Las PASO en la ruralidad y los desafíos de generar crecimiento virtuoso

Javier Preciado Patiño

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Los resultados de las PASO sorprendieron a propios y ajenos. La diferencia obtenida por el Frente de Todos tanto a nivel nacional como en la provincia de Buenos Aires resultó mucho mayor que los cálculos más optimistas. El punto a considerar acá es el voto en las áreas rurales de las provincias fuertemente productoras de cereales y oleaginosas: Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba.

En estos cuatro años de gestión, Cambiemos actuó simbióticamente con algunas organizaciones rurales, como la Sociedad Rural Argentina (SRA) o la asociación de Consorcios Regionales de Experimentación Agropecuaria (AACREA), instituciones que proveyeron numerosos cuadros a la gestión del Ejecutivo. El discurso repetido por voceros oficiales y oficiosos, y amplificado por las redes sociales y los medios afines, sostenía que este era un gobierno “pro-campo” y que “el campo” apoyaba fuertemente al gobierno. El discurso oficial se apropió de las tres cosechas récord que lograron los productores argentinos y las exhibió como el as del triunfo de su política agropecuaria.

En los días previos a las PASO, en el marco de la Exposición Rural de Palermo, se difundieron encuestas asegurando que el 80% de los agropecuarios votarían por el oficialismo. Por tanto, se suponía que la lista de Juntos por el Cambio arrasaría en el interior rural del país, compensando en parte la derrota en los grandes centros urbanos de estas provincias, desconectados de la realidad agropecuaria.

La realidad terminó siendo distinta. Las diferencias resultaron ser menores a las esperadas, en el mejor de los casos, e incluso negativas para el oficialismo. El triunfo del Frente de Todos en comunidades rurales icónicas, como Chacabuco y Junín en la provincia de Buenos Aires, o Firmat, Rufino y San Cristóbal en Santa Fe, por citar algunas, es muestra de ello. Algunos de los animadores de las redes sociales mostraron su sorpresa y decepción por el “voto del campo” en las primarias. En el mismo tono que el presidente utilizó el lunes 12 de Agosto, manifestaron su enojo por la incomprensión de los votantes hacia el gobierno.

 

Mitos que se caen

De cara a un muy probable triunfo en octubre, el resultado de las primarias en relación con el voto en el interior rural dispara las siguientes reflexiones.

El promocionado “derrame” de la actividad agropecuaria en las comunidades locales es más limitado de lo que se cree. Por un lado, tres cosechas récord y grandes exportaciones de cereales y carne vacuna no han podido evitar el incremento de la pobreza y la indigencia, el aumento del desempleo y la recesión económica a nivel nacional. Pero posiblemente ni siquiera haya tenido un gran impacto en las poblaciones rurales de cierta escala, donde el comerciante, el asalariado, el industrial, el proveedor de servicios o el empleado público padecen los avatares económicos del mismo modo que el habitante de las grandes urbes. En este sentido se puede asumir que el votante rural está más influido por la marcha de la macro economía que por el desempeño de la producción agrícola y ganadera.

El círculo rojo agropecuario expresa únicamente intereses económicos muy limitados. Existe un establishment agropecuario que monopoliza el discurso del “campo” hacia el resto de la sociedad, incluida la dirigencia política. Su principal objetivo es instalar que sus puntos de vista son representativos de la ruralidad en sentido amplio. Si bien puede haber segmentos de la ruralidad que se embanderen de este discurso aún sin recibir sus beneficios, nuevamente la expresión democrática vuelve a relativizarlos. No es la tribuna de Palermo, claramente, el termómetro del sentir de la Argentina rural.

La política agropecuaria de Cambiemos también resultó un fracaso. Ya lo escribimos en una anterior columna. Básicamente, la política implementada a partir del 10 de diciembre de 2015 apuntó a aumentar la producción de trigo y maíz, y a exportarlos sin el mínimo valor agregado industrial. Ni siquiera el boom de exportación de carne vacuna –traccionado por la demanda china– se correspondió con un aumento de la productividad ganadera. En esta vuelta a la economía de 1910 hubo muy pocos ganadores y una enorme masa que simplemente la vio pasar o perdió.

 

Propuestas

De cara a enfrentar un nuevo gobierno en un contexto económico y social extremadamente difícil, en lo que refiere a la política agropecuaria y en base a la experiencia de estos cuatro años, deberían considerarse los siguientes lineamientos.

  1. a) Acelerar el aumento de la producción. Debe ser un norte de la política, particularmente en función de la restricción externa de divisas, tanto en granos como en la ganadería y producciones regionales. Facilitar el acceso a la tecnología y al conocimiento para cerrar brechas de rendimiento y productividad es una de las claves.
  2. b) Promoción de la agroindustria. Poderosas industrias vinculadas al agro, como la avicultura y la lechería, se han visto severamente dañadas por las políticas de Cambiemos. Dado que la mayor parte de su producción se vuelca al mercado interno, la caída del salario por un lado y el aumento de los costos de producción dolarizados por el otro, constituyeron una tenaza asfixiante para estas industrias, sin considerar la imposibilidad de acceso al financiamiento.
  3. c) Prospectiva y planificación del crecimiento. Hay que recuperar el trabajo de la planificación estratégica, para consensuar metas que generen crecimiento y desarrollo con equidad social. Es necesario planificar desde el territorio –articulando con las provincias y la Nación– el crecimiento de las cadenas de valor, que no solo incluye los alimentos, sino también la energía.
  4. d) Diálogo con el productor. Se deben establecer canales directos con el productor rural, libre de interferencias. La política debe atender las necesidades de los distintos segmentos que componen la ruralidad, pero brindando soluciones desde un Estado inteligente que establece un ida y vuelta directo con ellos.

 

Conclusión

La probabilidad de un nuevo gobierno abre una inmensa posibilidad de trabajar para un crecimiento armónico de las cadenas agroalimentarias, articulando virtuosamente lo primario con lo industrial, el consumo interno con la exportación, la generación de empleo con la generación de divisas, y lo rural con lo urbano. Esto también forma parte de la tarea de sellar una grieta que no tiene razón de ser.

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