16 de junio: 1955 y 2019. Un pueblo que recuerda, resiste y sueña

Sebastián Giménez

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El cielo gris no guarda contrastes con lo que en ese día sucede. La lluvia que se insinúa es preanuncio de otras lágrimas. 16 de Junio de 1955. Se anuncia el desagravio de la bandera nacional por la quema de la enseña patria durante la procesión del Corpus Christi. Pero los aviones vienen a agraviar aún más esa bandera. El desagravio deviene conspiración. Matar a Perón, la obsesión. Las víctimas, un pueblo inocente. Gente que transitaba la Plaza como tantos otros días. Rumbo al trabajo. Trámites, punto de encuentro, estación final del subterráneo en la Plaza de Mayo, terminal de innumerables líneas de colectivo.

Transitada como un hormiguero la Plaza. De laburantes. De gente del común. Que son quienes no saben lo que va a pasar. Totalmente vulnerables a lo que sólo el odio y el rencor volvió posible. La escena dantesca de una fuerza armada matando a su propio pueblo indefenso. No es una guerra civil, es un fusilamiento de civiles. De gente del común. De trabajadores. De los de abajo, de los inocentes que esperaban un desagravio pero fueron víctimas de una nueva afrenta. De una nueva carnicería. La Plaza se riega de sangre inocente, injustamente vertida. Como un espacio de tragedia y también de lucha. De resistencia a la adversidad. De obstinado querer ser. El pueblo vencido y resurgiendo una vez más. Porque algunos huyen y otros temerarios se quedan mirando el cielo, poniéndole el pecho a las balas. Porque la solidaridad, esa otra forma de resistencia, aparece y se despliega enseguida, incluso bajo la balacera. La asistencia a las víctimas no se demora, mientras los aviones culpables de la masacre huyen a Uruguay.

El recuerdo carece de sentido si no se funde con otros recuerdos, con otras historias y el presente de nuestro querido país. Jornadas memorables de lucha y también de errores históricos, de sinsentidos. La Plaza como el espejo de la Argentina. Vacía, a medio llenar, rebosante de pueblo. En torno a la Plaza sigue la historia argentina como sujeto colectivo, sinónimo de pueblo organizado. Los ricos no llenan ninguna plaza, los de abajo sí. Los de arriba y los de abajo, una y otra vez. Los aviones que bombardean de múltiples maneras y los resistentes. Historia que va y vuelve en torno a la Plaza. Refugio de las mayorías argentinas, de un pueblo que recuerda, resiste y sueña.

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