El peronismo y la construcción de una Tercera Vía: Genealogía y recorrido de la cuestión

Esteban Mahiques

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La tercera vía o tercera posición es una de las principales construcciones teóricas del peronismo y estuvo destinada a encontrar una opción o alternativa –entre el liberalismo capitalista y la doctrina colectivista propias de la posguerra– que posibilitara la conciliación entre los ideales de libertad y justicia. Este tipo de aproximaciones terceristas, presentes antes y después del peronismo en distintas partes del mundo, parecían extinguirse luego de la guerra fría por lo que se suponía era el triunfo definitivo del capitalismo. Sin embargo, hacia fines del siglo XX y principios del XXI aparecen varios autores, entre ellos Anthony Giddens, que retoman la tradición filosófica de una búsqueda alternativa a las díadas existentes.

El 5 de octubre de 1948 Perón definía su proyecto de Tercera Posición: “El imperialismo ruso defiende el comunismo, vale decir, la explotación del hombre por el Estado. El otro grupo defiende el capitalismo, vale decir, la explotación del hombre por el hombre: no creo que para la humanidad ninguno de los dos sistemas puedan subsistir en el porvenir. Es necesario ir a otro sistema, donde no exista la explotación del hombre, donde seamos los colaboradores de una obra común para la felicidad común, vale decir, la doctrina esencialmente cristiana sin la cual el mundo no encontró solución ni la encontrará tampoco en el futuro, porque no creo que para solucionar la miseria el mejor medio sea la guerra, que produce una miseria mayor. No creo tampoco que para solucionar los problemas que el mundo tiene haya que aferrarse a soluciones que han fracasado en los hechos, porque el capitalismo ha fracasado y el comunismo también. Son sistemas sobrepasados por los hechos. Están luchando por una cosa que el mundo en el futuro no podrá adoptar. A esta posición es a la que se ha llamado en este país la Tercera Posición, o sea, el Justicialismo”. Asimismo, en su mensaje al inaugurar las sesiones del Congreso Nacional el 1 de mayo de 1950, Perón amplía su idea: “En el orden político la Tercera Posición implica poner la soberanía de las naciones al servicio de la humanidad en un sistema cooperativo del gobierno mundial. En el orden económico, es el abandono de la economía libre y de la economía dirigida por un sistema de economía social al que se llega poniendo el capital al servicio de la economía. En el orden social la Tercera Posición entre el individualismo y el colectivismo es la adopción de un sistema intermedio cuyo instrumento básico es la justicia social. Ésta es nuestra Tercera Posición, que ofrecemos al mundo como solución para la paz”.

El presente trabajo se propone indagar acerca de la Tercera Posición del peronismo, y del tercerismo en general, en tanto vía alternativa a los dos grandes marcos teóricos que surgieron hacia fines del siglo XIX y se presentaron como modelos excluyentes en la posguerra e inicios de la guerra fría.

La Tercera Posición como construcción teórica del Peronismo obedeció a la búsqueda de una opción entre el capitalismo y el colectivismo, esto es, a la necesidad de encontrar formulaciones genéricas que operen como alternativa respecto a la explotación del hombre por el hombre y la explotación del hombre por el Estado. En sus comienzos la guerra fría polarizó el mundo y dejó escaso espacio para el pensamiento alternativo, de modo tal que aparece la intención del Peronismo de encontrar otros elementos que permitan eludir la dicotomía derecha-izquierda.

De alguna manera, desde fines del siglo XIX en adelante, son varias las propuestas teóricas que desde la propia Europa intentan superar esa díada. En general, pueden mencionarse cuatro grandes corrientes de pensamiento en ese sentido. En primer lugar, aparece un liberalismo social predominante entre los ingleses, principalmente en los fabianos –aquí resalta la figura de Tawny– y entre los economistas liberales austríacos, Ropke, por ejemplo. Propugnaban una fuerte introducción de una política de economía social con cierta regulación estatal. El liberalismo, para esta corriente, tiene que asumir un compromiso social que tienda a países más igualitarios, alcanzando un justo equilibrio entre libertad e igualdad. Esta propuesta de economía mixta constituyó una forma de tercerismo.

Luego, la Socialdemocracia también surge como un tercer camino alternativo, principalmente cuando toma distancia de la opción revolucionaria, muy presente en sus primeros tiempos de existencia, y se inclina hacia la opción reformista. La figura que sobresale aquí es la de Karl Mannheim, quien abogaba por una opción entre laissez-faire y la planificación centralizada: la construcción de una democracia planificada.

En tercer término, también el corporativismo doctrinario –en tanto sistema de organización que considera a la comunidad como un cuerpo sobre la base de la solidaridad social orgánica, la distinción funcional y de roles entre los individuos– constituye un intento de organización social diferente al capitalismo y al colectivismo. Esta doctrina tiene una fuerte influencia en el peronismo en general, y entre muchas figuras del primer peronismo en particular, entre los que se distingue José Figuerola, autor del primer Plan Quinquenal y uno de los principales referentes en la construcción de una nueva relación obrera-patronal.

Por último, el Socialcristianismo representó –desde la Encíclica Rerum Novarum de León XIII (1891) y el aporte teórico del De Gasperi de pre-guerra– un programa que buscaba conciliar las ideas de libertad y de justicia. Esta corriente tuvo una fuerte presencia en el primer peronismo, donde resaltaban las figuras de Cafiero, Bramuglia y Sampay. Aquí cobra importancia el legado teórico del pensador francés Jaques Maritain, quizás la principal fuente en la que se inspiró el peronismo para el desarrollo de su tercerismo. Y Maritain rescata ese concepto de la filosofía de Santo Tomás: “recordaré dos textos del mismo Santo Tomás de Aquino. En el contraste que ofrecen, y por su condición de complementarios, enuncian en toda su amplitud el problema político. En el primero se condena los individualismos y personalismos extremos, y en el segundo, las concepciones totalitarias del Estado” (Piñeiro Iñiguez, 2010). El catolicismo social, por su parte, se haría fuerte en la Argentina de la mano del padre Frederik Grote, de monseñor Miguel De Andrea y de los Círculos Católicos de Obreros, que se basaban en las encíclicas papales que, a la par que condenaban al comunismo, también impugnaban al liberalismo y los excesos cometidos por los capitalistas, propugnando una solución basada en la conciliación de clases, en lo que constituiría una aproximación claramente tercerista.

Toda la primera parte del siglo XX está signada por la presencia de estas cuatro corrientes que, desde construcciones teóricas muy diferentes, buscaban en paralelo una alternativa tercerista, otra opción a lo existente. El peronismo inicial utilizó las cuatro vertientes en búsqueda de su tercerismo, quizás el componente doctrinario más rico del Justicialismo. Dirigentes provenientes del Ejército, de la Iglesia, empresarios, sindicalistas, radicales, socialistas, reaccionarios y revolucionarios, todos ellos confiaron –por un momento o para siempre– en que sus sueños podrían materializarse a través de Perón. Aparece así la idea de coalición tercerista o, utilizando una expresión de William Faulkner, lo que hace el peronismo es “crear, a partir de los materiales del espíritu humano, algo que no existía antes”.

El capitalismo, para Perón, debe desprenderse de sus más feroces intereses –lo que en la década del noventa se denominará “capitalismo salvaje”– para dar lugar a algo que, lejos de ser un programa socialista o comunista, consistiría en un capitalismo humanístico, con fuerte distribución social. Esa opción alternativa buscaba principalmente conciliar los conceptos de libertad y de justicia.

Pero ello no sucede solo con el peronismo. La tradición del pensamiento latinoamericano tiene asimismo una fuerte búsqueda tercerista, lo que se ha reflejado constantemente en el denominado populismo latinoamericano, es decir, en las grandes sociedades democráticas de masas de nuestra región. Sucede que el peronismo, a diferencia de esas otras experiencias, tiene su propia construcción teórica. Sin embargo, hay numerosos intelectuales latinoamericanos que desde los años 50 expresan la construcción de un pensamiento creador de alternativas en este sentido. Entre ellos se destacan Celso Furtado y su pensamiento dependentista; Felipe Herrera, quien como director del BID se esforzó por la creación de una universidad latinoamericana y también como ministro de Economía del presidente de Chile Ibáñez adoptó medidas tendientes a la construcción de un modelo propio; y, por último, el economista argentino Raúl Presbich, quien desde una posición diferente del peronismo introduce el concepto novedoso de capitalismo periférico. Todas estas perspectivas teóricas se instalan en la tradición política y social que busca una alternativa.

Latinoamérica además tiene esto en común con otras regiones del mundo: los asiáticos (desde la China de Mao hasta los casos nacionales de Siria, Irán e Irak), los africanos (los movimientos nacionales de Cabo Verde, Mozambique y Guinea Bissau), el mundo árabe (Nasser en Egipto y el caso del Frente de Liberación argelino de los años 60, entre otros). Todos ellos han expresado la necesidad de la construcción de otro paradigma. Ello ha significado, más que un tercerismo ideológico (el propuesto por Guiddens, que veremos a continuación), más bien un tercerismo geopolítico, que busca formas propias de lo moderno y lo democrático.

Resulta interesante aproximarse nuevamente a esta cuestión, luego de que durante la década del 90, paradójicamente en el marco de un gobierno que se autodenominaba justicialista, se afirmó la imposibilidad de una tercera posición como consecuencia de lo que se consideró un triunfo definitivo del programa liberal capitalista. Lo mismo ocurrió en general en el pensamiento occidental durante toda la guerra fría. Sin embargo, hacia finales del siglo y en un tono desafiante al “fin de la historia” proclamado por los neoliberales, cuando creían haber acabado para siempre con cualquier perspectiva alternativa, aparecen nuevas expresiones de búsqueda de opciones que se acercaban a nociones terceristas. En este contexto surge Giddens (1999) con su propuesta de una Tercera Vía.

Si seguimos a Anthony Giddens, cada uno de los planteos terceristas llevados al tiempo presente deben ser redituados en el campo de la historia política. Desde finales del siglo XX, para el autor, la distinción entre izquierda y derecha ha resultado ambigua y difícil de concretar, pero se resiste obstinadamente a desaparecer. La Tercera Vía resurge como una respuesta a dos filosofías fracasadas: el neoliberalismo y la socialdemocracia. El tema central, postulado por esta doctrina, consiste en encontrar la manera de conciliar la política socialdemócrata en la época post-neoliberal, tomando como ejes de análisis la quiebra del “consenso de bienestar” que predominó hasta finales de los años setenta en los países industrializados, el descrédito definitivo del marxismo y los profundos cambios sociales, económicos y tecnológicos que contribuyeron a que ello ocurriera. Dicho modelo, según su propio autor, implica una combinación de meritocracia, igualdad de oportunidades e igualdad de resultados, moderadas y apoyadas en la llamada redistribución del ingreso. Pretende también ser “una contribución al debate que se desarrolla en estos momentos en muchos países sobre el futuro de la política socialdemócrata” (Giddens, 1999). Para Giddens, las tres áreas clave del poder –el gobierno, la economía y las comunidades de la sociedad civil– han de ser constreñidas en interés de la solidaridad social y la justicia social. Tal sería la Tercera Vía desde la visión contemporánea.

En el debate de fines de siglo XX y comienzos del XXI, y en un marco de continuidad de tradiciones filosóficas con más de 100 años de existencia, estas terceras vías deberían entenderse, en definitiva, como las nuevas formas de comprender la actividad política en el tiempo de cambio cultural, económico y social del tránsito de milenio, así como un modo de evitar la polarización y de encontrar una idea de transversalidad que posibilite el equilibrio y la superación de un conflicto a partir de la construcción de nuevas identidades. z

Bibliografía

  • Giddens A (1999): La Tercera Vía. La renovación de la socialdemocracia. Madrid, Taurus.
  • Piñeiro Iñiguez C (2010): Perón: la construcción de un ideario. Buenos Aires, Siglo XXI.

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