Santa Fe tiene ejemplos

Franca Bonifazzi

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El mes de mayo de 2017 sorprendió al peronismo santafesino. El congreso partidario avanzó en una estrategia electoral provincial llamada Frente Justicialista, con un tinte local: de abajo hacia arriba.

Hace tiempo que no hay un gobierno provincial justicialista. En los años posteriores a la mal llamada “crisis del campo”, donde primaron las discusiones sobre “la Patria”, por el desacuerdo entre dirigentes el Partido Justicialista Santafesino no se presentó a elecciones en 2009, liberando a sus referentes a estrategias particulares. Hubo un aprendizaje conjunto acerca de que la grieta no se encuentra entre quienes albergamos un sentimiento compartido de identidad, aprendizaje que llevó a una situación de casi bancarrota de la estructura partidaria provincial. Luego de eso un sentimiento común afloró: el frente justicialista era la única opción viable para hacer frente a Cambiemos.

¿Por qué traer sobre la mesa la experiencia santafesina? Porque estábamos en una situación de empate hegemónico: distintas facciones se disputaban la conducción del peronismo y ejercían un poder de veto o de inhabilitación del crecimiento de las otras en caso de no liderar el proceso. La ecuación inversa al apotegma peronista: primero los hombres, luego el movimiento y por último la Patria. Tal era el comportamiento avaro y “vecinalista” de numerosos referentes que se encontraban más cercanos a una política propia de Cambiemos: consideraban al “vecino” como el actor político central. A través de “una gestión” se pretendía resolver sus demandas individuales, en lugar de construir una identidad popular, como nos pedía Perón: “un pueblo organizado” en valores como los derechos del trabajo, una patria soberana, una política económica que rompa los lazos de dependencia, un proyecto nacional con justicia social. Que el peronismo haya tenido una expresión neoliberal en su historia no ha sido gratuito. Parte de estas estrategias de supervivencia individual de dirigentes, sin considerar el riesgo de hacer claudicar el proyecto nacional, ha sido el saber hacer que legó a numerosos peronistas el período menemista.

Cambiemos triunfó en las elecciones santafesinas en 2017. ¿Por qué traer entonces sobre la mesa esta experiencia provincial? Porque ilumina la posibilidad de transitar caminos hacia la unidad que viene. La iniciativa que recuperamos en este texto comenzó con un proceso de integrar a la vida partidaria a casi todos los sectores del justicialismo santafesino –hubo algunas excepciones que no quisieron conformar este nuevo camino partidario–, lo cual decantó tras muchísimos esfuerzos en una experiencia electoral virtuosa –a juzgar por los actores–, algo así como una unidad de acción sin habernos preguntado lo suficientemente sobre nuestra identidad y nuestra concepción. Durante el tránsito por el año electoral la unidad de concepción adoptó forma propia: el peronismo siempre ha sido una cultura de resistencia a las lógicas de dominación global, y puede ser desde un proyecto humanista una respuesta al neoliberalismo que han optado como rumbo nuestros pueblos en las recientes elecciones.

En segunda instancia, esta experiencia santafesina inspira otra pregunta: ¿podemos agotar la discusión exclusivamente en la unidad del peronismo? A juzgar por el caso que analizo, diría que no, que no alcanza. Dijo Perón: “Si alguna vez llegase a haber otro golpe, el pueblo quedará tan derrotado que la vuelta constitucional servirá solamente para garantizar, con el voto popular, los intereses del imperialismo y de sus cipayos nativos”. Quizás venimos atravesando este dilema luego del último golpe cívico militar que inició un proyecto de hambre, miseria y desmembramiento de los sectores trabajadores argentinos. En consecuencia, la frase de Antonio Cafiero sugerida para el debate sobre la unidad del peronismo –“Juan Perón decía que la unidad del justicialismo sólo se podía lograr gracias a una concepción común acerca de la validez de la doctrina, y no resolviendo en elecciones limpias quién tiene más votos: la unidad de concepción es el origen de la unidad de acción. El único fundamento de la unidad políticamente efectivo y moralmente justificable es la afirmación de ideales compartidos. Esta es la solución para resolver a la vez las dos crisis crónicas del peronismo: la de unidad y la de identidad”– debería extenderse a todo lo que comprendemos como “el campo nacional y popular”. A partir de allí nuestro desafío es hacer confluir los dilemas de nuestra patria como cuestión nacional y los desafíos de un pueblo en busca de justicia social, en un contexto donde el desempleo, la marginalidad, el hambre y la desigualdad aparecen como emergentes de la cuestión social.

La construcción popular de los tiempos que vienen no se agotan en el peronismo, pero necesitan algo que el peronismo puso muy bien en el centro de la escena: el continentalismo. Quizás en los últimos años nos faltó preguntarnos un poco más sobre las causas y la estructuración de la dependencia en nuestros países, o nos faltó fortalecer la dimensión soberana de un proyecto que pretendía ser reparador de injusticias sociales. Allí encuentro una pista de raigambre cultural profunda para la reactualización doctrinaria necesaria para los peronistas, y para todo el campo nacional y popular. En Santa Fe la unidad de acción nos llevó a una unidad de concepción opositora al neoliberalismo imperante. La reactualización y la reafirmación de nuestros ideales compartidos podrán aportarnos un camino para los tiempos que vienen.

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