iban el país y el mundo, a solamente cuatro años del fin de la segunda guerra mundial.

El congreso del 71 también se hizo en el interior del país y generó tensión en la Universidad de Buenos Aires. Fue organizado por la dictadura militar como una manera de reflexionar sobre un nuevo régimen político distinto al que establecía la Constitución Nacional, y por eso tuvo un sesgo ideológico muy fuerte. Sin embargo, a pesar de la voluntad de los organizadores, allí surgió la Filosofía de la Liberación con las lecturas del padre Scannone, Enrique Dussel y Arturo Roig. Surgió así una nueva corriente que enfrentó a la academia desde la academia. La filosofía oficial siguió sin embargo organizando congresos en los que la filosofía se redujo a la lectura de comentarios de textos.

El de 1987, también fue organizado con el fin de sustentar el proyecto político alfonsinista, buscando consolidar una filosofía del derecho y los derechos humanos. Pero allí también apareció el peronismo, representado por profesores que habían sido delegados por las universidades, y pudieron dar legitimidad al tratamiento de la filosofía argentina y latinoamericana, a pesar de la negación absoluta a incluirlas por parte de los organizadores.

El congreso de 2007 buscó ordenar reflexiones sobre el nuevo orden político después del caos de 2001. Se invitó a todas las universidades nacionales, lo cual según Peñafort fue una buena manera de evitar esa lectura que divide lo político de lo académico. También este congreso privilegió las cuestiones políticas sobre las ideológicas, porque para este tipo de eventos no importa tanto el planteo de una hegemonía ideológica, sino saber a qué proyecto político se está adhiriendo. Se trata, según Peñafort, de tomar decisiones de conducción: cómo se conduce la totalidad del proyecto político que se intenta defender. En particular, la organización del congreso de 2007 fue difícil porque se buscaba salvar la unidad del peronismo, en un momento álgido del conflicto ideológico a su interior. En el congreso de 2010, sin embargo, eso fue más fácil de realizar, y además Néstor Kirchner dio una larga conferencia hasta hoy inédita, donde planteó una historia del peronismo y expuso las bases de su proyecto político.

Según Peñafort, hacer congresos en el interior evita repetir los problemas que tiene el peronismo con la academia en Buenos Aires. Más bien permite exponer experiencias exitosas que tiene el peronismo con la academia en las provincias, donde los peronistas no son despreciados ni dejados sistemáticamente de lado. Aunque –agrega el profesor sanjuanino– ahora existen universidades en el conurbano, con lo cual “el interior” ya empieza ahí.

La exposición finalizó con tres reflexiones: a) la importancia de evitar el antagonismo directo con la academia, buscando aprender a conducirla también desde el punto de vista político; b) la visible articulación de los congresos con las coyunturas políticas, por lo que no deben ser congresos de debate ideológico, sino de conducción política y formación de cuadros; c) debido a la coyuntura electoral actual debe evitarse que el congreso refleje conflictos internos del peronismo, adoptando un panorama suficientemente amplio que se haga cargo de la historia del pensamiento, una perspectiva que no signifique sin embargo un eclecticismo académico inconducente.

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