Desafíos de la unidad del Peronismo

Damián Descalzo

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Hace años que el Peronismo viene sufriendo un proceso de fragmentación y división. No se encontraba unido en el año 2011 –cuando hubo tres candidatos peronistas[i]a la Presidencia en las elecciones generales de octubre de ese año–, pero el sector triunfante en aquella contienda electoraldemostró que tenía clara hegemonía sobre el resto del Movimiento.Esta situación empezó a modificarse a partir de 2012, con la ruptura con un importante sector del movimiento obrero organizado, y se profundizó en 2013, cuando un grupo de intendentes peronistas del conurban bonaerense y algunos del interior de la provincia conformaron un frente político alejado del Frente para la Victoria y apoyaron la candidatura a diputado nacional del intendente de Tigre (ex jefe de Gabinete), quien empezó a marcar diferencias pronunciadas con la conducción del Movimiento y obtuvo un resonante triunfo electoral en el principal distrito.Ese proceso de fragmentación no se logró detener antes de la elección presidencial de 2015 y su resultado fue nefasto: la derrota ante Cambiemos y la pérdida del gobierno nacional luego de casi 14 años.

Hay muchos indicadores que marcan el grado de dispersión que está sufriendo el Movimiento Nacional: la existencia de bloques separados, tanto en la Cámara de Senadores como en la Diputados de la Nación, o la mala o nula relación que existe entre la inmensa mayoría de gobernadores peronistas con la ex presidenta.

Ahora se hace necesario encontrar el modo de reconstruir la unidad. Es fundamental encontrar puntos de unidad entre los diferentes sectores del Movimientoy terminar el proceso de atomización que viene sufriendo el Peronismo. Las elecciones de 2017, a diferencia de las de 1985, no sirvieron para ordenar al Peronismo. Sabemos por experiencia histórica que el Peronismo es un movimiento profundamente democrático quepara ordenar sus problemas internossolamente acepta el veredicto de las urnas.

Con el argumento que postula “con el Peronismo solo, no alcanza”, hubo quienes se esforzaron mucho más en proteger alianzas con sectores ajenos al Movimiento que en mantener unido al Peronismo. ¿Valió la pena privilegiar la alianza con sectores llamados progresistas en detrimento de la unidad del Peronismo? Personalmente, no tengo dudas de que la respuesta es: no.

Parte fundamental del proceso de reunificación del Peronismo es la necesidad de que la estructura política recupere la relación –demodo sincero y fraternal– con el sector sindical. De por sí, ya es muy complicada la unidad del movimiento obrero. Tanto que podríamos afirmar que la división del sector sindical ha sido más una regla que una excepción. Solamenteen los gobiernos de Perón y Néstor Kirchner se alcanzó una aceptable unidad en la CGT,[ii] y solo esos gobiernos contaron con el respaldo casi unánime de los sectores sindicales.Y si ha sido difícil la unidad de la CGT durante gobiernos peronistas, mucho más lo es cuando se está fuera de la Casa Rosada.

Se suele señalar, últimamente, que existen dificultades de orden material que explican la división. Se habla de una supuesta “grieta social”[iii]en el Peronismo. Ciertos análisis parecen olvidar una obviedad: el histórico carácter policlasista del Movimiento Peronista. Para fundamentar sus opiniones, exageran diferencias de épocas que, si bien pueden existir, son llevadas a extremos inexistentes para que sirvan de prueba a sus teorías. Así, por ejemplo, se habla de una antigua clase obrera homogénea y de una actual muy atomizada y con diferencias socio económicas abismales, lo que la llevaría a elegir distintas opciones políticas. No coincido con esos análisis y menos con su pesimismo. Además, ¿quienes así piensan verán alguna homogeneidad social en el electorado de Cambiemos?

El Peronismo puede seguir siendo la expresión de las mayorías nacionales y populares, aun si esta sociedad se encuentra mucho más fragmentada socialmente que antaño. Su obligación ante la historia y su responsabilidad ante el pueblo argentino es recuperar la cohesión social en nuestro país.

Perón cuestionaba profundamente la desintegración y la desorganización –no pensaba que nuestro país vivía en una sociedad organizada y homogénea, como ahora algunos creen– que sufría el país a mediados del siglo pasado.Por eso se encargó, especialmente, de organizar el país y de promover el desarrollo de las Organizaciones Libres del Pueblo. En los años 90 nos quisieron convencer del fin de las ideologías, del fin de la historia y del fin del Estado Nacional en el fragor de la Globalización. Hay otros que nos quieren convencer del fin del trabajo, de la sociedad del salario y de la sociedad industrial. Las sociedades están en permanente cambio y se están verificando innumerables modificaciones en el mundo laboral, pero no se puede caer en la resignación, aceptando mansamente la fragmentación social y el quiebre de la sociedad basada en el trabajo. Ni el trabajo ni la actividad industrial están muertos, a pesar de los cambios que evidentemente hubo. Por eso es posible encontrar puntos y acciones comunes en los sindicatos, desde los más tradicionales de la CGT hasta la CTEP. Hay intereses comunes y puede haber unidad en la acción gracias a unaunidad en la concepción.El Peronismo debe servir a la unidad nacional y a la organización social.

La división del Peronismo permitió que esta nueva alianza entreel liberalismo oligárquico y la UCR –llamada Cambiemos–ganara las elecciones de 2015 y de 2017. Algunos siguen jugando a la división y critican a gobernadores o legisladores peronistas porque no son lo opositores que ellos querrían…desde la comodidad de una red social. Le han surgido problemas al gobierno debido a sus nefastas políticas, pero la división del Peronismo todavía le da margen de maniobra. Una vez más va quedando claro que el Peronismo, ese movimiento que quieren demonizar quienesa lo largo de la historiahan demostrado incapacidad e ineptitud para gobernar,es la única esperanza de lograr cierto orden y prosperidad en este rincón del mundo. Para eso es necesario que nuestros dirigentes estén a la altura de las circunstancias. Que así sea.


[i] Cristina Fernández de Kirchner, Eduardo Duhalde y Alberto Rodríguez Saá.

 

 

[ii] En el caso de Kirchner, la unidad de la CGT fue un proceso que se inició en mayo del 2003 con su asunción a la Presidencia de la Nación y que culminó en junio de 2005 con la consagración de Hugo Moyano como secretario general de la CGT.

 

 

[iii] Creo que estamos ante una verdadera “grieta ideológica” en el Peronismo.Eso es grave, porque difícilmente pueda haber unidad de acción sin unidad de concepción. Pero es un asunto que no trataremos en esta nota.

 

 

 

 

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