LA RECONSTRUCCIÓN DEL FRENTE NACIONAL

David Chamorro

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Los movimientos populares –y esencialmente el Peronismo– han sabido interpretar y llevar adelante acciones que mejoraron las condiciones de vida de los sectores trabajadores formales e informales más desfavorecidos. Producto de la intervención con políticas públicas, la organización sindical y otras herramientas que mejoraron los ingresos de estos sectores, en muchos casos y en un proceso de movilidad social ascendente, pudieron ubicarse en lo que en términos económicos se indica como clase media, en sus diferentes niveles. El fomento de la organización sindical y otras entidades intermedias fueron para el primer gobierno de Perón elementos centrales en lo que denominó como Comunidad Organizada.

A la par de este apoyo a la organización de la sociedad civil en Organizaciones Libres del Pueblo, se buscó romper la dependencia económica que condicionaba la soberanía política, a fin de –entre otros importantes aspectos de progreso del país– posibilitar elevar el techo salarial de los trabajadores y mejoras en las condiciones generales de esta gran mayoría del pueblo argentino. Cabe destacar que, además de las organizaciones sindicales y las organizaciones libres del pueblo, se trabajó fuertemente la relación con el sector educativo, ya que se apuntaba a un proceso de industrialización; con las Fuerzas Armadas, planteando una nueva teoría de la defensa que implicaba a todas las fuerzas vivas del país; y con la Iglesia, a tal punto que se tomó a su doctrina social como uno de los pilares de la Comunidad Organizada. El peronismo planteaba la necesidad de que existiera un justo equilibrio entre la competencia y la cooperación, no poniendo al individuo por encima del conjunto, como planteaba el liberalismo, ni al conjunto por encima del individuo, como se planteaba desde el comunismo. Por eso el peronismo se presentaba como una Tercera Posición frente a los dos movimientos que habían quedado como las grandes corrientes de pensamiento y organización política, luego de la Segunda Guerra Mundial.

Estas reformas llevadas a cabo por el peronismo permitieron que la gran mayoría de los trabajadores y sus familias tuvieran sus necesidades básicas cubiertas, y que en este nuevo segmento de la población argentina surgieran nuevas demandas hacia el Estado y los sectores políticos en general. Es en este punto donde los movimientos populares, en especial en estos últimos tiempos, no han sabido o no han querido interpretarlas y generar políticas públicas que atiendan estos reclamos o –lo que es peor– se ha descalificado a esta población por tener nuevas expectativas, bajo todo tipo de adjetivos. También se generó –por acción u omisión– una exacerbación del individuo por encima de la comunidad, hecho que llevó a extremar el individualismo en estos últimos años y que apuntó a desacreditar cualquier tipo de organización social.

Esta situación ha generado una ruptura entre un sector muy importante –en términos de población– que había sido representado y que acompañaba a los movimientos populares, y en muchas oportunidades ocasionó que cambiara sus preferencias electorales, lo cual es entendible si no han tenido respuestas a sus nuevas necesidades, como el acceso a la tierra o la vivienda. Ya han quedado fuera de algunas políticas sociales por tener ingresos más elevados, pero a su vez tampoco acceden al crédito privado, porque para ello sus ingresos son bajos. Esta situación de tensión y ruptura es paradójica, porque la aparición de nuevas demandas es algo lógico en un proceso de movilidad social ascendente, que a su vez es promovido por los movimientos populares.

La falta de capacidad de los movimientos populares para representar –a la vez a los sectores más humildes y a aquellos que han mejorado su condición económica– no puede continuar si se pretende contener a la mayoría de la población y a los sectores trabajadores en su conjunto, y a la vez ser una alternativa electoral que tenga posibilidades de gobernar y generar los cambios que el país necesita para salir de su condición de dependencia de los países centrales y los organismos multilaterales de crédito.

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