Notas sobre la prensa de la(s) resistencia(s). Ortodoxias en papel: Línea Dura y Norte (primera parte)

Darío Pulfer y Julio Melon Pirro

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Línea Dura y Norte: voceros de la ortodoxia

Con el anuncio de la convocatoria a elecciones para febrero del año 1958 y en condiciones más permisivas, desde el espacio proscripto comenzaron a proliferar los emprendimientos periodísticos que buscaban dar voz a quienes se proponían recuperar posiciones en el sistema político. En esas tareas confluyeron figuras que tenían antecedentes en las tareas de escritura, sea en los aparatos de producción y difusión del peronismo gobernante, o en el ejercicio del periodismo oficialista.

Para el primer caso, el de los escritores o periodistas que se integraron a los espacios estatales[1] contribuyendo con producciones que buscaban sistematizar iniciativas o propagandizar acciones de gobierno, la caída del peronismo significó una experiencia nueva y distinta. La ausencia de medios oficiales u oficiosos que los albergaran, los despidos de las redacciones y las denuncias que sobre ellos caían los obligaban a la articulación de una respuesta: la creación de organizaciones clandestinas de productores de textos para la prensa de la “resistencia”, como el CEIPAP[2] o precarias imprentas para la reproducción de materiales, sean directivas o libros del líder exiliado (Chávez, 1985).[3] El periodismo como acto de militancia se convirtió, entonces, para los elencos intelectuales desplazados de los aparatos culturales del Estado, en una forma de actuación política que buscaba resistir e incidir en los posicionamientos de los grupos que se reconstituían en la arena política más distendida que se abría con el fracaso de los intentos “desperonizadores” de la “Revolución Libertadora”. En este campo hay que ubicar la trayectoria de María Granata y la iniciativa del periódico Línea Dura.

Otro es el caso de quienes tenían sus órganos periodísticos propios durante el peronismo y ahora volvían a la discusión pública, transformando sus páginas en medios de batalla política. En este espacio hay que ubicar a Manuel Campos y su periódico Norte.

Seleccionamos estas dos publicaciones por varias razones. En primera instancia, por su permanencia, ya que tuvieron una tirada importante en términos relativos a su precariedad material, con una frecuencia semanal a lo largo de un año o más. En segundo orden, por el espacio que ocuparon en la enunciación del “peronismo oficial”, esto es, el representativo del Comando Superior. En tercer lugar, por su incidencia en el proceso político concreto de ese período. Por último, porque se trata de la posibilidad de reflexionar sobre la prensa como actor político autónomo.

Entre noviembre de 1957 y fines de 1958 estos semanarios pretendieron –y en buena medida lograron– aparecer como la voz del peronismo. Sus gestores contaron con sus propios méritos y antecedentes, pero lo hicieron en una relación mucho más directa con los dirigentes centrales del movimiento, esto es, John William Cooke y, por supuesto, el mismo Juan Domingo Perón.

En principio parece claro que el líder buscó en esta nueva prensa una posibilidad de comunicarse más directamente con sus partidarios en la Argentina, algo que era compatible con las posibilidades que se insinuaban en el país y con su propia idea de ejercer la conducción, vinculada al propósito de minimizar la relevancia y permanencia de las organizaciones formales del peronismo y fortalecer, al mismo tiempo, el vínculo directo con las masas. Particularmente Línea Dura y Norte oficiaron, entonces, como verdaderos actores políticos, no en el sentido en que en años anteriores lo habían hecho los medios semiclandestinos de orientación peronista, que como hemos visto se consideraban a sí mismos expresión del nuevo peronismo y que pugnaban por intervenir en las decisiones políticas en base a una agenda propia que no excluía acompañar alguna versión del neoperonismo,[4] sino en el de presentarse ante la ciudadanía en general y ante los peronistas en particular como voceros autorizados de la ortodoxia peronista. Ambas cosas hablaban también de la medida en que Perón había logrado revalidar para entonces sus títulos contra toda alternativa al interior del movimiento peronista.

El primer número de Línea Dura apareció el 4 de noviembre de 1957. Para marzo de 1958 se presentó como “órgano del movimiento” y siguió publicándose hasta el 11 de noviembre de 1958. Norte, un diario de Villa Ballester hasta su clausura en 1955, fue relanzado por Alberto Manuel Campos en setiembre de 1957. En octubre de 1958 desplazó a Línea Dura como órgano oficial del peronismo. Siguió publicándose hasta mediados de 1959.

 

La animadora de Línea Dura

En sus primeros números, Línea Dura aparece bajo la responsabilidad de “Nélida Valdez”. No se trataba de un seudónimo, pero sí de alguien que había “prestado el nombre” a María “Coca” Granata (Pulfer, 2018). A los fines de comprender el nivel de compromiso asumido por la directora con el proceso de la “resistencia peronista”, resulta necesario reconstruir su trayectoria. En ella aparecen las claves de su participación, así como vínculos con otros protagonistas del ámbito intelectual y periodístico.

Nace en Buenos Aires el 3 de septiembre de 1923, en una familia de clase media. Su padre, Miguel Ángel Granata, ejercía la medicina. Su madre era Severina Schiaffino. María vive en el Barrio de Balvanera y estudia el bachillerato. Miguel Ángel, de origen italiano, la introduce en la lectura de la poesía: “Tuve la fortuna de que mi padre, que era un médico italiano muy amante de la poesía, ya desde muy chica, desde los siete años, logró hacerme entender y gustar de los grandes poetas italianos. Eso tuvo en mí una influencia absolutamente decisiva pues dejó dentro mío una señal para toda la vida” (Borghi, 2007: 17). En su adolescencia lee material de Leopardi, Quevedo y San Juan de la Cruz. En el año 1941 se radica en el Partido de San Vicente, a 45 kilómetros de Buenos Aires.

Se inicia en las letras participando en la revista Conducta que dirige Leónidas Barletta (Chávez, 2004: 65) y que da lugar a las primeras publicaciones de los poetas del “cuarenta”. Escribe en el suplemento cultural de La Nación. En el año 1942 se destaca como autora del libro de poesía Umbral de Tierra. El libro es publicado por la Editorial Conducta, animada por Barletta. Esto la ubica en los sectores intelectuales afines con la izquierda. Los críticos señalan la influencia de Lugones y Rega Molina[5] en sus escritos juveniles. Por este libro es laureada: recibe el Premio Martín Fierro de la Sociedad Argentina de Escritores y el Premio Municipal de Literatura de la Capital Federal. Al poco tiempo el libro es nuevamente editado. Al salir la revista Verde Memoria participa del emprendimiento. Escribe en la revista Ángel[6] que orienta Gregorio Santos Hernando. En el año 1946 escribe Muerte del adolescente, poesías, que resulta distinguida con la faja de recomendación de la Sociedad Argentina de Escritores.[7] También fue elegido en diciembre de ese año por el Club Libro del Mes.

Participa de la revista Ínsula, lo que la ubica en posiciones críticas al gobierno, junto a José Luis Romero, Tulio Halperin Donghi, Raimundo Lida, etcétera (Lafleur, Provenzano y Alonso, 1968). En la Guía quincenal de actividades culturales, publicada por la Comisión Nacional de Cultura, aparecen los intelectuales y artistas que responden a una convocatoria del presidente Perón del 13 de noviembre de 1947, en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno.[8] María Granata no participa del encuentro. Tampoco se la ve entre los firmantes de la conformación de ADEA. Por ese tiempo actúa como socia de la SADE que era presidida por Leónidas Barletta. Diserta sobre La poesía: misterio y clave en la Biblioteca del Consejo de Mujeres (Chávez, 2014).

Es probable que su adhesión al peronismo responda a las “oleadas” de intelectuales que se acercan al gobierno con posterioridad.[9] Sigue viviendo en San Vicente. Practica equitación. Escribe en El Hogar y otras revistas. Resulta incluida en el libro Personalidades de la Argentina. Diccionario biográfico contemporáneo (editado por Veritas, 1948: 405). A fines de la década del cuarenta comienza a trabajar en el diario El Mundo, donde le solicitan la publicación de cuentos infantiles, serán publicados más tarde con el título El gallo embrujado. En ese mismo medio trabaja Horacio Rega Molina que por ese tiempo va acercándose al peronismo. También colabora en Democracia.

En el año 1950 Castiñeira de Dios dedica unos versos a Eva Perón bajo el título Alabanza. Nace de manera rápida la peña que llevará el nombre de Eva Perón, con reuniones en la Casa de la Empleada, los días viernes por la noche a lo largo de unos meses.[10] En ese ámbito se leen las producciones de los poetas participantes, mientras se comparte la cena. Los textos leídos fueron editados en tiradas limitadas, fuera del circuito comercial. En plaquettes se publican: Alabanza de José María Castiñeira de Dios; Canción Elemental de José María Fernández Unsain; Poema Fiel de Juan Oscar Ponferrada; Nuestra Señora del Buen Hacer de Claudio Martínez Payva; La llama de Héctor Villanueva; Cifra Suprema de Claudio Martínez Payva; Canto pleno de Julio Ellena de la Sota; El Ángel de Gregorio Santos Hernando; Nuestra Señora del Batallar de Enrique A. Olmedo; Canción para las Madres de mi tierra de Julia Prilutzky Farny; El Regreso de la Diosa Caá-Yarí de Luis Horacio Velázquez; Sumada Llama de María Granata; y Dos Elogios y Dos comentarios de Fermín Chávez (Chávez, 2004, II: 85).[11]

Los poemas de María Granata son incluidos en la revista Cultura de la provincia de Buenos Aires. Por ese tiempo colabora en la revista Poesía, auspiciada por la Subsecretaría de Cultura dirigida por Castiñeira de Dios y participa en la “Fiesta Nacional de la Poesía” en Mar del Plata, junto a otros miembros de su generación poética: Santos Hernando, Benarós, Chávez, Fernández Unsain, Lavié, Ponce de León, Pritlusky Farny, Sola González (Castiñeira de Dios, 2013: 120). En el año 1952 publica un nuevo libro de poesía. Se trata de Corazón Cavado. Este libro recibe el Premio de Poesía de la provincia de Buenos Aires (Giménez Pastor y Viacava, 1965: 119). Forma parte del grupo que apoya la configuración del Sindicato de Escritores Argentinos y apoya la continuidad de Perón en el gobierno. Los escritores, entre otras razones, expresan el apoyo a Perón “en cuanto se relaciona con las actividades culturales, porque comparte con nosotros la visión de una nueva Gran Argentina liberada de todo vasallaje cultural… y ha hecho posible que las manifestaciones culturales y artísticas (antes reservadas al dinero de unos pocos privilegiados, no obstante ser pagadas con el dinero de todos) estén ahora al alcance del pueblo del país” (Sindicato de Escritores Argentinos, 1951: 12). En apoyo de esa iniciativa están sus amigos Castiñeira de Dios, Soler Cañas y Chávez, con quienes compartía posiciones en la gestión gubernamental en el área de Cultura. Integra la Comisión Administradora del Sindicato de Escritores de la Argentina. Habla en un ciclo radial favorable al Plan Económico del año 1952 junto a Cané, Rega Molina, Velázquez, Cascella y otros. Le toca intervenir el miércoles 23 de abril (Sindicato de Escritores Argentinos, 1952).

Granata participa del libro colectivo Una nación recobrada (Subsecretaría de Informaciones, 1952) con una nota sobre la valoración de la mujer en el peronismo. Participa junto a Imbrogno, Ossorio, Prieto, M. González, Galfrascoli, Ganduglia, Ellena de la Sota, Luna Valdez, Osés, Gabriel, Nella Castro, Abregú Virreira, Adip y Rega Molina.[12] Brinda conferencias: Ubicación de la Argentina en el panorama mundial (1950); El niño en la pintura (1951); El sentido de la tierra en la poesía (1952) y La mujer y la poesía (1952).

Granata escribe para La Prensa, controlada por la CGT. En el año 1952 publica La procesión (23-3-1952); El tranvía (27-4-1952); La pedrada (20-7-1952); y La eternidad (9-11-1952) (Rein y Panella, 2014: 238). En el año 1953 publica Cómo votaron las mujeres argentinas el 11 de noviembre (13-9-1953) (Rein y Panella, 2014: 253). El 4 de enero y el 26 de abril presenta El ordenamiento (La Prensa, 4-1-1953 y 26-4-1953). Publica Eva Perón a un año de la partida de la esposa del primer mandatario (La Prensa, 26-7-1953). Luego Presencia de la mujer en el 17 de octubre (16-10-1953) (Rein y Panella, 2014: 253). En el año 1954 publica: Canto a los trabajadores (24-1-1954); Materia derrotada (23-5-1954); Veinte días y un escalón (5-12-1954) (Rein y Panella, 2014: 272). En el año 1955 salen: Poema de los hombres descalzos (20-2-1955) y Certidumbre (10-9-1955) (Rein y Panella, 2014: 289). Colabora en el ámbito de la Subsecretaría de Informaciones de Presidencia de la Nación, con la elaboración de una serie de piezas propagandísticas. En esa tarea se entremezcla con autores como Santiago Ganduglia, Alberto Franco o Abregú Virreira. La primera colaboración refiere a las Perspectivas humanas de la Tercera Posición. Se trata de un ensayo breve, de 26 páginas. En la huella de su colaboración sobre la mujer en el libro colectivo La Nación recobrada, publica el libro sobre la participación de la mujer el 17 de octubre. Se trata de otro ensayo breve, de 14 páginas. En el año 1954 publica un ensayo sobre los Derechos justicialistas en el campo del trabajo, la familia, la ancianidad y la mujer. Distingue los derechos referidos a la educación y la cultura.

En las postrimerías del gobierno peronista planificaba un trabajo sobre la obra de la Fundación Eva Perón, mientras publica un nuevo libro desde la Secretaría de Prensa y Difusión, a cargo de León Bouchet, con el título Pueblo y peronismo. Los capítulos refieren a: “La superación del pueblo, objetivo primordial del peronismo”; “El pueblo, creador de su propio destino”; “Los caracteres esenciales del pueblo fortalecidos por el peronismo”. “En el peronismo no hay masa: hay pueblo”; “Unidad y organización del pueblo”; “Pueblo y peronismo consubstanciados”. A instancias de León Bouchet y en el marco de la serie de materiales que salen con relación a aspectos del Segundo Plan Quinquenal, realiza una aproximación a la Previsión Social. También publica un libro sobre Perón y la juventud. En la revista Mundo Peronista correspondiente al 1 de noviembre de 1954 publica el poema 17 de octubre. Antonio Monti rescata a María Granata en su Antología poética y reproduce Muerta en inmenso amor y Eva Perón.

Al caer el gobierno peronista María Granata tenía, pues, cierta connotación pública por su actuación en el sindicato de escritores, sus libros de poemas, sus escritos favorables al peronismo y diversos artículos en diarios y revistas.[13] En tiempos de la “Revolución Libertadora” se publica un folleto anónimo con el título Pax. Epitafios, atribuido a sectores vinculados a la SADE. En el mismo se insertan, en primer término, unas “coplas por la muerte de un rebaño de traidores” orientadas a Leonardo Castellani, Fermín Chávez, Arturo Cancela, Armando Cascella, Julio Ellena de la Sota, Sigfrido Radaelli, Helvio Botana, Homero Guglielmini, Enrique Lavié, Santiago Ganduglia, Leopoldo Marechal, Gustavo Martínez Zuviría, María Granata, Luis María Albamonte, Rafael Jijena Sánchez, Alberto Franco, Nicolás Olivari, César Tiempo, José María Fernández Unsain, León Benarós, Luisa Sofovich de Gómez de la Serna, Juan Oscar Ponferrada, Angel J. Battistessa, Lisardo Zía, Luis Cané y Alberto Vaccarezza.[14]

Se organizan comisiones investigadoras de los campos educativo y cultural (Libro negro de la segunda tiranía. Documentación, actores y cómplices de las irregularidades cometidas bajo la segunda tiranía, 1958, cinco tomos). Escritores y figuras del campo artístico quedan penalizados por su adhesión al peronismo. El nombre de Granata aparece entre las publicaciones incineradas y consignadas en las actas correspondientes a la Subsecretaría de Informaciones (Documentación, actores y cómplices de las irregularidades cometidas bajo la segunda tiranía, 1958, tomo 3, referido a la Subsecretaría de Informaciones). Es recuperada como escritora vinculada al peronismo por el ensayismo pro-peronista (Hernández Arregui, 1957: 129), junto a otras figuras como Claudio Martínez Paiva, José Gabriel, Rega Molina, Arturo Cancela, José Gobello, Santiago Ganduglia, Leopoldo Marechal, Castiñeira de Dios, Nicolás Olivari, César Tiempo, Arturo Cerretani, Luis Horacio Velázquez, Luisa Sofovich, Julia Prilutsky, Alicia Eguren y otros.

 

Orígenes de Línea Dura[15]

José María Castiñeira de Dios, que dirige la CEIPAP (Centro de Escritores, Intelectuales, Periodistas y Artistas del Pueblo)[16] le propone la dirección del periódico Línea Dura a María Granata.[17] Este es el origen de la iniciativa. Aparentemente comienza a publicarlo colocando en la dirección el nombre de la militante Nélida Valdez,[18] para protegerse de las persecuciones. Al constituirse el Comando Táctico a fines del año 1957, Castiñeira de Dios y Granata forman parte del mismo.[19] Línea Dura se transforma en vocero de la conducción del peronismo en el territorio.

En los primeros números, Línea Dura muestra las vacilaciones, contradicciones, marchas y contramarchas en relación a la conducta del peronismo en relación a la convocatoria a las elecciones. En el momento de recibir la directiva de Perón, el semanario se alinea de manera acabada con el Comando Superior (Cooke-Perón) y con el Comando Táctico, para hacer cumplir la directiva de votar por Frondizi. Castiñeira de Dios y otros sectores optan por el voto en blanco. Eso produce un doble efecto: la expulsión de Castiñeira de Dios del peronismo[20] y su distanciamiento de Granata como conductora de Línea Dura, que continúa colaborando y alineada con Cooke.[21] En ese momento comienza a tallar la figura de Ramón Prieto.[22] El triunfo de Frondizi habilita, a partir del número 11, a hacer público el nombre de su directora, y la publicación pasa a revistar como “Órgano del Movimiento Peronista”, dando lugar a las manifestaciones de los referentes locales y transmitiendo directivas.

Línea Dura aparece durante 46 números semanales. “Publicado entre noviembre de 1957 y noviembre de 1958, se constituyó como un medio difusor de la línea política seguida por John W. Cooke y el Comando Táctico. Formó parte del intento por darle una estructura organizada y jerárquica al movimiento. Y así como [antes estaba la] necesidad de los dirigentes peronistas de mostrar la carta firmada por Perón para hacer valer su autoridad, Línea Dura, junto con una variedad de publicaciones periódicas surgidas en esa época, se convirtieron en espacios donde las directivas de Perón serían publicadas, también para legitimar las decisiones estratégicas de los grupos que producían esos periódicos” (Gorza, 2011).

 

Características y colaboradores

Como otros medios de la prensa gráfica de entonces, Línea Dura se presenta en formato tabloide (42 por 58 centímetros), en cuatro páginas,[23] en color blanco y negro con detalles en verde. Con grandes titulares y algunas secciones fijas,[24] abundaba en recuadros y reproducciones de textos vinculados a la vida del peronismo proscripto (circulares, resoluciones, etcétera): solía publicar resoluciones del Comando Táctico, directivas de Perón y de John W. Cooke y, en general, artículos sobre cuestiones organizativas del peronismo.

Reproducía pasajes del segundo texto de Perón en el exilio: Los Vendepatria. La página tres estaba destinada a la actividad sindical, expresando las posiciones de la CGT Auténtica y las 62 Organizaciones, junto a manifestaciones de los gremios allí posicionados, y reportajes a dirigentes sindicales.

Los artículos no estaban firmados. Como señalamos, los primeros números están orientados por Castiñeira de Dios y, además de la escritura de Granata, cuentan con la pluma de voluntarios que colaboraban en la red de apoyo a los periódicos de la “resistencia”: Valentín Thiebaut, Miguel Unamuno, Juan Puigbó. Tras la ruptura con Castiñeira de Dios, es probable que Granata escribiera buena parte de las notas[25] y más tarde aumentara la colaboración del mismo Prieto.[26] Que Granata asumiera la dirección y pudiera desarrollar la escritura del semanario casi en su totalidad puede explicarse por su capacidad y su experiencia previa.

El diario se imprimía en la imprenta de los Alemann.[27] Línea Dura compartía las dificultades de las demás publicaciones para su distribución y circulación comercial. Su tirada era adquirida por sindicatos, con lo que contaba con una financiación cierta.[28]

En sus páginas puede leerse en filigrana la gestación y administración del “pacto” entre Perón y Frondizi, y que tuviera a Frigerio y a Cooke como sus firmantes y a Prieto, precisamente, como uno de sus principales inspiradores.[29] También el traslado de lealtades de Prieto-Granata hacia el frondizismo (Línea Dura, 44, 4-11-1958).

 

Lectores

En Línea Dura la información gremial ocupaba un lugar destacado, cubriendo una página de cuatro o más, incluyendo crónicas de huelgas, comunicados de sindicatos o agrupamientos. “Línea Dura tuvo además una sección denominada ‘Cuáles son las agrupaciones gremiales y quiénes los dirigentes de nuestra línea’, donde se entrevistaba a líderes sindicales para dar cuenta del ‘surgimiento de nuevos valores, de hombres que representan al auténtico sindicalismo’”.[30] Además del financiamiento, el contacto con referentes del ámbito gremial[31] contaba tener un público lector claro al que dirigirse.

 

Derrotero

En su inicio, el semanario busca canalizar la voz y la presencia del movimiento proscripto, reivindicando la existencia de esa identidad en las masas en relación directa con el liderazgo de Perón. La violación a las estipulaciones del Decreto 4161 había hecho que el semanario fuera clausurado. “Se hará fraude. Sería ingenuo suponer que el Grupo de Ocupación no hará fraude. Y la ingenuidad en política se paga cara. Sin duda alguna, en febrero habrá fraude. La línea blanda resulta tentadora para el gorilismo cuyo enemigo máximo es la unidad irreductible del verdadero pueblo. Pero quienes por el solo hecho de prestarse a la farsa comicial actúan como cómplices de la revolución Usurpadora, serán estigmatizados por el Pueblo. La lección es reciente”. Se refiere a los grupos políticos que, aun siendo críticos del gobierno, participaron en la elección de Convencionales y que, según la misma fuente, quedaron desacreditados. Justo es reparar, no obstante, en que la misma nota reproducía de modo menos estridente la razón estratégica de la dupla Perón-Cooke: “A quienes preguntan: ¿qué haremos? Les contestamos: cuando llegue el momento se oirá la voz de orden, y a esa vez responderemos como en los grandes días de nuestras luchas. ¡Férrea intransigencia en la Línea Dura!” (Línea Dura, 3, 25-11-1957: 1).

En la inminencia del comicio fue precisamente Línea Dura el medio que anticipó con un grupo de títulos terminantes que “Acatar la Orden significa recuperar a Perón”. Ello se expresaba a través de una editorial con once explicaciones de “Por qué no votamos en blanco”, noticias sobre quiénes se subordinaban (“Leloir acata”) y anatemas a los díscolos (“Desobediencia a la Orden es Peronismo sin Perón”). El ejemplar colocaba los antecedentes y en tapa reproducía la copia facsimilar del documento de puño y letra del jefe del movimiento, dando legitimidad y soporte a la orden concurrencista. En la segunda página desarrollaba una explicación exhaustiva de dicha determinación (Línea Dura, 10: 1 y 2).

Otros medios, como el combativo pero menos verticalista Palabra Argentina, no disimularon su disgusto al respecto.[32] Norte, más alineado con Perón pero renuente a las órdenes de los organismos que de su mano difundía la conducción local, tampoco había ahorrado expresiones de hostilidad ante el acuerdo, y a la hora de dar cuenta del resultado electoral de febrero no se distanció del tono del periódico de Olmos: “Perón Cumple: Hizo a Frondizi Presidente” (Norte, 27-2-1958: 1).

Luego de la elección, el 6 de marzo de 1958, Perón siguió utilizando la misma vía de la prensa para sostener la autoridad del “Comando Táctico”.[33] El “Comando Superior” felicitó y agradeció pues al “Comando Táctico” por el cumplimiento de las instrucciones relacionadas con la elección del 23 de febrero, respaldó lo propagado por Línea Dura y previno a la “resistencia” de ser utilizada por quienes no habían acompañado las decisiones de la conducción: “es preciso evitar el confusionismo desenmascarando a quienes, después de haber desacatado las consignas del Comando Superior, se hallan ahora dedicados a una labor de provocación destinada a malograr la victoria popular recientemente obtenida. Ciertos periódicos se han caracterizado por esas actividades, que denunciamos como ejemplo de sabotaje y traición. Nuestra masa debe ser alertada contra estos enemigos que simulan pertenecer a Montevideo [sic, quiere decir, Movimiento] y hablar en su nombre, favoreciendo así los planes de la oligarquía. También participan en estas campañas algunos ex-dirigentes que desean perpetuar a cualquier precio mandatos partidarios ya caducados. El Comando Táctico recibirá de nosotros [el Comando Superior, que integraba con Cooke] el apoyo necesario… El Jefe de la División Operaciones, compañero John William Cooke, mantendrá contacto permanente con el Comando Táctico e impartirá las directivas que correspondan contra ellos”. Firmaban el documento Juan Perón y John William Cooke, el 6 de marzo de 1958. El texto fue distribuido entre los dirigentes peronistas y apareció publicado en otro semanario peronista titulado Doctrina (Doctrina, Justicia Social, Independencia Económica, Soberanía Política, 6, 26-3-1958).

El 10 de marzo de 1958, quizá como resultado de la victoria electoral de Frondizi que había ayudado a consolidar, el nombre de María Granata apareció formalmente en la dirección, y el semanario Línea Dura se transformó en “Órgano del Movimiento”. Como era habitual, reproducía una directiva de Perón, que ahora consagraba por primera vez, sin ambages, que Línea Dura era la expresión del peronismo avalado por el jefe máximo. Como parte de la continuidad del ejercicio de la ortodoxia, el semanario seguía anatematizando al “neoperonismo”, categoría que también servía para describir a quienes desde la prensa no habían acatado la “orden” asociada al pacto. Sin duda, este cambio en el nombre de la directora y en la forma de autopresentación del semanario respondía al comienzo de una nueva etapa caracterizada por una merma en la censura o en la creencia de que ello ocurriría a partir de las elecciones. Este número, el primero posterior a la elección que le dio la razón a los ortodoxos que en el papel sostuvieron el Pacto, incluía además las profecías del anterior –de hecho se superponía parte de la anterior tapa, ya descripta– y la facturación del hecho, también en título y color: “Línea Dura es desde este número el Órgano del Movimiento” (Línea Dura, 11: 1).

El número 12 de la serie, publicado con fecha 17 de marzo de 1958, hablaba con la contundencia de los triunfadores y con la certeza de validar el rumbo. “Mensaje de Perón a los hombres y mujeres del pueblo”, rezaba el gran titular. “Mensaje a los peronistas”, subtitulaban la nota, también en tapa, donde Juan Domingo Perón, sin dejar de anticipar exigencias al nuevo gobierno, hablaba de “consolidar el triunfo del 23 de febrero” (Línea Dura, 12, 17-3-1958: 1). La misma tapa reproducía un prolijo manuscrito del “Comando Superior Peronista” en el que Perón, “visto lo informado por el Comando Táctico” y ante la necesidad de poner fin a las confusiones, resuelve: “expulsar del Movimiento Peronista a Alejandro Leloir, Elsa Chamorro Alaman y Vicente Leonides Saadi” y comisionar al mismo Comando Táctico investigaciones y tareas de difusión adicionales.

En continuidad con lo precedente, la necesidad de evitar la celada de la “provocación” y el ajuste respecto de la multiplicidad de voces que pretendían hablar en nombre del peronismo, seguían conjugándose cuando, un mes después, en vísperas de la asunción del nuevo gobierno, el mismo Línea Dura tituló “No iremos el primero a Plaza de Mayo”. En el mismo medio, la “CGT Auténtica” –una organización de sindicalistas peronistas que habían permanecido relativamente al margen del proceso de normalización– se apresuraba a comunicar que no concurriría a los actos “para no aplazar la ida de los derrotados” (Línea Dura, 17, 21-4-1958).

Otro frente era el de los grupos de la “resistencia”. Luego del triunfo de Frondizi, los comandos se negaban a abandonar su postura intransigente, incluida la acción violenta. Esta actitud era contraria, según lo expresado por Línea Dura, a la generación del clima de calma necesario para que se concretara el traspaso de poder, y que el mismo se hiciera sin condicionamientos. En este contexto, la mujer aparece como sujeto capaz de lograr la paz necesaria para garantizar ese traspaso. Veamos un ejemplo en un artículo titulado La mujer factor de paz, en el que a través de un discurso a simple vista ingenuo, que resalta las virtudes femeninas vinculadas a lo sentimental y a la bondad, se polemiza con el enemigo interno: “La mujer, factor de comprensión y sentimiento, será la salvaguardia de una paz que no debe ser arriesgada. A ella, particularmente, se le encomienda esa otra recuperación, la de la serenidad y espíritu constructivo sobre los escombros de una destrucción que no volverá a repetirse”. En ese sentido, así como un mes atrás la expulsión de los representantes de la “línea blanda” había implicado una corrección del rumbo, los lectores podían enterarse de que la conducción del peronismo tampoco se detendría ante quienes habían hecho de la resistencia la base de su crédito. En el mismo lugar se publicó, el 21 de abril de 1958, la explícita desautorización a uno de los más cercanos acompañantes en el exilio: “Al Comando Táctico Peronista: Se pone en conocimiento de los compañeros que el Mayor Pablo Vicente no tiene vinculación alguna con el Comando Superior Peronista ni con su Jefe. Por lo tanto, debe ponerse en conocimiento de las organizaciones del Movimiento que el Mayor Vicente no cumple directivas ni desempeña ninguna misión encomendada por este Comando Superior ni por el General Perón” (Juan Perón, “CSP Circular 4/58”, reproducida en páginas interiores de Línea Dura, 17, 21-4-1958).

Las páginas de Línea Dura también servían para tomar distancia respecto de un mentado jefe de la “resistencia”: “Se previene a los compañeros que el señor Paladino, o Castro Paladino o Castro Pinto, no tiene vinculación alguna con el Comando Superior Peronista ni con su jefe. Por lo tanto, debe ponerse en conocimiento de todas las organizaciones del Movimiento que dicha persona no cumple directivas ni desempeña ninguna misión encomendada por este Comando ni por el General Perón”[34].

El periódico salió también a defender directamente a Cooke, quien al parecer no había logrado sustraerse a la competencia por capitalizar una imagen de representatividad del peronismo que sobrevino a la hora de celebrar una victoria electoral que sentían como propia: el Comando Táctico “alerta sobre la multiplicación de ‘pasquines’, panfletos y órdenes del Comando Superior y del Comando Adelantado concitando a todos los peronistas a comparecer a la Plaza de Mayo y esperar, allí, las órdenes del Comando Táctico. En estos días un comunicado fraguado por la traición y los gorilas con la firma de John William Cooke ha sido profusamente distribuido y enviado por vía postal. Las declaraciones del Comando Táctico Peronista desmienten totalmente el infundio” (Línea Dura, 17, 21-4-1958).

En mayo de 1958, Línea Dura vivía con alivio las nuevas condiciones otorgadas por el ascenso de Frondizi al gobierno. Así celebraba el hecho de que habían podido realizarse reuniones a puertas abiertas, con motivo de la organización de las ceremonias para conmemorar el natalicio de Eva Perón (Línea Dura, 20, “Actos peronistas en todo el país”, 12-5-1958: 2).

La mayoría de quienes habían detentado cargos partidarios u ocupado funciones de gobierno durante el peronismo habían permanecido alejados del escenario político en tiempos de la “Revolución Libertadora” y habían sido estigmatizados durante más de dos años por Cooke como componentes activos o pasivos de la “línea blanda”. En la nueva coyuntura, eran esos mismos dirigentes los más renuentes a someterse al afán centralista del delegado. Línea Dura mostraba su apoyo y alineamiento con el delegado y heredero. En el número 23, del 4 de junio, “Número extraordinario en memoria de los mártires de junio” –por lo cual colocaba una foto de Valle y Perón en el extremo superior derecho–, reproducía una foto de Cooke con Perón leyendo Línea Dura. Al interior reproducía una misiva de Perón: “Nosotros hemos cumplido con el país, ahora le toca al Gobierno cumplir la palabra empeñada con el Pueblo”.

En el número 25, Granata pregunta: “Quién gobierna? Si Frondizi ubica a gorilas en puestos claves, ¿cómo extrañarse que lo presionen?”. En la tapa escribía Cooke una nota, llamando la atención al gobierno sobre el rumbo y los contenidos de su política: “A cuarenta y cinco días de la toma del mando” (Línea Dura, 25, 18-6-1958).

Ese mismo mes sería tenso entre el líder exiliado y su delegado. Un intercambio de notas con serias recriminaciones por parte de Perón ensombrecieron las relaciones. Al tiempo se hacía evidente que Cooke dejaría de ocupar el centro del especial escenario del peronismo en situaciones de proscripción absoluta. Ello puede atribuirse a diversas razones: los intentos de Alicia Eguren, esposa de Cooke, de avanzar sobre la rama femenina del movimiento peronista, a la poca operatividad del CT, al cambio de circunstancias políticas o, más directamente, a dificultades intrínsecas a la función de todo poder vicario de Perón (Melon Pirro y Pulfer, 2018).

Junto al paso a una oposición más definida, Perón fue introduciendo entonces sucesivas modificaciones en organismos de conducción del movimiento que eran, en definitiva, creados y recreados por él. En agosto de 1958, luego de un cónclave mantenido en Ciudad Trujillo entre dirigentes políticos y gremiales, transformó el Comando Táctico en la Delegación Nacional, y en octubre determinó la conformación del Consejo Coordinador y Supervisor del Peronismo, crecientes espacios de representatividad a la expectante dirigencia política del movimiento (Melon Pirro y Pulfer, 2018). En ese espacio cobró mayor relevancia Oscar Albrieu, debilitando la figura de Cooke. Junto con el ascenso de Albrieu se daba el de Campos, director de Norte, que desde octubre iba a reemplazar con su semanario a Línea Dura y desde diciembre reemplazaría a Cooke en la representación de Perón.

Estos movimientos son simultáneos al paso de Granata y Prieto hacia la postura oficial, por lo cual Línea Dura primero perdió representatividad en el peronismo y luego desapareció.

 

Algunas secciones y contenidos

Línea Dura fue el único semanario entre los peronistas que apoyó sin reparos la “orden” de Perón a favor del voto a Frondizi, y se convirtió desde entonces en “órgano del movimiento”, según reza la indicación en tapa del 10 de marzo de 1958. A partir de ese posicionamiento se definen con más claridad las secciones para definir interlocutores: “La mujer en la lucha” y “Cuáles son las agrupaciones gremiales y quiénes los dirigentes de nuestra línea”.

En ese mismo momento aparecen notas sobre “La Juventud en la Revolución Nacional” y se despliega otra sección en la perspectiva de la rememoración y activación del recuerdo, titulada “Realidades del peronismo”, que trabaja sobre la obra social y de infraestructura del primer peronismo.

Por otro lado, aparece la serie de crónicas titulada “Perón en el exilio”, anunciada en abril de 1958 (Línea Dura, 15, 7-4-1958), que buscaba dar vida y mostrar el dinamismo del líder exiliado. El autor, Pavón Pereyra, presentado como “joven historiador” y “primer biógrafo de Perón” por las obras El Conductor de América y Juan D. Perón, Una vida para el mando, iba narrando en ediciones sucesivas las travesías de Perón desde su salida del país hasta su arribo en Ciudad Trujillo. En diez notas, Pavón Pereyra desgrana las peripecias de Perón en el exilio, hasta llegar a las notas referidas a La Planificación de la resistencia civil (Línea Dura, 25, 18-6-1958) y Los compromisos de Perón (Línea Dura, 26, 25-6-1958) con los que cierra la serie.

En tren de buscar legitimidad para el órgano, aparecen entrevistas y fotos de la directora con el expresidente exiliado (Línea Dura, 35, 21-8-1958). También adelantos, en exclusiva, de fragmentos del libro de Perón titulado Los Vendepatria. Contar con el material del nuevo libro de Perón permitirá a Línea Dura, ahora convertido en editorial, sacar el libro en competencia con ediciones clandestinas o fragmentarias. Ese posicionamiento le permite publicitarlo en sus hojas (Línea Dura, 34, 14-8-1958).

 

Desplazamientos

Como hemos visto, Línea Dura pasa de cultivar el verticalismo a un alejamiento de las posiciones del líder en el exilio, cuando decide denunciar los acuerdos con Frondizi y enfrentarlo decididamente. En todo este proceso es importante, aunque no determinante, la figura de Alberto Manuel Campos, quien había dirigido una unidad básica y un periódico en Villa Ballester, y quien se transformaría en el delegado de Perón, siendo el director del semanario Norte, relevo de Línea Dura como medio de expresión del peronismo oficial.

 

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[1] Subsecretaría de Prensa, Ministerio de Educación u otros espacios de gestión que habían creado sus propios núcleos, como el área de Salud.

[2] En sus intercambios con Perón, Cooke (1985: 298) da cuenta de la actividad del “Centro de Escritores, Intelectuales, Periodistas y Artistas del Pueblo” (con sede en la casa de José M. Castiñeira de Dios y con la colaboración de Fermín Chávez y Mario Massouh, entre otros) que desarrollaba “la redacción de artículos para los diaritos peronistas, que a menudo carecen de material y recurren a la reproducción de artículos publicados en semanarios que suelen ser de dudosa ortodoxia”. Otras referencias: Chávez (2001 y 2004).

[3] En Chávez (1996) se menciona a los “muchachos impresores”: Eduardo Manso, Humberto N. Castañares, Rubén Decarloantonio y Mario Massouh.

[4] Así lo habían hecho, hasta 1958, Palabra Argentina o Mayoría, y en medida menor Rebeldía.

[5] Cercano en ese momento a Leónidas Barletta, a quien apoyará para la conducción de la SADE en 1946. La adhesión de Rega al peronismo es posterior a las elecciones de 1946. Es probable que Granata haya realizado el mismo recorrido, al igual que Manuel Alcobre, otra figura cercana a Rega.

[6] Revista Ángel, 1, 1943.

[7] Esta distinción refuerza la idea de que Granata no había adherido al peronismo inicial.

[8]Comisión Nacional de Cultura, Guía Quincenal de la actividad, intelectual y artística argentina, 16, diciembre de 1947.

[9] Fermín Chávez (1988: 219) transcribe un listado en el que se encuentra María Granata.

[10] Algunos autores colocan a José María Fernández Unsain como promotor de la peña, por su cercanía a Eva Duarte de Perón.

[11] En otro texto recuerda el mismo autor: “Fui invitado por José María Castiñeira de Dios y por José María Fernández Unsain, los dos poetas y a la sazón funcionarios, para ir a esperarla un viernes a la noche, tarde, al término de su jornada de labor, y para cenar en el restaurante General San Martín del Hogar de la Empleada, lugar que mucho le gustaba… El grupo inicial de los poetas de la Peña ‘Eva Perón’ no fue grande, ni homogéneo en cuanto a edad o formación ideológica. Tampoco fueron muchos los artistas que concurrían. Además, solían acompañarnos algunos funcionarios ajenos al área de cultura. Entre nosotros predominaban ligeramente los escritores de origen nacionalista. Los había provenientes y representativos de la ‘generación del 40’, como Héctor Villanueva, Gregorio Santos Hernando, María Granata, Julia Priluzky Farny de Zinny; y poco sabíamos de sus ideologías anteriores. Luis Horacio Velázquez venía con el testimonio de dos novelas sociales pre-justicialistas: Pobres habrá siempre, de 1944 y laureada, y Los años conmovidos, obra de 1949. Castiñeira de Dios, a la sazón director general de Cultura, traía en su haber un primer libro municipal (El ímpetu dichoso, 1943); ideológicamente hablando, no había abandonado los rigores doctrinarios de los cursos de Cultura Católica y de Convivium, ni la magistratura de Leopoldo Marechal. Fernández Unsain provenía del nacionalismo militante; había sido candidato por la Alianza Nacionalista en 1946 y compartido las direcciones de los diarios Cabildo y Tribuna con don Lautaro Durañona y Vedia. Traía en su dossier un original libro de poemas, Este es el campo, 1942, y una fresca y promisoria pieza teatral, La muerta se está poniendo vieja, premiada por la Comisión Nacional de Cultura en 1946. Juan Oscar Ponferrrada, también de origen nacionalista en su ala ‘populista’, era el más cargado de alforja poética: El alba de Rosa María, 1935; Flor mitológica, 1938, primer premio municipal; y Loor de Nuestra Señora del Valle, 1941. Dentro del grupo era, sin duda, el autor de más fama con El carnaval del diablo, pieza de 1943, con premio nacional y municipal. Julio Ellena de la Sota también provenía del nacionalismo y de su periodismo. Más conocido y valorado como narrador, había obtenido en 1946 el primer premio municipal con Persecución de Gladys, y publicado Narciso, 1949, e Isla de Luz, 1950. Aún no había dado sus descarnadas poesías muy a lo Jorge Guillén, pero iba a escribir una de las mejores composiciones que existen sobre Evita. En cuanto al maestro gauchipolítico, el tata don Claudio Martínez Payva, de origen radical, se agregaría poco después a la Peña, igual que otros autores” (Chávez, 1996: 128).

[12] Estos escritores provienen del interior o de la “izquierda” y no aparecen autores del “nacionalismo”, con excepción de Ellena de la Sota.

[13] En una entrevista relativamente reciente, la escritora no puso el acento en esta participación, sino en su condición de poetisa, y eludió toda referencia política posterior a Línea Dura (Ehrlich y Melon Pirro, 2017).

[14] Entre las composiciones que les dedican se cuentan las siguientes: “¿Qué se hicieron de los hombres y de las damas más famosas y corridas? Aquí se leerán sus nombres que hoy infaman blancas losas doloridas. Aquí sus actos, su historia, para que los argentinos de bien inscriban en su memoria los nombres de los cretinos. Amén”. Entre los epitafios, aparecen: “El infame, con su calva ya sin brillo que un vil gusano lame”. “Bajo de un pútrido monte yace tu bellaquería”, “lacayo, gordo y servil”, “aquí yace una alcahueta que se creía poeta”, “¡que lo meen las arañas”, “miserable, yace aquí medio podrido”, “que su razón no se pierda, y que la tierra lo cubre y que lo cubra… la m…”, “y adulón y perdulario”, “ni un perro le ladre con sarno o sin Serna… y se pudra eterna Luisa Sofofich en idioma idisch”, “hubo una vez una doña con mayúscula y con roña”, “detente aquí, peregrino, y escupe sobre el cochino que yace bajo esta losa. Juntamente con su esposa”. Este folleto anónimo, editado por Mingere en 1955, no ha podido ser consultado. Según Finnegan (1958: 21) contiene más nombres, y vincula su autoría a miembros de la SADE.

[15] Melon Pirro (2007a y 2007b) y Ehrlich (2012).

[16] Organización clandestina que tenía sede en su casa y se dedicaba a la escritura de “sueltos” para los periódicos de la “resistencia peronista” (Chávez, 2004: 33).

[17] “Un día vino a mi casa, en el Partido de San Vicente, José María Castiñeira de Dios. Yo era su amiga desde hacía muchos años por razones literarias y políticas. Me propuso escribir un periódico y llamarlo “La Señora”. A Malena (Legrand) y a mí, con ese nombre, nos parecía destinado a la mujer. El término tenía un algo de aburguesado. Malena dijo Línea Dura, y a mí me gustó de entrada, me pareció más abarcante y más combativo. Línea Dura por ortodoxa, por no alineada con ningún grupo político” (Cichero, 1993: 230).

[18] “El primer año la directora fue Nélida Valdez, una muchacha peronista que cedió su nombre para protegerme”. Testimonio de María Granata (Cichero, 1993: 230).

[19] Integran el organismo: Oscar R. Albrieu, Andrés Framini, Eleuterio Cardozo, Alberto L. Rocamora, Manuel Carullias, Armando Cabo, Pedro Bidegain, Carlos Caiado, Pierini, Almirante Cornes, René Orsi, Pedro Conde Magdaleno, José Alonso, Tito Pérez Otero, Gurizatti, Salvador Trippe, Américo Torralba, Lorenzo Soler, Caballero Alvarez, Emilio Sevillano, Andrés F. López Camelo, Fernández, José Raúl Cazaza, José Gobello, Oscar Simini, Juan Carlos Lolohaberry, Raúl Sejas, Pedro San Martín, Vicente Leónidas Saadi, Arnoldo Guzmán, González, Cavalli, Guillermo Stramiello, Jesús Edelmiro Porto, Milewsky, Nicolás T. Heredia, José Durruty, Fernando Torres, Vázquez, Manuel Escudero, José Figuerola, Juan Carlos Cornejo Linares, Jorge Álvarez, Schiavone, Jorge Cooke, Lamalfa, José María Castiñeira de Dios, Torre, Enrique Osella Muñoz, José Agarraberes, Rodolfo Mendias, Victorio Taborda, Aliverto César, Félix Odorisio, Ricardo Smith, Amado Olmos, Ottalaghano, Elsa Chamorro, Andino, Delmira Giudice, Carlos Gró, Angélica Farisano, José Antonio Güemes, María Granata, Juan Puigbó, Susana Farías, Alejandro N. Leloir, Audelina, Jorge Farías Gomez, Fernícola, Donato, José Chanis, Estrada y Ramón Assis. Como suplentes figuran: Juan Carlos Lorenzo, Constancio Zorila, Pedernera, Rodolfo Arce, Aliaga Noyano, José Rucci, Pelusso, Juan Manuel Montes, Pereyra, Raúl F. Lucchini, Rodríguez, John, Pedro Lannes, Volpe, Sivadón, Manuel Quinteiro, Augusto Vandor, Constantino Barros, Piacenza, José Arias, Carreras, Dante Viel, Acero, Marino, Isaac Moya, José de Rosa, Huwiller, Petit, Rosales, Castellanos, José Royo, Guaresti, Bruno Cristiano, Forte, Sebastián Borro, Hugo Carlos Ramírez, Antonio Fernández, Funes, Mario Kennedy, Kennedy, Unamuno, Alejandro Nanin, Pianetti, Fermín Chávez, José Rions, Carlos Romagnoli, Victorio Nicolossi, Eduardo Manso y Roberto Salomon. Como miembros del Comité Ejecutivo del Comando Táctico Peronista figuran: Oscar R. Albrieu, Eleuterio Cardozo, Andrés Framini, Alberto L. Rocamora, Manuel Carullias, Emilio Sevillano, José Figuerola, Pedro Conde Magdaleno, José Alonso, Pedro Bidegain, Adolfo Cavalli y Almirante Cornes.

[20] La resolución de expulsión de Castiñeira la toma un Tribunal de Disciplina a instancias de Cooke (Archivo CS del CEDINPE). Castiñeira habla del tema en sus memorias, fechando las reflexiones en el año 1968, ante un pedido de Campos para enviarle una carta y sus libros a Perón por su intermedio: “aún me dolía que John William Cooke, en su carácter de ‘mandamás’ del Peronismo, me hubiera expulsado del Movimiento… sin dejar de remarcar en las dedicatorias el dolor que sentía por la inmerecida expulsión del Peronismo de que me había hecho objeto Cooke por el voto en blanco” (Castiñeira de Dios, 2014: 171).

[21] “Línea Dura estaba en la ortodoxia, que en aquel momento era Cooke. Estábamos con Perón, desde la programática, en la exaltación de la obra. En desacuerdo con la acción guerrillera por considerar que eso era lo que quería el enemigo. Necesitaba demostrar que el Peronismo era tirabombas, la barbarie. Nosotros que era la obra, el prestigio internacional”. Testimonio de María Granata (Cichero, 1993: 231).

[22] Periodista y escritor nacido en Galicia en 1901. Fue miliciano de la “Columna Prestes” en Brasil y posteriormente voluntario en el Quinto Regimiento vinculado al Partido Comunista Español y llegó a tener un equivalente al grado de teniente coronel republicano. Exiliado en la Argentina, comienza su trabajo periodístico en Crítica. En tiempos del peronismo fue editorialista del diario Democracia y colaborador estrecho de Apold. En 1952 colabora en el volumen colectivo La Nación recobrada. En 1954 se integra en la redacción de De Frente, dirigida por Cooke. Tras la caída del peronismo y estando Cooke preso, como vimos en la nota correspondiente a este semanario, resucita por un par de números la publicación. Viaja a Santiago de Chile tras la fuga de Cooke de Ushuaia y promueve el acuerdo con la intransigencia radical de Frondizi, y luego se constituye en un protagonista de la implementación de los acuerdos hasta concluir aliado a Frigerio, compartiendo esa posición con quien para entonces era su pareja, María Granata.

[23] En ocasiones llegó a contar seis.

[24] “La mujer en la Lucha!” que comienza llamándose “A usted, Ama de casa!”, “Perón en el exilio”, etcétera, retomados en el acápite de Contenidos.

[25] “Escribía el setenta por ciento, y el resto eran notas o comunicados de los dirigentes gremiales” (Cichero, 1993: 230).

[26] Así lo declaró Enrique Ninín, miembro de la Juventud Peronista y del Comando Táctico, que ayudaba al retiro y la distribución de ejemplares de los talleres de impresión, y a la vez era participante del staff de Línea Dura, a la historiadora Anabella Gorza (2017).

[27] “Línea Dura se imprimía donde se imprime el diario alemán, en Viamonte y 25 de Mayo y todos los que trabajaban en el taller, hasta su jefe eran peronistas. Yo presenciaba el armado pero como pasaba la policía resolvieron hacerlo de noche… Estuve a punto de caer presa por Línea Dura y en la imprenta me propusieron que se armara de noche. Yo necesitaba dar un último vistazo antes de la impresión. La administradora me dijo: ‘Vos te instalás en un bar y yo voy y vengo’. Era pleno Bajo. Nos instalamos en un bar alemán muy grande y tranquilo. Ella me traía las notas”. Testimonio de María Granata (Cichero, 1993: 230).

[28] “Lo financiaban los dirigentes gremiales comprando todos los ejemplares. Nosotras no veíamos un centavo. Ellos retiraban de la imprenta una cantidad de ejemplares para su sindicato”. Entre los mencionados aparecen referentes del gremio de la carne y del petróleo. Testimonio de María Granata (Cichero, 1993: 230).

[29] Primeros ejemplares de Línea Dura hasta llegar al 10.

[30] Ehrlich (2012). La autora precisa que en la sección fueron entrevistados Armando Puglia (calzado); Jorge F. Di Pasquale (farmacia); Andrés Framini (textil, dirigente de la CGT Auténtica); Avelino Fernández (metalúrgico); Dante Viel (estatales, UPCN); José de Rosa (estatales, ATE); Juan Carlos Jonsch (telefónicos). La mayoría de las entrevistas incluía la foto del representante gremial.

[31] “Teníamos contacto sólo con dirigentes gremiales”. Testimonio de María Granata (Cichero, 1993: 231).

[32] El 26 de febrero de 1958, Palabra Argentina tituló “Decidió Perón el triunfo de Frondizi”, aunque otro titular declaraba caduco el apoyo estratégico y llamaba a “enfrentar ahora al vencedor” (Palabra Argentina, 62, Boletín de Emergencia, 26-2-1958, sic).

[33] En su momento de mayor cercanía con Perón, Cooke integraba el Comando Superior junto a aquél, y a su vez seguía al frente del Comando Táctico.

[34] La circular estaba firmada por “Juan Perón”, y fechada en Ciudad Trujillo, marzo de 1958. CSP Circular 2/58, reproducida en recuadro de tapa en Línea Dura, 17, 21-4-1958.

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