La libertad individual y la Comunidad Organizada

Damián Descalzo

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 Aclaración de Movimiento: en el número 2 de la revista se publicó un artículo de Pablo Serdán, “Peronismo e interrupción del embarazo”, en donde se sostiene que “la única forma de evitar la manipulación política del vientre de la mujer es brindándole derecho a decidir si quiere ser madre o no, excluyendo ese ámbito de las distintas formas de poder terrenal y celestial. No hay Estado que pueda intervenir en un aspecto tan personal”. El autor del texto que a continuación se publica presenta argumentos que contradicen las de ese artículo.

Recordamos que “los artículos y comentarios firmados reflejan exclusivamente la opinión de sus autores. Su publicación en este medio no implica que quienes lo dirigen o producen compartan los conceptos allí vertidos”. El criterio para decidir qué textos se publican en Movimiento no es si quienes la realizan comparten o no las opiniones que contienen –algo por otro lado evidente, ya que hay textos que expresan opiniones contrapuestas–, sino su relevancia para clarificar distintas posiciones en debates relevantes en torno a ideas políticas, a la democracia y la política, en la convicción de que la mejor manera de valorar o criticar una opinión es conocerla de la forma en que la exponen directamente quienes la sostienen. A la vez, es sabido que en estos años de grietas y gritos muchos usan un atajo para convencerse de tener razón: cuestionar las versiones más desafortunadas o repudiables de quienes exponen las ideas que pretenden impugnar, en la fantasía de que eso es suficiente refutación de todos los argumentos que puedan guardar cierta afinidad con esas versiones. Con esta revista se busca exactamente lo contrario: brindar herramientas para desarrollar capacidades para el debate político. 

Las 20 verdades peronistas

Perón las llamaba “verdades esenciales” de la Doctrina Peronista. Habrá quienes piensen que las 20 verdades son algo anclado en un tiempo ya “pasado de moda”, pero para los peronistas siguen siendo una fuente de sabiduría por su claridad conceptual. “El Justicialismo es una nueva filosofía de la vida, simple, práctica, popular, profundamente cristiana y profundamente humanista”, señala la decimocuarta. Durante más de 30 años, en innumerables oportunidades, Juan Perón reafirmó los íntimos lazos que unían al Peronismo con el Cristianismo. Lo dijo en cientos de discursos y en casi todas sus obras escritas, desde el inicio de su vida pública hasta su muerte.

El Cristianismo irrumpió en la historia postulando una valoración suprema de la vida y la dignidad humanas que la Doctrina Peronista siempre compartió explícitamente. Defender la vida humana desde la concepción es un principio que sostiene la Doctrina Social de la Iglesia Católica y ha sido, históricamente, la posición que ha tenido el Peronismo. Es, además, la posición que ha tenido y tiene la legislación argentina. El Peronismo siempre hizo honor a esa tradición: lo hizo no solo durante los gobiernos del General Perón, sino también en los de 1989-1999 y 2002-2015. Por ejemplo, en La Nación Argentina. Justa, libre y soberana, la famosa obra de divulgación de la obra del gobierno peronista publicada en 1950, se condenaba a “el aborto criminal [que] constituye una práctica amoral y defectuosa” y se reivindicaba la defensa del niño “desde antes de nacer”.

 

Equilibrio del derecho del individuo con el de la comunidad

El Peronismo siempre ha manifestado una alta valoración de los derechos individuales y la dignidad de la persona humana. No postuló nociones que buscaran el sometimiento del individuo al Estado: el ser humano no puede subordinarse ni ser un instrumento del Estado. Pero tampoco el Peronismo ha promovido históricamente una exaltación desmedida de la libertad del individuo, entre otras razones porque ella llevaría a una denegación de la posibilidad concreta de alcanzar la justicia social. Lo dice con meridiana claridad la decimoquinta verdad peronista: “como doctrina política, el justicialismo realiza el equilibrio del derecho del individuo con el de la comunidad”. Al menos en el ideario peronista, el derecho de la comunidad no se podría lograr si en ciertas situaciones no pudieran limitarse o regularse los derechos de los individuos.

En este sentido, los peronistas que estamos en contra de la legalización del aborto en la Argentina no estamos promoviendo que se obligue a las mujeres a engendrar hijos. Estamos en contra de que una ley permita o facilite la eliminación de vidas humanas en nombre de una libertad individual exaltada en forma absoluta. La legalización rompería ese equilibrio que postula el Peronismo, colocando el derecho individual de quien pretende abortar por encima de la responsabilidad de la comunidad de preservar la vida de todos sus miembros.

El 24 de junio de 1953 Perón expresó que “el Justicialismo ha abandonado definitivamente el antiguo concepto liberal e individualista de la absoluta libertad, por entender que la libertad absoluta es el medio más propicio para el abuso de la libertad, que conduce a la explotación y a la opresión del poder por parte de unos pocos frente a la debilidad inmensa de la mayoría. El Justicialismo entiende que la libertad es un medio y no un fin, que no es lógico luchar por la libertad como tal, por sí misma, pero que ella es un instrumento necesario e insustituible para el hombre, que ha de usarlo en su propio beneficio pero también en beneficio de la comunidad. Para nosotros, la libertad, como la propiedad, como el capital, como la economía y todo lo que es un bien del hombre, es no solamente un bien individual, sino que además es un bien social”.

No cabe duda de que todos tenemos derecho a decidir sobre nuestro propio cuerpo. Pero para la Doctrina Peronista ese principio no es absoluto: el límite es el otro. Si se entiende que el hijo por nacer es otra persona que habita transitoriamente y se desarrolla en el cuerpo de su madre, es otro y no solamente una “parte” del cuerpo de la madre. Es un nuevo ser desde el momento de la concepción, distinto de los dos individuos que al unirse lo han formado. Su condición de persona no puede depender del “deseo” de otra persona. No sorprende que gran parte de la argumentación a favor de la despenalización del aborto se base en la negación de la condición de persona del ser humano por nacer, abriendo de modo temerario el camino a la subjetividad para valorar quién es persona y quién no lo es.

 

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