El pensamiento filosófico-político de Rodolfo Kusch

Javier G. Rio

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Rodolfo Kusch, como tantos otros representantes de nuestra cultura, ha sido durante mucho tiempo marginado de los ámbitos académicos.A pesar de ello, los estudios sobre su obra tienen una gran vitalidad. Investigaciones muy heterogéneas abrevan en el pensamiento kuscheano, rescatando las categorías que permiten dar cuenta de un pensamiento situado. A modo de ejemplo: las V Jornadas sobre el pensamiento de Rodolfo Kusch realizadas en Maimará (Jujuy) en junio de 2016 convocó a cerca de 300 participantes, y las VI Jornadas se realizaron en octubre de 2017 en Bogotá, Colombia.

Un pensamiento pegado al suelo

Rodolfo Kusch, como tantos otros representantes de nuestra cultura, ha sido durante mucho tiempo marginado de los ámbitos académicos. A pesar de ello, los estudios sobre su obra tienen una gran vitalidad. Investigaciones muy heterogéneas abrevan en el pensamiento kuscheano, rescatando las categorías que permiten dar cuenta de un pensamiento situado. A modo de ejemplo: las V Jornadas sobre el pensamiento de Rodolfo Kusch realizadas en Maimará (Jujuy) en junio de 2016 convocó a cerca de 300 participantes, y las VI Jornadas se realizaron en octubre de 2017 en Bogotá, Colombia.

Esta marginalidad le tocó a Kusch vivirla en carne propia, cuando fue cesanteado de las universidades en las cuales enseñaba, lo que lo obligó a un autoexilio en Maimará a partir de 1975.

En susObras Completas, publicadas por la Fundación Ross en el año 2000, encontramos algunas ausencias: artículos, cartas o escritos sueltos que se pueden “descubrir” en la biblioteca y archivo de su casa de Maimará. Queda pendiente un trabajo minucioso y exhaustivo de recopilación y recuperación de esos manuscritos, borradores sueltos, grabaciones inéditas y cintas de sus trabajos de campo.

Cuando en 1949 se realizó en la Argentina el primer Congreso Internacional de Filosofía, en Mendoza, Juan Domingo Perón, por entonces presidente de la Nación, pronunció el discurso de cierre.Corría abril, y Rodolfo Kuschhabía terminado sus estudios de Filosofía en la Universidad de Buenos Aires. Tiempo más tardeese discurso se publicó con el título de La Comunidad Organizada, texto de profunda reflexión política y social. Diversos estudios dan cuenta de este texto, y algunos marcan los aportes de Carlos Astrada. Lo cierto es que aquel encuentro filosófico fue un acontecimiento de envergadura. Martín Heidegger envió una ponencia. En 1952, Kusch publica su primera obra,La Seducción de la Barbarie.A lo largo de nuestra historia, muchas veces se quiso –omejor dicho, se quiere– arrojar a la “barbarie” lejos de los ojos civilizados. Se quiere imponer una Plaza de Mayo como paseo civilizado, y sin embargo la irrupción de lo bárbaro es elocuente y seductora.

Carlos Cullen, en el prólogo a la segunda edición de La Seducción de la Barbarie(2000), lo expresa así: “De este abrazo incestuoso de la civilización (ficticia) con su propia barbarie reprimida y negada (pero seductora) sólo podía engendrarse el terror, la guerra, la expoliación y el vaciamiento. Es decir, la Argentina frustrada y por añadidura llena de culpa por haber conservado el deseo prohibido”.

¿Por qué hablar de un pensamiento pegado al suelo?

La búsqueda de un filosofar americano original puso a Kusch en el reconocimiento de un punto de partida: el pensamiento indígena y popular. Se trata de un pensar culturalmente arraigado. Se está “caído en el suelo”, cualquiera que este sea, y no se puede ir más allá. Sin suelo no hay arraigo y sin arraigo no hay sentido, ni por lo tanto cultura. El descubrimiento de esta intersección entre pensamiento, cultura y suelo (Geocultura) llevó a Kusch a recorrer durante muchos años el altiplano argentino-boliviano, munido de su cámara fotográfica y su grabador, para registrar las imágenes y las palabras de la gente en las que buscaba una perspectiva americana original, que le permitiera reubicar los aportes de la filosofía europea a un nuevo contexto.

En 1954, Bernardo Canal Feijoó publica Confines de Occidente, notas para una sociología de la cultura americana. Le regala a Rodolfo Kusch un ejemplar, con la siguiente dedicatoria: “A Rodolfo Kusch, con especial estima intelectual y amistosa”. El ejemplar se encuentra en la biblioteca de Maimará.Este texto, subrayado curiosamente por Kusch, le servirá de inspiración para el tratamiento de algunos temas que venía pensando. “Siempre se ha concebido a la cultura como un signo e instrumento de diferencia selectiva dentro de las sociedades”(subrayado porKusch). La idea de cultura de élite y cultura del pueblo, presente en la obra de Canal Feijoó, como así también la concepción de ser-estar, permitirán a Kusch entender una cultura “pegada al suelo” y un estar siendo propio de la América Profunda.

Del miedo a pensar lo nuestro a la pasión por hacerlo

Ya denunciaba Rodolfo Kusch en los primeros párrafos de su Geocultura del hombre americano, publicada en 1975,un cierto grado de estancamiento del filosofar entre nosotros, debido quizás a una técnica para hacerlo.Enmarañados en el proceso se nos olvidaban los principios. “La situación del pensar culto y del pensar popular parecieran asimétricamente invertidas. Si en el pensar culto predomina lo técnico, en el popular la técnica pasa a un segundo plano y en cambio predomina lo semántico. En suma, si en los sectores populares se dice algo, en el sector culto se dice cómo”.

El problema intrínseco del filosofar no es una mera técnica, del cómo, sino de un algo que se constituye. ¿De qué manera el pensamiento popular se constituye en algo mucho más que el cómo?¿Qué es lo que se constituye, desde qué fondo, con qué fundamento? Kusch se propone reformular preguntas a partir de un tiempo y espacios propios, y al hacerlo pone en cuestión el sentido mismo de toda la tradición de enseñanza, la significación de la universidad como tal, su destino y el rol que ella debe asumir en el complejo social.Es así como “el pensamiento popular se constituye antes que todo como una situación óntica cristalizada en una afirmación ética”.

Aparece el miedo, detrás de la técnica, cuando ésta se manifiesta como lo inesperado. Kusch describe en esto cierta limitación y esterilidad filosófica. No se tiene técnica porque ante todo aparece el miedo. El montaje de las nacionalidades latinoamericanas se realiza sobre el miedo. Se enfrenta el caos con lo previsible, se utilizan técnicas. “Se educa a los jóvenes para pre-ver, ver antes, saber ya lo que se da y así detener el tiempo, evitar el engorro del sacrificio”.Parecería que por estos tiempos las políticas educativas están marcadas por la exageración de la técnica. Quizás por el miedo que pueda generarnos un tipo de saber popular que no nos animamos a descubrir. Asistimos por estos días a ciertas “fobias” contra el indigenismo, especialmente a causa de los sucesos recientes en nuestra Patagonia: conflicto por el reclamo de tierras por parte de las Comunidades Mapuches, corte de la ruta 40, desaparición y fallecimiento de Santiago Maldonado, joven artesano que acompañaba el reclamo de los mapuches. Kusch ya decía que en el siglo XX y en la Argentina era estúpido ser indigenista. “Ya no hay indigenistas…Lo peligroso es, en cambio, los que tienen miedo al indigenismo. Este miedo al indigenismo que, curiosamente después de la muerte de Perón, empieza a cundir… ¿no será una forma de desvincularse como clase media de la problemática del pueblo? Muchos creen que con la muerte del General tendremos ahora piedra libre para infiltrar un cierto elitismo en sectores medios y hacer bajo el rótulo de peronistas lo que los marxistas pretendían: dirigir al pueblo. Pero esto es evidentemente traicionar a Perón”.

¿Cuál es la actitud del intelectual? Para Kusch, la actitud del intelectual latinoamericano en general consiste en tener miedo a ser él mismo y pensar lo propio. “Ser filósofo entre nosotros no consiste en una actividad extrauniversitaria, sino que tiene, para subsistir, que realimentarse constantemente en la universidad misma. Así, sólo el Estado puede amparar una actividad estéril en sí misma, o mejor esterilizada y aséptica por una reiteración académica y por el miedo de los sectores medios que no quieren asomarse a la calle”.

Esto no es casual, se debe a la constitución misma de nuestra nacionalidad. Hemos sido formados sobre la continuidad biológica entre sector medio y pueblo.¿Entonces qué actitud tomar? En este juego, dice Kusch, es preferible ser un recién egresado, formado por profesores liberales, a los cuales se les asigna el papel de maestros, porque esto mismo facilita el reingreso a la universidad y la persistencia del juegode ver cómo uno nunca asume la verdad del país, ya que logra escamotearla y crea constantemente antídotos, especialmente en la política, para creer que se está movilizando al pueblo o haciendo su filosofía, sin tener nunca una noción clara sobre esto.

A comienzos de los 70 y con el entusiasmo por el regreso del general Perón a la Argentina, se suceden diversos encuentros de intelectuales, universitarios e investigadores: se constituye el Círculo de Acción Latinoamericana, entidad que se propone lograr una integración regional con un empeño y esfuerzo liberadores, presidida por el doctor Raúl Matera; se realizaron las “Jornadas peronistas de ciencia y política”, a las cuales asiste Kusch, ya que el doctor Rolando García, ex decano de la facultad de Ciencias Exactas, venía de España con instrucciones de Perón para constituir el consejo tecnológico del Movimiento Peronista. En la Universidad de Salta se celebra en abril de 1974 el Primer Cabildo Abierto del peronismo universitario, presidido por el doctor Humberto Podetti.

En 1976 Rodolfo Kusch afirma en la Geocultura que “no hay un proyecto peronista para la universidad. ¿Por qué? Porque somos sectores medios. Y aún como peronistas, cómo cuesta cambiar la cara a la Universidad. Logramos sólo las variantes tibias pero no la peronista que es más profunda”.

El salto que se pretende hacer a lo popular es un salto grosero, porque se da detrás de lo técnico, un detrás que se constituye por delante, porque es lo que debemos hacer. Kusch denuncia el reingreso a la universidad como búsqueda de cargos burocráticos. Esto también es filosofía, pero de la peor, para una toma de poder. Se ve entonces la política como un juego sucedáneo de perspectiva elitista con el afán de incorporarse a la política. Se trata de negar la política para incorporarse al pueblo…Ahí sucumbe toda filosofía. ¿Para quiénes entonces la universidad? Tema discutido en los últimos tiempos. Si el imperialismo de la clase media tiene la racionalidad y entonces no se da la hermandad, tampoco se dará la comunidad organizada.

Conviene aquí tener unas palabras sobre el Hedor de América. En el “Exordio” a su obra América Profunda de 1962,Kusch afirmaba que “el pensamiento como pura intuición implica, aquí en Sudamérica, una libertad que no estamos dispuestos a asumir. Cuidamos excesivamente la pulcritud de nuestro atuendo universitario y nos da vergüenza llevar a cabo una actividad que requiere forzosamente una verdad interior y una constante confesión”.“Y restituimos nuestra libertad por el lado de la pulcritud. Porque es cierto que las calles hieden, que hiede el mendigo y la india vieja…y es cierto, también, nuestra extrema pulcritud. Y no hay otra diferencia ni queremos verla, porque tenemos miedo, el miedo de no saber cómo llamar todo eso que nos acosa y en lo cual estamos como hundidos”. El hedor de América es todo eso que no es nuestra ciudad natal, tan populosa y tan cómoda.“Nuestra verdad está en el charco… está en los bajos fondos y no en los hogares pomposos, y está en la ignorancia del campesino y del indio, porque esta supone la sabia actitud de desconocer el juego estéril que se realiza en las ciudades. El hedor es tremendo porque revive un mundo superado. Implica el miedo al desamparo, algo así como si se abandonara el hogar para exponerse a la lluvia y el viento. Es la intemperie. La dimensión política del hedor nos lleva a encontrar su verdadero sentido, aquel que el pulcro no quiere reconocer. La única consistencia que el pulcro cree ver en el hedor es el afán que siente en rechazarlo. El hedor es ante todo inalienable porque responde a una realidad, a un tipo humano, a una economía y a una cultura. Insistir en el rechazo es alienarse de América, es no ser americano o, mejor dicho, ser de la otra América, la América de los pulcros, de los próceres.Estamos en América que se nos revela con verdades pulcras y verdades hedientas. Somos hedientos que lo simulamos con una pulcritud ficticia. Es como una paradoja que se expresa en el progreso, la técnica y el bienestar”.Kusch propone un camino interior, una profunda dimensión interior de Nuestra América.“Sólo desde el fondo de nuestra alma habremos de ver si todo eso que es tan hediento en América tiene o no consistencia y valor para vivir. La verdad es que no somos ni pulcros ni hedientos, sino que estamos todos empeñados en una salvación. Y esa salvación es común al paria anónimo de la gran ciudad y al indio, mal que le pese al burgués pulcro”.

La pasión por “pensar lo nuestro” nos invita a un pensamiento situado, desde el estar kuscheano. Es desde ese estar siendo de los pueblos que queremos abordar las formas de enseñar y aprender.

La negación como afirmación del otro pensante

Kush destaca el aspecto de negación que caracteriza lo popular y que le llevó a escribir La negación en el pensamiento popular. Esa negación lleva en sí una “afirmación implícita de algo que hace al otro pensante, y que nuestras categorías no logran captar del todo”. Es primordialmente una negación “que no implica un cierre sino una apertura”.La negatividad también se maneja en el nivel de lo fundamental. Frente a la lógica de la afirmación, propia de Occidente, que solo se ocupa de sí, dando prioridad al sentido óntico del mundo, tiene vigor el pensamiento americano, que niega lo óntico en su privilegio fundamental, con lo que conduce a la afirmación de lo sagrado.

En América se trata de mantener en equilibrio la afirmación y la negación; se trata de un equilibrio que haga habitable el mundo. Ese no a las cosas es el acceso a lo fundante. Desde allí se afirma el sentido de las cosas y es una exigencia anterior al patio de los objetos creado por Occidente.

Para educar desde la pulcritud hay que despojarse del estar y simplemente pretender ser alguien que usa bien su razón. Cullen afirmaba: “La disciplina garantiza el despojo del hedor. La pulcritud sufre así de amnesia cultural y goza su sufrimiento”.

Todos somos vulnerables haciendo la experiencia del otro, del encuentro. Pero para que el hedor no nos lastime nos creemos invulnerables. Hay que violentar al hedor, reducirlo, obligarlo a ser sin estar, o simplemente exterminarlo, negarlo. Para esto, “los pulcros sólo se oyen a sí mismos y son sordos, precisamente ante la interpelación del hedor, que representa lo otro de sí mismo y, desde ahí, y sobre todo, la alteridad en cuanto tal, la que vive en el codo a codo con los otros, chapoteando lo absoluto”.

La amnesia cultural y la sordera violenta manifiestan el elitismo que rechaza lo popular porque es hediento. Ser elitista es ser alguien –reflexionaCullen–, haber superado el miedo al codo a codo y no sufrir ya el hambre que va “desde el pan hasta la divinidad”. “Para lograr la posición elitista–sigue Cullen– la pulcritud fumiga el terreno donde siembra su afán por ser, con la ilusión de ser sin estar”.

El hedor de América que insiste y persiste nos recuerda que “progresando” tenemos menos excusas para encontrarnos con nosotros mismos.

Muchas veces nuestra propuesta educativa provocó confusión entre la esperanza y la culpa para excluir lo diferente y sugerir una posición cultural sin dioses ni pueblos, sin tierra ni naturaleza: sólo un “gran patio de objetos”. Desde esta posición, somos cultores de un pensamiento único. Queremos erradicar el hedor y lo denunciamos como violento, inseguro, delincuente y asesino.Y sin embargo, él insiste y persiste.

Asistimos a una planificación educativa carente de temática americana. Esta que debe ser el centro fundamental de nuestros esfuerzos, en el plano de la investigación, es negada, y el pensamiento que debe sumergirse en el diálogo consigo mismo, desde una situacionalidad, da el salto hacia lo que se elabora en otras geografías. Vivimos como una utopía lo que debería ser cotidiano: ser educados en una cultura.

Kusch duda de que las necesidades de América estén abordadas en los quehacers académicos. Esta negación es insuficiente para dar cuenta de un nosotros.

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