Estanislao y el cuerpo político

Alejandro Seselovsky

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Estanislao es el futuro watsapeándole al presente desde la puerta, poniéndole: estoy.

Estanislao es un cuerpo político que le da tejido vital al kirchnerismo que viene después del kirchnerismo. Estanislao Fernández es el cuerpo político de un kirchnerismo en trance de evolución. Un destilado. Un perfeccionamiento. La última actualización disponible de un proyecto nacional, popular y cuya perspectiva transgénero, ahora, en este regreso a las funciones de gobierno, ha ganado cuerpo.

Un cuerpo.

El cuerpo político y politizante de Estanislao Fernández.

La historia del peronismo es la historia de un sujeto de masas escuchando a la época, y el éxito eventual de esa sintonía es el secreto de su formidable sobrevida. Datos, no opinión: el peronismo kirchnerista ganó tres períodos consecutivos de gobierno, el tercero con el 54 por ciento de los votos; el cuarto lo perdió por dos puntos y el quinto lo ganó en primera vuelta: algo está funcionando bien en esa escucha.

Entonces: Estanislao es el peronismo sintonizando una Era, ecualizándola para despejar cualquier fritura que obture el mensaje y así comprender con precisión, exactamente, qué es lo que la Era le está queriendo decir.

En la pasarela simbólica de la cultura de masas que se hace lugar en las páginas de la revista Gente, Estanislao es un must.

Y para la vanguardia de las juventudes políticas argentinas, Estanislao es un next.

La foto en contra-espejo que el team Bolsonaro, buscando la ventaja de una comparación, puso a traficar en la autopista de las redes sincera las cosas, jala del gatillo de una rabia, de una impotencia: ustedes, putos de mierda, dicen los rambitos y rambones del miedo y del odio en el espectáculo de la política y su aldea.

Y ustedes somos nosotros, los del cuerpo libre y la marcha y el orgullo. Toda libertad es política.

Hay algo más: el cuerpo político de Estanisalo no es sistémico de la política, no lo encontrás en una boleta, ni forma parte del campo de acción proselitista. Su labor es involuntaria, es decir: hace política sin proponérselo, sin proponérnosla. Hace política porque produce un sentido –un mensaje, un texto– que no se molesta en evitar, y no porque esté buscando hacer política.

Esta condición colateral, adyacente, le confiere un nuevo punto de realidad a su enunciado y lo libera de los vicios publicitarios del slogan: no te está queriendo vender nada, el pibx. No te está pidiendo tu voto. Sólo se está ejerciendo a sí mismo, es su propio hipertexto, su propia hiperpolítica: su propia pospolítica.

Estanislao es la pospolítica.

El éxito del cuerpo político consiste en politizar, en volverse politizante, es decir, que su sola contemplación ya te politice.

Vivo en casa con una piba de 15 años llamada Candelaria que es hija de mi esposa y tiene vistas todas las temporadas de RuPaul y escuchadas sus canciones. Que empezó a seguir a Estanislao mucho antes que la familia Bolsonaro y que me hizo escuchar algunas líneas que son lemas, contraseñas de su generación. “Body like WOW!”, dice RuPaul en uno de sus temas. El cuerpo onomatopéyico, ¡hecho un wow! Un asombro. Interpreto: un estallido. Reinterpreto: una verdad.

La otra línea dice: todos nacemos desnudos, el resto es drag. En una traducción más semántica que literal, podemos decir que drag es ropa, disfraz. Y del traje que se pone el abogado para ir a Tribunales al flequillo del rollinga conurbano, finalmente todos tenemos uno. El asunto es la escala, hasta qué punto de sutura social vas a disfrazarte. O sea, hasta dónde te animás. Es maravilloso que dentro de la voz “animé”, género de pertenencia cosplayer, se esconda una polisemia de animarse, de hasta dónde uno, una, se anima.

Toda libertad es política porque siempre la libertad se trata de animarse.

Y la verdad es que volver mejores es volver con Estanislao dragueando a Pikachu.

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