Contrato Social para un (nuevo) Modelo Nacional

José Luis Di Lorenzo

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Estado de situación

Desde diciembre del año 2015 Argentina regresó a los desvalores fundacionales de lo que hemos dado en llamar el antiproyecto, impuesto autoritariamente como proyecto negativo de país mediante el golpe militar de 1976. Son sus pilares básicos: el militar, el financiero y el comunicacional. Lo novedoso es que mediante el fraude comunicacional (periodismo de guerra, promesas falsas, denuncias y procesos judiciales amañados, etcétera) es el actual poder político, legitimado por las urnas, el que ejerce autoritariamente el manejo del aparato del Estado.

El término “antiproyecto” no ha sido fácilmente aceptado o comprendido. Por ello cabe anotar que su esencia es la imposición ilimitada y arbitraria de un proyecto no elegido. En este caso, el de sumisión incondicionada al imperialismo mundial del dinero. Es diferente de lo que hemos conocido como “proyecto dependiente”, en el que quienes lo gerencian conservan un proyecto propio. En cambio, el antiproyecto impone la sumisión, que equivale a la esclavitud personal: dispone de las personas a las que les niega hasta su vida. Lo que se propone destruir es el trabajo, su enemigo real, diametralmente opuesto a la especulación.

La totalidad de los recursos económicos y naturales del país son puestos a disposición de la especulación financiera global. El endeudamiento aparece como único futuro posible, nos convierte en deudores eternos. La destrucción tardocapitalista del trabajo y de la organización solidaria da como resultado al desocupado, al desecho.

El disciplinamiento al Poder Judicial, a la política, a los medios de comunicación, a los comunicadores, al pueblo incluso mediante represión, demuestra que el objetivo a destruir pasa a ser el Estado mismo, en vistas de su suplantación por el mercado especulativo financiero. En suma, el antiproyecto avanza hacia la disolución de la Nación.

La entropía es, en un ser vivo o en un sistema, la tendencia a la desorganización, al deterioro, a la descomposición. Sin proyecto, el virus de la descomposición avanza y el país se va deshaciendo al no tener la estructura que conjugue esfuerzos, que articule las partes, que ordene las acciones, que dé sentido a su quehacer cotidiano.

Las próximas elecciones nos desafían a hacer el mayor esfuerzo por desplazar pacíficamente al antiproyecto y sus desvalores, para cambiar el rumbo superando diferencias y antagonismos, unirnos en la acción y en la concepción, reorganizar lo desorganizado, en camino a que como pueblo volvamos a ser y tener nación.

El modelo es una elaboración intelectual que un pensador, un político o un grupo propone. Cuando una propuesta o modelo es querida –decisión de la voluntad– se convierte en proyecto. Formular un nuevo contrato social parece un camino adecuado.

Algunas cuestiones metodológicas

En la intención de aportar al contenido del contrato social anunciado, como inicio a una tarea que demanda mayor y más extenso desarrollo, parece útil inicialmente proponer un ordenamiento metodológico diferenciando objetivo, meta, valores e instrumentos.

El objetivo (argumento histórico del futuro) es que todos los que habitamos este suelo proveamos a satisfacer todas las necesidades de todos, concretando el progreso moral como sentido de la existencia.

La meta es modelar un proyecto de vida que recupere los valores perdidos, revalorizando y poniendo en el centro al trabajo como dignidad e instrumento resolutor de los problemas del país. Es un Modelo Nacional que, de hacerse propio por el pueblo, se convertirá en un nuevo Proyecto de País.

Entre otros valores a recuperar se pueden enunciar:

  • Trabajo para todos contra la desocupación.
  • Prioridad por los pobres.
  • Reconocimiento de la mujer, la niñez, la vejez y la juventud frente a su actual marginación y explotación.
  • Derecho a vivir en el propio país.
  • Ocupación del espacio territorial.
  • Fraternidad frente a la dominación.
  • Vida que rechaza la muerte lenta o violenta, determinada por otros.
  • Derecho a la vivienda, la salud, la educación, al trabajo, al salario.
  • Derecho al alimento frente al hambre como producto social
  • Vigencia de los derechos humanos: libertad, respeto al pensamiento ajeno, seguridad, tolerancia, disenso, justicia, desarrollo personal.
  • Respeto a la naturaleza frente al destrozo salvaje de los recursos naturales.
  • Una ciencia al servicio de los valores humanos, frente a un saber sólo al servicio de intereses industriales, bélicos o de lucro.
  • Austeridad frente al consumismo.
  • Liberación frente a la explotación financiera internacional.
  • Integración con los países vecinos.

Los instrumentos son los científico-tecnológicos, aplicables al logro de la meta y el objetivo: ineludiblemente deben estar vinculados a su viabilidad en el marco mundial actual, procurando conciliar los ideales con los intereses.

Un nuevo modelo de vida demanda apelar a la propia ciencia y a desarrollar la propia técnica. Advirtiendo que toda ciencia que se formula comúnmente como universal es siempre nacional, pues es el modo por el cual una determinada sociedad da respuesta a sus necesidades. Por ello privilegia ciertos conocimientos e investigaciones y no otras.

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