La ESI como oportunidad en tiempos de pandemia

Carla Elena

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Transitamos varios meses desde el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO) decretado por el presidente Alberto Fernández el 19 de marzo pasado. Son días en los que el tiempo parece no tener tiempo, donde la escuela se ha trasladado a nuestras casas, donde los padres y madres se han convertido en docentes, donde la virtualidad ha inundado nuestros hogares, donde no se vislumbra un comienzo de clases presenciales.

Es fundamental que el sistema educativo no pierda la ocasión de alojar, prestar, escuchar y continuar promoviendo y aplicando la Educación Sexual Integral (ESI). Se realizan encuentros virtuales entre estudiantes, maestras y maestros, y es esencial pensar sobre la ESI en esta época de pandemia: existe una gran oportunidad para ser creativos y dinámicos y abastecerse del abanico de espacios diferentes por donde la ESI transita y permite ser abordada.

La Ley 26.150 de 2006 que creó la ESI tiene como fundamento los derechos humanos universales y, como parte de éstos, los derechos sexuales y reproductivos. Convalida una visión enriquecedora y positiva de la sexualidad, incluyendo el placer. Promueve los principios de igualdad, dignidad humana, respeto, justicia y participación para todas las personas, como base indiscutible para alcanzar la salud sexual, reproductiva y el bienestar general.

La ESI es un proceso que se basa en un currículo para enseñar y aprender acerca de los aspectos cognitivos, emocionales, físicos y sociales de la sexualidad. Su objetivo es preparar a niños, niñas y jóvenes con conocimientos, habilidades, actitudes y valores que los empoderarán para ser protagonistas de su salud, bienestar y dignidad; desarrollar relaciones sociales y sexuales respetuosas; considerar cómo sus elecciones afectan su propio bienestar y el de los demás; y entender cuáles son sus derechos a lo largo de la vida y asegurarse de protegerlos.

La ESI explora los roles y los atributos de género como una construcción social; motiva el análisis de las percepciones de masculinidad y feminidad dentro de la familia y a través del ciclo de vida, y las normas y valores cambiantes en la sociedad; plantea el placer de la sexualidad y cuestiona las barreras sobre el erotismo que limitan la sexualidad a la mera función reproductiva; rechaza cualquier forma de violencia; aboga por el derecho de las personas a la no discriminación; cuestiona los efectos perniciosos del estigma y la exclusión; promueve actitudes y conductas incluyentes y de respeto a la diversidad, que son mucho más que el simple acto de “tolerar”.

Si bien el concepto de la ESI es claro, existe suficiente material y una ley que obliga a su implementación, en la Argentina, según una encuesta de la Fundación Huésped, solo la mitad de los maestros asegura haber recibido capacitaciones en la temática. En relación con los alumnos es todavía más preocupante la situación: solo la mitad conoce la existencia de la ley y la gran mayoría la vincula con aprender sobre el aparato reproductor. Esto implica que aún existe un enorme camino por delante para implementar la ESI, para comprender cuáles son sus objetivos y el porqué de la urgencia de difundir y proclamar estos valores.

 

Algunos conceptos clave

El sexo anatómico es el órgano biológico con el que el sujeto nace. La identidad de género está relacionada con qué género se identificó la persona: con el orden simbólico. Este proceso es independiente de la anatomía o la genitalidad del sujeto. La orientación sexual tiene que ver con la elección de objeto que el sujeto posea, la cual no tiene por qué ser única y definitiva. Expresiones de género están relacionadas con cómo vive la persona en su cotidianidad el género: vestimenta, gestualidad, indumentaria, tonos de voz, etcétera. Estereotipos de género son las representaciones sociales de cómo debería ser una mujer o un varón: son modelos socialmente establecidos sobre conductas esperadas para varones y mujeres. Distribuyen y ordenan los roles que corresponden a mujeres y varones en nuestras sociedades, sustentados en el binarismo sexual: lo que es una construcción histórica y cultural se presenta como algo natural, anclado en una supuesta “esencia” vinculada a lo anatómico.

El concepto de patriarcado no es sólo un sistema de opresión de varones hacia las mujeres: oprime a todos los cuerpos y las identidades de género que escapen al esquema de cisnormatividad y heterosexualidad obligatoria –es decir, varones que nacen con genitalidad de varón, se sienten varones, se comportan socialmente como varones y eligen relaciones sexo afectivas con mujeres. Los privilegios no son detentados por la totalidad de los varones cisgénero y heterosexuales. A esa figura se le debe sumar las relaciones de clase, de raza y de edad, por lo que la figura ideal del patriarcado es la de un varón cisgénero, heterosexual, blanco y adulto.

En relación a la Ciudadanía Sexual, se refiere a las ampliaciones de derechos que se fueron alcanzando en algunos países de la región, como es el caso de Argentina cuando se sancionaron las leyes de Matrimonio Igualitario 26.618 (2010), Identidad de Género 26.743 (2012), Salud Sexual y Procreación Responsable 25.673, Parto Respetado 25.929 (2004). Fueron leyes sancionadas como consecuencia de un recorrido y una militancia de distintas organizaciones sociales que tomaron la voz de minorías excluidas y de mayorías que bregaban por un cambio de paradigma, donde la realidad se impone por sobre los conservadurismos rancios.

Por otra parte, la idea de Ideología de Género –tan nombrada en la cotidianidad– expresa una intención de confundir y generar temor. Quienes enarbolan esta expresión se montan sobre representaciones sociales macartistas. En contraposición al conjunto de contenidos basados en derechos y respeto por la diversidad, describen un imaginario cuerpo de intenciones de adoctrinamiento de niños y niñas y adolescentes de los funcionarios y las funcionarias de los Estados para supuestamente fomentar las orientaciones sexuales diversas, entre otras cosas.

La perspectiva de género promueve una mirada del mundo social que contribuya a la deconstrucción y la desnaturalización de representaciones que promueven la inequidad: matrimonio igualitario, paridad entre varones y mujeres en las listas electorales, cupo laboral y terminalidad educativa para las poblaciones trans, reconocimiento de las distintas identidades de género, y posibilidad de cambio registral e intervenciones para cambios corporales.

Por último, equidad de género es redistribuir las oportunidades y hacer menos desiguales las situaciones existentes entre los géneros.

La ESI vino para quedarse y comenzar a inquietar y movilizar pensares, sentires y cabezas, para habilitar un espacio para el diálogo conjunto que ayude a la construcción de sujetos críticos, independientes y empoderados. Ciudadanos sexuales de derecho y protagonistas de sus vidas.

Nelly Minyersky, abogada especializada en derechos de la mujer, derechos sexuales, familia y adolescencia, afirmó que “todas las personas que estudiamos estos temas llegamos a una sola conclusión… bueno, casi todas. No tiene que ver con más cárcel, se necesita un cambio muy profundo: hay que eliminar los estereotipos. Debemos impulsar la educación sexual desde muy temprano. En eso la iglesia ha tenido una responsabilidad horrible, es donde han surgido mitos sobre la sexualidad y sus prohibiciones. Los países que realmente eliminan los femicidios son los que eliminan la violencia. A través de la prevención se pueden hacer algunas cosas, pero son aquellos países que tienen educación sexual desde la primera infancia, los que lograron eliminar los estereotipos más fuertes”.

 

Carla Elena es psicóloga social, diplomada en Violencia Familiar y Género, Derecho de Niñez y Adolescencia, y Discapacidad, posgraduada en Educación Sexual Integral: Desafíos de la implementación en el ámbito educativo y comunitario, Despatologización de las Diferencias, miembro de Forum Infancias y docente.

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