ACADEMIA MILITAR DE VENEZUELA, CUNA DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA: LA FORMACIÓN DE HUGO RAFAEL CHÁVEZ FRÍAS EN “LA CASA DE LOS SUEÑOS AZULES”, 1971-1975

Santiago Giantomasi

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“Yo considero que la Academia Militar de Venezuela es la Cuna de la Revolución Bolivariana. Podría ser también de la Resurrección Bolivariana. Yo diría que en términos filosóficos la esencia de Simón Bolívar no se ha perdido a lo largo del proceso de consolidación de la Escuela Militar, desde que se fundó el 3 de septiembre de 1810. Desde mi perspectiva, el destino de la Academia Militar es el destino de Venezuela, son inseparables, la historia de Bolívar es la historia de Venezuela, es la historia de América y ella cuenta la historia de la Academia Militar”. (Jacinto Pérez Arcay)

 

Varios son los hitos que se podrían indicar como relevantes para comprender el impulso integracionista latinoamericano que se consolidó en la primera década del siglo XXI en la región. En este proceso, la República Bolivariana de Venezuela tuvo un rol fundamental en tanto promotor de algunos organismos supranacionales como el ALBA, CELAC y UNASUR, pero también cumpliendo un rol primordial en el reforzamiento de otros ya existentes como el Mercosur, dando lugar de esta manera a la consolidación de una arquitectura regional con un nivel de integración sin precedentes en la historia de América Latina y, particularmente, de Sudamérica. Sin embargo, es necesario profundizar en los estudios que expliquen las causas por las cuales Venezuela devino en uno de los puntos neurálgicos de irradiación de ese movimiento integracionista, y para esto es necesario indagar en su historia. De esta manera, la idea de buscar parte de la genealogía del proceso regional en un país como Venezuela remite a las motivaciones culturales, económicas, políticas y sociales que perseguía el elenco gubernamental que accede al gobierno venezolano por vía democrática en 1999. Por esta razón, no se puede soslayar el hecho de que varios cargos de relevancia en el Estado hayan sido ocupados por militares: por ejemplo, el principal de ellos, el cargo de presidente de la Nación, por parte de Hugo Rafael Chávez Frías. En este sentido, abundantes son los estudios acerca de la influencia de diversas agrupaciones políticas venezolanas sobre la propia biografía de muchos de esos militares, pero escasas han sido las investigaciones específicas sobre la formación de los mismos en el ámbito castrense. Actualmente, analizar en profundidad también este aspecto se torna una tarea ineludible para comprender, de manera holística, los antecedentes que dieron lugar al proceso integracionista latinoamericano de principios del siglo XXI.

El objeto de análisis del presente artículo es el proceso de profesionalización del Ejército en Venezuela a partir de la formación de la promoción Simón Bolívar II, de la que fue parte Hugo Rafael Chávez Frías, desde 1971 a 1975, en el marco del Plan educativo Andrés Bello que transformó en un instituto militar universitario a la Academia Militar de Venezuela, ahora llamada Academia Militar del Ejército Venezolano (AMEB). En esta institución los cadetes se instruían para egresar como oficiales del ejército con el grado de subtenientes, pero a partir de la aplicación de dicho plan se graduarían además con el título de licenciados en Ciencias y Artes Militares opción Terrestre con menciones de Ingeniería, Administración o Educación. De los 375 aspirantes que ingresaron en 1971 a la Academia Militar de Venezuela, jóvenes en su mayoría de 17 a 18 años provenientes de sectores populares y heterogéneos en cuanto a su procedencia dentro de la geografía venezolana, sólo egresaron 75 en 1975.

 

Contexto histórico: Venezuela y la Academia Militar

Con el objetivo de interpretar históricamente el período abordado y sus consecuencias, hay que tener en cuenta que, así como en otros países de América Latina, en los que desde el período independentista del siglo XIX –e incluso antes– los militares ejercieron una gran influencia en la política, protagonizando la escena en muchos casos, esto puede registrarse también para el caso específico venezolano. Particularmente, la historia de Venezuela estuvo íntimamente vinculada con las acciones desarrolladas en el Ejército de ese país. Como antecedentes concretos, esto puede verse reflejado, por ejemplo, para el siglo XX, en dos oficiales graduados en la Academia Militar de Venezuela que ejercieron el cargo de presidente de la nación caribeña: los generales Isaías Medina Angarita (1941-1945) y Marcos Pérez Jiménez (1950-1958).

Para el momento en que la promoción Simón Bolívar II ingresó a la Academia Militar de Venezuela, única institución de formación básica de oficiales del ejército venezolano, en 1971, ya la guerrilla estaba debilitada a nivel militar. Políticamente no existía el grado de tensión de la década del sesenta y no había, por ende, la misma necesidad de formar personal para la lucha antiguerrillera. El gobierno venezolano, encabezado por Rafael Caldera (1969-1974), pretendía concretar la pacificación del país. Por esto, en parte, se fue consolidando un mundo militar más exigente en términos académicos en la etapa formativa y hubo cierta merma en lo referente a la formación en la Escuela de las Américas. Los recursos militares antes destinados a la lucha antiguerrillera había que ponerlos al servicio de otros objetivos de desarrollo social y nacional. A diferencia de casi todos los países de la región, Venezuela ya no estaba ante esas hipótesis de conflicto (Guerrero, 2007).

Por otro lado, a nivel interno de las Fuerzas Armadas había escasas perspectivas de progreso y bienestar sociolaboral para los oficiales activos. De manera que había que generar una opción educativa superior para incentivar la permanencia de los oficiales, atenuar la crisis de las bajas y proyectar el desempeño profesional más allá de la fenecida lucha antiguerrillera desde la perspectiva del nuevo escenario nacional. Había que buscar la forma de dar continuidad a la carrera y al desempeño profesional del oficial, una vez dado de baja o tras su paso a situación de retiro en la fuerza.

El Plan educativo experimental Andrés Bello aplicado en la Academia Militar de Venezuela desde 1971 fue la segunda gran reforma militar del siglo XX. La primera la hizo el general Cipriano Castro hacia 1904. El entonces presidente socialcristiano del partido COPEI (Comité de Organización Política Electoral Independiente), Rafael Caldera, adoptó esta segunda reforma, como antes se expresó, en función de su estrategia política en un contexto de intento de pacificación del conflicto con la guerrilla. Hugo Rafael Chávez Frías, reconocía a Caldera como un hombre con un nivel intelectual por encima del promedio de los políticos tradicionales de la década del setenta y admirador del ideario del humanista, filólogo y educador Andrés Bello, maestro de Simón Bolívar (Ramonet, 2013). Caldera favorecía una visión que apuntaba a la pacificación en comparación con las opciones más reaccionarias de aquellos militares que continuaban defendiendo la necesidad de orientar grandes recursos humanos y económicos a la lucha antiguerrillera. Y esto el entonces presidente lo hacía apoyándose en parte en oficiales de las Fuerzas Armadas que compartían el interés por modificar la lógica que había primado en ellas durante la década de 1960 en que había preponderado el conflicto militar con los grupos insurgentes. De hecho, en la Academia Militar –según plantean algunos miembros de la promoción Simón Bolívar II– hubo una singular resistencia a los cambios por parte de oficiales con mayor antigüedad y algunos alféreces. Pero tuvieron que ceder frente al impulso de un grupo de oficiales, entre los que se destacaba el director, general Osorio García, los cuales les dieron permiso e incentivaron a los cadetes para hacer lecturas libres, les hablaban de la Teoría del Desarrollo e incluían conferencias sobre visiones distintas a la tradicional militar imperante hasta entonces (Ramonet, 2013).

Es en ese contexto que surge el Plan Andrés Bello como una reforma educativo-militar. El proyecto modernizador de Caldera hacia las Fuerzas Armadas no se inspiraba en las vertientes represivas que dominaban en el Cono Sur ni América Central, tampoco en las organizaciones opuestas a la influencia de Estados Unidos en América Latina, ni en las de militares con proyectos nacionalistas como el de Velasco Alvarado en Perú (1968-1975) o Torrijos en Panamá (1968-1981), pero sí había puntos de contacto con ellos: gobernaba un país subdesarrollado, en un momento de incremento del rechazo al influjo norteamericano en el Tercer Mundo. Caldera era dirigente de la Internacional Demócrata Cristiana, en cuyos postulados –orientados desde la Alemania Occidental– había una relativa resistencia al modelo militar de Estados Unidos. Los países de la Europa capitalista participaban a su manera en la Guerra Fría: no tan apegados al macartismo de Estados Unidos, ni a los golpes de Estado que ese país promovía en determinados países de América Latina (Guerrero, 2007).

A diferencia de lo que sucedía en la precedente Escuela Militar del Ejército de Venezuela, a partir de la implementación del Plan Andrés Bello se exigía poseer el bachillerato completo para ingresar a la Academia Militar, convirtiéndose la misma en un Instituto Superior Universitario, con requerimientos académicos de mayor exigencia que los de las generaciones anteriores. Se estudiaba, además de cursos de teoría y estrategia militar o historia de la guerra, materias como Sociología, Filosofía, Derecho Constitucional, Economía, Política, un curso propedéutico, Historia Universal, Historia de las Ideas Políticas o Psicología de la Adolescencia, necesarios para dar validez universitaria al plan por parte del Consejo Nacional Universitario. Hugo Chávez planteaba que, en el marco de ese plan, esa primera promoción, la Simón Bolívar II, era vista como conejillo de indias, y hasta llegó a haber rivalidad entre esa generación, llamada por las anteriores “los licenciados”, los sabiondos, y ellos, los más antiguos, que los veían como bachilleres, y en muchos casos los subestimaban por la capacidad que habían adquirido para diagnosticar o solucionar problemas, y querían utilizar la arbitrariedad para frenarlos (Muñoz, 1998).

Un factor de relevancia es que los integrantes del ejército venezolano, tanto sus tropas, como sus suboficiales profesionales de carrera y los oficiales, “son personas provenientes del pueblo, de las barriadas, de las zonas rurales, de los extractos medios y bajos de la sociedad”, a diferencia de varias organizaciones militares de otros países en las que la oficialidad son hombres y mujeres pertenecientes a las clases altas. Este se puede considerar como “un factor importante en los acontecimientos venideros, donde el liderazgo consta esencialmente en la relación directa con las tropas” (Aguilar y Camargo, 2008: 68).

En consonancia con lo anteriormente expuesto, la investigadora chilena Marta Harnecker (2004: 9) se pregunta “¿Qué hace a estos militares diferentes? ¿Por qué la gran mayoría de ellos apoya un proceso de transformaciones profundas en su país, orientado a resolver los problemas de los más desposeídos?”. En primer lugar, considera que es notable la influencia de Simón Bolívar en su formación en función de la integración latinoamericana y la relevancia que tienen los sectores populares en la concepción bolivariana. En segundo lugar, destaca el significativo impacto causado a partir de la educación militar en el marco del Plan Andrés Bello. Posteriormente, indica que hay que tener en cuenta que para la década de 1970 el país ya se encontraba pacificado y muy pocos núcleos guerrilleros persistían, originándose una situación de empatía con los campesinos pobres en los patrullajes cotidianos. Finalmente, Harnecker asevera que en las Fuerzas Armadas venezolanas no hay discriminación social para acceder a los grados más altos dentro de la Fuerza Armada.

 

Hugo Chávez y la Academia Militar de Venezuela

Hugo Chávez manifestó en algún momento ser hijo de la Academia Militar, probablemente porque allí surgieron sus primeras motivaciones políticas (Elizalde y Báez, 2004), al igual que en el caso de varios de sus compañeros de promoción. En el nacimiento de las mismas es importante la influencia de ese Plan Educativo experimental Andrés Bello, como también la proyección de algunos miembros de la corriente de oficiales de la Academia Militar que educó a esa promoción.

La idea central era formar un oficial de mayor nivel cultural académico que las generaciones precedentes, y con ello elevar el nivel general de las Fuerzas Armadas. Hugo Chávez afirmaba que a la Academia Militar iban docentes civiles y militares con gran preparación intelectual, donde se planteaba la libertad de discusión sobre temas de historia, de sociedad o de economía, en detrimento del dogmatismo (Elizalde y Báez, 2004). Se realizaban conferencias organizadas por los mismos oficiales de planta, como el entonces director de la Academia Militar, el general Jorge Osorio García, fallecido en 2009, quien tenía un trato especial con esta promoción e insistía con que ellos serían los generales del año 2000. Buscando favorecer un clima de superación, les expresaba que serían la “vanguardia de una nueva generación” (Hidalgo, 2009). Igualmente, el sub-director Rojas Araujo, que además era doctor en Historia; el teniente Pompeyo Torrealba, actualmente muy activo por sus posiciones vinculadas a la recuperación del Territorio del Esequibo (en disputa con Guyana) por parte de Venezuela; y sobre todo el general Jacinto Pérez Arcay, quien entonces era teniente coronel, historiador, autor de La Guerra Federal: Causas y consecuencias (1977) y El fuego sagrado (1979). Este último, según planteaba Hugo Chávez, fue quien le encendió la llama bolivariana, su filósofo y maestro para toda la vida, el culpable de su “segundo nacimiento” (Elizalde y Báez, 2004).

Hugo Rafael Chávez Frías afirmaría, al referirse a la Academia Militar de Venezuela, que “aquí se han forjado generaciones y generaciones, aquí fuimos forjados. Y yo pudiera decir algo más, sin exageraciones de ningún tipo, la Academia Militar fue desde los años 70, o finales de los 70, toda la década de los 80 y buena parte de los 90, la cuna donde anidó la Revolución Bolivariana” (Chávez, 2006). De esta manera, Hugo Chávez asignaba a la Academia Militar de Venezuela un rol histórico de relevancia al recalcar el valor de su formación en la proyección hacia el ámbito político y social del país.

Al referirse a las transformaciones producidas a partir de la implementación del Plan Andrés Bello, Chávez en 1993 aseveraría que “las implicaciones de este cambio estructural fueron determinantes en la formación de un nuevo tipo de oficial, alejado cada vez más del viejo autoritarismo”, y agregaría que “los historiadores venezolanos deberán indagar con atención en este proceso que incidirá de diversas formas en los acontecimientos futuros” (Chávez, 2007: 14).

En este último sentido, en una de sus alocuciones televisivas, Hugo Chávez nuevamente afirmaría: “Cuando salí [de la Academia Militar de Venezuela], cuatro años después ya era subteniente bolivariano y revolucionario. Aquí yo me hice bolivariano, aquí comencé a sentir la pasión bolivariana y ya salí con un pensamiento al menos pre revolucionario” (Chávez, 2006).

 

Consideraciones finales

A partir de la implementación del Plan Andrés Bello en 1971 en la Academia Militar de Venezuela, como programa educativo experimental, se transformó el perfil profesional de los cadetes y futuros oficiales, siendo esto reflejado en varios miembros de la primera promoción egresada de ese plan, particularmente en el fallecido presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Estos últimos encontraron en este nuevo pensum de estudios la posibilidad de interpretar a las Fuerzas Armadas Nacionales de Venezuela como motor indispensable para la transformación del país: a nivel geopolítico hacia un mayor nivel de integración con otros países de Latinoamérica; y a nivel económico, abocado hacia un modelo de desarrollo con inclusión social a partir de la redistribución de la renta petrolera, lo cual requería involucrarse políticamente.

Es posible apreciar que fueron principalmente cuatro aspectos los que influyeron en la formación de esos militares, impulsando un pensamiento crítico a nivel político, social y económico y una perspectiva latinoamericanista a partir de la concepción bolivariana. Por un lado, en relación a lo estrictamente prescriptivo, se puede considerar que la ampliación de las disciplinas hacia un carácter más humanístico contribuyó a forjar esa visión de los cadetes antes expresada. En segundo lugar, los docentes que brindaron educación a esa promoción aportaron también su visión crítica sobre la historia y la situación venezolana. Las experiencias e intercambios con militares nacionalistas, especialmente del Panamá de Omar Torrijos y del Perú de Velasco Alvarado, también fueron cruciales para forjar una identidad política en esa promoción. Finalmente, el carácter universitario del Plan Andrés Bello permitió revalorizar el rol del militar en la sociedad, elevando de esta manera la autoestima corporativa. Todos estos factores influyeron en el desarrollo histórico posterior, particularmente en la formación del miembro más destacado: Hugo Rafael Chávez Frías.

El nombre de la promoción (Simón Bolívar II), los docentes y oficiales de planta que tuvieron la responsabilidad de formar a esa generación, como así también el carácter de las disciplinas, especialmente la Cátedra Bolivariana, dan cuenta del valor otorgado a la concepción del fundador de la Gran Colombia y Bolivia. Esto, sumado a las experiencias e intercambios con los militares nacionalistas peruanos y panameños, se configuran en hitos fundamentales para comprender la concepción integracionista latinoamericana de esos oficiales.

 

Bibliografía

Aguilar RFP y JFE Camargo (2008): Influencia que tuvo la Academia Militar de Venezuela en la formación del Tcnel. (Ej) Hugo Rafael Chávez Frías, Comandante de la rebelión militar del 4 de febrero de 1992. Tesis de licenciatura. Caracas, AMV.

Chávez HR (2007): Mensaje Bolivariano del comandante Hugo Chávez Frías a la Nación. A un año del 4F: Aniversario de la Dignidad. Caracas, MIPPCI.

Chávez HR (2006): Aló Presidente, 261. http://todochavez.gob.ve/todochavez/4040-alo-presidente-n-261.

Elizalde R y L Báez (2002): Chávez Nuestro. Caracas, Abril.

Guerrero ME (2007): ¿Quién inventó a Chávez? Buenos Aires, B.

Harnecker M (2004): Militares junto al pueblo. En www.rebelion.org/docs/97069.pdf.

Hidalgo ML (2009): Homenaje póstumo a un buen soldado. En http://www.aporrea.org/actualidad/a82031.html.

Muñoz AB (1998): Habla el Comandante. Caracas, Fundación Cátedra Pio Tamayo.

Ramonet I (2013): Hugo Chávez: Mi primera vida. Buenos Aires, Debate.

 

El presente trabajo es una selección del artículo presentado en el marco del XVI Congreso Internacional del FoMerco, Salvador de Bahía, Brasil, 27-29 septiembre 2017. Disponible en: http://www.congresso2017.fomerco.com.br/resources/anais/8/1503496190_ARQUIVO_Giantomasi,Santiago-HugoChavezylaAcademiaMilitardeVenezuela.pdf.

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