Notas sobre la prensa de la(s) resistencia(s). Cerrutti Costa: una Revolución Nacional para el peronismo

Darío Pulfer y Julio Melon Pirro

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Como hemos visto en notas anteriores, tras el breve gobierno del General Eduardo Lonardi, de ribetes conciliadores, la “Revolución Libertadora” se radicaliza y se vuelve contra sus padres. En el interregno lonardista se desempeña al frente del Ministerio de Trabajo Luis B. Cerrutti Costa, un hombre que tenía antecedentes en las filas del peronismo y en la defensa legal de sindicatos. En ese tiempo siguen circulando El Líder y De Frente (Pulfer y Melon Pirro, 2018a y 2018b). Al caer Lonardi y por ende Cerrutti Costa, El Líder es intervenido junto con la CGT, y salen a la palestra El 45 (Pulfer y Melon Pirro, 2018c), orientado por Jauretche, y Federalista (Pulfer y Melon Pirro, 2019a), dirigido por José A. Güemes, desprendimientos ambos de El Líder. Por ese tiempo Norte, un periódico de características locales, aunque en busca de un alcance mayor, continúa con su desarrollo hasta que es clausurado y detenido su director (Pulfer y Melon Pirro, 2018e). Por izquierda, en paralelo, sale Lucha Obrera, dirigido por Esteban Rey, sosteniendo las posiciones de la “izquierda nacional” (Pulfer y Melon Pirro, 2019c). Junto con estas expresiones del periodismo de la primera “resistencia” existen manifestaciones más artesanales y espontáneas. Aparecen El Grasita, hoja orientada por Enrique Oliva (Pulfer y Melon Pirro, 2019e), que expresa la voz de los Comandos Coronel Perón. Otra publicación de la época es El Descamisado, de accidentada vida y que, por imperio de la detención de su animador, la censura y las circunstancias políticas, fue rebautizado con el título de El Proletario para continuar con su prédica (Pulfer y Melon Pirro, 2019b).

En el ámbito nacionalista aparecen dos medios animados por periodistas de origen tucumano y que guardan entre sí una relación de discipulado: Política y Políticos, dirigido por José Luis Torres y que se despliega por ocho números, siguiendo la suerte de De Frente, El 45, Federalista y Lucha Obrera (Pulfer y Melon Pirro, 2019f); y por otra parte, Palabra Argentina, que hace su primer intento por salir y permanecer en los puestos de venta orientado por Alejandro Olmos (Pulfer y Melon Pirro, 2018d). En esa constelación de corte nacionalista poco después comienza a publicarse Azul y Blanco, dirigida por Marcelo Sánchez Sorondo, desde junio de 1956, y más tarde el semanario Mayoría, de los hermanos Bruno y Tulio Jacovella (Melon Pirro, 2011). Entre ambas, aunque con mayor cercanía en sus posiciones a la segunda expresión, hay que ubicar Revolución Nacional (en adelante, RN), el emprendimiento de Luis B. Cerrutti Costa. Este semanario comienza a publicarse en la segunda mitad de 1956 en oposición al régimen militar y busca denodadamente la consecución de dos objetivos: representar la voz de los vencidos y llegar a entendimientos con la capa dirigente del peronismo proscripto. La publicación se despliega en veinte entregas, desde agosto de 1956 hasta abril de 1957.

Si esta publicación corre en paralelo a otras de esa orientación político ideológica, como Azul y Blanco y Mayoría, la vinculación y la referencia al mundo gremial de su director y colaboradores implicarán una importante diferencia en ese sentido.

Como hemos señalado en otras oportunidades, en estas empresas que buscan dar voz a sectores militantes o agrupamientos sindicales y captar la atención popular identificada con el peronismo, aparecen figuras de segunda o tercera línea, portadoras de un saber que los habilita para la organización de una hoja, un semanario o simplemente panfletos que se conciben como esenciales para agitar el ambiente próximo. [1] Experiencias previas en el ámbito periodístico o académico, la dirección de revistas, la militancia en organizaciones políticas que hacen culto del medio escrito o el trabajo en el entorno legal de los sindicatos, como es el caso de Cerrutti Costa, se constituyen, entonces, en marcas que se activan en la circunstancia que deben afrontar, caracterizada por la animadversión de los elencos que se suceden en el mando de la denominada “revolución libertadora” (Melon Pirro, 2018).

En tiempos de proscripción, pues, y cuando el peronismo-pueblo podía ser visualizado como un campo de maniobra o una “masa en disponibilidad”, los referentes de distintos espacios políticos ideológicos se lanzaron a su captura, procurando concitar su atención mediante la prensa escrita. Ella se constituía en el espacio de la denuncia, la canalización de la protesta, la recuperación de signos, símbolos o temáticas que habían sido declaradas ilegales por el poder militar.

De esa manera, así como el peronismo había conseguido apoyo y simpatías de compañeros de ruta de la “izquierda nacional”, ahora concitaba cierto apoyo, no exento de cálculos, de sectores que lo habían combatido duramente en las postrimerías de su gobierno por dos problemáticas conflictivas para esa sensibilidad: la cuestión de la Iglesia y las negociaciones por los contratos petroleros.

Para comprender mejor la naturaleza del medio que nos ocupa, haremos un recorrido por la trayectoria y el perfil del animador de la publicación, Luis B. Cerrutti Costa, mostrando su vínculo previo, tanto con la política como con el gremialismo.

 

Trayectoria de Cerrutti Costa

Luis Benito Cerrutti Costa nació en la Capital Federal el 4 de noviembre de 1915. Estudió en la facultad de Derecho de la Universidad de Buenos y se especializó en derecho laboral. En el año 1944 se recibió de abogado.

El 27 de octubre de 1945 participó de la fundación del Ateneo de Estudios Sociales, en apoyo al rumbo que toma el naciente peronismo. La finalidad de la entidad era la capacitación de los trabajadores. Junto con él participaron Juan C. Juárez, Sabas Avendaño, Enrique Pavón Pereyra, David Espiño, entre otros. Junto con Juárez, Cerrutti Costa participa de la tendencia interna del naciente Partido Laborista conocida como “grupo democrático revolucionario” que plantea la unidad de todas las fuerzas que apoyan a Perón. Al triunfar su fórmula el 24 de febrero de 1946, lanzan 100.000 volantes pregonando “la necesidad inmediata de la unificación sincera y fraternal de todas las fuerzas y sectores que contribuyeron al triunfo del General Perón y al aplastamiento del frente formado por la oligarquía y el imperialismo extranjero” (Cerrutti Costa, 1947). Al formarse el PURN, el “grupo democrático revolucionario” se disuelve.

Cerrutti Costa se desempeña entonces como abogado de más de veinticinco sindicatos, entre los cuales se cuentan la Asociación Obrera Textil, Empleados de Comercio y la Unión Obrera Metalúrgica. Forma parte del cuerpo de profesores de los agregados obreros hacia los años 1946 y 1947.[2] De manera inmediata a la asunción de Perón, el 23 de agosto de 1946, por medio del Decreto 7976 el Poder Ejecutivo Nacional instauró las agregadurías obreras y los cursos de instrucción, dependientes de la Secretaría Técnica de la Presidencia, con presupuesto atendido por la Secretaría de Trabajo y Previsión. En tanto, el Decreto 8890 del 31 de agosto de 1946 establece que su organización y dirección estarán a cargo de un Consejo Superior integrado por un director general y cuatro vocales. Para estos cargos son designados, por la misma disposición, Anselmo Malvicini como director general, y Dorindo Carballido, José Mousso, Juan Celhay y Eduardo Castillo, como vocales. El director era presidente de la seccional Liniers de la Unión Ferroviaria y representante de ese gremio ante el Comité Central de la Confederación General del Trabajo. Así, desde su inicio, se les imprime un carácter distintivo, ya que su conducción es ejercida por dirigentes obreros. La dirección técnica fue confiada a Juan C. Juárez, Luis B. Cerrutti Costa, Rodolfo Tecera del Franco y Jorge A. Dávalos, que además eran profesores de los cursos (Otero, 2016: 72).

Los integrantes de la dirección técnica pertenecían al Ateneo de Estudios Sociales: “Juárez fue llamado colaborar en la creación de los Cursos de Capacitación para Agregados Obreros, cuyo proyecto de organización estuvo a su cargo. Organizado el curso, en su carácter de director técnico del mismo le correspondió preparar los planes básicos de estudios y formar el cuerpo de profesores que fue integrado por sus camaradas del Ateneo de Estudios Sociales” (Cerrutti Costa, 1947). Para ese momento Juárez era director del departamento sindical, Cerrutti Costa dirigía el departamento de Derecho Obrero, Tecera del Franco estaba a cargo el departamento agrario y Dávalos era perito en problemas económicos. Junto a ellos estaban, además, Pedro Wiurnos, Adolfo Echegoyen y Jorge Ochoa de Eguileor. El régimen de clases era diario, de lunes a sábado de 16 a 20 horas. Se dictaban dos materias por jornada, El programa incluía catorce asignaturas y cada profesor tenía dos a su cargo. En el primer curso de 1946, los contenidos trataban de: Características económicas y culturales del país; Obra de gobierno de la revolución del 43; Recuperación económica y concreción de la justicia social; La personalidad de Perón; La obra desarrollada por la Secretaría de Trabajo y Previsión; y un curso de oratoria. La enseñanza se complementaba con visitas a las principales fábricas y comercios de la capital y aledaños, a eventos musicales y exposiciones de arte, teatro, radios, cines, clubes, etcétera. El primero de los cursos tuvo una duración de tres meses, entre septiembre y diciembre de 1946, y se impartió en la Escuela Normal 9 Domingo Faustino Sarmiento, de Capital Federal. Los candidatos debían presentar un “fiador”. Como profesores del curso, tanto Cerrutti Costa como Ochoa de Eguileor ocupan esa posición, junto a figuras de la política como Héctor J. Cámpora.

Decía Perón por entonces: “Queremos también que nuestros obreros compartan una función más del Estado, porque así estarán en el gobierno, en la administración, en la legislación y, por último, en la representación augusta de nuestra Nación frente a las demás naciones del mundo. (…) Antes había agregados comerciales, navales, aeronáuticos, culturales y militares que representaban las fuerzas económicas de la Nación, sus fuerzas culturales, sus Fuerzas Armadas, y nosotros hemos pensado en las fuerzas del trabajo, que son tan importantes como cualquiera de las otras. Queremos también entrelazar armoniosamente en el exterior la representación de esas fuerzas que son la esencia misma de la nacionalidad” (diario La Nación, 3-9-1946).

La segunda cohorte de agregados obreros pasó a formarse en la estructura del Ministerio de Trabajo, bajo la CNAOP, con una organicidad y duración mayor de los cursos, con lo que el Ateneo dejó de realizar esa tarea. “Paralela a la labor del Curso, el Ateneo de Estudios Sociales se abocó a la divulgación del Plan Quinquenal, siendo la primera institución que fue a los sindicatos llevando tan importante problema”. A mediados del año 1947 el Ateneo ya había pronunciado más de cincuenta conferencias en locales gremiales, y también desde una broadcasting (Cerrutti Costa, 1947).

El Consejo Superior del Partido Peronista designa a Cerrutti Costa como secretario gremial de la Junta Metropolitana. En junio de 1947 presenta el libro de Juárez titulado Los trabajadores en función social, dedicado a Libertario Ferrari, recientemente fallecido en un accidente de aviación y escrito “bajo la inspiración de este lema: Una mística: la Patria. / Un programa: la revolución nacional / Un ideal: la democracia y la justicia social. / Un líder: el General Perón”.

En la presentación, Cerrutti dice que el libro “demuestra que esta grandiosa resurrección de la Argentina tiene como cimiento fundamental a la masa obrera; como pilares las organizaciones gremiales de trabajadores manuales e intelectuales y como cúspide al líder incuestionado: el General Perón”. En relación a los ejes del proceso, dice: “Hoy día, que la Revolución se encuentra en su movimiento dinámico rodeada de diversas corrientes doctrinarias que pretenden establecer su hegemonía, se hace necesario determinar, y Juárez lo aclara perfectamente, que Perón y los trabajadores, y solamente ellos, son los que han permitido con su esfuerzo y sacrificio concretar el gran ideal de una Argentina democrática, soberana y justa. La Revolución en marcha; Revolución Nacional de los trabajadores ya no podrá ser detenida y cada crisis la vitalizará más”.

En el año 1948 Cerrutti Costa presenta un trabajo titulado ¿Pierden los sindicatos su espíritu de lucha con la creación del Instituto de las Remuneraciones? Por ese tiempo está a cargo de la Secretaría General del Ateneo de Estudios Sociales. En el mismo espacio se produce la presentación de Raúl Scalabrini Ortiz, quien dicta una conferencia bajo el título Perspectivas para una esperanza argentina. La repercusión de la conferencia hace que la revista Hechos e Ideas decida publicarla en una separata (Scalabrini Ortiz, 1950).

El 31 de agosto Scalabrini da una nueva conferencia en el Ateneo de Estudios Sociales, “relacionada nuevamente con el tema de la Argentina en el mundo” (Galasso, 2008: 392). Para la campaña del año 1951 por la reelección de Juan D. Perón, el Ateneo publica un periódico. Escriben, entre otros, Jorge María Ramallo y Enrique Pavón Pereyra. Lo dirigen Luis B. Cerrutti Costa y David Espiño, quien proviene del sindicato de empleados de comercio y se desempeña como editor del órgano oficial del Ateneo de Estudios Sociales, y de libros tales como la biografía de Perón de Enrique Pavón Pereyra que sale por entonces y es anunciada en la publicación.

En sus páginas se reproducen conferencias de Eva Perón en la Escuela Superior Peronista y fragmentos de La razón de mi vida. Publican un recuadro con la leyenda “Adhesión ateneísta al General y a su Esposa”, en apoyo a la reelección. Entre las afinidades gremiales que pueden vislumbrarse en las noticias, aparecen la UOM, la AOT y la Federación de Empleados de Comercio. En sus páginas, además, aparecen profusas informaciones sobre la situación de los trabajadores y sus organizaciones en otros países de América Latina, a través de las plumas de periodistas de Guatemala, Bolivia, Uruguay, etcétera. En este último marco realizan un acto en solidaridad con Puerto Rico por la detención del militante Collazo, acusado de intentar matar a Truman, que será electrocutado, y la libertad de Albizu Campos. El acto es convocado bajo la consigna: “Pascuas de sangre en Puerto Rico”.

La actividad está organizada desde el Instituto de Relaciones Latinoamericanas, recientemente creado en el seno del Ateneo de Estudios Sociales. Desde esa plataforma organizan el acto y se hace presente, nuevamente, Scalabrini Ortiz. El cronista dice: “Y finalmente, como broche de oro del acto de esa noche, escuchamos una voz más, que será la precursora de una América que vislumbra que ha llegado la hora de su glorioso destino. Ocupó la tribuna un simple ser humano más, pero mencionar tan sólo su nombre significa para todos aquellos que le hemos seguido en las horas duras e inciertas de su vida o de aquellos que han conocido pormenores de la misma a través del relato de otros, volver a vivir espiritualmente aquella heroica etapa de una aberración en el destino patrio. Inclinamos esa noche la cabeza con respecto al mencionar el nombre de Raúl Scalabrini Ortiz, cuya vida revolucionaria servirá de ejemplo a los jóvenes luchadores de hoy día, porque cuando el imperialismo y la oligarquía reinaban absoluta y despóticamente en la Argentina, fue su voz la de un Quijote, la que salió a combatir a los mismos” (Pavón Pereyra, 1951: 9). En este discurso, denuncia “la política expansionista norteamericana que les ha permitido pasar de 1.200.000 kilómetros que tenían al nacer, a los 13 millones de kilómetros que poseen ahora… La política norteamericana se basa en la expansión territorial y es conducida por la codicia y los intereses económicos. Ello la ha llevado a un política total de miedo, que le basta todo el mundo para sentirse segura”. A continuación analiza el código de inversiones de ese país en el extranjero, y agrega: “Estas condiciones son indignantes, aún en el caso de que se sancionaran y después de una guerra en que una nación ha sometido a otra. Es la supeditación total de las economías nacionales a la gran Economía Internacional, controlada ahora por una sola potencia: Estados Unidos” (Galasso, 2008: 393).

Cierra la actividad Cerrutti Costa, secretario general del Ateneo, “uno de los soldados de las horas heroicas de la Revolución Nacional, que con visión certera contribuyó a la fundación de nuestra entidad… dijo: cómo no es posible que se concrete esa colonización despiadada de Puerto Rico en otras naciones de América y que el imperialismo de Wall Street pretende imponer desde hace ya cien años, tratando de halagar a los pueblos con todos los medios a su alcance: dólares, o si fracasan éstos, con el bloqueo o la violencia, pretendiendo dividir o explotar resentimientos históricos en favor de sus intereses creados” (Pavón Pereyra, 1951: 8).

La participación en ese espacio es alternada con su trabajo en el ámbito del Ministerio de Trabajo. En el año 1951 presenta otro libro: Ensayo sobre un método para el estudio de los hechos sociales. Una interpretación para las masas populares sobre la revolución de las masas populares. Comienza con una definición: “Como mi trabajo, hecho sobre muchos años de lucha y de estudio, dedica una preferente atención al materialismo histórico, podría suponerse que el mismo tiene el objetivo de hacer causa común con el Capitalismo y contra la Revolución Rusa, que ha llevado a la práctica dichas teorías. Es pues necesaria una definición categórica. Mi ensayo pretende ante todo intentar una superación del materialismo histórico, sin anular todo lo que tiene de real, y una superación del comunismo sin rechazar todo lo que tiene de positivo. Por otro lado, manifiesto desde ya que no soy anticomunista en el sentido negativo de la palabra. Reconozco con el general Perón ‘que si la Revolución Francesa vencida y aherrojada en Viena arrojó un siglo y medio de influencia sobre el mundo, la Revolución Rusa, triunfante y con su epopeya militar realizada arrojará por lo menos otro siglo y medio de influencia sobre el mundo’. Entre el mundo de la burguesía que muere y el mundo de las masas populares que nace, para una mentalidad Revolucionaria no es difícil la elección” (Cerrutti Costa, 1951: 5). El trabajo discurre sobre los siguientes tópicos: ¿Cuál es el objetivo de los trabajadores?; El idealismo y el materialismo; El mundo de la naturaleza y el mundo del espíritu; El nuevo método para el estudio de los hechos sociales. Conforme a esa perspectiva analiza la propiedad, la civilización, la lucha de clases. Concluye esbozando una teoría por la lucha por la justicia y la libertad.

Se aleja de la función en el año 1954, como producto del conflicto con la Iglesia Católica (Cutolo, 2004: 441). Se suma a la conspiración del año 1955 a instancias de Rodolfo Bledel, quien lo conecta con el capitán de Navío Bruzzone (Bledel, 1990: 61). Al tomar el poder Lonardi, el marino debía asumir en el Ministerio de Trabajo. Por consideraciones de orden político esto no sucede, y Lonardi le avisa a Bruzzone que Juan Atilio Bramuglia se haría cargo del Ministerio. Es en ese momento que Bruzzone, en consulta con Bledel y Cerrutti, propone a este último como ministro, contrastando su trayectoria con la de Bramuglia en materia laboral y esgrimiendo las relaciones de parentesco con el General Señorans (Bledel, 1990: 64).

Asume funciones el 23 de septiembre. En sus primeras declaraciones sostiene la realización de elecciones en todos los gremios dentro de un plazo de 120 días, fiscalizadas por el Ministerio de Trabajo y Previsión de acuerdo a la Ley de Asociaciones Profesionales, que aseguraba en nombre del gobierno de facto el mantenimiento de las conquistas obreras y su ampliación, tan pronto las circunstancias lo permitieran. Sostiene una posición conciliadora, en términos comparativos con la situación posterior. Busca establecer canales de diálogo con el sindicalismo.

La CGT no es intervenida. Ante la acefalía de la central obrera, el Ministerio de Trabajo orientado por Cerrutti y Bledel entrega la conducción a Raúl Framini de la Asociación Obrera Textil, Luis Natalini de la Federación de Trabajadores de Luz y Fuerza y Dante H. Viel de la Unión del Personal Civil de la Nación, aunque quedaron los dos primeros al frente de la negociación con el gobierno. Más allá de las posiciones conciliadoras que se propiciaron durante su gestión, grupos de choque denominados Comandos Civiles, provistos con armas de la Marina y con la participación de sindicalistas no peronistas, ocuparon por la fuerza una cantidad considerable de locales sindicales, entre ellos los de la Asociación Bancaria, la Federación Gráfica, la Confederación de Empleados de Comercio, la Fraternidad, el SUPE y la Unión Ferroviaria.

Desde el interior del gobierno cuestionan las orientaciones económicas: “los nacionalistas fueron los primeros en oponerse al diagnóstico de Prebisch en el interior del gobierno de la ‘Revolución Libertadora’. En efecto, el grupo que ocuparía el Ministerio de Trabajo y Previsión en 1955, conducido por Luis Cerrutti Costa y Rodolfo Bledel, comprometidos con una política de acercamiento al movimiento obrero peronista, impugnó las recomendaciones iniciales de Prebisch y reclamó al equipo económico una política consistente con el mantenimiento de la ocupación y el poder adquisitivo de los salarios” (Belini, 2018: 606). Bledel, subsecretario de Trabajo, realiza las gestiones para que funcionarios de la cartera participen de la reunión del 6 de octubre. Llevan como demandas de su jurisdicción el mantenimiento de la plena ocupación, la defensa del poder adquisitivo del salario y el mejoramiento de las condiciones de vida de la clase trabajadora (Bledel, 1974: 14). Cerrutti Costa no refrendó el decreto de designación de Prebisch como asesor económico-financiero del gobierno militar, por lo que el funcionario de la CEPAL pasó a ser, por una desprolija corrección de la medida, asesor del presidente y no del conjunto del gobierno nacional (Bledel, 1974: 67). Después de reunirse con Bruzzone y Cerrutti para considerar la situación, Bledel realiza reuniones con militares, entre los cuales se encontraban el contraalmirante Arturo H. Rial y el general León Justo Bengoa. A través de Bengoa, el subsecretario Bledel llega a entrevistarse con el presidente de la Nación para objetar la orientación de Prebisch. Lonardi se manifiesta impotente ante los apoyos que concita Prebisch y le comenta que quiere hacer un llamamiento a las mujeres “para pedirles que, así como las damas cuyanas habían ayudado al Ejército de San Martín donando sus joyas, realizaran ahora, frente a la crisis, el mismo gesto patriótico”. Concluye la reunión confesando que nada puede hacer. Bledel, por otra parte, recibe a políticos como Oscar Alende, quien por sugerencia de Frondizi le propone que lean los últimos trabajos de Prebisch, argumentando una evolución en su pensamiento. En el mismo sentido se da una entrevista con Adolfo Dorfman, funcionario de la CEPAL también, que busca persuadir a Bledel del cambio de ideas de Prebisch.

A principios de noviembre, desde el Ministerio de Trabajo impulsan la creación de un gabinete de coordinación económica que no prospera, por objeción de los otros ministerios. Por mensaje radiofónico, Cerrutti ratifica sus posiciones iniciales a favor de la democracia sindical y el respeto por las conquistas obreras. El 7 de noviembre elevan un memorándum en el que consideran “una expresión de inquietud por parte de los trabajadores acerca del informe Prebisch”, reparando en que la fijación del cambio a 18 pesos moneda nacional por dólar tendrá como consecuencia el encarecimiento del costo de vida y restricciones en el consumo de algunos bienes, a la par que la apertura comercial, dicen, provocaría desocupación (Bledel, 1974: 18). Pocos días después, Lonardi sería desalojado del poder y Cerrutti presentaría su renuncia.

 

Un folleto polémico

El día de la renuncia, Cerrutti firma junto a Rodolfo Bledel un folleto titulado El primer Ministerio de Trabajo de la Revolución ante el llamado plan económico del gobierno. En el prólogo se refieren a las medidas del plan económico: “Debido a la súbita adopción de algunas medidas oficiales de orden económico-financiero, sin más participación del Ministerio de Trabajo que la del informe del 7 de octubre y ante la inquietud manifestada al ministro sobre la cuestión tanto por representantes de los trabajadores como por industriales argentinos y extranjeros radicados en el país, se propuso al gobierno la sanción de un decreto-ley por el que se creaba un Consejo de Coordinación Económica, dependiente de la Presidencia de la Nación, encargado de estudiar y proyectar las medidas económicas de gobierno y con la facultad de que los decretos que en la materia se dictasen fuesen refrendados por el Ministerio de Trabajo y Previsión inclusive… En el momento actual, las proyectadas medidas de liberación de precios y supresión de controles, con los efectos consiguientes sobre lo social, recomendaban muy especialmente la participación del Ministerio de Trabajo en el estudio de los planes, si se tiene en cuenta el vencimiento de los convenios de salarios para el próximo mes de febrero”. Y luego agregaban: “Esta preocupación que el problema suscitaba fue reiteradamente manifestada al presidente y al gabinete por el ministro de Trabajo y Previsión. Con motivo de un nuevo tipo de cambio oficial, el ministro solicitó que el asunto fuera tratado en la reunión del Ministerio del 9 de noviembre e hizo llegar a la Presidencia, con la debida antelación, en forma sintética, las razones por las cuales los trabajadores se mostraban seriamente preocupados por la medida propuesta. El memorándum sirvió a la Presidencia para el temario que preparó para la reunión. El gabinete, presidido por el general Lonardi y con la presencia del señor Prebisch, asesor económico de aquél, consideró la cuestión. El señor asesor económico reconoció que las medidas adoptadas y a adoptarse eran impopulares, puesto que implicaban serios sacrificios, especialmente para la clase trabajadora, pero consideró que era el único camino que se ofrecía para resolver la crisis por la que atraviesa el país; que habría suba de precios; que habría que aumentar los salarios quizá únicamente a los trabajadores cuyo nivel de vida había quedado rezagado con relación a otros grupos de trabajadores y que, en caso que para estos últimos pudieren haber mejoras, ellas sólo serían en escasísima proporción; que se tenía por mira la ocupación plena. El ministro de Trabajo y Previsión sostuvo en esa oportunidad que no aprobaba la sanción de medidas impopulares y que, por difícil que pudiera ser el momento económico del país, entendía que no era tan crítico como para que se adoptaran recaudos de trascendencia con tal urgencia y sin consulta permanente con el órgano natural de gobierno en materia social, el ministerio que representaba” (Cerrutti Costa y Bledel, 1956). En ese texto objetan la política económica de Prebisch, defendían la autonomía sindical y atacaban, como otros de los nacionalistas en desgracia, la política de Aramburu como reaccionaria. Para dar fundamento a su posición crítica reproducen una serie de materiales, entre los cuales se cuentan: Informe de los representantes del Ministerio de Trabajo y Previsión en la Comisión Prebisch del 7 de octubre de 1955 (Bledel, 1974: 107).

 

Cerrutti fija posición en el llano

Al ser desplazado el elenco lonardista, Cerrutti continúa con su trabajo en el ámbito gremial, ahora en función de abogado de sindicatos. En el mes de enero de 1956 el semanario Esto Es le realiza una extensa entrevista. Lo presentan como “primer ministro de Trabajo y Previsión de la Revolución… asesor legal de distintos sindicatos, cuenta a su favor con una vasta experiencia acerca de la experiencia sindical en el país” (“La democratización de la CGT. Bienestar, libertad y soberanía deben ser las banderas del movimiento obrero”, Esto Es, 106, 27-12-1955 al 2-1-1956: 16-18). En primer lugar, lo interrogan acerca de las características de la CGT bajo la dirección peronista. Realiza una referencia histórica para situarse en los albores del peronismo: “El descontento había cundido tanto que, cercana la revolución del 4 de junio, se produce una escisión del movimiento obrero, formándose la CGT Número 2, de tendencia socialista-comunista, con los señores Iscaro, Pérez Leirós, Borlenghi, Tesorieri, etcétera. Producida la revolución del 4 de junio y al tomar la Secretaría de Trabajo y Previsión el ex mandatario, se disuelve la CGT Número 2 y la mayoría de los dirigentes socialistas de la CGT Número 1 se resuelven a colaborar con el nuevo gobierno, que promete la libertad sindical y el respeto por las organizaciones obreras”. Agrega: “El señor Domenech, secretario general de la CGT socialista –por más de seis años– dice en Rosario que ‘Perón es el primer trabajador argentino’. La CGT se agranda entonces rápidamente y desde su seno se forman innumerables organizaciones. La CGT cuenta con el apoyo del gobierno, que hace respetar todas las leyes obreras existentes. Las leyes existían, pero es indiscutible e innegable que se empiezan a cumplir en su totalidad después de 1943. Los convenios significan verdaderas reformas a la Ley, pues en sus condiciones generales se hacen importantes transformaciones que benefician a amplios sectores del movimiento obrero”. A continuación, contrasta la libertad con la que se mueve el sindicalismo hasta 1945 y con posterioridad, trayendo a cuenta el caso Gay para preguntarse: “¿Esta CGT que se inicia con una nueva dirección impuesta desde arriba es totalmente fascista? La presión del gobierno va disminuyendo de arriba hacia abajo. Es rígida en la elección de autoridades de la CGT; permite una cierta libertad en la elección de autoridades de los gremios; y no interviene, sino al último, en las comisiones internas de fábricas y lugares de trabajo”. Luego elogia el trabajo de las comisiones internas, que “son elegidas en forma directa por los propios obreros del taller, y con excepción de algunas exclusiones comunistas, hechas por las propias autoridades sindicales, constituyen la auténtica representación obrera y el verdadero grupo combatiente de sus reivindicaciones, que no pudo ser dominado ni vencido”. En su favor cita las huelgas de panaderos de 1947, la de los gráficos, ferroviarios, caucho, metalúrgica y otras más.

Para ese tiempo, conspira junto al general desplazado Justo León Bengoa. Le preguntan: “¿Cuál era a su juicio el método para liberar a la clase obrera organizada en la CGT con respecto a las jerarquías sindicales peronistas?”. Responde: “La clase obrera peronista y antiperonista siempre ha estado en contra de las jerarquías sindicales. Toda la existencia de la CGT es una constante lucha de las masas proletarias para impedir la formación de la burocracia sindical”. Remata: “Creer que la CGT y sus sindicatos necesitan tutores que los orienten es no conocer el movimiento obrero y no creer en la democracia”.

Aboga por la unidad obrera. Rechaza la instrumentación política del sindicalismo por un partido político y afirma que el sindicalismo es una idea política. Rechaza las intervenciones gremiales y la restauración por la fuerza de viejos dirigentes sindicales desplazados. Reivindica su llamado a elecciones sindicales. Rechaza la intervención de la CGT por parte del gobierno, hablando de “grave y trascendente equivocación del gobierno provisional”. Con respecto a la dictadura de Aramburu, dice: “Mi posición frente al plan de gobierno está fijado en un folleto que publico en estos días. En síntesis, expreso que he luchado incansablemente desde el Ministerio de Trabajo y Previsión en contra de soluciones económicas que se basan en el hambre y la miseria del pueblo y la ruina de la clase media industrial. Considero que con todo el respeto que me merece la jerarquía técnica del señor Prebisch, el gobierno tenía y tiene la obligación de recurrir a otros economistas de fama nacional e internacional, pues deben agotarse los medios para no sacrificar injustamente los intereses permanentes del pueblo y la independencia del país. Por otro lado, creo que las soluciones de fondo deben ser dadas por el gobierno constitucional futuro, para lo cual la preocupación fundamental debe ser llamar cuanto antes a elecciones”.

Luego de definir al movimiento obrero como “médula espinal del país”, postula un frente: “los obreros, los campesinos, los militares y los intelectuales deben luchar unidos, entendiendo que después de una etapa colonial se debe desarrollar una verdadera revolución nacional. En esa revolución debe tener preeminencia política la clase trabajadora, porque la burguesía nacional no tiene fuerza suficiente por sí sola para luchar contra la oligarquía y el imperialismo, que pretenderán una vez más convertir a la Argentina en un país exclusivamente agrícola-ganadero”. Sigue diciendo: “Por eso me apena la ceguera de la clase media, que permanece impasible y satisfecha ante la destrucción del movimiento obrero organizado que es por consecuencia inmediata su propia destrucción. Bienestar, libertad y soberanía deben ser las banderas fundamentales de los próximos años. Los trabajadores deben luchar exigiendo el puesto que les corresponde en el nuevo ordenamiento de acuerdo con esos objetivos y propugnando, también, una progresiva socialización de la economía nacional. Pero la lucha contra el imperialismo y a favor de la socialización no deber ser puramente materialista. Sin dejar de reconocer que lo material es lo primero, creo que no es lo más importante. El espíritu, sus atributos, la justicia y la libertad deben ser los faros que nos lleven por el derrotero seguro del auténtico triunfo del país”.

 

Una aproximación histórica al sindicalismo

En ese tiempo Cerrutti prepara su libro El sindicalismo, las masas y el poder, con una historia del movimiento obrero.[3]

Ese texto presenta una perspectiva general de los “orígenes del proletariado y del sindicalismo”, organizando una clasificación de las etapas históricas del mismo y consignando de manera sucesiva la existencia de un sindicalismo de combate, reformista y de Estado. En la segunda parte se focaliza en la historia del sindicalismo en Inglaterra, siguiendo las etapas señaladas, y en la tercera parte del libro aborda la experiencia argentina en la materia. El primer período abarca desde los inicios de la actividad sindical hasta 1910 (sindicalismo de combate). El segundo período se prolonga hasta 1930 (sindicalismo reformista). El tercer período se extiende desde el golpe militar de Uriburu hasta 1946 (sindicalismo de Estado). En la parte final de este último período analiza los orígenes del peronismo, deteniéndose en la obra de la Secretaría de Trabajo y Previsión, la unificación del movimiento obrero y la organización de la CGT. Coloca al 17 de octubre como acontecimiento decisivo.

En cuanto al pensamiento de Perón, menciona su proyecto inicial de inclusión de los sectores industriales, comerciantes y ganaderos, para lo que cita el célebre discurso en la Bolsa de Comercio de mediados de 1944. En su lectura, el rechazo de esos sectores “ciegos al clamor universal que desde uno al otro confín del mundo hacía oír la voz obrera” obliga a Perón “a irse colocando en una posición cada vez más revolucionaria”. Como ilustración incluye un discurso de Perón del día 7 de agosto en el Colegio Militar, “cuando ya se vislumbraba el 17 de octubre, jaqueado por Braden, la Unión Democrática, la Sociedad Rural, la prensa libre y todas las fuerzas desatadas de la oligarquía y el imperialismo”.[4]

Sobre el sindicalismo de Estado, Cerrutti distingue dos etapas diferentes: el sindicalismo de 1930-1943 que “se convirtió en un órgano del Poder, dominado éste por fuerzas antinacionales y antipopulares, pro-oligárquicas y pro-imperialistas”, y el de 1943-1946, que dependió “de un poder de economía nacionalista, de contenido popular y democrático, de orientación antiimperialista y antioligárquico que fundó su fuerza política en el apoyo de la clase obrera” (Cerrutti Costa, 1957: 193). Cerrutti considera que “dos son las piernas sobre las que deben avanzar los trabajadores hacia el cumplimiento de sus objetivos: en el caso argentino, hacia su Revolución Nacional: sus agrupaciones sindicales y su partido político, y ambos entrelazados, pero cumpliendo cada uno sus tareas específicas. Así empezó en el 45. Con la CGT y el Partido Laborista. Luego quedó cojo y, caminando mal, su fin, en una carrera tan difícil, era inevitable” (Cerrutti Costa, 1957: 195). Por eso postula, en letras mayúsculas, que “los trabajadores sin un partido político revolucionario y combatiente que haga de bandera y conducción, marcharán con algunos éxitos parciales, de derrota en derrota”. La idea de Revolución Nacional, a juicio de Cerrutti, “requiere la colaboración de todas las clases sociales. No es una revolución socialista, sino una revolución clara y decididamente nacionalista… un nacionalismo popular, democrático porque se basa en la mayoría incuestionable de las masas populares; revolucionario porque pretende la reforma sustancial de la economía colonialista y liberal; avanzado porque quiere que los trabajadores participen en la conducción del Poder político y económico de la Nación; generoso porque quiere la libertad para todos y no para una clase dominante; argentino porque está atado a la tierra que lo vio nacer y a su tradición y destino histórico; antioligárquico porque quiere destruir para siempre sus estructuras económicas, sociales y políticas; antiimperialista porque deberá luchar hasta sus últimas consecuencias para liquidar las bases financieras y jurídicas de la entrega; solidario, en tanto cuanto sueña en unirse con sus hermanos oprimidos de Latinoamérica, en una gran comunión espiritual y económica de pueblos libres y soberanos”.

La idea de un partido autónomo para la clase obrera la fundamenta de este modo: “Esta Revolución Nacional se retrasará o sucumbirá repetidas veces, mientras los trabajadores no comprendan que su éxito solo puede sustentarse en partidos políticos monolíticos, revolucionarios y combatientes que integren el gran movimiento de la liberación nacional”. Advierte que “la burguesía también tiene interés en esta Revolución Nacional y por eso existen partidos de extracción burguesa que sostienen este programa. Pero el grave, el trágico error de los trabajadores es confiar que, apoyando estos partidos o a un líder, desde la esfera exclusivamente sindical, puede llevarse a feliz término la etapa de la Revolución Nacional”. En los momentos decisivos, argumenta, la burguesía defecciona. Aunque los trabajadores tengan su propio partido, “es necesario que las Fuerzas Armadas se vuelquen decididamente hacia la línea nacional, que los industriales y comerciantes la apoyen con su capacidad e iniciativa y que los intelectuales se decidan, dejando a un lado sus elucubraciones teóricas y sectarias, a poner toda la ciencia al servicio del pueblo y la Revolución”. Si los trabajadores forman su partido deberán integrarse al Movimiento de la Revolución Nacional, y si los trabajadores forman parte de un partido de integración nacional –léase peronismo– “deben tener en el mismo, la participación que les corresponde por su valor vital y su puesto de vanguardia en la lucha contra el imperialismo y la oligarquía” (Cerrutti Costa, 1957: 201-202). Estas serán las bases de su emprendimiento político y periodístico.

La publicación se realiza a través de la Editorial Trafac[5] y lleva en la solapa de tapa esta presentación del autor: “Este libro llega en buena hora a llenar un vacío en la literatura social argentina. Faltaba una obra que pusiera al día las experiencias del movimiento obrero mundial, y estudiara el desarrollo del movimiento obrero argentino en función del proceso de liberación económica que vive intensamente nuestro pueblo. Los cambios sociales y, particularmente, las luchas obreras a partir de 1945 son tratados por vez primera por el doctor Cerrutti Costa con tal objetividad y un fervoroso anhelo de superación de la crisis de nuestro tiempo. El lector profano conocerá, a través de sus páginas, una historia que los historiadores oficiales desconocen u ocultan, y el gremialista tendrá un manual de consulta para sus propias tareas cotidianas”.

 

Revolución Nacional, órgano del Instituto de Cultura Obrera

Desde el mes de junio había comenzado a publicarse el semanario de orientación nacionalista Azul y Blanco, bajo la dirección de Marcelo Sánchez Sorondo. Contaba en tal empresa con la colaboración de figuras que se habían iniciado en el periodismo en las postrimerías del peronismo, como Mariano Montemayor y Ricardo Curutchet en el semanario Esto Es (Pulfer, 2019), y otros intelectuales de esa corriente como Federico Ibarguren, Máximo Etchecopar o Mario Amadeo. Poco tiempo después y en el mismo espacio ideológico, Cerrutti comienza a publicar el periódico Revolución Nacional. Lo acompaña como subdirector Wilfredo Rossi. Azul y Blanco saluda la salida del nuevo semanario, así como denuncia la detención de los canillitas que voceaban el primer ejemplar (Semanario Azul y Blanco, 22-8-1956: 6).

El primer número es de una sola hoja y sale en agosto de 1956. En su proclama dice: “este semanario es de los trabajadores, está escrito por los trabajadores y está hecho para todo el país”. El contenido de la página está referido fuertemente a la problemática gremial. Ello se deja ver al plantear que el medio es el “Órgano del Instituto de Cultura Obrera” (ICO). Definen de este modo al Instituto: “es una institución cuyo fin principal es unir a los trabajadores del músculo y del cerebro, para luchar por los principios de la nacionalidad, que lo constitución (sic) en esencia, la emancipación de los trabajadores y la soberanía nacional. No tiene compromisos políticos con nadie, excepto con los trabajadores. Fue iniciado por un grupo de auténticos dirigentes obreros, en esta hora difícil, en que además de la ardua lucha de la clase obrera por su salario y sus conquistas es necesario un constante esclarecimiento de sus problemas y los del país. No pretende superponerse a ningún partido político y a ninguna central obrera. Es un organismo que quiere dar a los trabajadores las armas culturales que le permitan triunfar en su eterna lucha contra el imperialismo opresor, el capital intransigente y los gobiernos reaccionarios. Eso y nada más que eso es el Instituto de Cultura Obrera” (“Qué es el Instituto de Cultura Obrera”, Revolución Nacional, 6, 13-12-1956: 2).

El tiraje inicial fue de 20.000 ejemplares, la mayoría de los cuales fueron secuestrados por la policía ni bien salía la publicación. Pocos pudieron distribuirse en el ambiente trabajador. Luego se estabiliza y realizan tiradas de 3.000 ejemplares.[6] La sede está fijada en Leandro N. Alem 282 de la Capital Federal.

 

Colaboradores

Algunos de quienes firman notas en Revolución Nacional son bastante conocidos. De Braulio Mamaní no han quedado muchos registros, pero se trata de un dirigente sindical que interviene con notas y en las acciones públicas del Instituto. Abraham Guillén es un veterano de la guerra civil española que, radicado en Argentina en 1948, escribió en los diarios oficialistas El Laborista y Democracia. En 1954 colabora en De Frente. Ante la inminencia del golpe militar elabora junto a Cooke un plan de resistencia popular armada. Por ese tiempo prepara un libro titulado La agonía del imperialismo.

Rodolfo Walsh, en tanto, es un periodista con orígenes en la Alianza Libertadora Nacionalista, traductor y escritor premiado de cuentos policiales en la década del cincuenta. Simpatizante inicial de la “Revolución Libertadora”, por azar descubre los hechos de sangre de los basurales de José León Suárez. Desarrolla a través de este medio las denuncias sobre los fusilamientos posteriores al levantamiento del 9 de junio de 1956.

Poco sabemos de otros colaboradores como Rogelio Giordano, Romero O. Záccaro y Luis P. Marrale.

 

Accidentadas salidas

En su recorrido, la publicación sufre cuatro secuestros, la prisión del subdirector, la persecución del director, la detención de su familia y amenazas de bomba. Se ufanan de ello, como hacían otras publicaciones de similares características: “Revolución Nacional es el semanario que marcha a la cabeza de los secuestros de sus ediciones. Esto, que no se debe a otro motivo que a su valentía para exponer los problemas de la clase trabajadora y del país, le ha traído graves consecuencias económicas”.

Al salir el número 3 de la publicación, el semanario de Sánchez Sorondo le realiza un reportaje a Cerrutti, orientado a denunciar los secuestros de la publicación. Lo presentan en una triple condición: presidente del Instituto de Cultura Obrera, director del semanario Revolución Nacional y hombre dedicado a la vida sindical argentina. Las preguntas que le realizan se vinculan al secuestro de la publicación y a los rumores publicados en medios gráficos sobre su detención.

Tiene muchas dificultades para la distribución: “A pesar de las amenazas de Coordinación Federal para que no saliera más y que los anteriores números fueron retirados de los lugares de la venta por la policía, se edita el número 3 (10-9-1956), que también es secuestrado” (Carman, 2015: 602).

El 25 de febrero de 1957 aparece una carta de lectores firmada por Cerrutti Costa en Resistencia Popular, semanario dirigido por Raúl Damonte Taborda, en la cual denuncia la detención de Wilfredo Rossi, por parte de la policía de la Provincia de Buenos Aires.

 

Entregas

En la tercera entrega sobresale un artículo dirigido al “compañero gorila” y otra en la que se afirma que el 1956 es un “año político frustrado”. El número 5 reaparece después de un mes, asegurando que es la primera vez que recibe la cuota de papel y no sufre represión (Revolución Nacional, 5, 10-10-1956). El número 6, también demorado, aparece recién el 13 de diciembre de 1956, y es el último que lo hace en el formato de hoja simple. En tapa pide: “Libertad a los presos políticos y gremiales”. En un recuadro habla de “Los detenidos y el Decreto 4161-56”, explicando su contenido. Una nota describe la “Persecución contra nuestro director”, detallando las maniobras del gobierno y la prensa afín para mostrar que Cerrutti Costa no estaba con pedido de captura. En el mismo artículo detallan la detención de los hijos de éste y piden el esclarecimiento acerca de quién dio esa orden.

Defiende la huelga de la UOM: “Los metalúrgicos también son argentinos”. Convoca a un nuevo acto de los sectores gremiales afines para el 11 de enero de 1957. Bajo el título de “El episodio Olivieri” denuncia la destitución del contralmirante Olivieri, uniéndola a la presión norteamericana que puja por relevar al imperialismo inglés en la óptica de Revolución Nacional. Rematan: “No queremos cambiar de collar. Lo que queremos es dejar de ser perro”.

En el mismo número denuncian la cesantía del vicedirector de Revolución Nacional, Wilfredo Rossi, en su cargo en el Ferrocarril General Roca (FCNGR). Recuerdan su militancia en el gremio ferroviario –que le valió cinco detenciones–, su participación en la huelga de 1950 y su más reciente cárcel en tiempos de la “Revolución Libertadora”. Ligan esa medida a la intervención de Rossi como orador en el acto obrero del 26 de octubre. En el relato, la medida es tildada de arbitraria y prepotente, y resulta agravada por la enfermedad en la que se encuentra el involucrado. De todos modos, “Rossi aunque por su enfermedad se encuentra físicamente débil, ante esta adversidad está en espíritu, monolíticamente fuerte”. En la página siguiente dan cuenta del acto de la Federación de Box y de las palabras del cesanteado.

Al hablar de “El acto de octubre” mencionan a los otros oradores: Mamaní, de la UOCRA, y Cerrutti Costa, presidente del Instituto. Plantean algunos ejes políticos en las palabras vinculadas a las reivindicaciones obreras y nacionales. Dan cuenta de la apertura de una filial del ICO en Bahía Blanca.

A partir del número 7 (21-12-1956), Revolución Nacional se transforma en un semanario de cuatro páginas, tamaño tabloide. Este número vuelve sobre la huelga metalúrgica, colocando en tapa el siguiente título: “El plenario metalúrgico denuncia la justicia de su huelga”. En el editorial anotan: “El gobierno está empeñado en demostrar que las últimas huelgas tienen un carácter subversivo. Y todos los acontecimientos analizados objetivamente demuestran lo contrario”. También critican las manipulaciones en las elecciones sindicales: “Los plásticos han sido despojados de su indiscutido y legítimo triunfo”. Con ironía defienden los derechos de los trabajadores en la tapa: “Increíble: en Mendoza ha sido declarada una huelga legal”. En una nota interna afirman que “todas las huelgas son ilegales” para el gobierno “libertador”, y salen en defensa de la caja de jubilaciones de los empleados de comercio.

Incluyen notas sobre libertad de prensa, desnacionalización de los depósitos bancarios y aumento del hambre. Aparecen denuncias variadas. Una columna por la destitución de Adolfo Silenzi de Stagni, defensor de la producción nacional de petróleo, de su cátedra universitaria.[7] Por otra parte, reproducen una carta de Wilfredo Rossi al administrador general del FCNGR por su cesantía. En solidaridad con el nacionalismo político hacen públicos los allanamientos sufridos por los Centros Populares de Eduardo Amadeo y Juan Carlos Goyeneche (Revolución Nacional, 7, 21-12-1956: 3). Reclaman en todo momento la “Libertad a los presos políticos y gremiales”.

El número siguiente titula: “Aramburu versus Aramburu. El mensaje de navidad no trajo la paz y la tranquilidad imperiosamente reclamada” (Revolución Nacional, 8, 2-1-1957).

En el número 10 (15-1-1957) titulan “¡Basta de Ministerio de Trabajo!”, y en un recuadro colocan: “¡No es necesario!”. Ironizando, anotan: “nosotros proponemos que se disuelva el Ministerio de Trabajo y Previsión y se coloquen dos oficinas para arreglar los conflictos obreros: una en la sección motorizada de la Policía Federal y otra en la división tanques del Ejército”. El editorial está dedicado al estado de la Justicia en el país. En esa entrega comienza la serie de notas orientadas por Rodolfo Walsh sobre los episodios del frustrado levantamiento del 9 de junio de 1956[8] que ocupan un espacio significativo. Esta entrega se completa con una nota breve sobre el Plan Prebisch y una denuncia sobre los usos de la prensa otorgada al Partido Socialista por parte del gobierno.

El siguiente número convoca, bajo la consigna “No hay que aflojar”, a los periódicos Azul y Blanco, Qué, Palabra Argentina, Resistencia Popular, Consigna y Propósitos a realizar un gran acto en conjunto para pedir por “la libertad de los presos políticos y gremiales; por la libertad de prensa, sin secuestros ni clausuras; que no haya elecciones para Constituyentes; que se dé la legalidad a todos los partidos políticos sin excepción” (Revolución Nacional, 11, 22-1-1957).

En el número 12 (29-1-1957) continúan con el caso Livraga: “Habla la mujer del fusilado”, titulan en tapa. Dan una noticia optimista sobre las gestiones del gran acto con los otros semanarios. Denuncian las limitaciones a la libertad de huelga, y manipulación en elecciones sindicales de los ferroviarios. Además, rechazan un nuevo secuestro de un diario en Corrientes y la clausura de Soberanía de Rosario, dirigido por Nora Lagos. En contratapa denuncian la destrucción del teatro Colón, nuevos ataques de los Comandos Civiles Revolucionarios y los efectos del Plan Prebisch en los sectores populares. Llaman desde las páginas del semanario a enviar colaboraciones: “Compañera, Compañero: ¡Este es tu periódico! Sus páginas esperan tu colaboración. Refleja en él tus inquietudes, tus problemas”. Una vez más reclaman: “El pueblo espera la libertad inmediata de los presos políticos y gremiales”.

En el número 13 (5-2-1957) denuncian los acuerdos sobre los que avanza el ministro Verrier como “peores que el Pacto Roca-Runciman”. Denuncian también el secuestro del semanario Consigna. El editorial está dedicado a rebatir una opinión sobre libertad de prensa del presidente Aramburu, y en contratapa critican la creación de organismos limitativos de los derechos de huelga. Dan cuenta de un acto del Instituto de Cultura Obrera en la ciudad de Córdoba con la presencia de Rossi, Cerrutti Costa y Mamaní. En este número, mediante un recuadro, y como ocurriera con otros medios, en particular algunos peronistas hacen un pedido solidario a colaboraciones económicas para sostener la publicación.

En el número 15 (19-2-1957) aparece en tapa la noticia estelar de los fusilados de León Suárez con su nota, agregando otra sobre nuevos sobrevivientes. Casi la totalidad de la entrega está dedicada a esta acuciante cuestión. El editorial fija posición sobre las huelgas y el uso de bombas, invitando al gobierno a reflexionar sobre su proceder y las causas de los problemas que originan el malestar. En contratapa denuncian despidos en el frigorífico municipal y aparece la nota firmada de Abraham Guillén titulada claramente: “Precios libres y salarios dirigidos”.

En el número 18 (19-3-1957) anuncia que suspende el llamado a un acto público para el cual se había invitado “a los semanarios que están en la línea nacional, pues se ha tenido en cuenta que muchos de los mismos están clausurados y sus directores perseguidos”. Comienzan a publicar una serie de artículos con el título: “Cómo desarrollar económica y políticamente la revolución nacional argentina”.

En el siguiente número Cerrutti Costa firma la nota editorial: “¿Qué trama infame se ha urdido en contra de la patria?”, y aparece una nueva nota sobre la masacre de José León Suárez. Se anuncia también un cambio de nombre a partir del número 21 por imperio del registro de la Propiedad Intelectual. Continúan con la publicación de la serie de artículos que llevan el título: “Cómo desarrollar económica y políticamente la revolución nacional argentina”, presentando el capítulo III. Desde el ICO anuncian los preparativos del congreso y el acto del primero de mayo. Informan sobre la mudanza a Viamonte 1636, Piso 1, departamento C (Revolución Nacional, 19, 26-3-1957).

Informan en el número 20 que les han prohibido el nombre basándose en un viejo decreto que no permite utilizar la palabra “Nacional”: “Los periódicos que como el nuestro juegan en cada número, con la valentía de sus artículos y la verdad de sus afirmaciones, su propio destino, deben acostumbrarse a toda clase de contingencias y de accidentes ‘legales’. Como su discusión nos llevaría a una larga contienda judicial, hemos preferido cambiar el nombre pensando que lo importante de un semanario es su contenido y no su continente” (Revolución Nacional, 20, 2-4-1957). Anticipan que se denominará Nuestra Lucha, por una auténtica revolución nacional. Se pliegan a las denuncias de sectores de la aeronáutica, y critican los usos que el gobierno hace de los servicios de informaciones. Hacen un llamamiento señalando que el ICO y Revolución Nacional no tienen local para funcionar, aunque sigue figurando la dirección de Viamonte al 1600 como sede del semanario. Sigue la serie de artículos con el título: “Cómo desarrollar económica y políticamente la revolución nacional argentina”.

 

De todo un poco

Aparece una sección fija, al estilo de otras publicaciones, dedicada a los chismes políticos. Se titula “De todo un poco”. En esa sección, haciendo uso de la ironía trabajan una serie de tópicos comunes a las denuncias de época por parte de los opositores al gobierno “libertador”: movimientos huelguísticos que no son comentados en la prensa; complicidad con el gobierno de los “dirigentes libres” vinculados al Partido Socialista; contradicciones del gobierno: solidaridad con húngaros y no con los criollos (Revolución Nacional, 6); negación de derecho de asilo en embajadas; atropellos a la libertad de prensa (Revolución Nacional, 10); clausura de locales obreros, sometimiento de sindicatos (Revolución Nacional, 15).

 

Walsh y la Operación Masacre en Revolución Nacional

Con relación a los fusilamientos de José León Suárez y la investigación de Rodolfo Walsh, según el periódico persigue “objetivos muy claros. Lucharemos a muerte por conseguir estas dos cosas: castigo ejemplar para el culpable; rehabilitación pública para las víctimas”. Walsh comienza su tarea de manera casual. Su amigo Dillon le cuenta que “hay un fusilado que vive”. En Hachette comparte a Gregorio Weinberg, Enriqueta Muñiz y Horacio Maniglia: “encontré al hombre que mordió a un perro” (Ferro, 1998: 110). Enriqueta Muñiz le sugiere ver a Leónidas Barletta, a quien conoce por haber sido jurado en el concurso de Vea y Lea auspiciado por Emecé de la que resultó premiado, para publicar la primera nota. El semanario Propósitos publica la nota sobre la cuestión el 23 de diciembre de 1956, con el título “Castigo a los culpables” (Jozami, 2006: 81). Ese mismo día Walsh entrevista a Juan Carlos Livraga y tiene una nueva novedad para publicar. Barletta no continúa con la salida de las notas, temiendo la clausura de su semanario. Walsh visita la redacción de Qué, donde lo recibe Dardo Cúneo. Se indigna por lo que le cuenta. No prospera la salida. El 9 de enero el semanario nacionalista Azul y Blanco publica una nota sobre “La denuncia Livraga” y la respuesta oficial, pero Walsh sigue sin poder difundir su reportaje. “La historia que escribo en caliente y de un tirón, para que no me ganen de mano, pero que después se me va arrugando día a día en un bolsillo porque la paseo por todo Buenos Aires y nadie me la quiere publicar, y casi ni enterarse… Así que ambulo por suburbios cada vez más remotos del periodismo, hasta que por fin en un sótano de Leandro Alem, donde se hace una hojita gremial, encuentro a un hombre que se anima” (Walsh, 1964: 11). El 15 de enero de 1957 aparece por primera vez la entrevista realizada por Walsh al sobreviviente Juan Carlos Livraga, bajo el título “Yo también fui fusilado”. Su publicación constituye un desplazamiento para el medio de las temáticas gremiales a un escenario ampliado de una demanda judicial en curso. “El título de la nota, ‘Yo también fui fusilado’, da a leer la palabra de Livraga, lo que significa un doble movimiento: la exhibición de una prueba escandalosa, un fusilado habla, y el testimonio del periodista que corrobora con su presencia la aserción del enunciado, haciéndose garante de la verdad, en tanto que testigo, constituyéndose en respaldo de la prueba” (Ferro, 1998: 123). Cabe acotar que, aunque finalmente se publicó, en el texto se había tachado la acusación a Fernández Suárez como responsable de los hechos.

Rodolfo Walsh inicia la investigación sobre los sucesos de José León Suárez. La publicación de los siguientes artículos evidencia las transformaciones que el conocimiento de otros testimonios y pruebas provocan. Así, en el número 12 de fecha 29 de enero de 1957 aparece la entrevista de Walsh a la viuda de Rodríguez, uno de los fusilados, bajo el título “Habla la mujer del fusilado”, y en la bajada anotan “Continuamos hoy la denuncia del caso Livraga, esperando la voz de la Justicia”. La nota cobra hondo dramatismo: “No sé –nos dice– por qué lo mataron. Han pasado siete meses y todavía no lo comprendo. A una se le hace mentira, como en un sueño, pero ya dura demasiado”. En esta nota se avanza con la denuncia sobre la responsabilidad de Fernández Suárez. Luego, en el número 14, de fecha 1 de febrero, denuncia que los militares “quieren arrancar al juez natural el caso Livraga”. En ese momento, la revista sensacionalista Hechos en el Mundo reproduce la entrevista a la viuda de Rodríguez, levantada de la publicada por Revolución Nacional. La revista es secuestrada en La Plata. Walsh ve positivamente que el tema se difunda. A las oficinas de la calle Alem, sede de Revolución Nacional, llega un anónimo. Se trata del mensaje de “Atilas”, un informante que aporta datos sobre los sucesos y los sobrevivientes. El secretario de Redacción, Braulio Mamaní, se lo entrega a Walsh. Comienzan las diferencias entre Walsh y Cerrutti, quien cobra protagonismo al no estar firmadas las notas. Walsh visita nuevamente a Barletta para insistirle en publicar a través de Propósitos, y lo mismo hace con el director de Azul y Blanco, Marcelo Sánchez Sorondo. El primero lo lleva a consulta política y el segundo manifiesta interés, pero sugiere esperar. El 11 de febrero llega otro anónimo de “Atilas”. “El 12, Walsh le entrega a Cerrutti un artículo que contiene virulentos ataques al jefe de policía y acusaciones de encubrimiento al gobierno nacional. El título elegido, ‘La masacre de Suárez’, se apoya en la coincidencia entre el nombre del principal responsable y el lugar del crimen. Cerrutti manifiesta sus temores, ha recibido amenazas de muerte, la sede del Instituto de Cultura Obrera tiene vigilancia policial” (Ferro, 1998: 135). En la entrega número 14, del 12 de febrero, en sección “carta de lectores” hay un reclamo de justicia a un “Alguien” para que se haga cargo del asunto o para que aparezca el responsable. El texto sin firma, en acuerdo con la dirección, es redactado por Walsh para seguir dando dinamismo a la denuncia. Ante la negativa de Cerrutti de publicar la nota “La masacre de Suárez”,[9] en el número 15 del 19 de febrero, Walsh revela detalles sobre nuevos sobrevivientes en un artículo que, conforme al progreso de la saga, lleva el siguiente título: “La verdad sobre los fusilados”. Muñiz y Walsh habían conseguido entrevistar a Di Chiano en su casa de Florida el día 10 de febrero. Se trataba de otro sobreviviente.

Se preparan 1.000 afiches y 20.000 volantes para difundir este número, con la finalidad de aumentar la venta de ejemplares. El copete que acompaña el título de la nota exhibe las reservas del director: “lo que nos permite publicar una relación completa e imparcial de los hechos, reservándonos aquellos que comprometen a terceros o que exigen una ulterior investigación… el autor de esta nota y de las dos anteriores –cuyo nombre retenemos por razones obvias– nos pide aclarar que en las escasas oportunidades en que menciona circunstancias que si bien le constan no puede documentar en forma inmediata, usa el verbo en el correspondiente modo potencial”.

A esta altura de la situación, Walsh abandona su casa, se refugia en Tigre y a veces se desplaza a Merlo. El colaborador de Revolución Nacional Horacio Maniglia lo alberga en su departamento de la Capital Federal. Ha cambiado de identidad. Entrevista a Juan Carlos Torres en la embajada de Bolivia, vinculado con los hechos de Suárez. Walsh va depurando su propia información, a la vez que comprueba la existencia de otros sobrevivientes que han salido del país: Gavino y Benavídez. Torres le habla, además, de Julio Troxler, de quien no había escuchado hablar hasta el momento y de otra persona, quizá presa. El día 22 de febrero, Marcelo Rizzoni se comunica a Revolución Nacional para hablar con el autor de los artículos. Sus testimonios concuerdan con los de Torres y el informante “Atilas”. Ese mismo día se apersona Carlos Brión, hermano del fusilado Mario.

El 23 de febrero Walsh presenta una nueva nota a Cerrutti titulada “Pedimos explicaciones sobre la masacre”, que saldrá en la entrega del 5 de marzo. La relación está tensa. El proyecto político del grupo Cerrutti no prospera y los fondos flaquean. Deben cambiar de sede. Tiempo atrás, para evitar que sus materiales se publiquen de manera independiente, Walsh había pedido la firma de recibo de las notas. Cerrutti se niega a hacerlo. Wilfredo Rossi, como dijimos, es detenido por la Policía de la Provincia de Buenos Aires, por la confusión de iniciales con Walsh. Es llevado frente a Fernández Suárez para explicar la situación. A esta altura, Walsh ha comprobado que la ley marcial fue dictada con posterioridad a la detención de los fusilados. El 13 de marzo entrega, pues, una nueva nota. En el número 19, del 26 de marzo, se pregunta: “¿Fue una operación clandestina la masacre de José León Suárez?”. Dice la misma: “Frente al hermético silencio de las autoridades y del periodismo serio, va tocando a su fin la investigación extraoficial de la masacre de Suárez, que Revolución Nacional ha acogido en sus páginas con el deseo de ilustrar al país sobre uno de los hechos más vergonzosos de nuestra historia. Será éste el único calificativo que utilizaremos, porque los hechos hablan solos y cualquiera puede comprobarlos. Dentro de poco habrán desaparecido los últimos puntos oscuros. Hemos afirmado que, al producirse el motín de junio del año pasado, el jefe de la policía de la provincia de Buenos Aires detuvo personalmente a catorce hombres en Florida, y nadie nos ha desmentido. Hemos afirmado que todos esos hombres eran inocentes en los hechos, y la mayoría en la intención, y nadie nos ha desmentido. Hemos afirmado que el jefe de la policía ordenó fusilarlos, que el fusilamiento fue irregular e ilegal, y nadie, absolutamente nadie, nos ha desmentido”.

Luego de esta nota Walsh, comienza a elaborar un libro. Se acerca al periodista Osiris Troiani, quien le dice que Frondizi tiene interés en publicarlo. Luego se entrevista con Noé Jitrik, muy cercano al líder intransigente, entregándole los originales de algunos capítulos y un esquema general del libro. Pasa el tiempo… Walsh se acerca a los hermanos Jacovella y comienza nuevas entregas en Mayoría, un total de nueve notas a partir del mes de mayo de 1957.

 

Acercamientos al peronismo

Revolución Nacional realiza un acto obrero en Córdoba en el mes de octubre, en el que ofician de oradores Rossi y Cerrutti Costa. Al finalizar la actividad, desde las tribunas comienzan a vivar a Perón y al peronismo. Poco tiempo después organizan un acto en la Federación de Box que es difundido desde Azul y Blanco (24-10-1956). Junto a los sindicalistas vinculados a Revolución Nacional, Wilfredo Rossi, Braulio Mamani y el mismo Cerrutti Costa, aparece Adolfo Cavalli, de clara filiación peronista.

Desde sus orígenes, Perón recibe noticias de la existencia de Revolución Nacional y los “acuerdos tácticos” que venían dándose en el escenario proscriptivo y represivo de la segunda fase de la “Revolución Libertadora”, en la que prácticamente habían desaparecido las voces en el periodismo vinculadas directamente con el peronismo. El P. Hernán Benítez le escribe una carta en septiembre de 1956, diciéndole: “por aquello de que ‘el enemigo de mi enemigo es mi amigo’ por carecer el pueblo de prensa propia, lee ávido Azul y Blanco de los nacionalistas, Revolución Nacional de Cerrutti Costa, ahora preso, Justicia Social de un grupo de obreros alentados por un sacerdote obrerista, el P. Esperanza, Unión de la Unión Federal Demócrata Cristiana. Todos estos semanarios le pegan al gobierno… Entre las revistas descuella Qué, parecida a De Frente de Cooke. Olmos el próximo lunes saca a la calle otra vez Palabra Argentina” (Cichero, 1993: 285).

Cerrutti busca aproximarse orgánicamente al peronismo en tiempos de la convocatoria para convencionales. Por ese tiempo, en carta a Perón, el delegado Cooke anota: “Cerrutti Costa fue a verlo hace unos días a un primo mío para que usted supiese, por mi intermedio, las siguientes cosas: 1. Que él y su órgano de difusión, Revolución Nacional, están identificados con usted. 2. Que está en la línea de intransigencia absoluta (!!!). 3. Que si usted considera que le movimiento gremial que él dirige estorba la acción de nuestras organizaciones, está dispuesto a disolverlo, incorporarlo a donde usted indique o adoptar la conducta que le parezca más conveniente. En cuanto al periódico, lo cerraría si usted lo estima conveniente”. Agrega, zumbón: “Como ve, los mismos que hablaban del retorno imposible ahora se dan cuenta de que erraron los cálculos” (Perón y Cooke, 2007: 96). Tiempo después, Cooke le envía un ejemplar y le habla de la organización de un congreso de los grupos orientados por Cerrutti (Perón y Cooke, 2007: 102).[10] La ausencia de respuesta por parte del Comando Superior (Perón-Cooke) orienta a Cerrutti Costa hacia las figuras de origen peronista que venían trabajando para la intransigencia de Frondizi en las elecciones de convencionales.

 

Conclusión y nuevo inicio

Cerrutti continuará con su prédica a través del semanario Nuestra Lucha. Allí se integrará Jauretche, referente de la postura concurrencista por Frondizi en la coyuntura. Nuestra Lucha lleva como lema “Por una auténtica Revolución Nacional”. Sigue como órgano informativo del Instituto de Cultura Obrera, cercano ahora a sectores de la Resistencia Peronista. Con cuatro páginas, continúa la numeración del anterior, manteniendo el mismo formato: “Estamos obligados a cambiarle el nombre de Revolución Nacional. Un viejo decreto, que a nuestro juicio no tiene nada que ver, en su espíritu, con nuestro título, nos impide continuar con el mismo. Desde ahora en adelante nos llamaremos Nuestra lucha. Y con este nombre y con mil nombres distintos seguiremos batallando por la Revolución Nacional, defendiendo sus principios y sus banderas”, es el titular del número 21 (11-4-1957). La continuidad fue, por lo demás, manifiesta en títulos y contenido de los siguientes números. “Derrotemos a la oligarquía defendiendo la Constitución de 1949”, proclama a fines de abril, a la par que enumeran las persecuciones que padecen por sacar un periódico que denuncia el plan económico de la “Libertadora” (Nuestra Lucha, 22, 25-4-1957).

Con problemas económicos que demoraron más de un mes su regreso a los puestos de venta, en vísperas de la conmemoración de los fusilamientos de junio de 1956 la publicación nacionalista no vaciló en adherir a la marcha convocada por Palabra Argentina en homenaje a los caídos (Nuestra Lucha, 23, 30-5-1957). El acontecimiento fue la mayor manifestación opositora de ese tiempo, lo que llamó la atención de la conducción del peronismo en el exilio (Perón y Cooke, 2007: 178).

Cerrutti colaboró también escribiendo para Resistencia Popular, el periódico de Raúl Damonte Taborda, y en esa misma época publica el libro sobre El sindicalismo que reseñamos en el desarrollo de esta nota.

El perfil y proyección de Revolución Nacional y su continuación en Nuestra Lucha, como ocurre con tantas otras publicaciones de la época, no pueden escindirse de la figura de su director y alma mater. Sus antecedentes en el trabajo legal y en la formación vinculada a los sindicatos, su desempeño en el Ministerio de Trabajo en tiempos de la gestión peronista, la gestión y sostén de un ámbito regular de encuentros y conferencias en el Ateneo de Estudios Sociales y la más reciente experiencia en el gobierno de Lonardi contribuyeron decisivamente a su impacto periodístico y político. Puede decirse, por otra parte, que considerada en sentido estricto –y aunque Cooke exagerara respecto de la voluntad de su director de ponerse al servicio del peronismo conducido desde el exilio– Revolución Nacional tiene casi todas las características de la prensa de la “resistencia” de ese momento. Posiblemente su circulación fuera menor y sus méritos hayan sido mermados por parte de quienes se identificaban más inequívocamente con el movimiento proscrito, como parece indicar la ausencia de referencias respecto de las empresas de Cerrutti Costa, tanto en un balance realizado por un militante y periodista de la época (Sobrino Aranda, 1959) como en trabajos posteriores (“Prensa de Liberación”, Las Bases, 45, 24-5-1973: 22; Moyano Laissue, 2000).

Como se definió desde el primer número, su contenido está referido a la problemática gremial del país, un aspecto que no fue descuidado por otros semanarios de orientación peronista o nacionalista. Palabra Argentina, Rebeldía, Norte, Azul y Blanco[11] y Mayoría, por ejemplo, dedicaron habitualmente importantes espacios, a veces la última página, a la cobertura de información sobre la actividad de los sindicatos y los conflictos gremiales.

Haber adquirido notoriedad, y haber pasado justamente a la historia como uno de los medios pioneros para la puesta en conocimiento y circulación de los trabajos de Walsh, no lo hace, por cierto, “más peronista” que sus rivales. Sabido es que, pese a que la sublevación de Valle fue sentida por muchos peronistas como una esperanza frustrada y los fusilamientos como un verdadero martirologio, el ex presidente en el exilio no participó de la idea de la sublevación y tardó casi dos años en integrar a los caídos en un lugar de privilegio del panteón peronista. Los fusilamientos calaron hondo, como no podía ser de otro modo, entre los argentinos que debían remontarse muy atrás en el siglo XIX para encontrar parangones y, que, a la vez, se enteraban por la promisoria pluma de Rodolfo Walsh –un ex miembro de la Alianza Libertadora Nacionalista sin simpatías hasta el momento con el peronismo– de la naturaleza criminal e irregular de los actos represivos.

Con todo, no es esta intervención lo que más llama la atención a años vista del contenido de este nacionalismo periodístico orientado por Cerrutti Costa. Como hemos tenido oportunidad de observar, el “obrerismo” del ex ministro de Trabajo de la “Revolución Libertadora” parecía ir varios pasos más allá, al menos en términos discursivos, que otros medios nacionalistas, al punto de reconocer, como también se expresa en su libro, los límites de la “burguesía” respecto de acompañar las grandes tareas nacionales.

Un punto a considerar, pues, es la conveniencia de colocar a Revolución Nacional y Nuestra Lucha y a su director, ciertamente radicalizado a partir de la adopción del “verdadero rumbo” del gobierno de facto, en la historia de un nacionalismo que, con posterioridad a 1955, seguía o volvía a ser disruptivo, no ya en el sentido de sintonizar con los militares como carta de orden, sino en el del reconocimiento de una presencia de masas insoslayable en la vida social argentina.

En la entrega precedente nos referimos a Columnas del Nacionalismo Marxista. Si la novedad desde el punto de vista de historia de las ideas era patente, al menos en la búsqueda exprofeso de un canal de comunicación intelectual y político, decíamos que no era menos cierto que sectores del “marxismo” comunista, trotskista o socialista consideraron tempranamente una interpretación del peronismo y, en general, de la nación, menos cerrada que la que las izquierdas habían tenido en 1946. Los “nacionalistas”, en esa confluencia, particularmente desde uno de ellos, el activo peronista Fermín Chávez, celebraban las críticas al “marxismo sin nación” a la que sumaba, con la diplomacia de la simetría, la de un “nacionalismo sin pueblo” en el que dicho autor, seguramente, no se contaba (Pulfer y Melon Pirro, 2019f). Los nacionalistas argentinos –si se nos concediera por un momento hablar en términos tan generales– habían tenido acercamientos y distancias con una de las versiones del “pueblo” y un sector importante de ellos se había distanciado, como sabemos, del peronismo gobernante a raíz del conflicto con la Iglesia, desempeñando un rol muy activo en la conspiración y en el gobierno lonardista. Ahora bien, la asunción de un carácter radicalmente antiperonista por parte de la “Revolución Libertadora” dejó al descubierto una tradición que, probablemente exacerbada por la coyuntura, cuestionó de modo estridente el rumbo de esa “revolución” y, en lo que hace a las publicaciones aquí analizadas, intentaron trabajar, como su alma mater, en la vertebración de un proyecto cuya originalidad era, precisamente, la centralidad de la clase trabajadora y del sindicalismo en la vida nacional.

Quizá el giro de muchos, como buena parte de las torsiones ideológicas y políticas de entonces, no deba prescindir del hecho de que junto a la negación del peronismo y contra los pronósticos iniciales, las falsas credenciales del liberalismo político activaban la radicalización de todos aquellos que, en diverso grado y función, quedaban excluidos de la Argentina posterior a 1955.

Un partido autónomo para la clase obrera… reclamaba Cerutti, para escándalo de extraños y quizá de algunos propios, en estos años difíciles. He ahí un punto de discusión, de cruzamiento, de originalidad y quizá de radicalidad nacionalista.

No debe ser pasado por alto tampoco el hecho más descuidado por la historiografía y que aquí hemos señalado bastante exhaustivamente: el director de la publicación no es solo uno de los nacionalistas que en el contexto de la caída del peronismo interviene en el gobierno de facto, para desencantarse rápidamente y empezar a comulgar o a re-comulgar con el movimiento ahora proscripto, sino que es alguien que tiene sólidas y prolongadas relaciones con el peronismo gobernante. Mucho más que un abogado de sindicatos, sus funciones en el Instituto y su declarada adhesión a Perón en los albores de su gobierno, prolongada por las funciones políticas que tuvo en el propio partido, hacen que Cerrutti pueda ser considerado también como un peronista histórico al que solo la radical cesura del tiempo final de enfrentamientos colocó, coyunturalmente, en otra vereda. No fue el único caso…

 

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[1] Varios autores se han interesado en esta prensa. Uno de los esfuerzos más atentos a la trayectoria de estos directores-gestores fue la tesis de Laura Ehrlich (2010).

[2] Cerrutti Costa (1957). Un desarrollo sobre el tema en Seman (2018).

[3] Cerrutti Costa (1957). El texto sale en la misma editorial que publica a autores claramente filiados al peronismo como Chávez, Puiggrós, Nella Castro, Jauretche, etcétera.

[4] Cerrutti Costa (1957: 148). El autor señala que el discurso es inédito. Cabe consignar que Cerrutti lo utiliza en el libro que hemos comentado del año 1951 y luego será largamente citado como fuente del pensamiento de Perón, aunque no se tenga constancia del ingreso de éste a Palomar ese día, ni de la existencia de la pieza, más allá de la afirmación del autor.

[5] Hemos sugerido que ese emprendimiento editorial expresa a los autores y líneas de pensamiento que buscaba encauzar Columnas del nacionalismo marxista y que en las presentaciones podía estar la pluma de Fermín Chávez (Melon Pirro y Pulfer, 2019d).

[6] Esta tirada la ubica en un lugar ínfimo en términos comparativos con otras publicaciones de ese signo, como Azul y Blanco. El mismo semanario se preocupó de anunciar una tirada de 85.000 ejemplares al cumplirse un año de la revolución, con una fotografía de Lonardi en tapa (Azul y Blanco, 16, 19-9-1956). Dos números después se habrían alcanzado los 100.000 ejemplares, invitándose a los lectores a festejar el logro en una “gran comida popular” a realizarse en el Palacio del Baile (Parque Retiro). Según la propia publicación, había comenzado con un primer número de 15.000 (Azul y Blanco: 18, 4-10-1956, y 19, 10-10-1956). Ver Melon Pirro (sd).

[7] Sobre la obra de Silenzi de Stagni, ver: www.peronlibros.com.ar/autores/3080/silenzi_de_stagni_adolfo.

[8] Los retomamos en otro acápite.

[9] Frondizi había leído la nota y tampoco consideró viable su publicación en los medios asociados a su fuerza política.

[10] Años después, Cooke rescataría a Cerrutti Costa como un “hombre de buena voluntad” que en el gobierno de Lonardi quiso enfrentar los planes antisindicales (Cooke, 2007).

[11] En el que Cerrutti Costa colabora también, cubriendo la sección correspondiente a movimientos gremiales que aparece en contratapa (Contreras, 2007; Galván, 2011: 188). Marcelo Sánchez Sorondo, que fue además quien publicó en editorial la primera edición de Operación Masacre (Sigla, Buenos Aires, 1957) reunió sus notas de Azul y Blanco en el libro Libertades Prestadas (1970).

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