Doctor Centeno: la ética profesional y militante en el marco de una CGT marplatense infestada por una marejada fascista. Aniversario de la trágica Noche de las Corbatas, 7 de julio de 1977

Daniel Parcero y José Luis Ponsico

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En el nuevo panorama nacional surgido a partir de finales de los 60 aparecen en escena de las playas marplatenses, el telefónico Nelson Rizzo –desde ese momento con mayor trascendencia–, el obrero de la construcción Marcelino Mansilla y el obrero petrolero Roberto Comaschi, quienes en ese orden tendrán un protagonismo central hacia el interior de la Delegación Regional de la central obrera local, en la que la misma se convertirá en un stand de vertiginosa violencia.

El sindicalismo marplatense alcanzaría el rigor de las luchas políticas en un peronismo convulsionado, donde en el orden general, “la izquierda universitaria” se alimentaba en el campo de la ideología que había tenido impacto con la Revolución Cubana y la llegada de Fidel Castro y el “Che” (Ernesto) Guevara al Poder en el 59, en modo que daba pié a la lucha revolucionaria armada, esparciéndose en el resto de América del Sur.

En su proceso de renovación sindical, tras los vaivenes político institucionales provocados por la ira antiperonista de las jefaturas militares, el movimiento obrero en el epicentro de la costa atlántica contará con el arribo de tres dirigentes destacados de características muy distintas.

Uno de ellos Nelson Rizzo, del gremio Telefónico (FOETRA). Ya habiendo estado a cargo de la CGT entre 1965 y el convulsionado 1968, quien tendrá como asesor letrado al doctor Carlos Evaristo Menéndez –quien desde hacía años venía asesorando a la seccional telefónica y también al Sindicato de Obreros del Pescado, entre otros– junto a otro notable jurista en lo laboral, el Dr. Norberto Centeno. Ambos reconocidos en todos los organismos sindicales y ex presos políticos del Plan CONINTES entre comienzos de 1960 y 1963. Menéndez, años más tarde, en noviembre de 1972 integrará la comitiva del vuelo chárter que trajo al General Juan Perón a su país. Más de cien destacados peronistas participaron del vuelo de Alitalia que partió de Roma el 16 de noviembre.

Otro, Marcelino Mansilla, obrero albañil que llegó lejos en la Mar del Plata de los 50, tuvo el respaldo del pope de la Unión Obrera de la Construcción (UOCRA) Rogelio Coria, un “siempre listo” y destacado integrante de la corriente sindical colaboracionista de la tercera dictadura.

Marcelino, albañil que había llegado del interior como otros tantos trabajadores llamados “golondrinas”, quedaría signado por la transformación sindical, política, social y hasta edilicia de la Ciudad, por entonces conocida como “La Perla del Atlántico”. Luego, “La Feliz”, por inspiración del periodista, costumbrista, Enrique De Thomas, apodado “Wing”. Uno de sus recordados comentarios, incluye el dato: “En los ’50, sólo en la Avenida Colón, desde Plaza Mitre hasta la Loma, existían 12.000 departamentos”. Se refería a la construcción de la propiedad horizontal en un tramo de diez cuadras hacia el sur de la ciudad. Rumbo a la zona de Playa Grande, desde el Centro, en el casco de la Ciudad. Mar del Plata, en los 50, reunía 250 mil habitantes y ya recibía veraniegamente un millón de turistas. Diez años después, fuera de la temporada –la televisión llegó en diciembre del 60. No todos tuvieron acceso, al principio. Recién en 1963 se estableció el primer taller de fabricación de televisores marplatenses, llamada Wallace y que facilitó la compra de unidades a menor costo que las marcas de mercado.

La “clase obrera” parecía que iba al paraíso, en la ciudad de balneario agreste que pintaba reflejarse en una Nueva York de la Costa Atlántica y donde la “clase media” los fines de semana llegó a ser habitué del cine. No mucho más.

El escritor Juan José Sebreli, de orientación marxista, sociólogo reconocido por su anti peronismo a fines de los 60, produjo un impacto literario con su libro dedicado al “ocio costumbrista” de los porteños en sus visitas a Mar del Plata. El best seller de la época.

Designado delegado normalizador de su sindicato, en la sucesión de Amalio Artó, Mansilla se afianzó en la conducción de la seccional local. Luego, mantuvo duros enfrentamientos por su vida personal que lo alejaba de los obreros, priorizando su enriquecimiento mediante dudosas maniobras especulativas en el seno de su propia organización, hasta habiéndose ventilado su directa incumbencia en el regenteamiento de un prostíbulo ubicado en la ciudad de Batán, ubicada a 110 kilómetros por la Ruta Provincial 88 que comunica el Partido de General Pueyrredón con Necochea.

En el orden sindical, Mar del Plata, ciudad cabecera del mencionado Partido bonaerense, estaba lejos de “una ciudad industrial”. De pronto, la Pesca, la Construcción, el Comercio, los obreros Picapedreros y el Transporte daban cuenta del rigor de la eterna lucha de los trabajadores, desde los albores del siglo XX por mejoras salariales.

En cuestiones ideológicas, los participantes iniciales abrevaban en el Socialismo juanbejustista local, el Partido Comunista, y también en el acomodamiento ‘independientes’. Mar del Plata crecía con un notable impulso de la Construcción. Cientos de albañiles iban en bicicletas a las obras en construcción. Los trabajadores de la industria de la Pesca tendrían una sobresaliente representación a partir del surgimiento de Abdul Saravia, como secretario general del sector.

El tercer referente en tener incidencia en la superestructura sindical local en aquellos momentos resultará ser, Roberto Comaschi, quien vino a Mar del Plata a jugar al fútbol en Talleres Fútbol Club del Puerto, equipo que ganó el ascenso en el 62. Llegó de la mano de su principal respaldo, el dirigente Diego Ibáñez, titular nacional del Sindicato Unido Petroleros del Estado, marplatense y también “sponsor” de Talleres en aquel equipo que integraron ‘glorias’ del club. El recuerdo remite a los futboleros y a Galvarne, Zampatti, Sgró, Roberto Gonzalo, Ferreyra, Ludmel Molina; Videla, Pepe Schneider, el talentoso tucumano Arnedo y Ponti, “dream team” inolvidable. Comaschi se quedó a vivir e Ibañez lo hizo empleado del SUPE. Roberto “6” de Quilmes Athletic Club 1951, 19 años, integrante del Juvenil que ganó medalla de oro en los Juegos Panamericanos del ’51 Buenos Aires. En Mar del Plata alcanzaría a convertirse en dirigente sindical.

 

La CNU de La Plata a “marpla” por el pasillo de la Regional

La CGT Regional, en tiempos de Roberto Comaschi –quien llegaría a ser el último titular a la llegada de la dictadura genocida cívico militar eclesiástica– viró hacia la veintena de abogados laboralistas emergentes de la temida Concentración Nacional Universitaria, a partir del ’74. Y a cuatro años -6/12/71- de haber sido sus cuadros parapoliciales actores centrales del asesinato de la estudiante Silvia Filler en los claustros universitarios de la Facultad de Arquitectura.

En el medio, otros dos episodios resultaron trascendentes.

Por varios años hasta 1971, para la conmemoración del 17 de octubre la CNU realizaría encuentros en la sede de la CGT de la calle Catamarca donde una masiva concurrencia universitaria “derechosa” asistía para escuchar mensajes grabados por el General Perón desde su exilio en España, a cuyo final se cantaba la Marcha Los Muchachos Peronistas, dando por terminado el acto. El mencionado año, para el 23 de mayo, la juvenil derecha católica nacionalista, se concentrará en la sala del Estadio Bristol, donde el profesor Disandro ofrecerá una charla, a la que asisten, Rizzo, titular cegetista local, el referente universitario de la CNU Raúl Viglizzo, el joven de la JP, Antonio Daguzán y como el broche de oro el secretario general nacional de la CGT, José Ignacio Rucci quien se encontraba al frente de la central obrera desde el año anterior y Jorge Paladino, delegado personal de Perón. Ambas personalidades nacionales del justicialismo, se encontraban de visita en la ciudad con motivo de la realización del Congreso Nacional de la UOM.

Un mes más tarde, Rucci volverá a Mar del Plata y reiterará sus apariciones públicas junto a dirigentes de la CNU, cuya plana mayor sentía crecer en posicionamientos hacia el interior del peronismo.

 

De la CNU a la Triple A: un ida y vuelta

A la muerte del general Juan Perón, con Isabel en el gobierno y José López Rega “hombre fuerte”, la guerrilla urbana creció y paralelamente se instalaba como Escuadrón de la Muerte, la sangrienta Triple A, Alianza Anticomunista Argentina. Con “listas negras” y el raid de homicidios en medio del horror, a lo que la CNU colaborará con sus archivos y armas de llevar en mano “celosamente” guardadas en depósitos cegetistas de la sede la calle Catamarca, a metros del Estudio del Dr. Centeno.

Mar del Plata vivió la etapa de la lucha armada con intensidad. Los abogados que habían dado dimensión a la defensa de los activistas políticos con proceso penales fueron “raleados” por el virtual copamiento del poder en dos ámbitos decisivos: la CGT y la Universidad. En el 74 la CNU dominaba ambas y sumaba la Justicia Federal.

En medio de aquellas turbulencias, el abogado laboralista más reconocido entre los 60 y los 70 fue sin dudas el Dr. Norberto Centeno. Nacido en Corrientes, el letrado siempre decía: “Primero fui peronista, luego abogado de los trabajadores. El orden no es ocioso”.

Después de “la Libertadora”, ya radicado en Mar del Plata, el Dr. Centeno “visitó” varias cárceles. Con el Plan CONINTES, tiempos de Arturo Frondizi –el jurista que en 1974 redactaría el anteproyecto legislativo que fue el antecedente principal del Régimen de Contrato de Trabajo. Ley 20.744–, había sido trasladado a la cárcel de Ushuaia. Estuvo preso entre 1960 y 1963.

Comparte el pabellón de presos políticos sindicales, con Amalio Artó, dirigente comunista de la Unión Obrera de la Construcción marplatense, quien había sido elegido responsable del sector por los propios detenidos. También estarían los doctores Carlos Evaristo Menéndez, y Dionisio Pereyra. Centeno le pide a Artó su autorización para poder reclamar el ingreso al mismo espacio de Armando Nicolella –vinculado al SUPE–, un nuevo detenido, motivo del cual se origina una discusión. Para Artó, Nicolella “era un asesino ponebombas”, y para Centeno aquella apreciación resultaba una “gorilada”. La historia le dará la razón a Artó, y jamás podrá disculparse. De permanente armas llevar –y usar– Nicolella, años después será señalado en haber sido el marcador del secuestro de Centeno –ocurrido en el frente de un café a dos cuadras de su estudio–, y décadas más tarde será el custodio del empresario Yabrán. Hasta no hace muchos años atrás, mal trazado y prácticamente sin dientes, frecuentaba el tradicional Café Manolo del centro marplatense.

En Mar del Plata, a partir de haber recuperado la libertad en el gobierno del radical Arturo Illia, el Estudio Centeno se convirtió en un lugar de consulta de cientos de trabajadores de distintos sindicatos. La fama adquirida por el abogado laboralista lo transformó en una leyenda antes de su salvaje asesinato ocurrido en julio del 77.

Con él creció otro abogado destacado, el Dr. Jorge Candeloro. Antes de graduarse, siendo estudiante de Derecho en la Universidad de La Plata, Candeloro visitó a Centeno para decirle que quería colaborar en su Estudio.

“Primero obtenga el título de abogado –dijo Centeno– después venga a verme” respondió. Candeloro recibido a los 26 años, en el 65, se presentó como abogado y Centeno lo incorporó.

Cinco años más tarde Mar del Plata, según parte del periodismo dedicado a la información gremial, reconocía que el Estudio Centeno-Candeloro tenía bajo su órbita el 80 por ciento de los juicios laborales de “La Feliz”. Centeno, a su vez, aparecía como representante de una decena de sindicatos influyentes en el escenario de la CGT Regional.

La primera curiosidad, aparte de la diferencia de edad entre ambos –Centeno le llevaba varios años a Candeloro–, se verificaba en lo ideológico: Centeno peronista, “ortodoxo”, formado en la orientación “clásica” de “Conducción Política” y “La Comunidad Organizada” de los albores de los ’50. Siendo estudiante de Derecho, Candeloro se graduó en La Plata. tuvo orientación marxista, derivando en el Partido Comunista hacia mediados de los ’60. Más tarde, pionero del Partido Comunista Revolucionario de clara orientación “maóista” en 1968.

Candeloro integró la Asociación Gremial de Abogados. En el 71 defendía presos políticos en transición del régimen militar. A la derrota interna del general Juan Carlos Onganía –derrocado tras el “Cordobazo”, mayo 69– lo siguió el poco conocido general Roberto Marcelo Levingston, destacado en Washington, cercano al influyente general Alejandro Lanusse. Los “azules” de Onganía dejaba paso a los “colorados” de Lanusse.

En la gremial de Abogados, abrevaron otros letrados enrolados en distintas corrientes “de izquierda”. En lo que había sido Alianza Popular Revolucionaria de Oscar Alende y más tarde Partido Intransigente, se sumaron en Mar del Plata los abogados Armando “El Gogo” Armando Fertita; Raúl Begue, Juez Federal en el retorno de la democracia en el 83; también un joven recién graduado, Eduardo Andreotti Romanín; y con Jorge Candeloro, por el lado del PCR, llegaban Tomás Fresneda, Hugo Alaís y Salvador Arestín.

Candeloro en medio de las nubes sangrientas, se radicó en Neuquén. Andreotti Romanín en España. Los otros integrantes de la Gremial –la “izquierda” combativa en los conflictos sindicales– vivieron el virtual desmantelamiento. Crecía en la CGT la corriente de los abogados “del CNU” como se decía por entonces. Además de Ernesto Piantoni; el Dr. Gustavo Demarchi, Fiscal Federal designado por el gobierno e Isabel Perón en el 75. También los hermanos José Luis “Pepe” y Héctor Granel, Osvaldo Mairal, Roberto Coronel, entre los más reconocidos, profesionales del Derecho Laboral.

La organización Montoneros perdió terreno a partir de la brutal represión con intervención directa del Ejército. El mayor impacto de parte de la “guerrilla urbana” lo produjo cuando en una acción planeada resultó asesinado el coronel Rafael Reyes, jefe del GADA 601. Un mes antes del golpe militar, Reyes y la custodia, a hora temprana, interceptados por dos autos, fueron baleados en un operativo que luego se supo estuvo a cargo de Montoneros. La represión desatada produjo centenares de allanamientos.

La tragedia mayor estaba cerca.

 

Tras llovido, mojado y con rayos eléctricos

“Cayó el gobierno de Isabel Perón”, titula en portada La Capital el 24 de marzo de 1976. El golpe, cometido en plena madrugada, ha empujado la hora de cierre hasta las 5 para incluir noticias ocurridas hasta las 3.21., cuando las radios empiezan a difundir comunicados y marchas militares. La presidenta depuesta es conducida a su sitio de reclusión en Neuquén y la Junta Militar pone en marcha su maquinaria antes del amanecer.

El intendente socialista Luis Nuncio Fabrizio concurre por la mañana a su despacho. Dos ex jefes comunales de su partido –Teodoro Bronzini y Jorge Lombardo– lo acompañan solidariamente. Hasta las 9:30 Fabrizio sólo ha sido entrevistado por un teniente que se presentó como encargado de la seguridad de la Municipalidad abierta, pero casi inactiva porque el asueto decretado por la Junta Militar no alcanza a la administración pública. En los accesos hay fuerzas militares que permiten entrar a dos personas por vez luego de palparlas de armas. Algunos concejales salen portando carpetas, apunta un periodista en su crónica.

El general de brigada Adolfo Sigward asume por la mañana la intervención militar de la provincia y envía su “circular número 1” a los intendentes, ordenándoles presentar la renuncia en 24 horas y permanecer en sus cargos custodiando la documentación hasta que su situación sea resuelta. Fabrizio acata por telegrama. En mayo será reemplazado por el capitán de Navío Carlos Menozzi, antecesor de Mario Russak (1978-1981).

Los militares ocupan desde la madrugada LU6, LU9, Canal 8 y Canal 10, así como todas las emisoras del país. Conectadas en cadena, sólo transmiten comunicados y música durante todo el día, con una significativa excepción: la Junta ordena abrir la señal para que el país pueda ver el partido amistoso de fútbol que la Selección Argentina y la de Polonia disputan en Chorzow.

El diario del 25 de marzo describe el primer día del golpe como “una jornada tranquila en la ciudad”. Y destaca la sorpresa de los desinformados que al salir de sus casas encuentran ‘una discreta presencia de tropas’ que ‘los arrojó a la realidad’. La actividad comercial se desarrolla “sin inconveniente alguno”, rezan las crónicas. El transporte funciona con normalidad. “A hora temprana hubo algunos guardapolvos blancos en las calles, pero pronto desaparecieron ante la comprobación del asueto educacional”. Los empleados bancarios trabajan a puertas cerradas ya que el feriado alcanza esa actividad al igual que a la bursátil y la cambiaria. Acatando órdenes difundidas en sucesivos comunicados se suspenden las actividades que signifiquen reunión de gente, incluyendo espectáculos, bailes, conferencias y hasta un Magistral de Ajedrez que se disputa en el Hotel Provincial. Rige ya el estado de sitio y la pena de muerte.

La policía queda bajo control militar y todas las dependencias exhiben excepcionales medidas de seguridad. Un cronista deja constancia del emplazamiento de una pieza de artillería en el Cuartel de Bomberos de Salta casi Falucho, donde además han cortado el tránsito. En 2014 el lugar fue señalizado como centro clandestino de detención.

No menos abrumador es el operativo en torno a la Unidad Regional IV de Gascón y Entre Ríos. Allí, en la mañana del 24 de marzo, constituye su despacho el coronel Pedro Barda, jefe del GADA y de la subzona militar 15. Fallecerá en 2011, cumpliendo prisión perpetua en su domicilio por delitos de lesa humanidad. La mención de su apellido sigue prolongándose en los juicios en curso.

Algunas detenciones concretadas el primer día del golpe aparecen en el diario en calidad de “averiguación de antecedentes”. Una de ellas es la del abogado laboralista y asesor de la CGT Norberto Centeno, quien en julio del ’77 será secuestrado y asesinado durante La Noche de las Corbatas.

También figura la del trabajador ferroviario Nicolás Candeloro que es detenido por error. En realidad buscaban a su hijo, el abogado Jorge Candeloro, luego secuestrado y desaparecido en aquella noche de tragedia La nómina de detenidos que figura en el diario incluye a Osvaldo Demattei (secretario general de los municipales), Antonio Daguzán (Foetra), Carlos Rohner (SOIP), Roberto Comaschi y José Landín (CGT), Alejandro Escobedo (JSP), Oscar Intrieri (CdO) y Pierino Di Toma (interventor del Partido Justicialista).

En la edición del sábado 27 trascienden datos concretos de una detención clandestina. “Se procura establecer la situación de Amílcar González, secretario general del Sindicato de Prensa local y de exterior de la Federación Argentina de Prensa (FATPREN), detenido en la tarde del jueves en el Ministerio de Trabajo de Luro al 3400, cuando se encontraba realizando un trámite. González fue llevado del lugar por un grupo de personas fuertemente armadas que tripulaban un Fiat 125 celeste, un Fiat 1500 familiar y un Ford Falcon color crema”. Menciona, además, las infructuosas gestiones realizadas por familiares y amigos para establecer su paradero.

González –que también era periodista de La Capital y corresponsal de la agencia Télam– es torturado casi hasta la muerte en centros clandestinos de detención. Luego sufre prisión y finalmente el exilio hasta el retorno de la democracia.

Como cruenta ironía, en la misma página donde figura su secuestro, hay un comunicado del coronel Barda. Uno de sus párrafos reza: “Ante versiones interesadas circundantes respecto a que grupos de personas vestidas de civil y armadas en la ejecución de actos de secuestro contra personas diversas, serían integrantes de las Fuerzas Armadas o Policías, esta Jefatura Militar aclara en forma expresa y terminante que el personal a sus órdenes ejecuta actividades cuando corresponde, identificadas con el uniforme que los identifica y prestigia”

Tiempo después, entre la tarde del 6 y la madrugada del 13 de julio de 1977, tendrá lugar la mayor operación represora en tan corto tiempo a 16 meses de instalada la dictadura militar. La ya mencionada Noche de las corbatas.

El nombre dado al suceso tuvo origen en que seis de los secuestrados ejercían su profesión de abogados. Centeno, Fresneda, Arestín y Alaís, entre otros abogados del foro marplatense. El último Candoloro, apresado en Neuquén junto a su esposa –sobreviviente.

 

Daniel Parcero y José Luis Ponsico son periodistas marplatenses ex redactores del diario El Atlántico y La Capital, respectivamente, radicados desde años en CABA. Ambos pertenecieron al Sindicato de Prensa marplatense. Ponsico dirigente entre 1972 y 1976, y Parcero haciéndose cargo de la reorganización del sindicato entre 1979 y 1983 a través de la Agrupación de Prensa Mariano Moreno. José Luis, ex miembro del directorio de Télam y subdirector de Prensa del Senado De la HCS y actual columnista de La Señal Medios. Daniel, exdirector de Prensa de bloques políticos de la HCD y la HCS provinciales. Actual secretario general de la Delegación Regional conurbano de los trabajadores de prensa y escritor revisionista de la ATE y del movimiento obrero. Co-autores de La CGT Regional Mar del Plata entre las olas y el viento de inminente aparición con el respaldo de la Delegación Regional que conduce Miguel Gugliermotti.

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