Hacia un programa de restauración económica como modelo de aglutinamiento ideológico

Juan Terranova

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A septiembre del 2018, el momento del diagnóstico quedó superado. Las apreciaciones se podrán afinar un poco, acá y allá. Hay tiempo para definir todavía ciertas características y mutaciones, eventuales cambios, pequeñas filtraciones. En muchos sentidos resulta productivo hacerlo. Seguimos, como oposición, al pie del cañón. Pero el gobierno de Macri es lo que es en contra de la economía argentina, que es –no nos equivoquemos– la economía de los argentinos. Si neoliberal, si oligárquico, si financiero, si antiproductivo, si depredador o torpe o siniestro, la colección de matices y adjetivos redunda. Tenemos, al escucharlos, una sensación: seguir insistiendo en estas descripciones nos hace avanzar en la guerra de posiciones en la que se transformó la política. Sin embargo, la coyuntura comienza a demandar otros insumos técnicos y discursivos.
El año que viene hay que ganar. Y esa tarea, lo sabemos, va a demandar esfuerzo, compromiso y creatividad. A las condiciones y concesiones de toda elección presidencial se suma en el 2019 una variante histórica: se trata de una elección donde se juega la felicidad, la subsistencia y la vida, nada menos, que de la mayor parte de los argentinos. La reelección de este gobierno implicaría un retroceso de décadas. Y si abundo en perogrulladas y tautologías no es para afianzar una responsabilidad a nivel de la conciencia sino, insisto, de los mecanismos.
De cara a esas elecciones nos sobran descripciones de qué es el macrismo, y lo que nos falta es un programa para el día después. ¿Qué vamos a hacer con la economía? ¿Cómo se combatirán los daños perpetrados al aparato productivo, a la soberanía monetaria? ¿Cómo vamos a enfrentar el desmantelamiento de las herramientas que demostraron ser útiles a los intereses de la mayoría y no de un grupo reducido?
Hablar del día después, con la elección ganada, puede sonar a frivolidad, a contar los pollitos antes de conseguir la gallina ponedora. Sin embargo, y esto me parece central, ¿no se articulan alrededor de ese día las fuerzas militantes? En el campo nacional y popular nos falta hoy un programa económico saneador, esperanzador, unificador, atrás del cual alinear las fuerzas de nuestros país que quieren un gobierno de distribución del capital y no uno, como el actual, de concentración. Esa economía futura es la que definirá, en nuestra actualidad, la tan demandada reubicación ideológica necesaria para no ser arrastrados por incomprensibles egoísmos, internas fratricidas y desconfianza de todo tipo.
Hagamos un repaso. Dos puntos centrales: sí o sí vamos a tener que lidiar con una nueva deuda internacional que deberá ser reestructurada; sí o sí vamos a necesitar modificar la estructura impositiva decrépita que vamos a heredar del macrismo. Dicho esto, la fuerza que proponga una salida al pantano económico que hoy padecemos –esa sarta de idiotismos y malversaciones irresponsables– se llevará la atención de todo el espectro político y una buena cantidad de los votos en disputa, de los votos indecisos. Si caemos en el error de la campaña presidencial pasada, donde se propuso un techo antes que un piso, donde se pregonó lo que se iba a perder antes de lo que se iba a ganar, resulta previsible que volvamos a quedar al costado de la historia, esta vez como espectadores de una explosión inminente. No hay que irse muy lejos en la historia para encontrar ejemplos.

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