La Comisión de Acción Política: la gran ausente en los análisis

Ginés González García

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En junio de 2018 se reunió en Ferro el Congreso Nacional del Partido Justicialista nacional (PJ), en una demostración de representatividad política que constituyó un paso fundamental para que la Cámara Nacional Electoral a las pocas semanas revocara y dejara sin efecto la insólita intervención judicial del Partido. Pero hubo otro hecho ese día que en principio pasó casi desapercibido: se acordó la creación de una Comisión de Acción Política (CAP) que representara distintos sectores del Movimiento, cuya misión era “lograr la unidad del peronismo”. Inicialmente la integraron Cristina Álvarez Rodríguez, Wado De Pedro, Fernando Espinoza, Silvina Frana, Rubén Marín, Gustavo Menéndez, Estela Neder, Alberto Rodríguez Saá, Beatriz Rojkés de Alperovich, Agustín Rossi, María Emilia Soria y el autor de estas líneas, que quieren ser testimonio de una experiencia de construcción de consensos en un contexto en el que aún los mejores pronósticos casi nos daban por muertos.

La primera reunión fue a principios de julio, en la sede del PJ porteño, porque la de la calle Matheu aún estaba intervenida. Se designó a Rubén Marín para conducirla, y se sumaron algunos compañeros: Víctor Santa María –el anfitrión–, Gildo Insfrán, Leonardo Nardini, José Neder, Jorge Landau y Patricia García Blanco.

A partir de ahí comenzó a desplegarse la inigualable habilidad de José Luis Gioja para ir sumando sectores, tejiendo alianzas con paciencia de artesano, e incorporando progresivamente a representantes de distintos sectores del peronismo, sindicalistas, legisladores desperdigados y otros representantes de provincias chúcaras.

José Luis buscó sistemáticamente reflejar una diversidad sectorial, ideológica, de género y edad, y de distintas regiones del país. Fuimos descubriendo que la mejor manera de aumentar esa representatividad era incorporando más dirigentes. Se sumaron entonces Héctor Daer, Hugo Moyano, Ricardo Pignanelli y Felipe Solá.

La secuencia de fotos refleja más cabalmente que mis palabras la manera en que el quincho de Matheu se fue llenando progresivamente, hasta que nos quedó chico. De a poco, debatiendo durante horas y horas, fuimos encontrando coincidencias, limando asperezas y ganando confianza entre nosotros. Discutiendo sobre las acciones que deberíamos encarar en el futuro, confirmamos que teníamos mucho más en común que diferencias. Fuimos notando que el agravamiento de la realidad que vivía el pueblo argentino nos obligaba a dejar de lado nuestras diferencias del pasado y a mirar hacia adelante. Ese fue también el origen de los equipos técnicos del PJ nacional que ya han incorporado a más de 700 especialistas en 18 comisiones, que tengo el honor de coordinar con la colaboración de Mariano Fontela y otras compañeras y compañeros.

Alberto Fernández se unió a la CAP en febrero de 2019, junto con Fernando Gray. Se sumaron, además, entre otros: Rosana Bertone, Julián Domínguez, Daniel Filmus, Horacio Ghilini, Verónica Magario, José Mayans, Fernando Navarro, Omar Plaini, Daniel Scioli, Jorge Taiana, Victoria Tolosa Paz, Sergio Urribarri, Eduardo Valdés, José María Vernet, Hugo Yasky. La lista es obviamente incompleta. La hago por orden alfabético y apelando a mi memoria, aun a riesgo de quedar mal por olvidarme de algunos compañeros y compañeras que estuvieron presentes. Pero entiendo que sirve para demostrar hasta qué punto se buscó la unidad a partir de la diversidad. Y si bien faltaban algunas de las principales figuras que en ese momento expresaban ambiciones presidenciales, no nos privamos de invitar a quienes representaban sus espacios.

Más allá del entredicho acerca del valor de mi memoria, lo notorio es que difícilmente se me podrá amonestar por no haberme documentado usando los medios de comunicación: estas reuniones pasaron prácticamente desapercibidas para la mayor parte de la prensa, y –a juzgar por los análisis que he leído de algunos compañeros sobre el proceso de unidad coronado en las recientes PASO– también para buena parte de la intelectualidad peronista. Se trata de un hecho curioso, porque nuestros escribas suelen ser cultores de los detalles de la historia, y porque la división del peronismo había sido considerada una de las causas principales de la derrota de 2015. Pero una vez que buena parte de la dirigencia peronista se reunía periódicamente en la sede partidaria, la mayoría de los intelectuales ni siquiera registraba el hecho.

Y un día de mayo, muy pocos días antes de anunciar la candidatura de Alberto Fernández, Cristina se sumó a una reunión conjunta del Consejo Nacional y la CAP. Todos los presentes estábamos entusiasmados, porque percibimos en ese momento que la estrategia de unidad que había diseñado José Luis Gioja finalmente había dado sus frutos: el peronismo iría unido en las elecciones. Obviamente, nos faltaba el último dato, el definitivo, el que abrió las puertas para la llegada de otros apoyos más díscolos y –a la larga– para el imponente triunfo del pasado 11 de agosto: la designación de Alberto Fernández como candidato a presidente.

Para que esto se lograra, todos tuvimos que dejar de lado viejas reyertas. Si el 10 de diciembre se confirman nuestros pronósticos y Alberto Fernández asume la presidencia de la Nación, brindemos con un rico vino sanjuanino para expresar nuestro compromiso con la unidad para la construcción de una patria más justa, libre y soberana.

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