La unidad en la diversidad y las corporaciones del Big Data en las PASO

Verónica Sforzin

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Mucho se escribe acerca de lo invencible del márquetin político y la microsegmentación digital; acerca de la extracción de datos de la población por grandes corporaciones como Google y Facebook; del uso de estos datos para construir perfiles psicosociales; y de cómo, mediante su procesamiento y el uso de la Inteligencia Artificial, logran manipular a las poblaciones. Las elecciones de Estados Unidos y de numerosos países lo demuestran… entonces, ¿qué paso en las elecciones PASO (Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias) de Argentina?

Trabajemos algunos escenarios. En las recientes elecciones, respecto de las elecciones de 2015, Cambiemos bajó solo 1,2 pp (punto porcentual), mientras que el Frente de Todos subió 12,3 pp y Consenso Federal bajó 12,9 pp. Cambiemos prácticamente no sumó ni restó base social, mientras que el Frente de Todos logró ampliarla. Cambiemos intentó construir una alianza con sectores del peronismo, a través de la incorporación de Pichetto como figura central, pero esta alianza entre personas no traccionó a las estructuras históricas de Argentina. Mientras que la construcción política planteada por el Frente de Todos logró incorporar a otros sectores políticos, a partir de la alianza con Massa y con los gobernadores, e incorporando a otros sectores. En el Frente de Todos se logró la articulación del arco nacional y popular a través de sus distintas identidades y formas de organizarse, cosa que no se logró en el 2015, en donde se presentaron dos propuestas peronistas: la del Frente Para la Victoria y la de Unidos por una Nueva Argentina-Frente Renovador. Alberto Fernández lo subrayó en una de sus primeras entrevistas después de las elecciones, dándole una importancia crucial a la unidad: “siendo condición necesaria (para ganar), pero no suficiente (para gobernar)”, remarcando el apoyo de los gobernadores y de las centrales sindicales. A esto hay que agregar, ya no en términos estructurales, cómo los medios impulsaron la polarización, estrategia que –al menos en función de los resultados– solo permitió consolidar la propuesta del Frente de Todos.

La decisión política de poner por delante la unidad de las estructuras históricas y de construir una alternativa política electoral que hiciera frente al modelo neoliberal permitió retomar la delantera en la construcción de sentido: logró unir los problemas concretos de la gente, el sufrimiento del pueblo con el modelo neoliberal impulsado por el Gobierno. Para el 60% de la población los problemas sociales dejaron de relacionarse a cuestiones meritocráticas, al gobierno anterior o al gobierno que viene.

Las propuestas del Frente de Todos se transmitieron e instalaron a través de una gran heterogeneidad de sectores y de actores políticos: sindicatos de trabajadores, centrales de Pymes, estructuras de los intendentes y gobernadores, movimientos sociales y territoriales, y por supuesto de una gran cantidad de militantes y activistas. Estas estructuras, que sin duda están en crisis, pudieron dar pelea y aportar a esta propuesta simbólica y política. Es en este sentido que cuando vuelve a ser gobierno una propuesta nacional y popular, vuelve la legitimidad de la política y sus expresiones sociales. Esta amalgama entre la unidad y la propuesta permitió que las clases medias empobrecidas y golpeadas en estos cuatro años, los desocupados de las Pymes y comercios que cerraron, los jóvenes sin salida laboral o los sectores más pauperizados, pudieron sentirse interpelados. Creer que se puede construir y disputar sentido sin algún tipo de organización y estructura, creer que todo depende del discurso o del instrumento, es la encarnación de la mirada liberal en la política.

En cambio, el gobierno actual –con una pata cada vez más fuerte en la timba financiera, que hace de base social de los capitales financieros especulativos y que ha demostrado que los Grupos Económicos Locales no tienen proyecto, sino que quedan a merced de proyectos extranjerizantes– no puede sostenerse incorporando más expresiones e intereses, solo le queda la utilización principalmente del Big Data, los trolls y toda la artillería de guerra psicológica para tratar de mantenerse en el poder –junto con otros instrumentos, como el Poder Judicial, los medios masivos de comunicación o la estructura policial. En este sentido, el discurso macrista está basado en la culpa, el enfrentamiento social, la meritocracia y el desaliento como ejes centrales. Hay que destacar que este imaginario sigue fuertemente instalado desde 2015 en el 30% de la población.

Es decir que en estas elecciones se expresaron dos formas diferentes de disputar el sentido social, las ideas fuerza dominantes, en función de los proyectos en diputa. Mientras el Frente de Todos disputa a través de representar sectores y construir una propuesta política con los sectores representados, Cambiemos lo disputa a través de técnicas y tecnologías al servicio de la manipulación social. Como dice Alemán, el neoliberalismo en la fase actual no construye poder como lo hacían en otro momento las burguesías, a partir de la construcción de hegemonía o de la incorporación de los intereses que subordina, sino que adopta una forma totalitaria, ya que no puede incorporar los intereses de otros sectores por el alto grado de expulsión que genera.

El macrismo es la encarnación en Argentina de la forma de hacer política propia de las grandes corporaciones transnacionales, las cuales apuestan todo o nada a la manipulación social con las nuevas tecnologías como instrumentos, experimentos que vienen realizando en varios países, incluido Estados Unidos en las elecciones de Obama y de Trump, y en el Brexit en Inglaterra. Estas estructuras necesitan romper los lazos sociales y criminalizar a las herramientas de lucha de los trabajadores, y así polarizar la sociedad a su conveniencia. Estas tecnologías al servicio de estas corporaciones –siendo en sí mismas corporaciones– son, entre otras cosas, instrumentos de manipulación masiva que ponen en jaque lo que entendíamos por democracia.

Pero muchas de estas fetichizaciones las tenemos todavía en el campo nacional y popular. Aún se escuchan voces que creen que en las PASO había solo una disputa de ideas, y que esta vez ganó la que más nos gusta. Esto niega la importancia de las estructuras y de las alianzas que necesita la construcción de un proyecto político nacional y popular. Creer que la disputa de sentido se puede ganar con las mismas técnicas y tecnologías del capital financiero transnacional es entrar en el terreno que controla el enemigo, por eso para el campo nacional y popular se trata no solo del instrumento o de discursos y palabras, sino de incorporar intereses.

En síntesis, podemos decir que la disputa en estas elecciones se está produciendo entre las estructuras históricas de organización, lucha y resistencia sociales que pudieron construir una propuesta única en términos político electorales, las cuales ayudaron para que a lo largo y ancho del país se instalen las ideas del Frente de Todos; y por otro lado la maquinaria del gobierno neoliberal con los medios masivos de comunicación y el bigdatismo como herramienta principal, que intentaron instalar sus ideas. Dos proyectos políticos distintos que tienen dos formas de entender el poder y la política. Es una disputa por cómo se construye la producción del sentido social.

Por último, pero no menor, nos queda preguntarnos si estas estructuras trasnacionales –de las cuales son parte Google y Facebook–, frente a la pésima gestión del macrismo, la debacle económica y el evidente enriquecimiento de unos pocos sectores cercanos al gobierno, no habían decidido desde hace un tiempo soltarle la mano. Queda latente la pregunta de si estos nuevos formatos de hacer política basada en el marketing, la segmentación y el Big Data lanzaron toda su artillería pesada y se le hizo frente a esa situación, o si no llegaron a desplegarla. Es decir, si por decisión política se hicieron a un costado y jugaron a otra partida: la de condicionar al gobierno que viene.

 

¿Y qué hacemos con el Big Data?

El Big Data, la segmentación y las nuevas tecnologías son una realidad en la política. El gran desafío es situar la utilización y el desarrollo de estas tecnologías en relación a un proyecto nacional. El uso de datos y herramientas de grandes corporaciones como Facebook y Google necesariamente implica un posicionamiento geopolítico y pérdida de soberanía. En la actualidad estamos en una etapa de transición a nivel mundial, en donde hay dos países –Estados Unidos y China– que acunaron el desarrollo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), pero en términos de disputas geopolíticas se expresan tres propuestas que disputan entre sí: las corporaciones provenientes de Estados Unidos que responden al complejo militar industrial; las corporaciones también de Estados Unidos ligadas al complejo financiero especulativo; y por otro lado las corporaciones provenientes de China, ligadas estructuralmente al Estado Chino. El resto de las regiones, como América Latina y el Caribe, quedan en el medio de esta pulseada.

El gobierno de Macri implicó un gran retroceso en el desarrollo de soberanía tecnológica y comunicacional, y nos dejó a merced de las corporaciones, principalmente de Estados Unidos.

¿Cómo utilizar el Big Data en la política electoral sin caer en una continuación de la pérdida de soberanía? Si bien esto requeriría un artículo separado, a grandes rasgos podemos decir que se necesita problematizar social e institucionalmente el uso de estas tecnologías en las contiendas político electorales para poder establecer regulaciones y parámetros. Si no se problematiza, se establece como “normal” la utilización de instrumentos que impulsan una forma de entender y desarrollar el poder y la política diseñada por las grandes corporaciones. En este sentido, precisamos pensar, diseñar y planificar la utilización de estas tecnologías desde nuestras necesidades político-democráticas como país y como región. La incorporación de estas tecnologías sin un plan propio es una forma de continuar el ciclo de dependencia.

Nuestra estrategia como región tiene que ir de la mano de cuidar nuestros datos y la propiedad intelectual, cuidar los datos y el conocimiento de los millones de argentinos. Es decir que utilizar Facebook o Google solo porque es la forma de ganar una elección implica continuar el ciclo de extractivismo de datos y manipulación social por parte de corporaciones transnacionales.

Por otro lado, hay que utilizar preferentemente tecnología de producción nacional en lo político electoral, con control estatal. Es necesario utilizar instrumentos creados por científicos y laboratorios propios. El caso de la contratación de SmartMatic International Holding,[1] para que desarrolle el software que permitió la trasmisión de datos desde las escuelas al centro de cómputos, es un ejemplo de cómo el Estado argentino cedió control e información del proceso electoral. Argentina se destaca en la producción de software nacional con muy buena calidad: tenemos al CONICET y a otros institutos que sobradamente pueden desarrollar la tecnología necesaria para este tipo de situaciones.

A su vez, necesitamos desarrollar nuevos parámetros jurídicos que aclaren su utilización y democraticen su uso. Y en términos más estructurales es estratégico que el Estado, a partir de un gobierno nacional y popular, retome el camino del plan de Ciencia y Tecnología y el impulso del sector de las TIC, así como también el monitoreo y la regulación de las corporaciones que ya están instaladas. Porque de lo que se trata es de cuidar la democracia; retomar la soberanía comunicacional; retomar la soberanía en la circulación de las ideas dominantes; y retomar la soberanía en la construcción de subjetividades que estén entrelazadas con nuestras identidades, con nuestras luchas y estructuras históricas, más que con las necesidades de corporaciones extranjeras.

 

Verónica Sforzin es socióloga, docente de la UNLP, doctoranda en Comunicación Social e investigadora del CIEPE.

[1] “El salto global de SmartMatic ocurrió en 2014, cuando la firma se asoció al grupo empresarial SGO. Desde ese entonces, Antonio Mugica, fundador de SmartMatic, ocupa la posición de CEO del grupo. Pero en el sillón principal se sienta el lord inglés Mark Malloch-Brown, presidente de SGO, y antiguo trajinante de intrigas palaciegas ligado a la cúpula del poder mundial”. Según el perfil publicado en la web de SmartMatic, el lord inglés fue “el segundo abordo en las Naciones Unidas”, donde ocupó la vicesecretaría general en 2006. “También prestó sus servicios en el Gabinete Británico y en la Oficina de Relaciones Exteriores –detalla el sitio–. Actualmente forma parte de la Cámara de Lores y se mantiene activo tanto en el mundo de los negocios como en el de las organizaciones sin fines de lucro”. La mención final merece especial atención. En la misma presentación se dice que el “chairman”, entre otras posiciones, ha sido vicepresidente del Banco Mundial, principal socio internacional en Sawyer Miller –una firma de consultoría política– y “vicepresidente de los fondos de inversión de George Soros, así como de su fundación, Open Society”. Ver: https://www.tiempoar.com.ar/nota/elecciones-peligrosas.

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