Participación argentina en el congreso mundial de las fuerzas de paz: Moscú, 25 al 30 de octubre de 1973

José L. Fernández Valoni

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La situación internacional

La década del setenta presentaba un panorama relativamente favorable para la paz mundial. Por un lado, las grandes potencias adoptaban ciertas actitudes que movían a la distensión en el marco de la llamada “Guerra Fría”, a pesar del recrudecimiento de ciertos e históricos focos de enfrentamiento, y por otro surgían corrientes y situaciones revolucionarias o progresistas a partir de las luchas e insurgencias tercermundistas y revolucionarias, que hacían alumbrar esperanzas populares colectivas apuntando a la paz, la justicia y la solidaridad internacional.

El encuentro en Bandung de los países independientes de Asia y África en abril de 1955, concluyendo con sus caracterizados Diez Principios, e impulsando firmes propuestas para el logro de la coexistencia pacífica y el respeto mutuo entre las naciones, seguido de su ampliación al resto de los continentes y su consolidación más tarde como Movimiento de Países No Alineados del mundo en Belgrado en 1961, contribuían también a esa perspectiva.

La proximidad de la Conferencia de Argel prevista para septiembre de 1973, que incorporaría a los temas clásicos del Tercer Mundo una perspectiva económica de liberación, justicia y soberanía, además de la conformación de la Unión Africana, generaban a su vez un nuevo optimismo.

La República Popular China había logrado en octubre de 1971 en Nueva York su reconocimiento por la Asamblea de las Naciones Unidas y pasaba además a integrar el Consejo de Seguridad de la ONU como miembro permanente.

 

La situación hemisférica

Al final de su primer mandato como presidente de Estados Unidos, el republicano Richard Nixon visita en febrero de 1972 la República Popular China. Avanza así en la estrategia geopolítica de su consejero de Seguridad y secretario de Estado, Henry Kissinger, para el ajedrez mundial de la época. Nixon ya había tenido problemas en junio por el escándalo de Watergate, pero logró ser propuesto para la reelección por el Partido Republicano. Su adversario del Partido Demócrata, George McGovern, un líder reformista para esos tiempos, fue derrotado en forma aplastante en noviembre de ese año.

Mientras, la Organización de Estados Americanos (OEA) actuaba con su histórica actitud de “oficina de colonias” para América Latina, continuaba con su feroz bloqueo a Cuba y hostigaba al Gobierno Peruano del general Juan Francisco Velazco Alvarado.

En Chile era presidente Salvador Allende, electo por la voluntad popular, que encontró inicial apoyo institucional a partir de la doctrina Schneider –nombre del general y comandante en jefe del Ejército al que le costó la vida su actitud en octubre de 1970– y de su sucesor, general Carlos Pratts –que fue asesinado en Buenos Aires en 1974. Chile vivía ya una sensible crisis por la nacionalización de empresas de cobre, oro, plata, telefonía y comunicaciones (ITT).

En Bolivia gobernaba el general Hugo Banzer Suárez, que había accedido al poder en 1971 luego de desplazar al general Juan José Torres –asesinado más tarde en Buenos Aires, el 29 de septiembre de 1974.

Alfredo Stroessner gobernaba en Paraguay desde 1954 y en Uruguay gobernaba Juan María Bordaberry, que disolvió el Parlamento oriental en junio del 73, en tanto Henry Kissinger se congratularía por el ascenso al poder del general Ernesto Geissel, sucediendo al general Garrastazú Médici (1969-1974) en Brasil, país al que consideraba “una potencia emergente en la América del Sur”, según sus dichos.

 

La situación argentina

Perón había reclamado a la dictadura militar encabezada por Lanusse –un oficial de larga trayectoria golpista, ya derrotado en todos los planos de la política y el poder– que las elecciones fueran en el curso del año 1972, pero insólitamente las autoridades del gobierno de la llamada Revolución Argentina extendieron los plazos y hasta intentaron impedirle una vez más su pacífico regreso al país, tanto como su libre y democrática elección como presidente de la Nación.

Desde el triunfo de la fórmula Cámpora-Lima, con la instalación del Gobierno Popular el 25 de mayo de 1973, el general Juan Domingo Perón operaba ya en su condición de líder y referente del Movimiento y el Frente Justicialista de Liberación, en el impulso de la Política Nacional en el Exterior y en nombramientos, orientaciones y responsabilidades.

 

La función parlamentaria en la política internacional y el servicio exterior

En mi condición de diputado nacional del Frente Justicialista de Liberación de la Provincia de Buenos Aires fui electo presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados, desempeñándome asimismo como integrante de la Comisión de Defensa Nacional, entre otras actividades legislativas. Fue durante ese período que se logró aprobar la nueva Ley 20.957 del Servicio Exterior de la Nación, y se ratificaron, entre otros, importantes instrumentos jurídicos como el Tratado del Río de la Plata y su Frente Marítimo, con Uruguay, y el Tratado de Yacyretá con Paraguay. Se aprobaron asimismo el proyecto de Salto Grande y el Convenio Argentino Uruguayo de Comercio Exterior (CAUCE). Se adhirió al Sistema Económico Latinoamericano (SELA) y se sumó al país a la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE). Se incorporó el Congreso Argentino al Parlamento Latinoamericano, se organizó su Primera Asamblea continental en Buenos Aires (1974), y se participó en el Segundo Encuentro Intercontinental con el Parlamento Europeo, en Luxemburgo (1975).

Consecuente con sus ideales en relación a la unidad latinoamericana y la autodeterminación de los pueblos, el gobierno restableció relaciones diplomáticas con la República de Cuba, rompiendo el bloqueo que los Estados Unidos le habían impuesto a ese país hermano en la década del sesenta, y repudió el golpe militar en Chile en septiembre de 1973, e intentó proteger a los ciudadanos chilenos que –ante la tragedia– recurrieron al auxilio del pueblo y el gobierno argentinos.

 

El Congreso Mundial de las Fuerzas de la Paz

En ese marco político general el proyecto nacional y popular impulsó desde su propia identidad y hacia un ámbito continental y mundial su visión de la paz, la solidaridad y la justicia social internacional. La Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados de la Nación resolvió –con apoyo de las autoridades respectivas del Parlamento Argentino– concurrir al Congreso Mundial de las Fuerzas de la Paz que se llevaría a cabo en Moscú entre los días 25 y 30 de Octubre de 1973. Lo hicimos en representación de una democracia recientemente recuperada, después de décadas de golpes de Estado cívico-militares, con represión y arbitrarias proscripciones, y concurriendo fundamentalmente como observadores, con la voluntad de difundir su experiencia y conectarse con otros representantes populares.

La apertura e inauguración del Congreso estuvo a cargo del doctor Sean MacBride –Premio Nobel de la Paz en 1974– y ex primer ministro de Irlanda, ante más de tres mil delegados, invitados y observadores de la más diversa representatividad y procedencia, entre los que se encontraban destacadas personalidades de todo el mundo, empeñadas en promover la paz y el respeto a la independencia nacional, defender la importancia de las organizaciones internacionales y nacionales que luchan por aminorar las tensiones, y promover la amistad entre los pueblos de todos los continentes.

Se llevó a cabo en el Palacio de los Congresos del Kremlin, ante la presencia de las más altas autoridades del Gobierno Soviético: el secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética, Leonid Brezhnev; el presidente del Consejo de Ministros, Alexei Kosyguin; el ministro de Relaciones Exteriores, Andrei Gromiko; y el presidente del Soviet Supremo, Nikolai Podgorny, entre otros.

Entre los 3.200 participantes estaban representados 144 países, nueve organizaciones interestatales que formaban parte de la órbita de las Naciones Unidas, y más de cien organizaciones internacionales y nacionales. Se lo consideró “el más grande e importante evento de esa naturaleza que jamás se haya celebrado”.

Allí se dieron a conocer los mensajes de adhesión enviados por Kurt Waldheim, secretario general de las Naciones Unidas, y entre otros, el de Indira Ghandi, primer ministro de la India, del arzobispo Makarios de Chipre, de Anwar el-Sadat, presidente de Egipto, y de los generales Torrijos –presidente de Panamá– y Velazco Alvarado, del Perú.

La delegación argentina de nuestro Parlamento estaba compuesta por el suscripto, el vicepresidente de la Comisión, diputado nacional Adolfo Gass (UCR), y el secretario de la Comisión, diputado nacional Carlos Alfredo Imbaud (MPT). Estaban participando allí además numerosas personalidades representativas de partidos políticos, organizaciones sindicales y ámbitos culturales.

Se llevaron adelante intensas sesiones matinales y vespertinas, relacionadas con los asuntos principales de los debates para aportar a la solución de los asuntos presentados por el Congreso, así como actividades de extensión cultural.

Se visitó la Academia de Ciencias de la Unión Soviética, la Universidad Patrice Lumumba para el Tercer Mundo, el Museo del Ejército Rojo, el Teatro Bolshoi y hasta –en nuestro caso– pudimos visitar la ciudad de Erevan, capital de la República de Armenia, y participar de actividades ilustrativas de su dolorosa historia y su desarrollo económico y social en la época.

Las principales comisiones de trabajo y debate estaban centradas en los temas convocantes del encuentro, como la Coexistencia Pacífica, la Seguridad Internacional, el Desarme, los conflictos en Indochina, el Oriente Medio, la Seguridad y Cooperación europeas, el Medio Ambiente y la protección de la naturaleza, así como el apoyo a las ciencias en ese terreno y la necesaria creación de un organismo internacional para ello.

En los debates estuvo presente –entre otros– el doctor Oscar Alende, ex gobernador de la provincia de Buenos Aires y candidato a presidente de la Nación en marzo de ese año por la Alianza Popular Revolucionaria. Por mi parte, tuve oportunidad de exponer sobre nuestros ideales democráticos, la inspiración de nuestra Comunidad Organizada –y la Constitución Nacional de 1949–, el rechazo a cualquier forma de imperialismo, los fundamentos de una Tercera Posición Internacional y el apoyo a los proyectos de unidad en Latinoamérica y la independencia económica e ideológica del Tercer Mundo. También se abordaron temas relacionados con el papel de las organizaciones internacionales y las no gubernamentales.

La proximidad del cruel golpe militar en Chile generó profundos debates y condenas. Así como la más fuerte solidaridad con el pueblo chileno y la señora Hortensia Bussi, viuda de Salvador Allende, que participó como invitada especial del Congreso. Tuvimos también oportunidad de presenciar la ceremonia, el desfile militar y la concentración popular en la Plaza Roja, por las celebraciones anuales recordatorias de la Revolución de Octubre.

 

El regreso a Buenos Aires y el encuentro con el presidente Perón

Argentina había participado en Lima, Perú, de la reunión de la Comisión Especial de la OEA para estudiar su reestructuración (CEESI). Sostuvo una posición crítica en la X Conferencia de Ejércitos Americanos en Caracas, apoyó la propuesta de llevar adelante la Conferencia de Plenipotenciarios para modificar el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) en Costa Rica, y comenzó a impulsar lo que se llamó el “Nuevo Diálogo” que preparaba una futura reunión de cancilleres latinoamericanos con Henry Kissinger, teniendo al canciller argentino Alberto Vignes como único vocero, tal como se verificó más tarde en Tlatelolco, México, en febrero de 1974.

La misión comercial encabezada por el ministro José Ber Gelbard, que viajaría a la Unión Soviética, Polonia, Hungría y Checoslovaquia en mayo de 1974, procuraría varios objetivos: utilizar la apertura comercial a nuevos mercados como una “herramienta de soberanía política” –en palabras del propio ministro de Economía–, a fin de aumentar las perspectivas de un mayor desarrollo económico, así como elevar el prestigio externo de la Argentina. De ella surgió el suministro de las doce turbinas hidroeléctricas para Salto Grande y la integración de una Comisión Mixta Argentino-Soviética para el intercambio comercial.

En mi caso particular, yo ya había tenido varios encuentros con el general Perón en Puerta de Hierro, como uno de los integrantes de los “Tenientes de la Revolución” –como él nos había bautizado en una carta dirigida a mí el 5 de noviembre de 1970. También en Casa Rosada, formando parte de lo que se dio en llamar la Generación Intermedia, entre otras circunstancias, y ahora tenía que verlo a mi regreso del viaje a la Unión Soviética.

Al terminar mi informe al presidente Perón en Olivos, me felicitó por la tarea realizada y por la actividad llevada adelante por la Comisión en el Congreso, y me dijo: “el Presidente Brezhnev me ha hecho llegar un mensaje con su invitación a Moscú, diciéndome que me va a recibir como ‘un verdadero Líder de Pueblos’”.

 

José L. Fernández Valoni fue diputado nacional (1973-1976 y 1999-2003) y embajador (1989-1995).

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