¿QUÉ ES EL G20 Y PARA QUÉ SIRVE QUE SE REÚNA EN ARGENTINA?

Eduardo J. Vior

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La próxima reunión cumbre en Buenos Aires se destacará más por los encuentros bilaterales a su sombre que por las resoluciones que adopte el pleno multilateral.

Si el gobierno argentino espera que en la reunión cumbre del G20 en Buenos Aires los próximos 30 de noviembre y 1 de diciembre se resuelva alguno de los conflictos centrales de la economía mundial, puede empezar a desengañarse. Los presidentes de China y Estados Unidos se van a reunir el viernes 30, pero si cierran un acuerdo sobre su diferendo comercial –algo poco previsible– será porque lo han concertado antes. Por otra parte, es probable que Donald Trump también se reúna aquí con Vladimir Putin, pero los respectivos voceros ya han anunciado que ambos líderes sólo quieren pasar revista al estado de las relaciones bilaterales. El formato de los encuentros multilaterales ha pasado de moda, pero todavía no tiene remplazo.

La cumbre del G20 arrastra los mismos desafíos que enfrentó Ángela Merkel en la cita de Hamburgo en 2017. Los principales escollos para cerrar el documento final de Buenos Aires siguen siendo las diferencias sobre el comercio mundial y la lucha contra el cambio climático que la mayoría de los líderes tiene con Donald Trump. En estas condiciones se hace muy difícil acordar previamente el documento final, por lo que deberán ser los propios presidentes y primeros ministros quienes hagan la redacción definitiva.

Buena parte de lo referente al conflicto comercial dependerá del entendimiento entre las delegaciones de Estados Unidos y China, pero no es previsible que el compromiso que eventualmente alcancen ambos presidentes se refleje en el comunicado final de la cumbre. En realidad, el objetivo principal de la mayoría de los diplomáticos –involucrados desde hace once meses en los preparativos– es evitar que se repita el enfrentamiento del año pasado en Hamburgo entre Trump y los otros 19 líderes. Nadie aspira a un documento con fuertes afirmaciones compartidas.

El Grupo de los 20 (G20) es un foro de 19 países más la Unión Europea (UE), donde desde 1999 se reúnen regularmente jefes de Estado y de gobierno, presidentes de bancos centrales y ministros de finanzas de los países más desarrollados del mundo. Está constituido por siete de los países más industrializados (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido: G7) más Rusia (G8) y Australia. Además, participan diez países recientemente industrializados de todas las regiones del mundo (por ejemplo, de América Latina están Argentina, Brasil y México) y la Unión Europea (UE) como bloque económico. Asimismo, cada año son invitados España (fijo), el país que ocupe la presidencia de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), dos países africanos y un país convidado por la presidencia, por lo general de su propia región. También participan 12 organizaciones internacionales asociadas.

Surgió cuando los ministros de Finanzas y directivos de bancos centrales del G7 se reunieron para deliberar sobre los efectos de la crisis financiera de 1997-1998. Sin embargo, fue recién con la crisis de 2008 que el grupo se amplió a 20 Estados.

El G20 es una de las organizaciones informales –es decir, no previstas en el sistema de las Naciones Unidas y cuyas recomendaciones, por lo tanto, no son vinculantes– surgidas desde la década de 1990 para convalidar el gobierno mundial ejercido por cónclaves y clubes informales en los que se reúnen funcionarios internacionales, líderes nacionales, representantes empresarios y consultores. Estos cónclaves se organizaron para gobernar el mundo después del fin de la Guerra Fría, en el contexto de la Tercera Revolución Industrial y bajo la hegemonía de la ideología de la globalización, porque los países centrales no quieren someterse a las decisiones por mayoría de la Asamblea General y otros organismos de Naciones Unidas.

El G20 tiene fuerte peso en la economía y las finanzas internacionales, porque la suma de sus miembros representa el 90 por ciento del PBI mundial, el 80 por ciento del comercio internacional y las dos terceras partes de la población del planeta. Desde el comienzo, Argentina ha participado bastante activamente en el grupo. Argentina está incluida en él por su rol como productora y exportadora de biocombustibles y alimentos, así como por sus reservas energéticas, acuíferas y minerales.

Desde 2010 los 19 países miembros se dividen en grupos regionales de hasta cuatro asociados. Entre estos cinco grupos se turna la presidencia anual. Desde el 30 de noviembre de 2017 hasta el 30 de noviembre de este año Argentina ejerce ese cargo. Como este mandato sólo dura un año, para garantizar el seguimiento y la consistencia de los temas en tratamiento existe una troika de gobierno integrada por el país que presidió el año anterior, el que ejerce actualmente la presidencia y el que presidirá el año siguiente. En este momento, Alemania, Argentina y Japón son parte de la misma.

Durante el año de reuniones preparatorias, los líderes de los países integrantes están representados por los sherpas (llamados así por los guías de montaña en el Himalaya), quienes coordinan la política de sus países hacia el G20, asesoran a sus gobiernos y negocian en su nombre. Además del sherpa, en cada reunión temática participa el respectivo ministro del ramo.

En paralelo, el G20 busca legitimarse fomentando la participación de la llamada “sociedad civil” a través de los Grupos de Afinidad, foros paralelos para lobbies y ONGs que se reúnen a lo largo del año para elaborar recomendaciones que entregan a los jefes de Estado y de gobierno. Los grupos de afinidad son: Business 20 (B20, integrada por empresas), Civil 20 (C20, organizaciones no gubernamentales), Labour 20 (L20, sindicatos), Parliament 20 (P20, representantes de los parlamentos), Science 20 (S20, trata temas relacionados con la ciencia), Think 20 (T20, expertos que producen propuestas para políticas públicas), Women 20 (W20, organizaciones de mujeres) y Youth 20 (Y20, jóvenes líderes).

La Cumbre del G20 de Buenos Aires será la decimotercera reunión del grupo. Para su organización, el gobierno argentino contrató con empresas privadas por un monto total de 750 millones de pesos. En tanto, para reuniones menores y otros gastos el gobierno gastará otros 3.000 millones de pesos. Una de las posiciones más fuertes será la de seguridad.

Durante la presidencia argentina en 2018, el G20 tiene como prioridades en su agenda:

  • El futuro del trabajo. El texto preparatorio de esta área se introduce con la siguiente frase: “Las nuevas tecnologías están cambiando las estructuras tradicionales del trabajo. El sistema educativo también tiene que cambiar para capacitar a las personas para la vida y el trabajo en el siglo XXI”. Supone así que “las tecnologías” son el sujeto del proceso actual de transformación de la economía y la sociedad mundial, y no los gobiernos y corporaciones multinacionales que diseñan y aplican estrategias de innovación.
  • La infraestructura para el desarrollo. “Los países necesitan bases físicas –caminos, puentes, ferrocarriles, transporte público, obras sanitarias– para crecer. Es fundamental lograr una mayor participación del sector privado para potenciar la inversión en infraestructura”. El mismo tipo de objeción se puede hacer en esta área: crecer no es un ideal por sí mismo, sino el medio para alcanzar tales o cuales objetivos. Al mismo tiempo, el supuesto de que “es fundamental lograr una mayor participación del sector privado” no resulta de ninguna evidencia, ni está comprobado que la misma resulte en “potenciar la inversión en infraestructura”. La experiencia argentina es más bien la contraria.
  • Un futuro alimentario sostenible. Del mismo modo, la afirmación de que “el mundo necesita un sistema de provisión de alimentos más inclusivo y eficiente. Esto implica incrementar la productividad de los suelos sin impactar negativamente en el medio ambiente” no se condice con las evidencias, ya que es el acceso de las familias campesinas a la propiedad de la tierra, al crédito y a canales justos de distribución el que asegura la alimentación de la población en general. La tecnología es subsidiaria de un orden rural justo.

La cumbre se reúne a la sombra del contencioso comercial entre China y Estados Unidos. Si bien Beijing no ha sido reconocida como economía de mercado, funciona como tal y sigue teniendo cada vez más influencia en el comercio mundial, en algunos aspectos hasta desafiando la primacía de Estados Unidos. Por su parte, Washington rechaza el sistema de resolución de controversias de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y viene demorando decisiones clave.

En este contexto de creciente competencia entre poderes cada vez más parejos, la estructura multilateral y consensuada del G20 (las decisiones se toman por unanimidad) está perdiendo vigencia aceleradamente. En el orden mundial que se viene perfilando desde 2013, el multilateralismo ha sido remplazado por bilateralismos concurrentes y competitivos. De hecho, en el último tiempo todas las conferencias internacionales han estado flanqueadas por reuniones paralelas entre líderes en las que se toman las decisiones verdaderamente trascendentes.

Concluyendo, puede decirse que para Argentina no está mal seguir perteneciendo al G20, pero que de él no se pueden esperar decisiones importantes. Por ello, la presidencia argentina actual está tratando de limar asperezas entre los contendientes, pero el único resultado efectivo que puede traernos se dará en las reuniones entre Xi Jinping y Mauricio Macri posteriores a la cumbre, cuando el primero realice su visita oficial. Cuando analicemos la letra chica de los acuerdos a los que lleguen, podremos decidir para qué sirvió gastar tanta plata y balas de goma en la organización del G20.

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