Ecología y las cuatro banderas

Juan Manuel Girini

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La cuestión ambiental –esa maraña de asuntos relacionados con las actividades humanas, el ambiente y los problemas sociales– ha estado lejos de las principales discusiones políticas en Argentina (Federovisky, 2014). Hasta parece ridículo plantearla, pero es que en la historia de nuestro país, líderes, movimientos y partidos políticos han construido hegemonía en torno al desarrollo social y el crecimiento económico a expensas de la naturaleza (Brailovsky y Foguelman, 2011). Como el peronismo es un actor imprescindible en el escenario político argentino, para revertir esta tendencia general podemos hacer algunas observaciones que se articulen con el simbolismo del movimiento y fundamenten la consideración de la ecología en la toma de decisiones de sus partidos y agrupaciones.

 

Algunas definiciones

La pregunta: “¿qué es el peronismo?” desafía todo intento esencialista y objetivista de buscar definiciones. Sin embargo, según la visión clásica, sus tres banderas históricas son: independencia económica, soberanía política y justicia social. Esas son las tres banderas que levanta el movimiento peronista, tres consignas que han estado más o menos presentes en los distintos partidos peronistas a lo largo de la historia del movimiento (Grimson, 2019). Aunque la cuestión ambiental no esté explícita, es necesario comprender que no es independiente ni excluyente de los problemas económicos y sociales de la Argentina. Hasta la “batalla cultural” tiene una faceta ecológica.

El paradigma de la civilización occidental plantea una división dicotómica entre ser humano y naturaleza, como si fueran categorías opuestas (Santos, 2009). Así, toda decisión o acción política que favorece el progreso humano, el desarrollo social o el crecimiento económico, suele perjudicar a la naturaleza, y toda reacción que busca proteger o conservar a la naturaleza se entiende como un retroceso o un obstáculo para el progreso o el desarrollo. Sin embargo, el drama ecológico global ha puesto en duda esta forma de entender al ser humano y la naturaleza (Santos, 2009). Por ejemplo, el calentamiento global y el sobrepastoreo están causando desertificación y pérdida de suelo en la Patagonia, todo un fenómeno natural causado por actividades económicas, el cual termina afectando a la economía y el bienestar de los ciudadanos patagónicos porque disminuye la productividad del campo, se secan las vertientes y arroyos, y hay problemas para abastecerse de agua.

Ser humano y naturaleza no son opuestos excluyentes, sino complementarios. Solo el punto de vista ecológico, que busca una comprensión integral de la relación entre ser humano y naturaleza, puede abordar la complejidad de la cuestión ambiental. Solo la política, que busca la solución a las cuestiones humanas, puede resolver los problemas ambientales que afectan a la sociedad argentina.

 

La ecología y la otra bandera para un país independiente, justo y soberano

La ecología es a la vez la ciencia que estudia las relaciones entre los organismos y su ambiente, y la actitud de preocuparse por el cuidado de la naturaleza. Desde su origen, a principios del siglo XIX, además de relacionar los objetos de estudio de distintas ciencias se ha preocupado por los efectos de las acciones humanas sobre el ambiente (Wulf, 2016). La cuestión ambiental ha conducido no solo a una crítica de las políticas de distintos partidos peronistas (Federovisky, 2014), sino también a problematizar y cambiar hábitos y costumbres de los ciudadanos en toda la Argentina y el mundo (Brailovsky y Foguelman, 2011). La conciencia ecológica es un fenómeno cultural global que clama por más responsabilidad ambiental en nuestras acciones cotidianas. Implica una filosofía crítica sobre el paradigma civilizatorio, tal como lo hacen la ecología profunda, la ecología social y el ecofeminismo. Fomenta la participación en espacios de toma de decisiones, como lo hacen la ecología política y los movimientos ambientalistas, de campesinos y de pueblos originarios. Ofrece alternativas al extractivismo y la agroindustria, tales como la agroecología y la producción de naturaleza (Jiménez Pérez, 2018). Invita a los ciudadanos a generar información valiosa para la ciencia, tal como lo hace la ciencia ciudadana. Y pide por una ecología de saberes, un diálogo entre distintos sistemas de conocimiento (Santos, 2009).

En Argentina, la ecología como movimiento es una fuerza social emergente sin una identidad política definida (Brailovsky y Foguelman, 2011). Pero, ¿es compatible con las banderas peronistas? Veamos. No puede haber independencia económica a largo plazo si la extracción de recursos naturales, la producción industrial y el consumo de bienes y servicios no se realizan con responsabilidad ambiental: las fuentes de recursos se agotarán y los sumideros de desechos se colmarán (Meadows y otros, 2012). No puede haber soberanía nacional si el territorio, con toda su riqueza natural, no es conocido y valorado por los ciudadanos argentinos –una cuestión cultural asociada a la zoncera madre: la concepción sarmientina de civilización y barbarie (Jauretche, 2010). Y no puede haber justicia social si el disfrute y el aprovechamiento de la naturaleza son privilegios para las clases más altas, en detrimento de las condiciones ambientales de las clases más bajas (Brailovsky y Foguelman, 2011).

Entre citas de Perón, Cristina Fernández de Kirchner anunció en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires la necesidad de proponer “algo distinto a todo”, basado en un “contrato social de ciudadanía responsable”. Sin el compromiso de cada ciudadano argentino por mejorar las condiciones de los demás, no podremos resolver ninguno de nuestros problemas sociales y económicos, incluyendo la cuestión ambiental. La ciudadanía responsable sería la cuarta bandera del peronismo, y clama por más conciencia ecológica.

 

Llevando la ecología a la práctica política

Los fantasmas del pasado y las circunstancias sociales, económicas y políticas del presente determinan la factibilidad de un proyecto político (Grimson, 2019). Las condiciones ambientales también. El gran desafío es integrar la complejidad ecológica en las infinitamente complejas discusiones políticas de la Argentina. Sin embargo, con meter biólogos en la mesa chica no alcanza. Estamos formados para investigar y publicar trabajos científicos, hacer diagnósticos ambientales y enlistar prioridades de conservación. Pero no estamos preparados para identificar y crear las oportunidades políticas que posibiliten llevar a cabo nuestras propuestas (Jiménez Pérez, 2018). Además de hacer lecturas ecológicas de las políticas económicas y sociales, hay que hacer lecturas políticas de las propuestas ecológicas.

Así, hay una larga lista de prioridades ambientales que deben discutirse (Brailovsky y Foguelman, 2011; Federovisky, 2014). Pero para que esos debates se traduzcan en políticas ambientales serias, se necesitan catalizadores culturales que faciliten y aceleren procesos profundos de transformación en nuestra forma de relacionarnos con la naturaleza. Es decir, se necesitan grandes símbolos, discursos y líderes que generen identificaciones en el movimiento ecológico, a la vez que sensibilicen a ciudadanos indiferentes y sepan problematizar sus costumbres culturales.

El peronismo puede aprovechar esta falta de identidad política en el movimiento ecológico argentino. En distintas circunstancias históricas ha sabido encontrar apoyo en distintos movimientos sociales, articular heterogeneidades y construir hegemonía (Grimson, 2019). Ahora, además de diseñar un programa de medidas que resuelva las urgencias sociales y económicas de la Argentina, debe buscar apoyo social entre distintos sectores, y la ecología y sus preocupaciones por la cuestión ambiental son coherentes con sus cuatro banderas.

Ya hay una agenda de conquistas ambientales sobre la mesa. Podemos sentar en esa mesa a discutir a biólogos y ecologistas. Pero es responsabilidad de líderes y referentes políticos identificar y crear las oportunidades que permitan hacer esas conquistas.

 

Bibliografía

Brailovsky AE y D Foguelman (2011): Memoria verde. Buenos Aires, Debolsillo.

Federovisky S (2014): Argentina, de espaldas a la ecología. Apuntes para una política ambiental. Buenos Aires, Le Monde Diplomatique.

Grimson A (2019): ¿Qué es el peronismo? Buenos Aires, Siglo XXI.

Jauretche AM (2010): Manual de zonceras argentinas. Buenos Aires, Corregidor.

Jiménez Pérez I (2018): Producción de naturaleza: parques, rewilding y desarrollo local. Buenos Aires, The Conservation Land Trust Argentina.

Meadows D, J Randers y D Meadows (2012): Los límites del crecimiento: edición 2012. Buenos Aires, Taurus.

Santos BS (2009): Una epistemología del sur. México, Siglo XXI-CLACSO.

Wulf A (2016): La invención de la naturaleza. Buenos Aires, Taurus.

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