Debatir el Kirchnerismo

Hugo Chumbita

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Reseña del libro de Andrea López y José S. Cárcamo, compiladores: El kirchnerismo en debate: Estado, Economía y Medios en la Argentina reciente (2003-2015). Buenos Aires, Acercándonos, 2018, 180 páginas

El libro de Andrea López y José S. Cárcamo nos sugiere una necesidad política urgente: evaluar y discutir qué fue esa etapa de gobierno, sobre la base de datos concretos y una adecuada perspectiva histórica, más allá de los juicios impresionistas y manipulaciones discursivas con que nos abruman los medios de comunicación. Se trata de entender, en torno a la experiencia del gobierno K, lo que está en juego, inteligir lo que pasó y lo que pasa en nuestro país, donde las inevitables pasiones no deberían nublar el escenario, ante el dilema de salir o ahondar el pantano en que estamos metidos. Seis trabajos compilados por los autores, fruto de su labor como docentes e investigadores universitarios, recorren los temas pertinentes para responder a preguntas fundamentales: ¿en qué medida se conformó un modelo alternativo al neoliberalismo? ¿Qué resultados tuvo su implementación? ¿Cómo se planteó la batalla ideológica por la opinión pública?

Para comenzar, Andrea López y Norberto Zeller demuelen prolijamente los argumentos de la derecha liberal que carga las culpas de la desgracia argentina al crecimiento de la burocracia estatal. No hay tal cosa. Entre 1960 y 2010 la población se duplicó, de 20 a 40 millones, y el empleo público no hizo más que acompañar con algunas oscilaciones ese incremento, pasando de 1.357.000 a 2.915.701 agentes. Los mayores aumentos de personal se produjeron en las fuerzas armadas y de seguridad, y los salarios de la administración pública insumen hoy menos del 10% del presupuesto nacional. El cambio más significativo es que antes un 67% del total eran empleados nacionales, y ahora, por la transferencia de servicios de educación, salud y otros, 78% son empleados provinciales o municipales (lo cual, dicho sea de paso, tiene que ver con la modificación de las complejas relaciones de poder entre el gobierno central y los gobiernos locales). Además, en el período K se insinúa un cambio por la incorporación de personal calificado en diversas áreas técnicas y educativas, que son las que el gobierno M apunta a reducir. Entre 2003 y 2015 se crearon en el país casi seis millones de puestos de trabajo, de los cuales un 19% fueron en el Estado, de modo que el empleo público creció un 58%, mientras en el sector privado el empleo aumentaba un 86%.

Los aportes de José Cárcamo caracterizan el ciclo económico K como “neodesarrollista”, tendiente a la redistribución del ingreso y la inclusión social, claramente diferenciado de los modelos históricos precedentes, el primario-exportador (1880-1930), el de industrialización sustitutiva de importaciones (1945-1975) y el de la hegemonía financiera (1977-2002). Efectuando un repaso de políticas y resultados, el autor destaca el calamitoso experimento neoliberal iniciado por la dictadura en 1976 y la herencia de la deuda externa, que en la década siguiente llevó a achicar la economía, reduciendo un 9% el producto bruto interno. Considera asimismo la aplicación del “Consenso de Washington” –en síntesis, la receta de liberalización-desregulación-privatizaciones− y los efectos perversos de la convertibilidad de Menem-Cavallo: endeudamiento, desindustrialización, desempleo y pobreza, que condujeron a la explosión de 2001.

El análisis, apoyado en copiosas fuentes, cuadros y cifras, siguiendo los estudios de Marcelo Diamand y Aldo Ferrer, muestra el problema recurrente del desequilibrio de las cuentas externas –la insuficiencia de divisas, o dólares− por la dispar productividad del campo y la industria, que sólo puede resolverse mediante la intervención estatal (ejemplo: retenciones al agro) para redistribuir la renta nacional por fuera de las redes de la dependencia de la economía global. Este asunto, que es el meollo de la cuestión macroeconómica y de los eternos trastornos cotidianos de los argentinos con la inflación y el dinero, nunca ha sido bien explicado a la sociedad. No obstante, fue un elemento central en la orientación de la política K, en un ciclo favorable que produjo el crecimiento del producto casi “a tasas chinas” (en promedio, 5,9% anual) y llegó a revertir la tendencia declinante de la participación de los salarios en el PBI, del 34% al que había caído en 2003, al 46% en 2013, acercándose así al 48% del tercer gobierno peronista.

Otro punto nodal: el endeudamiento externo, eterno factor de crisis en nuestra historia, plaga que reavivó la escuela de Martínez de Hoz y causó la “década perdida” de los 80, llegando al 150% del PBI en el momento del colapso de la convertibilidad, se reducía al 27,5% en 2013. Un logro que desde 2016 se apuraron a destruir los neoliberales, y todo indica los conducirá a hundirse –desdichadamente, arrastrando al país−, pues su naturaleza es como la del escorpión de la fábula.

Sabemos que la economía de los años K fue menos brillante en sus últimos tramos a raíz de la coyuntura internacional –que seguramente no se debió a la casualidad, sino a las fuerzas desplegadas a escala global para frenar a China, Rusia y los países exportadores de petróleo−, pero los resultados indiscutibles fueron el crecimiento con ahorro nacional y el desendeudamiento, la mejora de los salarios y la reducción de la desigualdad en la distribución del ingreso, con baja desocupación y disminución de la pobreza. Según un informe de 2013 del Banco Mundial, consigna Cárcamo, Argentina fue el país de la región donde más creció la clase media, superando la línea de pobreza. Claro que aquí cabe una reflexión, para preguntarnos cuántos sectores despolitizados de esos estratos medios propenden a ignorar los factores políticos de su propio progreso y a desolidarizarse con los de más abajo.

A propósito de tales cuestiones subjetivas, son interesantes el relato de Sebastián Premici sobre la puja social que desencadenó la Resolución 125, y el de Sebastián Demiryi sobre el influjo de La Nación y Clarín en la campaña electoral que llevó al triunfo de Cambiemos. El “error central” del kirchnerismo, apunta Premici, fue en un primer momento no diferenciar al grupo más vulnerable entre los productores agrarios, que podría haber sido desligado de la protesta de los grandes propietarios y los grupos exportadores. En cuanto a la contienda electoral, Demiryi explica que la ambigua propuesta oficialista no pudo contrarrestar la combinación de cambio y continuidad a la que recurrió Macri, apoyado en los medios que lo patrocinaban, cuyo cinismo llegó hasta intentar apropiarse de la figura de Perón, con el concurso esperpéntico del Momo Venegas o Julio Bárbaro.

Cárcamo presenta la restauración neoliberal de 2015 como una vuelta a las propuestas de 1976 y de los 90, consistente en liberalizar el mercado de capitales, eliminar retenciones y transferir ingresos a los exportadores, aumentar los precios y los costos para la industria, desregular mercados monopólicos y oligopólicos, baja de salarios, reducción de subsidios, inflación, recesión, despidos, recorte de programas sociales, aumento de la pobreza, endeudamiento y desfinanciamiento del Estado. Como en la experiencia del primer peronismo, se puede pensar que lo que hacen los sucesores del kirchnerismo resulta su mejor justificación.

El libro que comentamos esboza el problema de la eficientización de la función pública, que es una de las claves de posibilidad de un proyecto nacional superador. No se aborda el tema de la corrupción en el gobierno K, que es el caballito de batalla del oficialismo de hoy para ocultar sus propias lacras, igual que en 1955 y 1976. La corrupción es sin duda un cáncer de nuestro país (y de los demás), pero no sólo de la administración gubernamental, sino también del mundo económico y de la sociedad civil. La corrupción entrelaza el conjunto social, desde siempre, y se agrava exponencialmente por el aumento actual de los excedentes económicos y el volumen de los negocios, e incluso por la contaminación de los organismos encargados de vigilarla o reprimirla. Esto no sirve a nadie de excusa, pero hay que entender que no es un problema fácil de resolver y no lo será en un futuro previsible.

Como en los juicios sobre Perón y el peronismo, en el debate que postula el libro sería lamentable que “los árboles no dejen ver el bosque”. Por sobre las debilidades personales y la contabilidad de errores o renuncios, se trata de ver el rumbo y las realizaciones del proyecto: los datos de la realidad, que este breve y denso texto viene oportunamente a poner sobre la mesa.

 

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