Desafíos del acceso a la vivienda en la Argentina

Rodolfo Tolosa

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En nuestro país tenemos más de 3.000 entidades de cooperativismo y mutualismo ávidas de poder acceder a la construcción de proyectos habitacionales. Hay actualmente un déficit habitacional de más de dos millones de viviendas. Entendemos que existen muchos obstáculos por delante que son un desafío a vencer. Enumeremos algunos.

Para aplicar a un crédito, los ingresos del trabajador o de la trabajadora deben estar en blanco. Hoy el 35% de la población económicamente activa está empleada en negro, fuera del sistema formal, por lo que queda impedida de acceder a un préstamo.

Por otra parte, el incremento del precio del dólar, moneda en la que se cotiza el precio del metro cuadrado, hace que los precios de los inmuebles sean mayores en pesos. Para la adquisición de una vivienda la mayoría de las personas deben recurrir al dólar paralelo, porque la nueva administración regula la adquisición de dólares.

Adicionalmente, la tasa de interés de los préstamos ha estado en ascenso. Desde el gobierno han criticado las tasas de los bancos por ser extremadamente altas. La realidad de la economía argentina no ofrece garantías de estabilidad y hace que las entidades financieras impongan estas exigencias sobre quienes piden un crédito. Esto hace que, antes de tomar la decisión de sacar un crédito hipotecario, se debe estudiar detenidamente si es conveniente hacerlo ahora, ya que se podría estar atado durante mucho tiempo a hacer pagos exagerados que podrían ser más un dolor de cabeza que una oportunidad de tener una vivienda propia.

 

El sueño de la vivienda propia es posible desde el movimiento cooperativo

En medio de este difícil panorama es que se ve que el movimiento cooperativo tiene que estar presente en las decisiones que se adopten en materia del hábitat a nivel nacional, porque las cooperativas conocen y viven la problemática en cada rincón del país. En este sentido, desde el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES) se han tomado algunas iniciativas para generar acuerdos con el Ministerio de Desarrollo Territorial y Hábitat y con el Ministerio de Desarrollo Productivo, buscando insertar a este gran movimiento dentro de los programas oficiales, como el Procrear.

Desde hace muchos años las cooperativas de viviendas aportan sus proyectos habitacionales de distintas maneras y prácticamente sin ayuda oficial. Igualmente, fueron concretando sus proyectos para llevar soluciones a sus asociados y asociadas. En los últimos diez años, con la intervención de las cooperativas, se han construido más 56.000 unidades en todo el país. Además, se debe resaltar que el cooperativismo construye en todos los rincones, llegando a lugares que los desarrollistas urbanos no tienen en cuenta: así se busca evitar el desarraigo, promoviendo el crecimiento urbanístico de cada localidad. En contados casos se utilizaron convenios con los institutos provinciales, programas oficiales de asistencia de la ex Secretaría de Vivienda Nacional, o en conjunción con el sistema privado, especialmente con el financiero. Un número muy importante de viviendas las impulsaron las cooperativas con la autoconstrucción: todos los asociados aportan horas laborales, materiales para la construcción o aportes dinerarios. Así se pudieron llevar adelante varios proyectos edilicios de distintas envergaduras. Todos los proyectos organizados por las cooperativas han culminado con la entrega de todas las unidades proyectadas, no sin pasar por muchas vicisitudes. Pero, aun a pesar de todos los inconvenientes, se siguió con la construcción de las unidades habitacionales. En los últimos años, con esta metodología, más de 4.500 unidades fueron ejecutadas por sus propios socios-propietarios. ¿Cuántas se podrían sumar si se contara con apoyo oficial?

Somos generadores de fuentes laborales y de crecimiento económico en las localidades donde se desarrolla un proyecto urbanístico. En muchos casos son las propias cooperativas las que fabrican el material para construir. Así se edifican casas que son transformadas en hogares, dinamizando el bienestar y el equipamiento social de sus habitantes.

Desde el cooperativismo decimos que sin ahorro no hay financiamiento, sin Estado no hay una política que oriente al esfuerzo en su conjunto, y sin empresas democráticamente gestionadas por las familias y las comunidades que requieran sus viviendas el esfuerzo termina esterilizado por especulación inmobiliaria y agravando la concentración urbana.

 

Generación de suelo

Estos desarrollos estimulan nuevos proyectos, y desde ahí nacen los emprendimientos, como los de generar suelos aptos para desarrollos urbanísticos, que fue un gran problema del programa Procrear en el pasado. El sector inmobiliario privado, lejos de colaborar, hizo un fuerte ajuste de precios sobre la tierra disponible, llegando en muchos casos a triplicar su valor y haciéndola inaccesible al común de las personas, privándolas de la obtención de créditos destinados a la construcción.

Las cooperativas en muchos casos son poseedoras de suelo que hay que acondicionar para el desarrollo urbanístico, ajustando los valores para que su incidencia sobre el costo constructivo sea lo menor posible. Tenemos más de 20.000 lotes en diversos puntos del país que están a la espera de un plan de financiamiento para la construcción.

Son las entidades cooperativas y mutuales quienes garantizan que las unidades lleguen a quienes realmente las necesitan, aportando su suelo y asegurando a la vez que el propio asociado, asociada o adquirente realizarán aportes para la construcción de las viviendas. Sabemos que las asociadas y los asociados no son morosos habituales: mientras la cuota sea pagable, lo hacen sin problemas.

 

Prioridad del hábitat

“Una niña o un niño criados en un ambiente saludable son un paciente menos en un hospital”. La infraestructura es un punto crucial para la elaboración y puesta en marcha de proyectos habitacionales, ya que siempre se antepone en nuestros proyectos la calidad de vida. Sabemos que una vivienda debe tener sus mínimas condiciones de salubridad, agua potable, luz o cloacas, un entorno óptimo para la vida digna. Es una inversión para la salud de quienes la habitan, y de ahí proviene la necesidad de asociación con los municipios, quienes tienen programas provinciales o nacionales para la ejecución de infraestructura necesaria para el desarrollo habitacional.

Las cooperativas están desarrollando sus proyectos en planes sustentables con cambios constructivos, cuidando el medio ambiente con iluminación pública con paneles solares, nuevas formas de construcción que buscan el ahorro energético, o reciclado de residuos. Los desarrollos deben además construirse desde y para la comunidad, generando centros educativos, deportivos, de salud y de cuidado de niños, niñas, ancianos y ancianas.

Bregamos para que nuestro país tenga una ley de cooperativas exclusivas sobre la vivienda y el hábitat. Que se reconozca a las cooperativas de trabajo como empresas aptas para realizar construcciones, que puedan participar libremente en licitaciones, y que no se impongan capacidades financieras adicionales a las capacidades técnicas de construcción.

Se busca la sanción y la implementación de leyes para el mejoramiento del hábitat: las cooperativas brindan en la comunidad una serie de capacitaciones, tomando como eje la organización. Hay capacitaciones en el orden laboral que enseñan nuevos métodos constructivos, capacitación en talleres, o de inclusión laboral y social.

Las cooperativas de vivienda ya tienen más de cien años en el país. Es hora de que realmente se utilice esta gran herramienta como factor fundamental en la construcción y desarrollo del hábitat en cada localidad, trabajando a la par de toda la comunidad. Experiencia, organización, estructura laboral técnica y miles de viviendas ejecutadas avalan nuestro accionar.

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