¿Qué significa que al gobierno de Cambiemos le vaya bien?

Carlos Francisco Holubica

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Es frecuente escuchar a ciertos dirigentes políticos que se dicen opositores expresar su voluntad de colaborar para que al gobierno de Mauricio Macri le vaya bien. Aseguran que, de esa forma, le irá bien al pueblo argentino. Con buena voluntad se podría pensar que esos dirigentes imaginan un presidente de la Nación capaz de rectificar el rumbo actual de sus políticas que, claramente, están perjudicando a la mayoría de la población. Sin embargo, a más de dos años y medio de gestión, Macri ratifica una y otra vez el camino que eligió y promete profundizarlo. Entonces la pregunta es: ¿qué significa que al gobierno actual le vaya bien? Y el interrogante subsiguiente: ¿cuál será el resultado de esa colaboración? En la propia lógica neoliberal en que abreva Cambiemos, significa una serie de consecuencias para los argentinos que trataremos de enumerar, sin pretensiones de agotar una larga lista de penurias que ya estamos viviendo y que se agravarán, con el auxilio del FMI.

En primer lugar, implica que continuará la concentración de la riqueza en pocas manos, por la vía de aumentar las ganancias de los grandes monopolios agroexportadores, de las empresas del área energética, de las compañías mineras, de los laboratorios extranjeros y del sector financiero, a través de la devaluación, de la eliminación de retenciones, de la suba de tarifas interminable y de las altísimas tasas de interés, más el aporte de la “reducción del costo argentino” bajando impuestos y salarios.

Significa también que proseguirá la apertura comercial unilateral de nuestro país en un mundo que se cierra, favoreciendo importaciones de productos que compiten con la industria nacional, sin ninguna garantía de aumento de las exportaciones. Esto supone renunciar al objetivo de superar alguna vez la famosa restricción externa, consolidando el nuevo ciclo de endeudamiento externo en el que estamos embarcados en medio de “tormentas” continuas. Ni hablar del impacto de tal apertura en las pymes y en el empleo.

El eventual éxito del gobierno en los términos de su propia lógica llevaría a nuevos y más profundos cambios en el sistema previsional, con mayores bajas de las jubilaciones actuales y futuras, con aumento de la edad para acceder al beneficio y, previa liquidación del Fondo de Garantía de Sustentabilidad, con la desaparición del régimen público y la reaparición de las pensiones privadas, nuevo (viejo) negocio para la especulación financiera.

Otro resultado garantizado, si le va bien a Cambiemos, es la reprivatización de las empresas públicas recuperadas y potenciadas durante los anteriores gobiernos de Néstor y Cristina, junto al ahogo presupuestario en el área de ciencia y tecnología. YPF, Aerolíneas Argentinas, ARSAT, Nucleoeléctrica y las centrales nucleares en construcción y proyectadas, entre otros emprendimientos estatales, serán variables del ajuste fiscal pergeñado por quienes sueñan en clave de planillas Excel y no del futuro de la Patria.

La tijera exitosa de Macri y su equipo de Ceos seguirá recortando partidas de salud y de educación (públicas, se entiende, porque para los privados siempre hay una mano del gobierno dispuesta a financiarlos). Lo mismo en todos los organismos del Estado que cumplen funciones que debieran ser indelegables, como la agencia oficial Télam, el INTA, el INTI o el SENASA, por citar algunos de los casos más emblemáticos.

Por supuesto que las provincias –algunas de ellas paradójicamente gobernadas o representadas por dirigentes colaboracionistas– no quedarán exentas del ajuste fiscal, más bien al contrario: son invitadas a compartir los costos del recorte, como socios minoritarios que nunca verán las ganancias de tal emprendimiento. Para muestra, vaya la reciente poda a las asignaciones familiares en la Patagonia y otras zonas de la Argentina, que se haría extensiva a las jubilaciones que cobran los beneficiarios de esos lugares.

A los trabajadores, además del creciente desempleo, la baja de salarios reales y el sombrío porvenir de sus jubilaciones, les espera mayor flexibilización laboral y pérdida de derechos, como por ejemplo la reducción de las indemnizaciones por despido.

Si al gobierno le va bien en sus designios, aumentará la protesta social y, en la misma medida, se incrementará la represión con las fuerzas de seguridad, más el aporte –directo o indirecto– de las Fuerzas Armadas, cuyo rol en la defensa nacional se intenta nuevamente desnaturalizar.

En resumen, si a Cambiemos le va bien como desean esos dirigentes a los que hicimos referencia, les irá muy mal –mucho peor que ahora– a los jubilados, a los docentes, a los trabajadores de la salud, a los empleados públicos, a los trabajadores industriales, a los pequeños y medianos empresarios, a los científicos, a los productores de las economías regionales, en fin, a la inmensa mayoría del pueblo argentino. Eso sí, festejarán las minorías que son representadas cabalmente por Mauricio Macri y “el mejor equipo de los últimos cincuenta años”.

 

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