Nuevas oportunidades y viejos retos para la Argentina: ¿qué pasará con el agro?

Raúl Anthony Olmedo Neri

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Los procesos democráticos son cíclicos y para el caso argentino comienza la cuenta regresiva respecto a renovar a quien dirigirá aquel país del continente latinoamericano por los siguientes cuatro años. No obstante, es importante que los votantes realicen un proceso de reflexión que se sustente en tres preguntas relevantes, a saber: a) ¿Cómo estábamos antes de la administración que está por salir? b) ¿Qué hizo el actual presidente en su gestión? y c) ¿Cómo estamos ahora? Ya que con esas preguntas se podrá perfilar al menos desde el punto de vista ciudadano, las áreas prioritarias que deberán tomar en cuenta los contendientes en sus propuestas políticas si es que desean llegar a la Casa Rosada.

Bajo este contexto, es que el presente trabajo pone en análisis un área considerada importante no sólo en el ámbito económico, sino sociodemográfico y productivo: la ruralidad argentina, ya que el sector agropecuario, forestal y pesquero sigue representando no sólo actividades fundantes en una economía (particularmente una latinoamericana), sino un conjunto de prácticas y saberes colectivos que se producen y transforman por las intervenciones a veces tecnológicas, a veces políticas que el Estado realiza. En este sentido, se abordan los elementos más relevantes en tanto, crecimiento poblacional, producción y exportación para generar lineamientos básicos para consolidar una política pública que innove y desarrolle un sector que cada día se resiste a sucumbir ante la mirada urbana.

 

Nueva ruralidad: una realidad que no sucumbe

La ruralidad en América Latina posee una historia importante en cada Nación. En algunos casos fueron los campesinos quienes iniciaron, desarrollaron o culminaron los procesos de Independencia o Revoluciones (como el caso mexicano) importantes para la constitución de los actuales Estados-Nación. Sin embargo, han sido los desarrollos tecnológicos, la urbanización y la utopía derivada de las grandes ciudades los que han subordinado la ruralidad a la visión citadina; retraso, rusticidad y habitantes reaccionarios a entrar en la ‘modernidad’ son algunos de las afirmaciones que emanan de una lógica urbana-capitalista de crecimiento y consumo depredador de los recursos naturales, del tiempo y del espacio. Por ello, es que las resistencias que emanan por una relación sociedad-naturaleza donde el hombre reconozca la Tierra como un sujeto y no como objeto generan un conflicto desde la concepción urbana ya que “lo que se trata es imponer la mirada de la ciudad sobre el campo, en contra del campo y sus defensores que son vistos como enemigos de la modernidad” (Torres, 2012: 140).

Es esa misma mirada la que legitima “los crecientes proyectos de empresas mineras canadienses en México, los proyectos de distribución y privatización de agua en Bolivia y la creciente deforestación de la selva Amazona para incrementar el suelo de uso agrícola o pecuario” (Olmedo, 2018a: 453), por lo que esta constante tensión no es más que la dinámica propia entre dos elementos complementarios entre sí mismos que está siento trastocada de manera negativa por el sistema económico predominante.

Aunque pareciera que lo rural va perdiendo terreno en el ámbito económico, productivo y de ‘interés’, lo cierto es que en él se está llevando un proceso constante de transformación y reestructuración, lo que ha sido conceptualizado por diversos autores como nueva ruralidad. Término ambiguo que no esclarece dichos cambios, ni efectos en la reproducción de la vida social y económica de los habitantes de la ruralidad.

Carton (2009:15) ha propuesto el concepto desagrarización que expone una condición particular en las sociedades rurales latinoamericanas ya que con él se explica un cambio interno en dichas zonas “no tanto por la desaparición de la actividad agropecuaria, como se argumenta a menudo, sino por el impresionante crecimiento de los ingresos no agrícolas en los hogares rurales”. Esta condición se materializa con las dinámicas económicas que se insertan en dichas zonas como por ejemplo el turismo, la renta de tierras para proyectos de producción de energía renovable (Olmedo, 2019) o el cambio de uso de suelo para la instalación de fábricas que encuentran condiciones favorables para su funcionamiento. Todas estas nuevas actividades provienen en parte de la interacción con la urbanidad, por lo que: “más que algo ‘nuevo’ es una modificación interna; una reordenación de la división del trabajo dentro de las zonas rurales por un lado; la recodificación que modifica la percepción de lo rural desde la ciudad desde el propio campo, por otro” (Olmedo, 2018b: 9).

De esta manera, la nueva ruralidad y los conceptos que con ella toman relevancia tienen la finalidad de hacer mención de este proceso, por lo que más que desaparecer ante la vorágine de la modernidad y su discurso materializado en una relación de construcción-destrucción (Berman, 2011), la ruralidad está adaptándose para resistir el embate capitalista de una forma particular.

 

El agro argentino

La ruralidad argentina, al menos en lo que a crecimiento poblacional y participación en el Producto Interno Bruto (PIB) se refiere, presenta tendencias similares a las de otros países latinoamericanos, es decir a la baja o con poca rentabilidad. De hecho, a partir de la información poblacional que el Banco Mundial (2019) y del Instituto Nacional de Estadística y Censos de la República de Argentina (Indec, 2018) se ha calculado el porcentaje de población urbana y ruralidad de 2010 a 2018, datos que se presentan en la siguiente tabla.

Tabla 1. Porcentaje de población urbana y rural en Argentina (2010-2016)

  2010 2011 2012 2013 2014 2015 2016 2017 2018
Porcentaje de población urbana 90,85 90,99 91,12 91,25 91,38 91,50 91,63 91,75 91,87
Porcentaje de población rural 9,15 9,01 8,88 8,75 8,62 8,50 8,37 8,25 8,13

Fuente: Elaboración propia con datos de Banco Mundial (2019) e Indec (2018).

Particularmente, esta dinámica se reafirma al calcular la Tasa de Crecimiento Media Anual poblacional (TCMA) que para el mismo periodo generó un crecimiento medio de 1.23% para las zonas urbanas, mientras que un -0.39% en las zonas rurales, lo cual da pauta a que la ruralidad está disminuyendo su constitución poblacional sea por una tasa de natalidad baja o por efecto de la migración hacia ciudades en busca de mejores condiciones de vida.

Ahora bien, si la dinámica poblacional cambia, esto tiene un efecto relevante en los procesos productivos que allí se desarrollan: es posible que se concentren los procesos productivos o que disminuya la producción; a partir de los datos recopilados en el Censo Nacional Agropecuario del Indec (2018) se registraron 2,36,601 Explotaciones Agropecuarias (EAP), las cuales se encuentran distribuidas de la siguiente manera en las provincias argentinas.

Figura 1. Distribución de Explotaciones Agropecuarias por provincia en Argentina

Así, de esas provincias, las cinco que poseen el mayor número de EAP son: Buenos Aires, Chubut, Santa Cruz, Córdoba y Salta. En todas las provincias que constituyen Argentina se da un proceso de producción agrícola, pecuaria, forestal, acuícola, por lo que atendiendo la segunda pregunta referentes a lo realizado durante la administración que está a punto de terminar, se realizó a partir de los datos proporcionados por el Sistema georreferenciado de consultas del Indec (2019) la siguiente tabla que tomando el 2015 como año base se identificó el crecimiento del valor (en dólares) de las exportaciones de los productos por provincia. En la siguiente tabla se puede observar dicho crecimiento.

Tabla 2. Crecimiento de valor en dólares de productos primarios en Argentina por provincia (2015-2018) 2015=100

Provincia 2015 (dólares) 2016 2017 2018
Buenos Aires  $ 3.509.243.281,00 121,69 109,91 107,71
Córdoba  $ 2.991.057.865,00 102,51 101,99 82,35
Santa Fe  $ 1.543.431.952,00 84,89 92,85 83,58
Entre Ríos  $ 718.511.759,00 119,52 114,03 116,29
Salta  $ 620.158.163,00 134,57 119,03 124,92
Chubut  $ 488.066.921,00 138,53 146,26 115,10
Catamarca  $ 484.348.785,00 133,34 134,53 111,72
Santiago del Estero  $ 458.275.546,00 137,33 128,72 85,05
Santa Cruz  $ 450.860.750,00 131,53 96,86 79,05
Río Negro  $ 330.241.970,00 152,70 102,29 97,34
La Pampa  $ 293.246.831,00 143,54 115,01 104,36
San Luis  $ 236.202.677,00 138,45 125,34 127,86
Jujuy  $ 224.210.102,00 137,34 129,82 84,07
Chaco  $ 203.151.334,00 145,90 142,69 80,96
Tucumán  $ 186.028.864,00 153,19 142,93 84,34
Mendoza  $ 126.560.118,00 139,86 169,79 84,47
Corrientes  $ 123.528.713,00 141,59 103,11 48,25
Tierra del Fuego $ 83.647.245,00 87,72 88,68 62,78
San Juan  $ 67.339.825,00 108,72 104,57 64,37
Indeterminado  $ 49.739.046,00 98,65 137,81 86,74
Misiones  $ 44.264.193,00 105,46 151,25 93,62
Neuquén  $ 41.273.936,00 94,68 97,06 75,62
Formosa  $ 16.204.344,00 144,17 134,74 115,27
Extranjero  $ 6.198.169,00 103,60 168,71 94,10
La Rioja  $ 5.386.054,00 86,58 192,66 0,22
CABA $ 109.839,00 0,42 1,06 2,53

Fuente: Elaboración propia.

Así se puede observar que el monto de dólares que se percibieron al inicio de la administración en comparación del 2018, al menos para las cinco provincias con mayor monto en 2015, sólo tres se mantuvieron por encima del monto registrado en el año base. De manera general, 18 de las 26 provincias terminaron el 2018 con menor valor de dólares sobre la producción primaria en esas provincias que cuando inicio dicha administración.

Dicho comportamiento puede deberse una dinámica internacional de precios, aunque también puede tener razón a un proceso de reducción de la producción, por lo que se replicó el proceso dentro de la cifra de kilogramos producidos en cada provincia para el mismo periodo. En la siguiente tabla se puede observar dicho comportamiento.

Tabla 3. Producción (miles de kg) por provincia en Argentina (2015-2018) 2015=100

Provincia 2015 (miles de kg) 2016 2017 2018
Buenos Aires 12.106.156 146,32 137,74 128,57
Córdoba 10.961.821 117,43 125,91 100,51
Santa Fe 5.545.054 102,64 115,83 102,02
Entre Ríos 2.267.496 76,89 7,10 5,89
Salta 1.303.582 283,09 243,98 238,08
Chubut 141.153 334,85 1968,30 950,47
Catamarca 310.901 766,85 434,41 656,26
Santiago del Estero 1.828.668 6,00 5,76 3,65
Santa Cruz 104.436 126,41 213,37 636,73
Río Negro 722.548 323,33 217,42 51,60
La Pampa 1.075.324 69,59 51,47 112,74
San Luis 1.036.651 25,38 34,14 128,55
Jujuy 186.085 293,31 117,77 467,20
Chaco 720.607 172,59 186,98 22,83
Tucumán 159.427 861,11 862,88 44,92
Mendoza 134.225 104,12 106,52 168,55
Corrientes 230.742 156,81 113,20 30,55
Tierra del Fuego 12.464 946,30 548,09 841,78
San Juan 141.439 6,55 4,71 92,49
Indeterminado 77.16 102,03 102,25 4,33
Misiones 73.399 92,73 163,97 266,85
Neuquén 129.762 98,66 98,08 65,80
Formosa 60.778 17,45 170,53 131,63
Extranjero 564 545,39 822,34 84,22
La Rioja 2.924 91,89 154,38 0,99
CABA 11 9,09 9,09 154,55

Fuente: Elaboración propia.

De manera general, 11 de las 28 provincias disminuyeron su producción en el último año, respecto al 2015. Esto genera preguntas particulares que sólo encuentran cierta respuesta a través de la complejidad del proceso de producción agropecuaria, forestal y pecuaria en cada una de las provincias; no obstante, es importante encontrar que existen casos donde el valor de dólares incrementó y la producción disminuyó, o que el valor de dólares disminuyó y la producción aumentó. Lo anterior responde a la internacionalización de la producción argentina en la globalización, por un lado, y a los procesos de tecnificación, climáticos y políticas públicas que incentivan, especializan o reducen la frontera agrícola de dicho país.

Estas razones, entonces, pueden ser exógenas o endógenas; las primeras se refieren a los efectos macroeconómicos en los mercados de exportación derivado por sus principales competidores comerciales, entendiendo éstos como aquellos países que exporten los mismos productos al mercado internacional. Es decir, los procesos de intervención y producción internacional pueden ser variables que condicionen el precio de los productos que Argentina exporta.

Para los casos en que la tasa de crecimiento es superior al año base puede tener explicación a través de una baja en la oferta de los productos competitivos de Argentina, lo que deriva en un aumento del precio del mercado internacional, mientras que en aquellos casos en que la tasa está por debajo del año base deber ser por la saturación del mercado, por lo que el precio del producto agropecuario en cuestión bajó; lo anterior tendría relación con aquellos casos en que su producción aumentó toda vez que con ese incremento se pretendió mantener la misma tasa de ganancia.

En este último punto, el Estado posee una participación fundamental a través de créditos o procesos de tecnificación para reducir costos e incrementar dicha productividad.

Las razones endógenas, por otro lado, tienen que ver con factores internos, por lo que la exportación (valor en dólares y producción) tuvo un agregado de valor dentro de la cadena de producción hacia los mercados extranjeros de mayor valor económico. Aquí el Estado no sólo debe fijarse en términos de apoyo a la tecnificación, sino de marcos normativos que generen campos equitativos entre la producción nacional y la internacional.

Finalmente, en este panorama de producción y exportación, resulta importante identificar los principales países comerciales en este sector productivo de Argentina, por lo que al analizar los años correspondientes a los de gestión de la administración precedida por Macri, se pudo observar que los cinco países más importantes para la exportación de productos argentinos fueron: China, Brasil, Viet Nam, Argelia y España.

Este panorama internacional tiene explicación por ejemplo con China, en tanto el poder adquisitivo de su población ha crecido de manera constante en los últimos años, lo que posiciona a este país asiático como un importante campo para la consolidación de políticas que favorezcan las relaciones diplomáticas y comerciales. El otro aliado geopolítico estratégico resulta ser Brasil, no sólo por la cercanía con Argentina, sino por el bono demográfico que el país de lengua portuguesa representa para el continente latinoamericano.

 

Elementos a considerar dentro de una política pública en el sector rural

La intervención del Estado en cualquier sector productivo puede ser de dos tipos: la primera es a través de los cuerpos normativos que regulen no sólo la apertura de mercados, sino la protección de los productores nacionales respecto a los productos internacionales que llegan al mercado argentino a competir. En esta área el Estado debe tener claro el tipo de explotaciones agropecuarias que predominan a nivel nacional para evaluar medidas de regulación a las importaciones como lo son los aranceles, tratados comerciales, entre otros. Este punto es importante porque muchos de los errores cometidos a lo largo de la historia en América Latina ha sido abrir el mercado nacional a empresas trasnacionales, cuya tecnificación y procesos de producción insertan en crisis aquellas explotaciones que por condiciones internas y contextuales no pueden competir en el mercado, generando desempleo, reducción en la producción y contracción de la cadena de valor.

La otra forma en que el Estado interviene en los sectores productivos es a través de políticas públicas que coadyuvan a los productores a incrementar su tecnificación, reducir costos de producción y generar un contexto donde la producción nacional tenga un carácter prioritario. Aquí el Estado puede facilitar créditos a pequeños y medianos productores, otorgar capacitación técnica en coordinación con instituciones educativas, apertura de nuevos mercados para la exportación, establecimiento de precios de garantía que den certeza a pequeños productores que dependen del precio volátil de las bolsas internacionales, promoción de figuras jurídicas de asociación como cooperativas para organizar y repartir no sólo las responsabilidades, sino los beneficios sociales y económicos que de ellas deriven.

Pensar una política pública del sector agrícola en Argentina debe contemplar al menos que esas zonas rurales pueden convertirse en polos de desarrollo social y crecimiento económico que beneficie a sus habitantes; para ello se requiere potenciar el capital social que allí reside, sus recursos naturales y sobre todo sus prácticas que den paso a la formación de una ruralidad que se desprenda de la mirada subordinante de la urbanidad. Esto solo podrá darse en conjunto a una política estatal que considere las particularidades de cada región, las dinámicas sociales que en ellas se reproducen y las oportunidades que pueden materializarse en opciones rentables para las familias de las zonas rurales como el turismo sustentable, el agroturismo, la agroecología, por ejemplo.

 

Conclusión

El sector primario en Latinoamérica sigue teniendo un peso importante no sólo en la economía, sino en la propia identidad nacional de cada país. Actualmente en la ruralidad se viven cambios profundos que emanan de una constante contradicción entre lo local y lo global, donde las demandas de diferentes productos y servicios están diversificando la economía ‘campesina’.

Para el caso argentino, un elemento que debe considerar es que la población rural está disminuyendo, lo que puede ser una variable que tenga repercusión no sólo en la producción agrícola, sino en las propias zonas rurales; no es que los productores envejezcan como en el caso mexicano, sino que se está quedando vacía la ruralidad argentina, por lo que la producción nacional puede descender o concentrarse en grandes productores nacionales o trasnacionales.

El cambio debe partir de resignificar la ruralidad como un área de oportunidad, donde el desarrollo y el crecimiento son posibles mediante un capital social rico, un Estado firme con los intereses nacionales que defiende y un objetivo en común: un país rico, moderno y plural.

 

Bibliografía

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