El camino a diciembre

Gustavo Marangoni

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En las elecciones del 11 de agosto no se eligió nada y se decidió todo. Un ciclo político llega a su fin después de haber intentado –una vez más– terminar con el peronismo y “la decadencia de 70 años”. Este nuevo fracaso de la Argentina patricia se da luego de haber puesto en la cancha a todos los jugadores estrella, el “mejor equipo de los últimos 50 años”, como se lo bautizara con particular grandilocuencia.

El ciclo de la ilusión y el desencanto solo suma desencantos. Las ilusiones son efímeras. Cerramos una nueva década perdida con el escenario de fondo conocido de la crisis económica. Ahora resta esperar con modesta esperanza que no sobrevenga el colapso, contexto que sellara el fin de los otros dos gobiernos no peronistas desde la restauración democrática.

Al momento de escribir estas líneas se conoce la renuncia del ministro de Economía. La única función del nuevo designado será evitar la espiralización de los acontecimientos y procurar transitar los próximos meses hasta el 10 de diciembre sin debacle. Claro que la responsabilidad primaria seguirá recayendo en el presidente, en la posibilidad que tenga de interpretar que su “legado” consistirá en la entrega de los atributos del poder en tiempo y forma, antes que en pretender mejorar su performance electoral. Quizás con los ojos del presente le parezca poco. A esta altura se trata de un horizonte deseable.

La derrota sobreviene como consecuencia de una recesión brutal, combinada con una polarización a la cual la administración de Juntos por el Cambio se abrazó con las últimas fuerzas. Con ello terminó favoreciendo la unidad del peronismo y brindando a este último una nueva oportunidad para sumar a sectores medios que se habían alejado entre 2011 y 2015.

Alberto Fernández tendrá la responsabilidad de liderar una coalición política que quizás tenga más diferencias que similitudes con otras experiencias históricas centradas en el justicialismo. Se trata de crear nuevos caminos, porque los anteriores se encuentran fatigados por el tránsito estéril.

Es posible que octubre amplíe resultados, aumentando el capital político para hacer frente al escaso material económico que deja la herencia de la herencia. La tarea es grande. Cuenta con la experiencia peronista en rescatar al país de situaciones extraordinarias. Y con el desafío de hacerlo extendiendo puentes que cierren las brechas de todo tipo que tanto se han ampliado en los últimos tiempos. Así sea.

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