Cómo hizo Leo Nardini para ganarle a Cariglino

Aldo Duzdevich

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Me he dedicado a escribir historia, no por una cuestión académica, sino porque soy un convencido de que en política la historia y las historias son la principal fuente de conocimiento. Voy a contar una pequeña historia que creo da para pensar.

Conocí a Leo Nardini en 2013 cuando ingresó a la ANSES como jefe de la UDAI Malvinas. Yo era director de Capacitación y dedicaba un tiempo especial a los chicos que iban de jefes. Le dije lo mismo que a todos: “Tu mejor vidriera es una buena gestión. Tenés que lograr que todos los empleados laburen y atiendan bien a la gente, que no haya colas. Tenés que llegar a las 7 y retirarte a las 15. Política podés hacer después de las 15, y sábados y domingos”. Me impresionó muy bien, pero lo vi un poco tiernito para la política del conurbano. Leo asumió y sin mucho apoyo desde arriba puso en línea la UDAI. Fue un excelente jefe. Lo perdí de vista hasta 2015, en que me sorprendí verlo de candidato a intendente, y muchísimo más cuando vi que ganaba en Malvinas. Me quedó una gran intriga: ¿cómo hizo para ganarle a Jesús Cariglino?

Cariglino llevaba cinco periodos de intendente y tenía todas las malas mañas de la política clientelar, incluyendo el uso de la violencia. Yo lo viví en 2011, cuando me mandaron a organizar un acto de entrega de netbooks en una escuela con la asistencia de Amado. Los compañeros nos advirtieron que los de Cariglino habían tiroteado una camioneta que pegaba afiches, y que había que pensar en la seguridad del acto. Dije: “bueno, pongamos policías”. “La provincial trabaja para Cariglino”, fue la respuesta. “¡Ahh! Bueno, llevemos a los gordos federales de ANSES para que sean el primer cordón, y la provincial que cuide las esquinas”. Hacía años –40, creo– que no tenía que pensar en custodia armada para un acto. Se hizo el acto y, felizmente, los únicos heridos a lamentar fueron algunos corazones femeninos que no lograron la selfie con Amado. Pero me quedó esa imagen de Malvinas como territorio muy complicado.

Hace unos días tuve oportunidad de sentarme a tomar un café con Leo y le pedí: “contame cómo fue que le ganaste a Cariglino”. Dijo: “bueno, vos sabés que el referente de mi agrupación era Luis Vivona y él había sido candidato en 2011. Fuimos juntos a hablar con el armador de Scioli, Alberto Pérez. Alberto tenía una encuesta: Luis medía 27% y yo 15%. Alberto dijo: ‘está claro, el candidato tiene que ser Luis’. Luis lo interrumpió y dijo: ‘el candidato tiene que ser Leo. Es cierto que yo mido más, pero tengo un 40% de imagen negativa y eso me impide crecer. En cambio, Leo tiene menor conocimiento y casi nada de imagen negativa. Tiene todo para crecer y poder ganar’. Alberto, muy poco convencido, aceptó con la advertencia: ‘bueno, pero vos, Luis, te hacés cargo de lo que pase’. Si la cosa salía mal, la factura era para Luis”.

El resto de la historia es conocida. Luis fue a la lista de senadores, puso toda la agrupación a trabajar, y Leo se caminó todo, hizo una muy buena campaña y, después de 20 años, Cariglino cayó.

Es una pequeña historia de un referente (Luis) que no antepuso su interés al del conjunto, y de un joven militante (Leo) que largó de atrás y “cruzó el disco triunfal”. Para pensar.

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