Ganamos todxs

Paloma Dulbecco

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El domingo 11 de agosto fue un día de fiesta, como cada vez que votamos. Vivir y defender la democracia implica que ante las elecciones se deba prever y reconocer la potencial alternancia política del partido, frente o coalición a cargo del gobierno. No fue así durante la campaña, cuando cierto sector de manera antidemocrática se dedicó a denostar a su principal adversario político por una supuesta falta de racionalidad, moralidad o legitimidad. Al darse a conocer los resultados de las elecciones primarias, desde el gobierno se responsabilizó al electorado por los supuestos efectos económicos de haber votado como votó. Increíble pero real, debemos insistir en que no existe eso de que un partido detente de forma exclusiva las credenciales republicanas, sino que todos los que compiten son partícipes legítimos del juego democrático, y que la planificación de gobierno ante un proceso electoral en democracia debe presuponer que el gobierno puede llegar a perder las elecciones, sin que eso signifique abandonar sus responsabilidades y las tareas gubernamentales.

Aún en el marco de ese clima de “nosotros o la barbarie totalitaria” que promovieron los principales líderes del oficialismo, en las primarias ganó la política y desplazó a la grieta como clave de lectura y proceder político. La voluntad popular expresó más que una negativa a la gestión de gobierno: el voto se concentró a favor de una propuesta política determinada, cuyo apoyo se expandió a lo largo y ancho del país. De manera insoslayable se dirigió hacia aquella fórmula que en sí misma se había propuesto superar la grieta ficticia y la fragmentación de diversas fuerzas y tradiciones del campo popular que sólo benefició a intereses minoritarios.

La potencia de esta unidad, lograda a partir de acuerdos básicos sobre un gobierno cuyas prioridades sean defender y representar los intereses de las grandes mayorías, está precisamente en poder expresar su heterogeneidad constitutiva. Lejos de lo que algunos postulan, la construcción de este frente plural no fue con la finalidad aritmética de sumar para ganar, sino con la perspectiva de lograr una coalición de gobierno aún más amplia que aquella que pueda ganar las elecciones generales, tal como lo planteó Cristina Fernández al anunciar la fórmula el pasado 18 de mayo, y que tendrá la responsabilidad histórica de reparar y reconstruir una situación que para el pueblo y el país es dramática.

Más de once millones y medio de argentinos y argentinas eligieron en las primarias a quien tiene la voluntad política para encarar la transformación urgente que nuestro país necesita para reactivar la economía, renegociar la deuda externa y gobernar para todxs, por una Argentina en la que no sobre nadie y en la que cada vez más podamos ser felices. Con esas convicciones y ese compromiso vamos a convocar de acá a octubre a los y las que faltan para que Alberto Fernández sea el próximo presidente de la Argentina.

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