Peronismo e interrupción del embarazo

Pablo Serdán

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Me parece importante discutir algunos de los argumentos que se esgrimen desde el interior del peronismo con el fin de tomar posición en contra del proyecto de ley que se debate por estos días en el Senado. Considero que la mayoría de esos argumentos son muy respetables. Sin embargo, entiendo que parten de conceptos equivocados. Veamos.

El Peronismo, además de un movimiento político de masas, se constituyó como una forma de pensar el mundo desde un prisma diferente al utilizado por el liberalismo y por el materialismo histórico impulsado por Karl Marx. Con el fin de cimentar sus postulados filosóficos, el gobierno del General Perón convocó en el año 1949 a un Congreso de Filosofía que generó algunos resultados dignos de tener presentes, aún en la actualidad, para la discusión sobre el sentido y el alcance de lo humano y su relación con el Estado, entre muchos otros temas importantes.

En el penúltimo capítulo de su discurso, titulado “La terrible anulación del hombre por el Estado y el problema del pensamiento democrático del futuro”, Perón brinda algunas definiciones importantes respecto de la relación entre libertad, hombre y Estado. Dicha conferencia resulta importante a efectos de echar luz en la actual discusión sobre la despenalización del aborto, dado que muchos justicialistas sugieren –casi dogmáticamente– que ser peronista implica de por sí estar en contra del proyecto. La filosofía peronista critica tanto el idealismo hegeliano como el materialismo marxista, ya que considera que ninguno de los dos coloca al “hombre” como centro del sistema de pensamiento. Así, Perón sostiene que: “Hegel convertirá en Dios al Estado. La vida ideal y el mundo espiritual que halló abandonados los recogió para sacrificarlos a la Providencia estatal, convertida en serie de absolutos. De esta concepción filosófica derivará la traslación posterior: el materialismo conducirá al marxismo, y el idealismo, que ya no acentúa sobre el hombre, será en los sucesores y en los intérpretes de Hegel la deificación del Estado con su consecuencia necesaria, la insectificación del individuo”. Para Perón, en ambos casos “el individuo está sometido (…) a un destino histórico a través del Estado, al que pertenece. Los marxistas lo convertirán a su vez en una pieza, sin paisajes ni techo celeste, de una comunidad tiranizada donde todo ha desaparecido bajo la mampostería. Lo que en ambas formas se hace patente es la anulación del hombre como tal, su desaparición progresiva frente al aparato externo del progreso, el Estado fáustico o la comunidad mecanizada”.

Como se desprende del discurso de Perón en el 49, el Justicialismo se opone a considerar al hombre como instrumento del Estado, sean cuales fueren los fines que desarrolla ese aparato. Por el contrario, encuentra en el individuo el centro de la realización de la comunidad, que a su vez estará integrada por las diferentes organizaciones libres del pueblo. El mismo Perón advierte que “el problema del pensamiento democrático futuro está en resolvernos a dar cabida en su paisaje a la comunidad, sin distraer la atención de los valores supremos del individuo; acentuando sobre sus esencias espirituales, pero con las esperanzas puestas en el bien común”. Está claro en el discurso del General Perón que la Comunidad Organizada no se construye mediante la imposición de un modelo de vida al individuo, sino mediante la persuasión en la instalación de los valores de solidaridad y justicia social.

Ahora bien, ¿qué lugar tiene la persecución penal de las mujeres que se realizan abortos en la postura filosófica del Justicialismo? Creo que el último apartado de la conferencia analizada puede servir como guía interpretativa del lugar que el Justicialismo le asigna a la justicia, ya que en palabras de su líder ésta “no es un término insinuador de violencia, sino una persuasión general; y existe entonces un régimen de alegría, porque donde lo democrático puede robustecerse en la comprensión universal de la libertad, y el bien general es donde, con precisión, puede el individuo realizarse a sí mismo, hallar de un modo pleno su euforia espiritual y la justificación de su existencia”.

En otro orden de ideas, creo interesante analizar otra afirmación que he escuchado en varias oportunidades en torno al debate sobre el aborto hacia adentro del peronismo: se sostiene que la despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo se relaciona con las necesidades del mercado y de ciertos grupos económicos, como “Farmacity”. Creo que resulta un análisis erróneo, por dos cuestiones. Está claro que todo proceso histórico es asimilado y aprehendido por el modelo económico dominante. Por ejemplo, la abolición de la esclavitud permitió la ampliación de mercados, debido a que creó sujetos de derecho que podían contratar, comprar y vender. Ahora bien, a nadie en su sano juicio se le ocurría estar a favor de la esclavitud para que no crezca el sistema capitalista. La segunda es que el capital crece y se reproduce de igual manera en la legalidad y en la clandestinidad. La diferencia es que en la primera contamos con las armas del Estado para regularlo, y en la segunda es directamente regulado por las mafias de la economía. Esas mafias son las que hasta ahora definieron que en Argentina aborte sin problemas la mujer rica y muera la mujer pobre en el intento. Claramente, un panorama sobre el que la justicia social no puede mirar para otro lado.

Las políticas de control de la natalidad y poblacionales que se puedan desarrollar desde los diferentes grupos de poder global se ejercen tanto para ampliar las poblaciones como para limitar su crecimiento. El biopoder –como lo entendía Michel Foucault– se refiere al domino que se ejerce desde el poder sobre los cuerpos de los ciudadanos. La única forma de evitar la manipulación política del vientre de la mujer es brindándole derecho a decidir si quiere ser madre o no, excluyendo ese ámbito de las distintas formas de poder terrenal y celestial. No hay Estado que pueda intervenir en un aspecto tan personal. Recordemos que no existen roles pre-asignados que las mujeres deban cumplir, sino que –desde Evita a esta parte– en Argentina las mujeres son sujetos plenos de derecho.

Perón y el Justicialismo deben ser interpretados de forma dinámica, no para bajar alguna bandera, sino para que sus conceptos no pierdan el valor disruptivo que han tenido a lo largo de la historia.

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