Juan Atilio Bramuglia, el arquitecto en el origen peronismo

Emanuel Bonforti

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El liberalismo se encargó de construir un relato histórico en el que las personas aparecen separadas de los hechos. Así, San Martín es el héroe que cruza Los Andes y libera en soledad Chile y Perú, sin referir a la conformación del Ejército y las tensiones que esto generó. La primera reflexión a partir de esto es que el liberalismo funda sus análisis en el olvido. Pero en realidad es algo más profundo: una pereza y un egoísmo hermenéutico e ideológico. Con sus lecturas históricas, el liberalismo nos priva de conocer las coyunturas sociales. De esta manera, su concepción resulta ahistórica: aparece como un relato universal que bloquea la arqueología de cualquier proceso histórico.

Los trabajos históricos sobre el peronismo presentan análisis parciales, no contemplan el proceso que le da origen, y omiten a la Revolución de 1943 como antecedente, a la creación de la Secretaría de Trabajo y Previsión (STP) y a las personas de confianza que rodearon a Perón en la construcción del nuevo Movimiento.

El presente trabajo tiene como objetivo analizar el aporte de Juan Atilio Bramuglia a la construcción del peronismo durante el período 1943-1946, detallando sus primeros pasos en la STP, su paso como interventor en la Provincia de Buenos Aires y su rol como armador político en la elección de febrero de 1946. Dejaremos el análisis de su labor como Canciller para próximas ediciones.

Como mencionábamos, los sucesos de la Revolución de 1943 no han sido analizados en profundidad por nuestros historiadores. Mayormente es considerada como la emergencia de un movimiento de tendencia fascista. Así, el registro de los sucesos internacionales nubla los análisis de la pléyade de académicos e imposibilita el estudio de un movimiento que excede en su concepción a cualquier asonada militar. Esa Revolución es hija de una generación que acumula experiencias, estudios y diagnósticos de una Argentina que desde 1930 atravesaba una profunda crisis, pero también es una generación con un profundo amor a la Patria. Juan Bramuglia será un exponente de esta generación.

En la Argentina hubo muchos levantamientos y gobiernos que no lograron completar su mandato: es difícil hablar de interrupción democrática en 1943, cuando aún seguía la lógica de sucesión de la Década Infame. La Revolución generó expectativas en todas las fuerzas vivas: incluso era vista como una posibilidad de gatopardismo para el viejo y descompuesto orden: cambiar algo para que nada cambiase. La gran obra de los patriotas del 43 será efectivamente comenzar a diseñar una Nueva Argentina que saldrá a luz a partir de 1946.

Comprender el legado de hombres como Juan Bramuglia es entender algunas de las decisiones de este período y también avanzar un poco más en la conformación del cuerpo de ideas de Juan Perón. La obra de Piñeiro Iñíguez reconstruye ese ideario y permite dimensionar la confluencia de diferentes corrientes de pensamiento en la obra de Perón, quien se alimenta de influencias católicas, nacionalistas, radicales, comunistas, sindicalistas, socialistas. Sobre estas últimas será Bramuglia un interlocutor. Comienzan a ponerse en discusión todas estas corrientes. Las posiciones fijas que ocupaban en el terreno intelectual y de la política se sacuden con la emergencia del nuevo Movimiento Nacional. Con Perón, las ideas no tienen casilleros: las tomará de acuerdo con la coyuntura y la necesidad. Como dice Piñeiro Iñiguez, Perón pone en práctica las ideas. Esta situación les generará más de una discusión a hombres como Bramuglia con sus antiguos compañeros del Partido Socialista.

 

La Secretaría de Trabajo y Previsión: el origen del peronismo y la función de Bramuglia

Existe un relativo consenso en historiadores del campo popular en señalar como fecha fundacional del peronismo a la llegada de Perón al Departamento Nacional de Trabajo, al que posteriormente se le otorgó el rango de Secretaría. La STP fue, para muchos, la cuna del peronismo.

De acuerdo con Enrique Pavón Pereyra, el gobierno de Ramírez dudaba en asignarle a Perón el cargo de director de Departamento de Trabajo o de interventor de la Unión Ferroviaria. La opción fue fundamental para comprender los hechos posteriores. La nueva tarea política le permitió a Perón moverse en un ámbito que ya estaba dentro de sus aspiraciones políticas: el mundo del trabajo y los sindicatos. Juan Atilio Bramuglia para esta época ya era un hombre conocido dentro del movimiento gremial. Su militancia en el Partido Socialista de la mano de Mario Bravo y, sobre todo, su trabajo como asesor letrado en la Unión Ferroviaria, le daban un plus en la temática.

El decreto que promovió el cambio de rango de Departamento a Secretaría tuvo como uno de sus escribas a Bramuglia, quien aportó su experiencia en el mundo gremial, en sintonía con el interés de Perón por abordar la cuestión social de manera armónica y responsable por parte del Estado. De acuerdo con la obra de Raanan Rein, este hecho consolidó la relación entre ambos. Al aporte desde el plano del derecho laboral y a las mismas inquietudes con respecto a la resolución de conflictos, se le sumará la construcción de un vínculo político.

Para todo proyecto político en la Argentina semicolonial era necesario evitar cualquier conflicto con los gremios ferroviarios, y Bramuglia trabajará políticamente para construir el vínculo de este gremio con Perón. Bramuglia verá a Perón como un nuevo político y con él la posibilidad de concretar determinadas demandas a nivel sindical que los dirigentes de la vieja política bloqueaban. Este nuevo horizonte le generará más de una discusión con sus viejos camaradas del Partido Socialista, inflexibles a la nueva realidad.

Una serie de hechos marcarán la gestión de Bramuglia durante su paso por la STP: la extensión del régimen jubilatorio que garantizaba la cobertura a dos millones de jubilados y la visión amplia de incorporar a diferentes sectores al nuevo Movimiento en ciernes. Bramuglia suma asesores provenientes del radicalismo, como Carlos Desmarás y Eduardo Stafforini del conservadurismo. Fue durante este período que Bramuglia tuvo algunos cruces con Alfredo Palacios a través de publicaciones periodísticas. Lo interesante, y recuperando la obra Raanan Rein, es que Bramuglia consideraba al nuevo período encabezado por Perón en la STP como una evolución, concepto que luego será utilizado por el cuerpo teórico del peronismo.

La Provincia de Buenos Aires siempre fue un territorio central para explicar cualquier proceso político. Juan Atilio Bramuglia fue declarado interventor en enero de 1945. Según Rein, su designación fue una de las medias más populares de un Perón en ascenso. Bramuglia era un “hombre” de la provincia, nacido en Chascomús, hijo de obreros ferroviarios, egresado de la Universidad Nacional de La Plata: era un interventor de consenso. Cumplió con creces tamaña responsabilidad, no solo en su plan de normalizar la provincia y gestionar, sino también en su estrategia política.

Bramuglia se encargó de mantener y profundizar el vínculo con el movimiento obrero y ampliar la base de la nueva fuerza política, convocando a diferentes sectores de la política bonaerense. Su cercanía con el radicalismo tuvo un doble objeto: por un lado, incorporar a hombres del partido mayoritario hasta ese momento, pero también llegar a sectores medios de los pueblos rurales de la provincia. Bramuglia seguía al dedillo la indicación de Perón en la construcción de un Movimiento político amplio y policlasista. Asimismo, el interventor llegó a sectores católicos, decidió dar una vital importancia a la alfabetización y estableció un vínculo importante con el reciente cordón industrial de la provincia, sobre todo con los obreros frigoríficos.

Producto de las presiones, hacia septiembre de 1945 Perón debió pedirle la renuncia como interventor. Los sectores de lo que sería posteriormente la Unión Democrática celebraron la decisión como una señal de debilidad de Perón, al perder supuestamente una pieza central en su juego de acumulación política. Su conocimiento, su tacto de armador político, la empatía que generaba con otras fuerzas políticas y su experiencia en procedimientos administrativos pusieron a Bramuglia como el arquitecto de la campaña electoral de 1946. A pesar de que esperaba ser el candidato a gobernador por la provincia de Buenos Aires, sentó las bases para la gestión de Mercante y terminó siendo el más eminente y talentoso de los ministros de Perón, tal cual señala Rein.

Bramuglia formó parte de de los hombres que influyeron en el pensamiento de Perón. El Coronel poseía un lineamiento estratégico, sabía que para conquistar nuestra autodeterminación era necesario romper el pacto semicolonial entre la oligarquía y la metrópoli británica. Al diagnóstico nacional de Perón, hombres como Bramuglia le agregaron la cuestión social, su derrotero político, su conocimiento del mundo obrero, la prioridad puesta en la justicia social, la búsqueda en la independencia económica, el señalamiento a la oligarquía: formaron conceptos e ideas que nutrieron y favorecieron la incorporación de la cuestión social en el discurso peronista.

Dice Piñeiro Iñíguez que Perón va a hacer uso intensivo de los conceptos de Bramuglia. Si esto es así, es porque fue “peronista” desde el primer día. La obra de Perón comienza con hombres como Bramuglia. Junto a Mercante, fue uno de los hombres más influyentes durante el período de la STP. Alguna vez se dijo que fue el peronismo el que creó a Perón. A esto le agregaría que, sin hombres como Bramuglia, no existiría el peronismo.

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