Estrategias electorales 2019: la reconstrucción política de la base popular venció al laboratorio digital duranbarbiano

Maximiliano Rey

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El éxito electoral de Cambiemos en 2015 se alimentó de la mal llamada “grieta” y de un elemento menos conocido por el gran público, pero con terrible y resonante eficacia en varios lugares del mundo: la microsegmentación. Valiéndose de los grandes datos (big data) que permiten juntar las redes sociales, se producen diversos perfiles, a cada uno de los cuales se los bombardea con información específica. Así, los quichicientos videos propagandísticos para quichicientos públicos distintos fueron ensalzados como el último grito de la eficacia publicitaria a que da lugar la innovación digital.

Aún contando el enorme favor que el macrismo le debe a los grandes medios de comunicación, su parafernalia tecnológica aplicada al marketing electoral se transformó en un cuco, al cual se le asignaba toda la eficacia que el mismo sector político no tenía gobernando. Las PASO 2019 dieron por tierra con ese cuco. La primera impresión que se tiene de este derrumbe estrepitoso es que la macro –económica, política y principalmente social– impidió cualquier efectividad de la mentada microsegmentación. Algo así como: “billetera social saqueada mata big data”. O, puesto de una forma un poco más elaborada, siendo gobierno y con el pueblo hambreado es más difícil acicatear pulsiones básicas –ya sean odios o valores republicanos–, y sin éstas no existe campaña en las redes sociales. Este análisis contiene elementos ciertos, los cuales deben ser profundizados para tener un buen diagnóstico sobre las políticas y enfoques del próximo gobierno popular. Aquí se aporta un granito de arena para dicha tarea.

La microsegmentación y el perfilado se basan en una supuesta transformación individualista que han sufrido las sociedades occidentales en los últimos cuarenta años, que el macrismo aprovecha y promueve. Es cierto que la estructura social actual contiene una variedad de clivajes mayor a la de las sociedades industriales de mediados del siglo pasado. Pero al mismo tiempo, las identidades populares siguen vigentes en la mayoría de nuestro pueblo. E incluso las identidades más novedosas –como por ejemplo el feminismo– en su versión mas lúcida se articulan virtuosamente con las anteriores. Estas identidades populares se manifiestan poderosamente en términos electorales, en la medida que un gobierno antipopular ejecute profundas políticas antipopulares, y en tanto exista una oferta electoral que testimonie vocación de representar a esos diferentes componentes de la base social y de articularlos en un proyecto común. Construcción política, se le dice.

Fue así que la campaña más exitosa no se valió principalmente de chiches tecnológicos, sino de la política clásica de dar la cara en el territorio, conteniendo a los convencidos y sumando a los que se habían ido. La consiguiente reunificación del mundo popular, que brindó una amplia victoria a lxs candidatxs del peronismo unificado, deja varias lecciones. En términos electorales, llama la atención sobre la forma de convocar al soberano. Y en términos estructurales, pensando en que siempre la acción estatal es performativa y por ende ayuda a activar o consolidar sujetos sociales, muestra la necesidad de interpelar a los actores sociales que siempre fueron la base de los procesos nacional populares –lo cual no necesariamente es contradictorio con el uso de la tecnología digital y las redes sociales. Éstos no tienden al individualismo, sino que comportan grandes colectivos que luchan por su dignidad social. A ellos hay que agradecer una nueva etapa en nuestra Patria.

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