Diágolos 3

Walter Ego

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Tercera entrega de los “diágolos” de Walter Ego 1900–1982. Escritor póstumo. Autor pionero en la adaptación de clásicos con títulos como Sueño de una Noche de Vegano y de Chauchis a las Armas. Actualmente, ni fu ni fa. Mañana, quién te dice.

 

La insoportable levedad del ser

–¿Qué dijo? ¿Qué dijo el cuuliao?

–No lo sé, Crotón. El “viento a favor” esta vez nos juega en contra.

–Ya no sé qué haacer, Upite: llevamos más de quince cuadras y apenas si pude anotar dos o tres paalabras.

–¿Dos palabras o tres palabras?

–Ni eso te sé, loco. ¿Por qué caminará taan rápido el estagirita? ¿Se estará meando?

–Al parecer, su pensamiento y su andar son igualmente veloces: muy veloces… y el barbijo, la verdad, mucho no ayuda. Pero veamos qué anotaste. Tal vez pueda ayudarte.

–“On”. “To On”. “To onto…”.

–¿”Tonto”? ¿Por qué diría eso?

–Seguirá enoojado con el Espeusipo…

–Es posible. Todos sabemos que nadie merecía tanto como él el honor de dirigir la Academia. Pero, bueno, ya sabés cómo son los hombres…

–¿Cómoo son?

–Zoon politikon, son. Unos un poco más, otros menos, pero nunca alcanza sólo con el mérito, además hay que saber moverse…

–Si hay un tipo que sabe moverse es justamente este. Lo que no sabe es quedarse quieto este cuuliao. ¿Cómo se le habrá ocurrido lo de dar clases camiinando? Es un auténtico borococo…

–Esto tampoco lo sé, querido Crotón. Cuando llegué desde Tebas, hace cuatro meses, Aristóteles ya era sumamente afecto a demostrar el movimiento andando. De todos modos, me permito señalar que se trata del único error de nuestro gran maestro, si descontamos lo de la generación espontánea, las causas del movimiento, la diferencia entre cuerpos pesados y livianos, el fuego como cuarto elemento, el éter, la luna como esfera perfecta, la ubicación de la tierra en el centro del universo, todo lo de las partes frías y calientes del cuerpo, los seres intermedios entre los hombres y el primer motor, lo de la esclavitud natural, la falta de inteligencia de las mujeres, la cantidad de muelas de…

–Poolémico lo de los dientes…

–Polémico, sin dudas. Ahora, dime una cosa: ¿cómo es posible que un polímata del calibre de Aristóteles no le haya dedicado un poco de atención al menos a la cuestión didáctica?

–¿Diiidáctica? ¿Qué es eso?

–El estudio de las técnicas y métodos de la enseñanza.

–¿Cuál seeería el objeto?

–Pues la enseñanza.

–Claro, cuuliao, ya te escuuché, ¿pero la enseñanza de qué cosa?

–De la enseñanza.

–¡Un círculo reeedondo!

–“Cuadrado” querrás decir…

–No, reedondo. No es que sea impoosible pero suena bastante aal pedo.

–Típico estudiante de filosofía, despreciando cualquier cosa vinculada a las ciencias de la educación.

–¡Por la mona! No pasó unaa cuadra y resulta que ya es ciencia…

–Bueno todavía no, pero algún día…

–¡Que Zeus me libre de vivir en eseee mundo, Upite! Ya me imagino todos los concursos públicos copados por una manga de cuuuliaos que son especialistas en enseñar pero no saben nada… ¡Qué pueden enseeñar si no saben nada! ¡Van a deecir cualquier cosa!

–Pues, claro: ¿te imaginas qué terrible sería oír a alguien decir que el ser es y el no ser no es?

–¡No me vas a compaarar, culiao! Una cosa es hablar de nada y otra muy distinta hablar del ser.

–A ver, háblame del ser.

–Estem, eeeh, el ser, bueno, el ser se dice de muchas maaaneras…

–Eso y decir nada es lo mismo. Sin determinaciones, el pensamiento del ser conduce inevitablemente al pensamiento de la nada… Ser, puro ser, igual a nada…

–¿Qué te comiste un puchero de Hegel, cuuliao? Te recuerdo que estamos en la Antigüedad y todas esas elucubraciones todavía no tienen sentido, si es que alguna vez llegan a tenerlo. Así que ubicate un cacho, querés.

–¡Lo que nos faltaba: un aristotélico con conciencia histórica! ¡Eso sí que es un círculo cuadrado! Ni concepto de historia tenemos todavía…

–¡Vos no tendrás concepto de historia, bolsa ee cuernos! Yo tengo. No será: ¡uy qué Geschichte la de este muchacho!, pero una que otra historie me sé.

–Me parece, buen amigo, que ya entramos en el plano de las tonterías pos-clásicas y, aún peor, pos-medievales.

–¿Toonto? ¿Me dijiste toonto? Si yo soy toonto vo soo un fartusco.

–Deja, Crotón, no tiene sentido seguir la discusión. Aprovechemos que el maestro aminoró el paso y tratemos de averiguar de qué está hablando ahora.

–¿Lo escuuchás ahora?

–Un poco, tan sólo un poco. Dijo que está escribiendo una ética para un familiar directo suyo, un varón…

–Seguro que para el padre o para el hijo. ¿Cuál de los dos?

–Generación inmediatamente próxima…

–¿Cuál de los dos?

–Nicómaco.

–¿Cuál de los dos?

–No sé, supongo que para el padre, porque el hijo es chiquito y todavía no sabe leer.

–Tiene sentido. ¿Qué dirá el Alejandro cuando se entere de que no se lo dedica a él? Es un tipo celoso el emperador.

–Ese Alejandro se cree muy Magno. Pero en cualquier momento se le retoba el ejército en medio de la India y ahí lo quiero ver.

–Tal vez. De todos modos, a mí hay dos cosas que no meee cierran…

–Te escucho, célebre Crotón, traído desde las lejanas tierras del Uritorco por la también aristotélica Olympic Airlines.

–Lo primero que no me cierra, Upite, es lo que cuentan de que los ejércitos de Alejandro Magno lucharon contra eleefantes. Donde yo vivo está lleno de indios y no hay un solo eleefante. Hay indios, Fernet, criollitos, cuarteto, pero elefantes ni uno.

–Entiendo. ¿Y lo segundo?

–Los pantalones.

–¿Los pantalones?

–Sí, tampoco me cierran los pantaalones. La cuarentena me tiene mal, loco. Subí doce kilos. A veces, tee juro, pienso que yo soy el primer motor inmóvil del que habla el maestro.

–¿Qué dices?

–Claro, no mee muevo, no deseo nada, sólo piensoo en mí.

–¿Solo piensas en ti?

–Obvio, loco: allá se vota fuerte poor Cambiemos.

–Bueno, amigo, tal vez no haya elefantes en tus tierras pero parece que está lleno de gorilas.

–¡Será de Zeus! Me vine hasta la cuna de la cultura occideental y me encuentro un peronista…

–Ocurre, Crotón, que occidente es peronista desde la cuna.

–¡Vaya peste la demagogia! ¡Vaya peste! Ahora solo falta que se haga un congreso de filosofía en mis propios pagos y que el demagogo inicie su alocuución diciendo: “Alejandro, el más grande general, tuvo por maestro a Aristóteles. Siempre he pensado entonces que mi oficio tenía algo que ver con la filosofía…”

–Algo así podría ocurrir en Mendoza cualquier 9 de abril de 1949 a las 18:00. ¿Quién sabe, Crotón?

–¡Pero qué deecís, Upite! ¡Qué tiene que ver el peronismo con la filosoofía! Gentee culta, temas proofundos, discusiones sobre priimeras causas, fundamentos últimos deel ser, relación entre multiplicidad y uniidad…

–Toda Unidad es Básica, compañero. Toda Unidad…

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